Conecta con nosotros

#Si Sostenido

El enojo de Erasmo | Columna de Juan Jesús Priego

Publicado hace

el

LETRAS minúsculas.

 

En un diario de Roma apareció hace relativamente poco –digo relativamente poco, porque han pasado ya casi diez años desde entonces- la siguiente noticia en un diario de amplia circulación (City, 19 de abril de 2002): «Patentada la oscilación del columpio. Un niño de 7 años del Estado de Minnesota acaba de patentar un método para utilizar el columpio lateralmente, o sea, oscilando de derecha a izquierda y no ya de atrás para adelante. Lo que significa que podría llevar a juicio a todos aquellos niños que se permitan hacer oscilar su columpio sin el permiso del dueño de la patente USA 6.368.227 del 9 de abril de 2002… Las licencias de utilización están disponibles para todo aquel que las solicite, dice Peter Olsen, el padre del niño, quien tuvo que gastar mil dólares para conseguir la mencionada patente».

¡Qué lejos estamos de los tiempos en que Erasmo de Rotterdam (1469-1536), el hombre más sabio de su tiempo, se indignaba porque uno de sus enemigos se atrevió a acusarlo de haber recibido de manos de Aldo Manuzio, su editor veneciano, una cierta cantidad de dinero! «Hasta la mitad del siglo XVI escribir por lucro antes que por fama era considerado un signo de mala educación. Sólo pocos escritores fueron retribuidos por sus editores, y los que lo fueron estaban ansiosos por esconderlo», escribió, por ejemplo, S.H. Steinberg en su erudita y hasta ahora no superada historia del libro.

Para los sabios del pasado, escribir con el objeto de fare soldi (como dirían los italianos, es decir, de hacer dinero) era tanto como traicionarse u obrar al estilo de los mercenarios. Tal es el motivo por el que aún no se sabe quién o quiénes escribieron, por ejemplo, el libro del Génesis, o El Lazarillo de Tormes, o Robin Hood. Parecerá inconcebible, pero en aquellos buenos tiempos a los autores, una vez terminada su obra, a veces se les olvidaba estampar su firma.

Hoy, en cambio, basta abrir el Selecciones del Reader Digest’s para encontrarse en todas las páginas la marca del copyright [©], signo inequívoco de propiedad intelectual y explotación material. Las frases más ordinarias, los chistes más simplones, las frases menos felices tienen siempre a un lado suyo, como un perro guardián y en caracteres pequeñísimos, la huella de pertenencia.

Aquella concepción de la vida según la cual «nuestras cualidades naturales son riqueza colectiva» (John Rawls) está, por desgracia, en franca decadencia. Hoy más bien prevalece la idea de que todo debe tener un precio. En sus Simple Rules for a Complex World (Reglas simples para un mundo complejo) decía hace poco Richard Epson, no sin cierto cinismo: «Lo que es mío es mío y no podrá ser disfrutado por otro a menos que me pague por ello». Pero, veamos: ¿el señor Epson ha pagado algo al creador del alfabeto inglés por utilizarlo en la confección de su libro? Al parecer, no; bien, pues debería hacerlo, ya que él no lo inventó y sin embargo lo utiliza.

En realidad, todos somos beneficiarios de cosas provenientes del pasado que no creamos nosotros y que, no obstante, utilizamos. ¿Por qué, pues, ponernos en el papel de quien ha inventado el hilo negro? Según una noticia leída apenas ayer, una fábrica china de juguetes acaba de patentar la frase Happy Birthday, de modo que ya no será posible utilizarla sin la debida autorización del dueño de la patente. De ahora en adelante, ¡prohibido escribirla, pues la empresa podría enojarse y demandarte! ¿Hasta dónde iremos a llegar en esta estúpida búsqueda del oro? Los productores de automóviles piden precios exorbitantes por sus nuevos modelos, pero antes habría que investigar si pagan alguna cantidad al pobre –e ignorado- ser humano que inventó la rueda.

Vamos, no se trata de dejar sin protección a las obras del ingenio; se trata, más bien, de que estas obras, puesto que son deudoras del patrimonio universal de la humanidad, puedan ser disfrutadas sin demasiadas complicaciones por todos los hijos de Eva, sin exceptuar a nadie. 

