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“El futuro es ahorita” (ft. Mochila Segura) | Columna de Daniel Tristán

LaguNotas mentales

 

Se fue como agua entre los dedos la primera quincena del año 2020. Pareciera que apenas fue ayer que estábamos en plena tertulia de año nuevo dándole el abrazo a los nuestros, comiendo las uvas de la añoranza de las promesas a olvidar y bebiendo sidra como desquiciados. Año 2020, créalo o no. El arranque de una nueva década, el inicio de un camino que quién sabe qué diablos nos deparará.

El tiempo vuela, entre más viejos nos hacemos los segundos parecieran apresurarse y pasar frente a nosotros de manera burlona mientras vemos cómo se nos escapa la existencia. Dicen los viejos que la vida es como un disco de acetato, al inicio el tiempo transita como la aguja del tocadiscos al recorrer el perímetro más amplio del acetato, de manera lenta y despreocupada. Pero conforme la vida transcurre y la aguja se desplaza hacia el centro del disco, la vida comienza a transcurrir de manera más vertiginosa y adquiere una velocidad imposible de frenar.

Los que ya no somos del todo jóvenes (pero tampoco del todo viejos) recordamos con especial añoranza la llegada del año 2000. Afortunados, como pocos, de ser testigos no solamente del cambio de siglo, sino del cambio de milenio. Era tema de conversación entre mis contemporáneos todas las supuestas maravillas que la nueva era traería consigo, como si por obra de magia la austeridad propia de los hogares de clase media mexicana fueran a desaparecer para darle entrada a mil y un artefactos y tecnologías propias de otro mundo.

La realidad es que el 1 de enero del 2000 los autos no comenzaron a volar milagrosamente y tuvimos que enfrentarnos, muy a nuestro pesar, a las mismas dificultades de las décadas anteriores. Y es que nada ha cambiado sustancialmente desde aquél enero del 2000 al enero del 2020 del que ahora somos actores en escena. Si bien han surgido algunas maravillas en esas dos décadas, tales como el streaming, los servicios de mensajería instantánea como whatsapp y la banca y las transferencias electrónicas, seguimos básicamente en las mismas.

En México las cosas siguen funcionando exactamente igual que hace 20 años. Los malos siguen siendo menos y los buenos más, pero la minoría malandra es la que domina. La democracia sigue siendo un chiste de mal gusto, los políticos siguen haciendo todo menos política, los futbolistas de la Selección Nacional siguen cobrando una millonada por no lograr pasar al 5° partido del Mundial y sigue habiendo gente que ve “La Academia”. Lo mismo de siempre, como siempre, por siempre.

¿Cuándo nos vamos a envalentonar para dar ese salto al futuro de una vez por todas? ¿Cuándo vamos a entender que evolucionar no significa llenarnos de máquinas que hagan el trabajo por nosotros? Pareciera que en México el futuro es ahorita, no ahora. Porque el “ahora” es tajante, el ahora es en este momento. El “ahorita” puede ser ahora, puede ser al rato, puede ser mañana o ser nunca.

Con el reciente tiroteo en el Colegio Cervantes de Torreón, en el que un estudiante de 11 años abrió fuego contra una maestra, un maestro y varios de sus compañeros de clase, se le abre a nuestro país una nueva oportunidad de dar ese salto a la modernidad. Mucho se ha debatido sobre los pros y contras del operativo “Mochila Segura”. Se ha abierto un enardecido debate entre los que están a favor y los que consideran que el operativo vulnera los derechos humanos de los estudiantes al criminalizarlos y situarlos en un contexto de alerta.

Desde mi punto de vista este es el momento para dar un brinco a la modernidad no solamente haciendo a un lado el operativo “Mochila Segura”, sino eliminando a las mochilas tajantemente. Cada vez está más obsoleto el sistema educativo en el que el estudiante es obligado a cargar kilos de libros en su espalda, situación que puede acarrearles problemas ortopédicos, además de poner en riesgo a la comunidad estudiantil al no saber lo que los alumnos cargan dentro de las mochilas. Adiós al operativo “Mochila Segura” y adiós a las mochilas también.

De nosotros depende si damos un paso al futuro o nos aferramos al pasado una vez más.

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