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Crónica de un regreso | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de plumas

 

Tuvieron que pasar seis años para que San Luis Potosí volviera a tener un partido del máximo circuito de la liga de futbol mexicano. En un día los boletos se agotaron, al igual que los bonos y los jerseys oficiales. Pirma subestimó a la afición potosina, pues no somos los Gallos o el Monarcas, nosotros llenamos los estadios y compramos la vestimenta el mismo día que sale a la venta. Los que sí conocían el efecto de tener un equipo de primera fueron los revendedores. Los precios de la reventa alcanzaban hasta los mil pesos. Ni que fuera liguilla, le espeté a uno. Para alguien que vive fuera de la ciudad fue toda una odisea adquirir un par de entradas, pero lo logré gracias a un viejo contacto.

Los vecinos de la calle malaquita volvieron a odiar las tardes de futbol. Unos cuantos vieron en sus cocheras una oportunidad de negocio. Otros más prestaron su fragmento de calle a sus amigos que se dieron cita en el casi terminado Estadio Alfonso Lastras Ramírez que ahora viste de rojo y blanco. Los vendedores ambulantes se duplicaron a las afueras del Lastras, playeras del San Luis en todas sus versiones, pumas para colgarse en los hombres y hasta un par de jersey del América se encontraban en los estantes. Y sí, el ambiente se sentía de primeras desde calles atrás. No faltaron los villamelones que por una foto para sus redes sociales se expresaron aficionados del equipo, pero que jamás se presentaron en el ascenso pues siempre pierde.

La tribuna visitante se quedó pequeña para la siempre fiel y poco aseada afición de Pumas. Los hechos en C.U. demostraron que ya no estábamos en el ascenso y que la barra del San Luis tiene mucho que hacer para regresar a ser de las grandes en la liga. Esa que era reconocida por toda Latinoamérica en aquella Copa Libertadores. En momentos, los aficionados de Pumas alentaban más y más fuerte, aunque en número eran rebasados por “La Guerrilla.” Los cantos de la barra auriazul mostraron el grave problema de identidad que tiene este nuevo equipo. Alentaron como hace diez años, pero se les olvida que tenían frente a ellos un equipo rojiblanco.

Las tribunas también dieron muestra de la falta de identidad, pues las playeras auriazules de temporadas pasadas se mezclaban con las rayas rojas y blancas. La cerveza estuvo fría los noventa minutos y las pepitas no faltaron. La banda se comportó a la altura de un espectáculo deportivo, no hubo pedradas ni balazos, antes, durante y después del partido. La afición aguantó los noventa minutos. Una afición cada vez más diversa, demostrando que lejos estamos de esa época donde ir al futbol era exclusivo de los hombres con sus amigos. Familias enteras se reunieron para ver el inicio de una nueva era en el balompié potosino.

Los protagonistas del encuentro demostraron estar al nivel de la liga. La técnica y el espectáculo se vio en el campo de juego. El primer tiempo nos hizo creer que podíamos ser campeones de liga MX, pero los últimos veinte minutos del encuentro nos recordó que esto no era el ascenso, ser invictos y bicampeones es un sueño quizá tan grande como soñar que la selección mexicana de fútbol levantará la copa mundial en Qatar. El ADSL del sábado estuvo lejos de ser como el liderado por Marcelo de Faria en esa inolvidable goliza (6-3) al equipo de C.U. en el apertura 2002, pero esto apenas comienza.

Si nuestro presidente estuvo 12 años soñando con ganar la presidencia, puedo tener fe en los 17 próximos juegos.

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