#4 Tiempos
El arte de callar | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Confesémoslo: hay personas que nos incitan a la maledicencia. No las soportamos y, tan pronto como oímos que alguien pronuncia sus nombres, el estómago se nos revuelve y queremos cuanto antes poner en claro lo que pensamos de ellas.
-¡Ah –decimos-, qué tipos más abominables! ¿Cómo pueden soportar, aunque sea por un minuto, ser quienes son? ¡Yo me moriría de estar en su pellejo!
Claro que también nosotros vamos a morirnos de estar en nuestro pellejo, pero de momento no queremos pensar en ello. ¡Además, no es de nosotros mismos de quienes queremos hablar! Y, mientras seguimos echando pestes, el semblante se nos descompone –la cara adquiere una tonalidad extrañamente verde- y las manos comienzan a temblarnos de rencor.
Ahora bien, ¿qué hacen los demás, es decir, los que pronunciaron aquellos nombres odiosos sólo por el gusto de ver cómo reaccionábamos? Nada, ellos no hacen nada: simplemente se ponen a escucharnos, risueños y divertidos. Tan bien conocen nuestra antipatía por esas personas que, a veces, únicamente por vernos gesticular como gorilas sacan dichos nombres a relucir. Dicen con fingida ingenuidad:
-Al que le ha ido muy bien en la vida es a X. ¡Él sí que tiene suerte! ¿Se puede ser más afortunado en la vida? Por si no lo sabes, en su trabajo acaban de ascenderlo. ¡A él, que no te lee siquiera los instructivos de las máquinas que compra! Y, ya que estamos hablando de máquinas, ¿sabes que acaba de sacarse en una rifa un Audi 2017?
Y luego hacen una pausa para que entremos nosotros en acción y nos pongamos a decir lo que tanta hambre tienen ellos de escuchar.
¡Pobres de nosotros! ¡Caemos en la trampa con tanta facilidad! Yo mismo, en más de una ocasión, ¡con qué rapidez he dado a conocer mis opiniones más personales al primero que pasaba! ¡Y cómo me metí en líos por tan irresponsable ligereza! No es mentira decir que apenas acababa de contarle algo confidencialmente a uno de estos advenedizos cuando ya medio mundo sabía lo que acababa de decirle. ¡Y se lo sabía con comas, guiones, signos de exclamación y puntos suspensivos!
La experiencia me ha enseñado que así hable con mi almohada, con una piedra o con la pared, pronto, muy pronto, mis revelaciones serán sabidas por media humanidad. ¿Cómo se enteran, por qué medio, a través de quién? No lo sé; pero una cosa es cierta: la palabra humana, apenas sale de la boca, se desprivatiza y se pone a recorrer los mundos como un e-mail infectado de no sé qué virus peligroso. ¡Cuántos problemas nos vienen a los hombres por no saber estarnos con el pico cerrado! Por eso decía Chamfort (1741-1794), el célebre moralista francés: «Prefiero que hagan calumnia de mi silencio a que la hagan de mis palabras».
Hoy pienso que externar una opinión o confiar un parecer es algo que exige altas dosis de prudencia. Y diré todavía algo más que podrá parecer, si no atrevido, por lo menos despectivo: no todos merecen nuestra sinceridad, pues no todos están en grado de apreciarla como se debe. A éste que le das lo más sagrado que posees, es decir, tus pensamientos, ¿por qué se los ofreces a precio de rebaja, a coste de saldo? ¿Quién es él? ¿Agradecerá tu claridad, o irá más bien a oscurecerla de frente a tu adversario para congraciarse con él y hacerte quedar mal?
No creo que la advertencia sea innecesaria: «¡Cuidado! No todos merecen lo que tú esparces por el mundo a manos llenas». Cristo mismo dijo que no había que echar las cosas santas a los cerdos, y añadió que no todas las semillas suelen caer en buen terreno. Con esto quiero decir que te reserves, que guardes silencio y hagas caso de lo que dice Baltasar Gracián (1601-1658) en uno de los aforismos de su Oráculo manual: «Hase de hablar como un testamento, que a menos palabras, menos pleitos».
Un viejo libro publicado en Barcelona en 1913 –no se especifica en la portada el nombre del autor, y por eso no lo cito- daba a sus lectores el siguiente consejo: «La verdad no siempre se puede decir, y tampoco mucho de lo que se siente. Habla siempre bien de todos. Alaba o calla. Cosas hay que se pueden y aún se deben hacer, pero no decir».
Las palabras que llevas dentro no se te pudrirán en el pecho si allí las dejas; no son un pus del que tengas que liberarte, ni tampoco tumores que debas extirparte para recuperar no sé qué salud perdida. Y, respecto a esos nombres que nos resultan siempre tan antipáticos, escucha lo que dice un monje benedictino alemán llamado Anselm Grün:
«Se dice que el patriarca Agatón, uno de los antiguos monjes del desierto, llevó durante tres años una piedra en la boca hasta que pudo arreglárselas con el silencio. Él había padecido lo difícil que es refrenar la lengua. Antes de reflexionar debidamente, ya hablamos sobre los demás. Entonces a veces es importante que nos impongamos una prohibición de hablar sobre determinadas personas. Agatón lo practicó con una piedra. Si durante un año no hablo nada acerca de una persona que con tanta frecuencia provoca mi irritación, el enojo se irá».
