#4 Tiempos
De qué hablan cuando hablan de “la oposición” | Columna de Carlos López Medrano
Luces de variedad
Claro, cualquier gobierno tiene oposición; otra cosa es que a una categoría tan amplia se le imputen atributos particulares, como si se tratara de un ente monolítico y no lo que es en el caso mexicano desde 2018 (y antes): una multitud caótica proveniente de distintas corrientes y esferas (izquierda, derecha, apolítica… whatever that means) que transcurre sin articulación y que a menudo está enfrentada entre sí. Ahí su debilidad, por cierto, frente un movimiento que sí desfila y se retuerce en relativa unidad alrededor de un astro que le marca la pauta y en el que encuentra un calor reconfortante para tejer ilusiones y revanchas.
La oposición ni siquiera se limita al sistema de partidos, incluye abundantes sectores e individuos. Los opositores pueden ser lo mismo un magnate textil que una monja, un periodista queretano, una doctora en ciencias sociales o un padre de familia que no encuentra medicamentos para su hijo. Hacer distinciones es importante ya que en el debate público a menudo se confunde a la oposición partidista con toda la oposición, o, mejor dicho, se utilizan las indudables miserias de los partidos y de algunos de sus representantes para desacreditar, en general, el ejercicio de quienes contravienen al gobierno en funciones.
Lo mismo aplica para el ámbito ciudadano. Basta alguna pancarta con un mensaje imbécil o que un grupo se manifieste de tal o cual forma para que a continuación la corte afín al oficialismo emita generalizaciones espurias. Algunos de ellos, sin rubor, van a marchas para cazar declaraciones desafortunadas o fotos chuscas que les permitan, en su deformación cotidiana de la realidad, desacreditar y minimizar a los insurrectos, como si el disparate hubiera sido alguna vez una muestra representativa. Se intenta igual dar la idea de que los inconformes son pocos, como si una fracción, como tantas, equivaliera a la totalidad.
La denominación de oposición tiene un uso frecuente en lo que respecta al ámbito académico y teórico (de manera destacada por Robert Dahl quien en varias ocasiones tuvo el tino de usar el plural del vocablo dentro de su obra), su utilización, aunque con sus limitaciones, ha permitido demarcar territorios dentro de la reflexión sobre regímenes bipartidistas y multipartidistas. Una forma indispensable para entender los equilibrios políticos a través de manifestaciones como el diálogo, las negociaciones, la concesión. Un componente sano y fundamental en sociedades variopintas. Un útil contrapeso y la posibilidad de acceder a visiones distintas. Una contención al exceso.
En lo que aquí respecta refiero más bien a una cuestión tosca que se ha instalado con suma ligereza. A una simplificación mental que no es casualidad, sino una forma de consolidar un relato, el de reducir un escenario complejo a dos entidades, solo dos, de modo en que se pueda anular a ese constructo contrario atribuyéndole a la totalidad las características de sus peores miembros. Al hacerlo se anulan precisamente las bondades de tener un disenso, erigiendo paralelamente la legitimación de cualquier abuso o yerro del gobierno al que se justifica bajo el supuesto de que la oposición concentra todos los males.
Dar a la oposición una connotación peyorativa facilita el mantenimiento del nuevo statu quo . Al señalar los vicios que eminentemente yacen en sectores del universo de adversarios(la frivolidad, la ignorancia, la torpeza, la corrupción, el ridículo, etc.), enjaretándolos además al resto del supuesto colectivo, se tiene un juego a modo, un juego de niños. La competencia sería justa, y no una trampa, si la oposición fuera, como ellos, un ensamble, y no lo que, repito, es más bien un acumulado plural (cuando no anárquico) de actores que coinciden tan solo en no estar de acuerdo con un proyecto que da vistas de hacer aguas por los costados.
Esto es particularmente importante en México, donde —a diferencia de otros países en los que la categoría sí que aplica a coaliciones que funcionan de acuerdo con principios rectores — apenas y existen expresiones seminales y dispersas que, cada una a su modo, buscan hacer ruido y plantear su propia cruzada. Los opositores no comparten, de cualquier modo, valores morales ni tampoco ideológicos, ni siquiera agenda o un mínimo de convenios.
Cuando alguien te hable de la oposición en los términos descritos, unos que homogeneizan algo que no lo es (“la mezquindad de la oposición”, “la oposición anda de golpista y golpeadora”, “la oposición lo odia”, “la oposición sigue sin entenderlo”, “el intento de censura de la oposición”, “el infantilismo de la oposición”), hay que preguntar a quién se refiere exactamente, a qué colectivo o individualidad de las tantas que hay. Las frases entre paréntesis son ejemplos reales sacados de redes sociales, una pequeña muestra como tantos otras que hay. No son más que un subproducto del eslogan fundacional, el de que la oposición está moralmente derrotada.
