agosto 20, 2026

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#4 Tiempos

Contrastes | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

La semana pasada estuvo, definitivamente, protagonizada por la Suprema Corte de Justicia. Los importantísimos fallos del Pleno de la Corte y de su Primera Sala en materia de interrupción legal del embarazo y de libertad de expresión, así como los actos administrativos de su ministro presidente, Arturo Zaldívar, contrastan de manera dramática con la actividad del Congreso de la Unión, que continúa con su corte militarista, complaciente y sin capacidad de generar consensos.  

En las sesiones del lunes y martes, los ministros y ministras del Tribunal Pleno de la Corte aprobaron por unanimidad de diez votos —con grandísimas intervenciones y argumentos— la acción de inconstitucionalidad promovida por la entonces Procuraduría General de la República en contra de diversos artículos del Código Penal del Estado de Coahuila. Por una parte, resultaron invalidados los artículos y disposiciones del Código que sancionan con prisión tanto a la mujer que decide voluntariamente interrumpir su embarazo como a la persona que la hiciere abortar y al personal médico involucrado; también se invalidó la disposición que limita el aborto en casos de violación, inseminación o implantación artificial. Por otra parte, la Corte invalidó una disposición del Código que establece una pena menor para el delito de violación entre parejas, con respecto de la pena por violación en general.

De esta manera, la Suprema Corte puso fin a una serie de intentos por despenalizar la interrupción legal del embarazo que se vieron truncados, por un lado, por los argumentos conservadores de las conformaciones pasadas de la Corte y, por otro lado, por plantear la problemática del asunto como un tema de competencias. Es decir, la Corte no se había pronunciado sobre el fondo del asunto, sino que los casos anteriores, en su mayoría, se decidieron por cuestiones meramente procesales.

Resalta la ausencia del ministro Jorge Pardo, quien no asistió a la sesión del martes —en la que haría su intervención— por “causas de fuerza mayor”, según lo anunció el ministro Arturo Zaldívar. Dada esa justificación, lo que sigue es mera conjetura mía, pero no podemos ignorar que Pardo se había pronunciado en contra de la despenalización del aborto en asuntos anteriores y que rara vez contradice sus votos previos. Por tanto, no es extraño pensar que Jorge Pardo decidió no asistir y, con su silencio, respetar la unanimidad de diez votos que se alcanzaría en la sesión, tan simbólica y relevante para un asunto de esta naturaleza.

Lo decidido por la Corte alcanzó la votación necesaria para convertirse en precedente obligatorio para todos los jueces y juezas del país, lo cual sin duda es un gran paso para su despenalización a nivel nacional y gran logro para las colectivas feministas y organizaciones de la sociedad civil que han impulsado este tema, tanto en la discusión pública como en el litigio. Sin embargo, el éxito para esta causa solo habrá de alcanzarse plenamente una vez que estos argumentos se vean plasmados en las leyes y códigos del país, pues, al ser solamente un criterio, sí se tendrá que iniciar un procedimiento penal en contra de la persona que aborte, aunque eventualmente el juez tendrá que aplicar el criterio generado por la Corte.

A raíz de lo anterior, el ministro presidente Arturo Zaldívar convocó a una rueda de prensa para anunciar que planteará al Consejo de la Judicatura la emisión de un acuerdo para encomendar al Instituto de la Defensoría Pública a asesorar a las mujeres sentenciadas o procesadas por el delito de aborto. A su vez, anunció que por primera vez en la historia de la Corte se contemplarán las licencias de paternidad por tres meses pagados para los hombres integrantes del Poder Judicial de la Federación, lo cual significa un gran paso para alcanzar una auténtica igualdad de género. Ya en la sección de preguntas de la conferencia, Zaldívar acordó que las estaría convocando al menos una vez al mes para informar de las actividades del Poder Judicial de la Federación.

En un tema completamente distinto, la Primera Sala de la Corte otorgó un amparo a la organización no gubernamental Artículo 19

, por considerar inconstitucional la Ley General de Comunicación Social, promovida por el gobierno de Peña Nieto
. Dicha ley —conocida como Ley Chayote— contempla una amplia discrecionalidad y vaga regulación para el gasto que puede ejercer el gobierno federal en materia de publicidad y comunicación social. Por ello, la Corte resolvió que, en efecto, el Congreso de la Unión incurrió en una omisión legislativa que se debe subsanar, pues tiene efectos adversos para el ejercicio de la libertad de expresión, de prensa y de información, ya que genera censura para medios y periodistas críticos del oficialismo.

Mientras tanto, el Congreso de la Unión brilló por lo mismo que le ha distinguido, por un lado, con su pobre técnica legislativa y su incapacidad de generar consensos, y por otro, con la inconstitucionalidad que resulta de lo primero, particularmente desde que inició esta administración.*

La semana pasada, el Senado aprobó la Ley Orgánica de la Armada de México, en la cual la coalición oficialista mayoriteó y continuó con la consolidación de la militarización de las funciones de seguridad pública. La ley, por una parte, amplía las atribuciones de la Armada en materia de seguridad, pues comisiona a la Unidad de Policía Naval a realizar —con “carácter civil”— tareas de seguridad pública como parte de la Guardia Nacional. Además de los vicios de constitucionalidad que esto acarrea —y que la Suprema Corte eventualmente tendrá que resolver—, la Ley de la Armada contraviene a la Ley de la Guardia Nacional, que estipula que la GN es un cuerpo civil, aunque el 75% de sus miembros hoy sean militares activos.

De la misma manera, la Cámara de Diputados aprobó la Ley de Revocación de Mandato con casi 200 votos en contra, dado el despropósito de querer encuadrar a la revocación como un acto, mas bien, de ratificación del cargo. Ahora hay que esperar a la firma del Ejecutivo y de su posterior publicación en el Diario Oficial de la Federación.

Es cierto que la naturaleza de las actividades y de los temas que resolvieron los poderes Judicial y Legislativo es muy distinta, sin embargo, también es cierto que se trata de una tarea basada en la capacidad de convencer y de generar consensos. Para vida de nuestro estado democrático y de derecho, el convencimiento debe de estar fundado en argumentos razonados desde el respeto a la Constitución y a los derechos que reconoce. Cuando esto no sucede —desafortunadamente sucede poco—, los asuntos votados por el Legislativo y firmados por el Ejecutivo terminan congelados por años en los tiempos de la Suprema Corte, saturada de acciones de inconstitucionalidad.

Es cierto, también, que la Corte actuó con maestría la semana pasada, aunque aún tiene que pasar varias pruebas de fuego en lo que resta del año, como el tema de la extensión del periodo de Zaldívar, la Ley Nacional sobre Uso de la Fuerza y muchos otros proyectos torales de este gobierno cuya constitucionalidad ha sido cuestionada.  

* Para ver más sobre las actividades y andanzas del Congreso de la Unión, la consultora Integralia presentó recientemente el siguiente informe, cuya lectura recomiendo: https://integralia.com.mx/web/index.php/2021/08/30/decimo-reporte-legislativo-lxiv-legislatura-2018-2021/.

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#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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