febrero 26, 2021

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#4 Tiempos

Dr. Barbahan, el escritor irreverente | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO.

“Dirán que pasó de moda la locura,
dirán que la gente es mala y no merece,
más yo seguiré soñando travesuras
(acaso multiplicar panes y peces).
yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino.
Yo me muero como viví”.

-Silvio Rodríguez

Miguel Armando Alvarado Alejo es el nombre del célebre Dr. Barbahan, quien fue miembro de la generación del setenta y cuatro de físicos-escritores potosinos que nutrieron las páginas de El Cronopio, la revista de divulgación y cultura científica y del boletín “El Hijo de El Cronopio”, que daba información científica y tecnológica, donde publicaría sus primeros cuentos, los cuales, posteriormente recogería en sus libros Jesusito y Jacinto el Cazador de Ballenas, este último presentado en el programa de divulgación científica “La Ciencia en el Bar”,  pionero en su género en el país y del cual fue uno de sus fundadores.

Dentro de su estilo, era común que confundiera a la gente con sus datos biográficos, le gustaba jugar con su lugar de nacimiento aderezando de anécdotas cada que se le preguntaba. Así sus conocidos lo asocian con Ciudad Juárez, con la Chona en Nuevo León, pero nunca en San Luis, y, con su edad ni se diga. Lo que obliga a investigar en archivos esos datos; sin embargo, vivió la mayor parte de su vida en San Luis Potosí, convirtiéndose en una figura icónica de la ciudad. En 1995 editamos el cuaderno: “La literatura como vehículo de comunicación de la ciencia”, donde a manera de ejemplo se presentaba parte de la obra de tres físicos escritores: Alan Lightman, Francisco Mejía Lira y el Dr. Barbahan, los datos que proporcionó indican que nació en Nuevo Laredo, Tamaulipas el 30 de septiembre de 1954, ingresó a estudiar química en la UASLP y luego cambió a la carrera de física. Realizó su maestría en física en el Instituto de Física de la UASLP, y fue catedrático en el Departamento de Físico Matemáticas y en la Facultad de Ciencias de la UASLP, de donde se pensionó hace algunos años.

El ambiente de formación de los físicos potosinos en la segunda parte de la década de los setenta los comenzó a orientar la vocación a la escritura y con el tiempo el Dr. Barbahan es el representativo de esa generación de físicos que tienen dicha inclinación literaria.

Sus primeros cuentos se centran en el manejo de ideas científicas fundamentales, donde trata de reflejar en la historia los conceptos científicos que giran en torno a dicha idea. Con conceptos claros explicados mediante situaciones cotidianas y de tal manera que de forma imperceptible el lector es llevado a eventos en los que se observa la influencia de alguna ley natural sobre la situación de los personajes.

El Dr. Barbahan se definía como escritor más que como físico, donde contribuyó en la docencia en la formación de muchas generaciones de ingenieros y físicos. Finalmente transitó entre la ciencia y el arte donde campea la imaginación, concretando en situaciones donde, por un lado, rige la estructura y dinámica del Universo y, por otro, donde se puede navegar hasta donde la creación imaginativa lo permita. Sus escritos navegan en ese amplio campo entre lo científico y lo artístico donde experimentó enredarse en la encrucijada entre ciencia y arte, rompiendo sus estructuras formales con un dejo de irreverencia en sus escritos.

Como parte de su formación estuvo un tiempo llevando cursos en el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional. A principios de los ochenta estuvo encargado del Laboratorio de Electrónica del Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica en Tonantzintla, Puebla. Regresó a San Luis y luego se trasladó a vivir y trabajar a Ciudad Juárez, donde sin dejar del todo la física, se centró en el trabajo duro en los mercados juarenses, para después regresar nuevamente a San Luis e incorporarse a continuar sus estudios de maestría y a impartir clase en la UASLP.