Aunque este nombre te ponga los pelos de punta, cállate. Es preferible que por el momento no digas nada acerca de esta persona, ni bueno ni malo. Si dijeras algo bueno, sería hipocresía; si malo, te dejarías llevar por el torrente de tus palabras (torrente, por lo demás, en el que acabarás ahogándote, no lo dudes). Guarda silencio: es lo mejor. De este modo, sin darte cuenta, tu tormenta interior amainará y tus sentimientos se irán haciendo poco a poco más serenos y suaves. Haz caso de este monje alemán. Te juro que sabe lo que dice.
Y, para terminar, un proverbio judío: «Hijo mío, recuerda esto siempre: tus amigos tienen amigos; por lo tanto, sé discreto».
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El Cronopio
El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
J.R. Martínez/Dr. Flash
En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.
Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.
Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.
En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.
Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela , la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.
En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).
Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.
En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.
Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.
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#4 Tiempos
El pionero de la música electrónica en América Latina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Uno de los trascendentes desarrollos artísticos y científicos potosinos lo son los pianos metamorfoseados desarrollados por Julián Carrillo, únicos en el mundo y que abriera la puerta a un nuevo universo musical. Los pianos, diseñados dando importancia al esquema práctico del propio piano, o sea sin cambiar la disposición de las teclas, fueron diseñados para poder tocar en tercios, cuartos, hasta dieciseisavos de tono, conformando así una serie de quince pianos que fueron presentados en la Feria Internacional de Bruselas en 1958 donde obtuvieron la medalla de oro.
Previamente Carrillo había diseñado y transformado un piano comercial de alta calidad a piano de tercios de tono, cambiando por completo el cuerpo del piano, el arpa que daba paso a tener un piano en tercios de tono, lo cual fue desarrollado a finales de la década de los cuarenta del siglo XX.
En este importante diseño del piano de tercios de tono, participó un joven que se haría camino en el mundo de la música y de la tecnología, Raúl Pavón Sarrelangue que pasa a la historia de la música mexicana como el pionero en la música electrónica en América Latina.
Por el lado musical, Raúl Pavón estudiaría guitarra con el célebre guitarrista Andrés Segovia y en Milán, Italia y en Colonia, Alemania, música electroacústica. Posterior a su participación el piano de tercios de tono, continuó su trabajo en nuevos diseños y construcción de guitarras y sintetizadores.
En el ámbito de la ingeniería y tecnología Raúl Pavón se formaría en el Instituto Politécnico Nacional egresando de la licenciatura en ingeniería en electrónica y comunicaciones en 1954, graduándose como ingeniero en radiocomunicación y electrónica con un diplomado en computación, continuando sus estudios superiores en electrónica en Milán, Colonia y París.
Su formación, así, estuvo ori entada a la música y la ingeniería lo que le permitiría unir esas disciplinas en sus futuras contribuciones en la música electroacústica de la que sería pionero en América Latina destacando además como compositor e investigador.
En 1964 construyó el primer sintetizador hecho en México, el Ominifón, uno de los primeros sistemas de sintetizador didáctico, que anticipó la idea de la tecnología musical como herramienta educativa y creativa.
En el Conservatorio Nacional de México fundaría en 1970 el Laboratorio de Música Electrónica junto a Héctor Quintanar, con quien colaboró en los primeros conciertos de música electrónica y electroacústica realizados en México. En 1976 dedicándose por completo a la música electrónica y al desarrollo del Icofón, instrumento de imagen y sonido electrónicos para el cual compuso las obras Suite icofónica (1983), Fantasía creacionista (1985), Una antifantasía (1986), Fantasía de la muerte (1987), Fantasía abstracta (1989) y Fantasía cósmica (1984), algunas de las cuales pueden escucharse por Youtube.
Publicó el primer libro sobre el tema de la música electrónica en 1981, intitulado La electrónica en la música y en el arte, editado por el Centro de Investigación y Documentación Musical Carlos Chávez (CENIDIM).
Raúl Pavón Sarrelangue, que tuvo relación con una de las aportaciones potosinas al mundo, nació en 1928 y falleció en el 2008.
También lee: Una figura representativa de la literatura potosina, Ramón F. Gamarra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
Corredor Humanitario
Trump pausa ataque a Irán; Teherán niega acuerdo sobre Ormuz
El presidente de Estados Unidos aseguró que suspendió una ofensiva militar para dar espacio a un acuerdo, pero el gobierno iraní rechazó que exista cualquier pacto y advirtió que responderá si es atacado
Por: Redacción
El conflicto entre Estados Unidos e Irán entró el fin de semana en una nueva fase de incertidumbre, luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara la suspensión de un ataque militar previsto contra Irán con el argumento de abrir una ventana para un acuerdo diplomático. Sin embargo, Teherán negó que exista cualquier negociación o pacto sobre la reapertura del estrecho de Ormuz.
Trump afirmó que decidió detener la ofensiva tras conversaciones con aliados de Medio Oriente y expresó su expectativa de alcanzar un acuerdo “rápido”. Entre las condiciones planteadas por Washington se encuentran la reapertura del estrecho de Ormuz y el abandono del programa nuclear iraní.
La respuesta iraní llegó pocas horas después. El gobierno de Teherán calificó de falsas las declaraciones del mandatario estadounidense y aseguró que no existe ningún acuerdo con Washington . Además, reiteró que el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado mientras continúen las hostilidades de Estados Unidos.
El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, sostuvo que su país responderá a cualquier nueva agresión, mientras medios cercanos a la Guardia Revolucionaria respaldaron la postura oficial y descartaron cualquier negociación en curso.
La tensión en la región se mantiene elevada después de cinco meses de enfrentamientos entre Estados Unidos, Israel e Irán, un conflicto que ha afectado el tránsito marítimo en el Golfo Pérsico, el mercado energético y la estabilidad de Medio Oriente.
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