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¿Cultura? potosina, no. Sí, maquila artesanal “mata pasiones” | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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Dado que las guerras comienzan en las mentes de hombres y mujeres, las defensas de la paz deben construirse en las mentes de hombres y mujeres.

Constitución de la Unesco

 

Hace algunos lustros llamaban la atención en el habla coloquial de Costa Rica algunas variantes y significados idiomáticos, entre ellos, el término “mata pasiones”. Así denominaban los ticos a la prenda femenina conocida en México como “fondo” o vestimenta debajo del vestido. 

Mera nomenclatura,  porque la prenda en cuestión, ya sin su acompañante el vestido, no mata pasiones, por el contrario, alimenta el deseo, por insinuante.

A quien sí se le puede aplicar el matapasionismo es al ejercicio de la mal llamada potosina Secretaría de Cultura. De proceder, en lo general, inocuo, caciquil, desinformativo, costosísimo sin justificación y sesgado. Sin promoción adecuada ni proclividad a la formación de públicos. 

Si no emite boletines de prensa correctos, ella tan acompaña de literatos directivos sobre-asalariados; si no genera una publicación orientadora para su habitual diarrea de programación de nada y todo; si a su máximo directivo le distingue la tibieza; es de suponer para los potosinos un castigo de al menos 27 meses más de suma-restas en la deformada institución. Esto es mata pasiones.

SLP, TAN LEJOS DE LA SABIDURÍA CON VERDAD

SLP está próximo a la corazonada decorativa, y ajeno al arte interrogativo. 

La paz y la reconstrucción del tejido social se forjan con imaginación y trasponiendo inercias caducas. No es el caso en la localidad.

Ya son 60 años en las cúpulas mandantes locales, de reforzar aspiraciones aristócratas de élite, inductores de actitudes de pueblo mustio/quieto, de orientar el ejercicio artístico –que no cultural- a edulcorantes decorativas lindas y complacientes. La, dizque, cultura como adorno kitsch adormecedor.

Hay una tradición entre nacional y estatal, incubada por generación espontánea, de ejercer el mando gubernamental con bastante desconocimiento e incomprensión del fenómeno artístico. En lo nacional, priva el centralismo. Becas cooptadoras generosas para entenados y migajas para provincia.

Pese a todo, hay grandeza artística en México, por encima de la ignorancia y sensibilidad de sus gobernantes. 

La descentralización en el gremio, es de papel y sin desconcentración. Por lo mismo, los administradores locales de recursos y espacio para el ejercicio artístico, trabajan para el Centro. El chilango proceder de la rectoría denominada cultural, troca supervisión por turismo cultural anfitrionado, si etílico, mejor. 

Antes de estos 60 años en referencia, no había instituciones dedicadas a “administrar”, cooptar, silenciar, adormecer las expresiones artísticas -con holgura inmerecida, denominadas y auto nombradas “culturales”-. Pero si había grandeza artística local: Germán Gedovius, Julián Carrillo, Manuel José Othón, José Jayme, Juan Blanco y sus obras creativas, son evidencia de ello. 

Para que algo tenga el peso cultural puede y debiera interactuar con el todo social. Entenderlo y contribuir a su desarrollo y transformación.

Aquí el ejercicio artístico predominante, el oficializado y cooptado/cooptador es de sainete, decorativo edulcorante, mustio y moralista por inducción. 

No conlleva debate, análisis ni crítica al desarrollo artístico. En país de tuertos, el gandalla desactivador de indagatorias es cacique, hasta avezado en negocios a costa del erario.

Predominio del quehacer artístico local provinciano y aprovincianada por ejercido al margen de las tendencias contemporáneas del arte. ¿Qué impacto se consigue, además de casi nada, la creación artística y los museos, sino adorno y complacencia con los mandos?

MUSEOS LOCALES PARA TROPIEZO DE LA INERCIA

La existencia de un museo se justifica cuando sus acervos y actividades tienen como público prioritario a los habitantes de su entorno. Así lo recomienda, la Unesco (dependencia de la Organización de Naciones Unidas, de cobertura mundial, dedicada a la atención y arbitraje de asuntos educativos, patrimoniales, científicos, artísticos y culturales). Qué lejos en la localidad de ese espíritu y de cualquier propósito interactuante con el tiempo presente y sus fenómenos sociales.

Hace 14 meses, cuando se celebraba aquí el día de los museos, la secretaría denominada de Cultura, elaboró para el caso, una guía plagada de erratas. Cuando ya circulaba, se le señalaron los errores; ya corregida, se volvió a imprimir, y la vocera de la dependencia, en lugar de disculparse por el hecho, salió a mentir por televisión. Presumió que el sobre-tiraje de la guía fue demandado por el éxito alcanzado. No aclaró los errores del primer tiraje.

La semana pasada, el diario La Orquesta, dio portada y dedicó su reportaje principal a enunciar fallas y escaso público de los museos locales. Esto último con datos de Inegi.

Al día siguiente, el casi invisible y habitualmente mudo, pero sobre asalariado secretario local de Cultura, Armando Herrera Silva, salió a decir que los datos de Inegi eran incorrectos, sin el origen y metodología para obtener los propios “optimistas”.

Inegi es una institución solvente y confiable, al margen del eventual jaloneo de sus cifras para distintos fines. ¿Por qué habríamos de dudar de su información y confiar en los conteos sin sustento?

En cambio, el imperceptible y omiso secretario de Cultura miente con frecuencia. En esta ocasión, desaprovechó la oportunidad de quedarse callado, para su propio y constante blindaje a la sombra. 

Si a eso se agrega el “linaje” pri/pan/perredista del mando local y el verdor morenista en el gremio, la 4T aún no cosquillea en pueblo quieto. Territorio de mata pasiones. Allá en Costa Rica, “pura vida”, sensualidad sin tapujos.

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