Destacó no sólo como docente y como escritor, también fue entrenador de atletismo, manejando técnicamente a varios seleccionados nacionales chihuahuenses, y, incursionó incluso en la carpintería y en otros oficios que heredara de su familia materna.

Vivió intensamente y murió el 21 de enero de este año, dejando un importante legado artístico y como persona.

 

 

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#4 Tiempos

Un gato en el estómago | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas.

 

En su Anatomía de la melancolía (obra que vio la luz por vez primera en 1621), Robert Burton cuenta la historia de una mujer que creía haberse tragado una serpiente. Ahora bien, como ésta era una cosa altamente improbable (¿quién en su sano juicio hubiera podido hacer algo como esto?), el médico que la veía llegó a la conclusión de que la mujer no estaba muy en sus cabales que digamos, y, para curarla, ideó la siguiente estratagema: primero la hizo tomar un vomitivo; luego, sin que ella lo advirtiera, colocó una serpiente muerta en el fondo de un bacín, diciéndole:

«He ahí el tremendo bicho que tanto la atormentaba, mi estimada señora». Cuando la mujer vio que el animal se hallaba por fin fuera de su cuerpo, se sintió aliviada. ¡Excelente terapia!

Otro caso curioso contado por el mismo Burton es el de un caballero de Siena que tenía miedo de ir al baño, pues creía que, en cuanto lo hiciera, la ciudad se ahogaría bajo el río de sus orines. Aunque la vejiga estaba a punto de estallarle, el caballero se contenía estoicamente. Para curarlo, otro médico, tanto o más ingenioso que el anterior, mandó tocar las campanas de una iglesia vecina y le dijo al enfermo en tono gravísimo que Siena se consumía en ese momento bajo las llamas y que únicamente él podía salvarla, si quisiera. Ante advertencia tan severa, el enfermo accedió a orinar, y si no salvó a Siena de las llamas, sí salvó por lo menos su estropeada vejiga.

Estos ejemplos muestran con bastante claridad que los médicos del pasado no eran tan ingenuos como a algunos les gusta imaginar. Sin embargo, la curación no siempre es tan sencilla, como demuestra este otro caso tomado de la vida real:

Un hombre se quejaba constantemente de un fuerte dolor de estómago. «¿Sabes? –le dijo un día a su mujer-, me da la impresión de que lo que tengo adentro es un gato». La esposa le dijo que eso no era posible y que lo mejor que podía hacer era ir a consultar a un gastroenterólogo lo antes posible. Pero el hombre persistió en su idea. Sí, lo que lo arañaba por dentro era un gato, un enorme gato de afiladas uñas.

«Esto ya no es asunto del gastroenterólogo, sino del psiquíatra», pensó la mujer, terriblemente afligida. Y a partir de entonces todos sus esfuerzos se concentraron en convencer a su esposo de que tenía que someterse a uno de esos inofensivos tratamientos psicológicos que a la larga no le podían hacer más que bien. Tras diez mil ruegos, el marido accedió a ir por fin a una clínica neurológica.

-¿Qué es lo que sentimos? –preguntó el psiquiatra, mirándolo con burlona atención.

-Lo que sentimos, doctor –respondió el hombre-, son unos terribles arañazos provocados por un gato que llevamos dentro.

El especialista se le quedó mirando largamente. Y, tras pensárselo durante unos instantes, dijo en tono confidencial:

-Sí, es probable que se trate efectivamente de un gato. En todo caso, no es ésta la primera vez que le sucede a alguien una cosa semejante.

-¿Es, digamos, una enfermedad común?

-¡Más común de lo que usted se imagina, mi estimado amigo!

-Me aterra pensar que dentro de mí pudiera también haber ratones, doctor, pues, de no ser así, ¿a qué diablos se habría metido el gato? –dijo el hombre casi llorando de pesar.