Pero volvamos al caso del niño. ¿De dónde tomaría los mil dólares que le costó la patente de la oscilación del columpio? No es difícil imaginarlo. Como no es difícil imaginar las enseñanzas que escucharía de sus padres en las charlas de sobremesa:

-Como con dinero baila el perro, lo importante es ver cómo se hace uno rico, pequeño…

Enseñanza ésta, por lo demás, no muy diferente a la que escuchaba la pobre Eugenia todos los días y a todas horas de los labios del señor Grandet en una novela de Balzac: «Sin dinero, recuérdalo siempre, no hay nada que hacer».

¿A dónde irán a dar nuestros niños con tales enseñanzas? A la infelicidad, seguramente, o a alguna banda de extorsionadores. Dirán como aquella pobre mujer de El armiño, la pieza teatral de Jean Anouilh (1910-1987): «Necesito dinero para ser feliz». Y como no es seguro que lo tengan…

¡En fin, hay que reconocer que se trata de una enseñanza bastante peligrosa!

También lee: Consideraciones intempestivas | Columna de Juan Jesús Priego

Continuar leyendo

#Si Sostenido

Perfil del secretario de Cultura | Columna de León García Lam

Publicado hace

el

VOLUTA.

 

Estimado y culto público de La Orquesta, Mauricio Gómez publicó en su periódico Grado 23 un detallado estado de la cultura y de las experiencias con las últimas administraciones estatales, que obligan a la reflexión sobre el perfil del próximo secretario de cultura y como imaginar y proponer no cuesta nada, aquí propongo mis humildes consideraciones.

  1. Comprensión cultural transversal

No solo cultura a secas, no solo cultura en un campo (música, artes visuales, arte popular o letras), se requiere de alguien que reconozca de los problemas básicos de la cultura en San Luis Potosí, que no son pocos y sí muy variados: como los espacios abandonados, las instituciones disfuncionales, el desdén por la cultura indígena, la pérdida de lenguas y de patrimonio cultural, la falta de objetivos artísticos-académicos, la renovación de concursos, convocatorias y programas, la instalación de un programa editorial, o sea: la definición de una política cultural. Hubo un tiempo donde hubo un secretario que era culto, muy culto, ávido de música, pero nada más de eso, lo demás importó lo mismo que un cilantro partido a la mitad. Se requiere pues de un especialista en todo. Transversal significa, en resumidas cuentas, que comprenda la complejidad de cada caso, que tenga la virtud de actuar en circo de tres pistas.

  1. Capacidad política frente a la administración del Estado

El secretario es un vocero del sector cultural frente al poder. Tuvimos alguna vez un secretario sensible y conocedor, como el que se describe atrás, pero atado de manos y pues no sirve de nada un secretario que no es escuchado por el gobernador. Se requiere de un mediador que tenga esa fuerza de hacerse escuchar en palacio de gobierno y que logre colocar en la agenda del estado los intereses del sector cultural.

Por el otro lado, la comunidad cultural es difícil: el aparador es insuficiente para tanto ego inflado. Así que la capacidad política no solo debe servir para codearse en la mesa de los secretarios del Estado sino para estabilizar las aguas tempestuosas de artistas, críticos, gestores y consumidores culturales, ávidos de chamba y aquí viene una pregunta ¿hasta dónde el Estado puede seguir siendo el mecenas del arte, la cultura y la academia?

  1. Vinculación nacional

También se requiere un tejedor de vínculos nacionales. Al estado de San Luis Potosí le conviene tutearse con las Escuelas de Arte de Oaxaca, Guanajuato, Querétaro, Michoacán. ¡Nos estamos quedando bien atrás! Hay que impulsar programas federales en el suelo potosino y vincular a los intereses del locales con editoriales, museos, galerías, gestores e instituciones como el INALI, el INAH, los centros independientes de arte y un muy nutrido etcétera. No se crea que es cosa fácil, simplemente el acervo Julián Carrillo implica más de un dolor de cabeza.