¿Por qué alguien que se conduce con rectitud debería estar derrotado por oponerse al gobierno o cualquier cosa? Tal condición, la de oponerse, no implica estar de acuerdo con otros opositores ni tampoco defenderlos ni moverse a su ritmo. Es la libertad que confiere no ser el último eslabón de una cadena ideológica. También una condena cuando se está inmerso en régimen que se define a golpe de votos.
Las categorías son abstracciones útiles en la medida que permiten operacionalizar y alumbrar el conocimiento, por ello deben ser utilizadas con honestidad, no como los recursos tramposos que denunciaba Sartori a propósito de los conceptos: cuando se les extiende hasta falsificar el ejercicio analítico, hasta confundir. Estratagemas para que la conclusión sea la que convenga, no la que corresponde a los hechos.
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#4 Tiempos
Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:
–¿Alguien quiere este billete?
Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?
El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:
-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.
Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!
Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.
-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.
Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.
-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.
El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:
-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?
Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…
Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.
Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.
El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.
Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:
-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?
-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.
-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?
El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…
¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.
También lee: Siempre hay gente así | Columna de Juan Jesús Priego
El Cronopio
El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
J.R. Martínez/Dr. Flash
En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.
Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.
Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.
En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.
Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela , la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.
En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).
Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.
En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.
Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.
También lee: El pionero de la música electrónica en América Latina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
El pionero de la música electrónica en América Latina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Uno de los trascendentes desarrollos artísticos y científicos potosinos lo son los pianos metamorfoseados desarrollados por Julián Carrillo, únicos en el mundo y que abriera la puerta a un nuevo universo musical. Los pianos, diseñados dando importancia al esquema práctico del propio piano, o sea sin cambiar la disposición de las teclas, fueron diseñados para poder tocar en tercios, cuartos, hasta dieciseisavos de tono, conformando así una serie de quince pianos que fueron presentados en la Feria Internacional de Bruselas en 1958 donde obtuvieron la medalla de oro.
Previamente Carrillo había diseñado y transformado un piano comercial de alta calidad a piano de tercios de tono, cambiando por completo el cuerpo del piano, el arpa que daba paso a tener un piano en tercios de tono, lo cual fue desarrollado a finales de la década de los cuarenta del siglo XX.
En este importante diseño del piano de tercios de tono, participó un joven que se haría camino en el mundo de la música y de la tecnología, Raúl Pavón Sarrelangue que pasa a la historia de la música mexicana como el pionero en la música electrónica en América Latina.
Por el lado musical, Raúl Pavón estudiaría guitarra con el célebre guitarrista Andrés Segovia y en Milán, Italia y en Colonia, Alemania, música electroacústica. Posterior a su participación el piano de tercios de tono, continuó su trabajo en nuevos diseños y construcción de guitarras y sintetizadores.
En el ámbito de la ingeniería y tecnología Raúl Pavón se formaría en el Instituto Politécnico Nacional egresando de la licenciatura en ingeniería en electrónica y comunicaciones en 1954, graduándose como ingeniero en radiocomunicación y electrónica con un diplomado en computación, continuando sus estudios superiores en electrónica en Milán, Colonia y París.
Su formación, así, estuvo ori entada a la música y la ingeniería lo que le permitiría unir esas disciplinas en sus futuras contribuciones en la música electroacústica de la que sería pionero en América Latina destacando además como compositor e investigador.
En 1964 construyó el primer sintetizador hecho en México, el Ominifón, uno de los primeros sistemas de sintetizador didáctico, que anticipó la idea de la tecnología musical como herramienta educativa y creativa.
En el Conservatorio Nacional de México fundaría en 1970 el Laboratorio de Música Electrónica junto a Héctor Quintanar, con quien colaboró en los primeros conciertos de música electrónica y electroacústica realizados en México. En 1976 dedicándose por completo a la música electrónica y al desarrollo del Icofón, instrumento de imagen y sonido electrónicos para el cual compuso las obras Suite icofónica (1983), Fantasía creacionista (1985), Una antifantasía (1986), Fantasía de la muerte (1987), Fantasía abstracta (1989) y Fantasía cósmica (1984), algunas de las cuales pueden escucharse por Youtube.
Publicó el primer libro sobre el tema de la música electrónica en 1981, intitulado La electrónica en la música y en el arte, editado por el Centro de Investigación y Documentación Musical Carlos Chávez (CENIDIM).
Raúl Pavón Sarrelangue, que tuvo relación con una de las aportaciones potosinas al mundo, nació en 1928 y falleció en el 2008.
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