El psiquiatra hizo abrir la boca a su paciente, le examinó la garganta con una lamparilla y dijo finalmente:

-En efecto, amigo mío, anda por ahí un gato de respetables dimensiones: acabo de verle la punta de la cola. ¡Ah, pero no se preocupe usted, que ya me encargaré yo de que salga pronto de ahí! Si le parece bien, mañana mismo, a las diez, procederemos a realizar la operación.

-Me parece bien –dijo el paciente.

Al día siguiente, el psiquiatra lo anestesió, simuló una operación complicadísima, mandó a un muchacho del barrio a que le trajera un gato callejero, le torció la cabeza, y tan pronto como el enfermo volvió en sí, le dijo gritando de alborozo:

-He aquí el gato que tanto lo molestaba, querido amigo. De ahora en adelante podrá usted vivir en paz.

El paciente miró el gato detenidamente; finalmente, dijo con desilusión:

-Lo siento mucho, doctor, pero el gato que usted me muestra es negro, y el que a mí molesta adentro es gris.

¡Para amargarnos la vida, los humanos somos unos expertos! Nos ahogamos en vasos de agua. Una vez, según cuenta el doctor M. Scott Peck en su libro La nueva psicología del amor, una mujer que acababa de intentar suicidarse fue a verlo a su consultorio y le confió: «Intenté matarme porque no soporto vivir en esta maldita isla» (se trataba de la isla de Okinawa, donde ambos, médico y paciente, residían por entonces). «¿Por qué es tan doloroso vivir en Okinawa?» –le preguntó el doctor-. «Aquí no tengo amigos. Estoy siempre sola» –respondió sollozando la mujer-.

«Eso es malo. ¿Por qué no ha hecho amistades?». «Tengo que vivir en una urbanización de Okinawa donde ninguno de mis vecinos habla inglés». «¿Por qué no va a la zona residencial norteamericana o al club de mujeres para entablar alguna relación?» –insistió el médico-. «Porque mi marido se lleva el coche para ir al trabajo». «¿Y no podría llevarlo usted misma al trabajo, puesto que está sola durante todo el día y se aburre?» –siguió insistiendo el doctor-. «Es un coche con el cambio de marcha manual, y yo no sé conducirlo; sólo sé conducir los que tienen caja automática». «Pues podría aprender a conducirlo». «¿En estas carreteras? –gritó indignada la mujer-, ¿es que quiere que me mate?».

En lo dicho: con algunos no hay remedio. Pero si hay alguna conclusión que sacar de estas historias, que las saque el lector, que yo con habérselas contado me doy por satisfecho.

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La Ciencia de la Salud

Las vacunas imperfectas y su utilidad en Salud Pública | Columna de Andreu Comas García

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La Ciencia de la Salud

 

El día de hoy platicaré sobre las vacunas y empezaré por definir, ¿qué es una vacuna? De acuerdo con la Real Academia Española de la Lengua, una vacuna es un preparado de antígenos que, aplicados a un organismo, provoca en él una repuesta al de defensa.

En palabras más sencillas, es cuando se introduce al cuerpo un pedazo de un bicho (antígeno) o un bicho que no nos puede causar enfermedad (atenuado) para que el cuerpo aprenda no solo contra quien atacar, también como al vacunarnos, el cuerpo genera una respuesta inmune que es rápida y efectiva. Pero lo más importante es que respuesta se queda grabada en el cuerpo y cuando el patógeno intenta infectar, la respuesta inmune lo evita rápidamente.

¿Cómo es que la vacunación evita la aparición de los brotes? Las campañas masivas de vacunación evitan la aparición de brotes de enfermedades infecciosas mediante la generación de un mecanismo de protección indirecto para la población que es susceptible a la infección y que no ha sido vacunada, es decir mediante la inmunidad de rebaño.

Como consecuencia de una campaña de vacunación masiva exitosa, la mayor parte de la población ya tiene protección contra el patógeno (por que generó memoria inmune) y por lo tanto el patógeno no encuentra a quien infectar. En otras palabras, es como si formáramos un escudo alrededor de la gente que no se ha vacunado o de la gente a quien no le funcionó la vacuna.