Pero si el próximo secretario considera que la solución consiste sólo en importar cultura, en copiar modelos, eventos o festivales y que las soluciones vienen de fuera, pues ya se perdieron otros seis años de gobierno y otra oportunidad de desenredar el embrollo.

  1. Lejanía de las mafias culturales

En la encarnizada lucha que muchas personas emprendieron contra las élites culturales, estas fueron sustituidas por mafias, es decir por grupos que se enquistan en algún coto cultural, artístico o académico. Se requiere que el próximo secretario no deba cuentas a los mafiosos o esté enemistado con algún sector, porque de ser así, la institución se convierte para unos en una industria de regalías (justicia y gracia), y para otros de torpeza administrativa (ley a secas), o peor de vendettas.

  1. Voltear abajo

Estando en el Tlalocan es muy difícil voltear a ver lo que ocurre en el inframundo cultural. Los sacos y las corbatas impiden enterarse de que, acá abajo, hay unas “corbatas de tierra” (así me dijo un amigo de Santa María Acapulco). Un buen secretario debe saber que la parte de abajo no solo es chusma proletaria que hay que civilizar, sino la mejor mitad del mundo (Galinier dixit), por lo menos donde esta la infraestructura humana (infraestrukchor en el sexenio de Peña) y la oportunidad de pasar a la historia de ser el primer semidios que alcance a ver tan abajo.

  1. Dosificador de soluciones

El primer problema por solucionar será la premiación del 20 de noviembre 2021 en el contexto de la austeridad y COVID19 de estos tiempos, esa será la medida de todo el sexenio. Para que la Secult no sea una dosificadora de programas federales, requiere de cierta autonomía y margen de maniobra. Aplicar el presupuesto con creatividad permitirá solucionar poco a poco la inmensa cantidad de pendientes culturales que tenemos acumulándose en el horizonte.

Hay más consideraciones claro, pero ya se acabó el espacio. Al fin que vendrán otros seis años para seguir comentando… ¿y usted qué piensa?

También lee: ¿Usted es de clase media? | Columna de León García Lam

Continuar leyendo

#4 Tiempos

¿Usted es de clase media? | Columna de León García Lam

Publicado hace

el

VOLUTA IX.

Estimado y culto lector de La Orquesta: yo, más que una opinión, tengo una pregunta: ¿usted a qué clase social pertenece? (si tiene tiempo, responda este formulario) Seguramente usted es parte de ese exclusivo sector de la población que se llama así mismo “clase media”, pues el 78% de la población afirma pertenecer ahí. Queda claro que, la mayoría no somos tan ricos (o tan presumidos) para sentirnos clase alta, ni nos consideramos tan fregados pues siempre hay alguien más jodido que uno. Casi todos tenemos la suerte de estar en el justo medio, en el mero centro de la decencia existencial: ni muy muy, ni tan tan. Los opinólogos se arrancan los cabellos de desesperación, porque esa percepción no coincide con la evaluación de CONEVAL, la cual calcula 70 millones de pobres en México y creciendo.

Pero déjeme ponerle en contexto de dónde viene y a dónde va todo este debate sobre la clase media. Hace un año, Viri Ríos escribió para The New York Times un escandaloso artículo intitulado “No, no eres clase media” en donde refuta el mito de que todos somos clasemedieros, desde los que ganan $6 mil pesos al mes hasta los que ganan $120 mil pesos al día. Viri Ríos pone la vara en $16 mil pesos mensuales. Nadie recordaría la discusión del año pasado, si no es porque el presidente lleva semanas atacando a la clase media: aspiracionistas, egoístas, corruptos y privilegiados. Lo cual ha desencadenado ríos de tinta y harta discusión. Después de tanto, se determinó que, como casi todos somos clase media hay que dividirnos en clase media baja, clase media-media y clase media alta. El 90% de la población se ubicó como clase media-media.

Para algunos, que usted se considere clase media es un síntoma de una enfermedad muy grave que se llama conformismo, porque si se diera cuenta de su verdadera condición de pobreza, eso lo llevaría a luchar por salir del hoyo; para otros, que existan tantas personas aspirando a ser clase media es síntoma del egoísmo y del materialismo consumista que carcome los valores de nuestra sociedad. Hay quien piensa, por el contrario, que la única salida que tendríamos los mexicanos es a aspirar a ensanchar la clase media, pues ese sería el mejor signo de una repartición justa de la riqueza y hay quien piensa lo contrario, que la clase media es un callejón sin salida, porque seguir pensando en clases es reproducir el mismo sistema injusto, por lo tanto, nuestra aspiración debe ser hacia una sociedad de derechos.