Cabe mencionar que cuando se inventaron las vacunas, su objetivo era evitar la infección. Toda vacuna que logre este objetivo se le conoce epidemiológica y matemáticamente como una vacuna perfecta. Hasta la actualidad, son pocas las vacunas perfectas que tenemos.

Probablemente el mejor ejemplo de una vacuna perfecta es la vacuna contra la viruela. Mediante la aplicación masiva de esta vacuna se logró erradicar la viruela, por cierto, esta la única infección que hemos logrado erradicar. Sin embargo, la gran mayoría de las vacunas que tenemos no son perfectas.

De acuerdo con el Prof. Andrew Read de la Universidad de Edimburgo “las vacunas rara vez proveen protección completa, pero aún así pueden ser utilizadas para proteger individuos y poblaciones, es decir son imperfectas”. Este concepto implica que para que una vacuna imperfecta funcione adecuadamente, hay que diseñar una estrategia de vacunación acorde a sus características.

Aclaro, que existan vacunas que sean imperfectas NI es malo NI es peligroso. Mas bien, esto nos dice para poder utilizarlas en el control o mitigación de un brote, es importante conocer ¿cómo funcionan? y ¿qué tanto protegen?

¿Por qué una vacuna es imperfecta? Porque no previene la infección en todos los individuos vacunados. Repito, esto no es motivo para tirar las vacunas a la basura o para cortarnos las venas.

Sí las vacunas imperfectas no evitan una infección por completo, ¿Cómo es que funcionan?  Son varios los mecanismos que se han descrito, los cuales ni son de todo-nada y se pueden combinar entre ellos. El primero es mediante la disminución de la probabilidad de que alguien se infecte. El segundo es mediante la reducción crecimiento de la población del patógeno ya sea en un individuo o en una comunidad. El tercero es evitar que se disperse y por último, es disminuir los mecanismos mediante los cuales el patógeno genera enfermedad grave.

¿Cuáles son los beneficios de las vacunas imperfectas? Bueno, son cuatro sus beneficios. El primero es que reduce la gravedad de la infección y, por lo tanto, aunque la gente se puede enfermar no van a requerir hospitalización ni fallecerán. El segundo beneficio es que disminuye la transmisión, con lo cual sí menos gente se contagia se minimiza el impacto del brote en una comunidad. El tercer beneficio es que disminuye la incidencia, es decir el número de casos nuevos a lo largo del tiempo y esto hace que el golpe sea menos duro y no colapse los sistemas de salud o la economía. Finalmente, una vacuna imperfecta sí es capaz genera inmunidad de rebaño, con lo cual se logrará detener un brote.

Cuando se tiene una vacuna imperfecta, es muy importante buscar intencionadamente la generación de patógenos que escapen al efecto de la vacuna. El mejor ejemplo de esto es la vacuna contra influenza. Esta vacuna evita entre 30%-60% de las infecciones, pero evita más del 90% de las hospitalizaciones y defunciones. Sin embargo, debido a que cada constantemente se generan virus que no son neutralizados por la vacuna, cada año hay que cambiar el diseño de los antígenos que se utilizan en ella.

Las vacunas imperfectas pueden tener efectos en la evolución de un patógeno y en su manera de causarnos enfermedad. Por lo tanto, sí se conoce la efectividad de la vacuna y el tiempo que dura su protección, entonces se pueden diseñar la mejor campaña masiva de vacunación con la cual se pueda detener un brote.

Aunque las vacunas no son la panacea contra las enfermedades infecciosas, en la mayoría de los casos, son la estrategia de salud pública con la mayor relación costo-beneficio e impacto empleadas a o largo de la historia de la humanidad. Esto es, porque es mejor prevenir que curar.

Por último, el contar con vacunas imperfectas no debe de ser un limitante para su uso, por el contrario, es la justificación para mantener la vigilancia epidemiológica de las enfermedades prevenibles por vacunación y para evaluar activamente la evolución de los patógenos.

 

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Dos potosinos galardonados con el Premio Nacional de Ciencias y Artes | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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Los Premios Nacionales de Ciencias y Artes que otorga el Gobierno de México es el máximo reconocimiento que se da a científicos y artistas mexicanos y se entrega desde 1944. A lo largo de sus setenta y seis años solo dos potosinos se han hecho merecedores al Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de ciencias exactas y naturales; José Luis Morán López nacido en Charcas en 1950 y Magdaleno Medina Noyola nacido en Ciudad Fernández en 1951.

Morán López y Medina Noyola, estudiaron física en la entonces Escuela de Física de la UASLP y realizaron sus estudios de maestría en el Centro de Investigación y Estudios Avanzados, CINVESTAV, ambos partieron al extranjero a realizar su doctorado en ciencias en la Universidad Libre de Berlín en Alemania y en la Universidad de Indiana en Estados Unidos, respectivamente y realizaron una estancia posdoctoral en la Universidad de California, en Berkeley, y, en Davis, también respectivamente. Al terminar sus estudios, ambos se incorporaron como investigadores en el Departamento de Física del CINVESTAV y posteriormente al Instituto de Física de la UASLP.

Han sido pilares para el desarrollo de la física en San Luis Potosí y realizado un destacado trabajo de investigación en física, tan relevante que obtuvieron el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de ciencias exactas y naturales, Morán en 1996 y Medina en 2013, además de un importante número de los más importantes reconocimientos a nivel nacional e internacional. Ambos obtuvieron también el Premio Nacional de Ciencias que otorga la Academia Mexicana de Ciencias.

Otra característica común en sus trabajos de investigación es que lo han realizado en temas de física llamados de frontera, esto es, el conocimiento que se ubica en los límites del desarrollo de la investigación científica y tecnológica; lo que han dado prestancia al propio desarrollo de la física en San Luis Potosí y que la han colocado como uno de los importantes polos de desarrollo a nivel mundial.

José Luis Morán López, ha trabajado en temas de materia condensada y sus investigaciones han contribuido al desarrollo de la teoría electrónica de la segregación y de los fenómenos de orden-desorden en superficies, y de los efectos superficiales en aleaciones, han sido objeto de numerosas referencias por los especialistas del área. Su investigación actual se centra particularmente en termodinámica y las propiedades electrónicas y magnéticas de sistemas de baja dimensionalidad y en la estructura electrónica de fullerenos. Ha dirigido y fundado sociedades científicas y centros de investigación de importancia en el país, como la Sociedad Mexicana de Física y muy recientemente la Academia Mexicana de Ciencias que congrega a los científicos más destacados del país; en cuanto a instituciones destacan la creación del Instituto Potosino de Investigación en Ciencia y Tecnología.

Magdaleno Medina Noyola fue director del Instituto de Física de la UASLP y su trabajo de investigación ha sido en temas de termodinámica estadística, la físicoquímica de fluidos complejos y suspensiones coloidales. Uno de los problemas centrales es el entendimiento de la transición vítrea para el cual elaboró una teoría predictiva. Ha dedicado sus investigaciones al análisis de los procesos de equilibrio en materiales que son habituales en la vida cotidiana, como geles, vidrios, espumas o en yogurt.

Estas aportaciones de Morán y Medina contribuyen al entendimiento de la materia y han impactado en la ciencia de materiales, tanto en materiales magnéticos como materiales blandos que tienen aplicación en varias áreas de la ciencia. Con su trabajo han contribuido al progreso cultural, científico y tecnológico de México, al de sus propias instituciones y a la entidad.

José Luis Morán López y Magdaleno Medina Noyola son un orgullo para los potosinos y en especial para la Zona Media y el Altiplano de San Luis Potosí.

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Xavier Nava, ¿en Morena?

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