Ante eso, déjeme contarle un secreto, aquí entre nos. Hay temas que no tienen solución. El concepto clase media surgió de la opinión popular, para referirnos a nosotros mismos, los que estamos en medio, que volteamos arriba con envidia y agradecemos no estar más abajo. Que los economistas (que son bien cuadrados) quieran encontrarle una definición exacta definitiva y cerrada a lo dicho en una discusión de cantina (que es donde seguramente apareció por primera vez el concepto), es muy su problema, ahí seguirán como el burro que persigue a la zanahoria, intentando poner un límite a la clase.

El gran error que cometen los economistas y comentólogos es partir del supositorio de que clase es igual a ingreso. Efectivamente, uno de nuestros principales anhelos son mayores ingresos, pero esos no cambiarán nuestra clase social. Uno podrá salir del barrio, pero el barrio nunca sale de nosotros, para que mejor me entienda. Un aumento en el ingreso solo incrementa el consumo en el mismo conjunto de significados que tiene nuestra clase, como cuando una familia recién acaudalada amuebla su nuevo departamento con una jirafa gigante de peluche o como cuando vemos pasar el coche deportivo edición limitada rebotando con frenesí al ritmo de los Ángeles Azules. Mudarse de colonia, vestir con ropa de marca, ostentar vehículos refleja solo la ventaja económica que tienen algunos en su propia clase. Dicho de otra manera, en todas las clases hay personas ricas y pobres.

Todo esto, me recuerda aquellas profecías apocalípticas: llegará el día que la clase alta no tenga clase, la clase media se quede sin medios y la clase trabajadora esté desempleada.

Continuar leyendo

#Si Sostenido

Demasiadas mujeres | Un texto de Eduardo L. Marceleño García

Publicado hace

el

A veces traes a una, dos o tres personas en la cabeza y estás demasiado cansado que no cabe otra más. Y a veces traes a quince y no has llenado todavía y tienes demasiada energía para gastar en otras diez mil personas más, pero al final del día no encontraste a nadie.

Compré sobres de colores para enviar cartas tristes a mis amigos, puede que también a algunas muchachas, ¿por qué no enviar cartas tristes a las mujeres? Las mujeres entienden todo pero hay cosas que no les hacen gracia y entonces se hacen las estúpidas y terminan por reducirte a un pobre estúpido mediante el hiriente conducto de la lástima.

Los textos sagrados no mencionan que Jesucristo follaba como un loco. Se tiraba a todas las mujeres, no por ser divino sino por ser humano. Luego se paseaba por los pueblos, brincando en pelotas, agitando un abanico para secarse el sudor y demás fluidos.

No te descuides, prepara un buen montón de mentiras para que las cosas no se pongan peor de lo habitual. Corre y cuéntales diez o doce mentiras más. Joseph Campbell le encontró mil caras al héroe y todo el mundo lo respeta. Encuentra mil mentiras qué contar y nadie va a decirte nada.

Luego, cuando todo esto mejore, nos inventaremos un saludo marcial para saludar a nuestro Ejército. Leeremos la biblia como se debe, guiados por un pastor yonqui con sida, preparado, con la claridad suficiente que ninguno de nosotros tendremos.

Ella me dijo: “te amo en tu condición de estar loco”, pero cuando llegó el momento de conocer a su madre, la locura se había ido, y ella dejó de quererme para siempre.

Me encanta el olor a alcohol en el aliento de las chicas, es un perfume único que dice muchas cosas a la vez, todas buenas, pero demasiadas como para explicarlas con palabras. Por lo demás, los padres de la chica con aliento a alcohol no estarán muy de acuerdo conmigo, es por eso que no son invitados a las noches de fiesta junto con sus hijas.

Lee también: Crucigrama | Un texto de Eduardo L. Marceleño García

Continuar leyendo

Opinión