#4 Tiempos
Chabelo was right, México is dead | Columna de Daniel Tristán
LaguNotas Mentales
Escuché alguna vez a alguien decir que para vivir en México hace falta estar loco, borracho o las dos. Si bien contamos con una ubicación geográfica privilegiada (tenemos desierto, selva, bosque y las mejores playas del mundo entero) se vuelve un entorno hostil difícil de habitar. Estamos rodeados todo el tiempo de obstáculos y enigmas autoimpuestos que lo único que hacen es complicarnos la existencia, que en sí debería ser bastante llevadera.
¿Se ha preguntado, estimado lector, por qué tenemos ese talento de complicarnos lo que es tan sencillo? Algo nos sucede en el camino que pudiendo llegar a un sitio en línea recta y si obstáculos decidimos complicarnos la existencia. De que llegamos llegamos, pero en el doble del tiempo necesario y raspados por la terquedad de a huevo tomar el camino lleno de espinas.
Culto público, tengo una teoría y a continuación se la compartiré esperando que le sea de ayuda para quitar de su camino las piedras que lo hacen tropezar una y otra vez. Reflexionando acerca de este curioso fenómeno llegué a la siguiente conclusión: México está trabado por un simple y sencillo problema de comunicación. En otras palabras ESTAMOS CONFUNDIDOS.
Seguramente recuerda la letra de “El Reino del Revés”, clásico de clásicos del eterno Chabelo. Aquella oda al sin sentido lanzaba frases como: “Me dijeron que en el reino del revés nadie baila con los pies, que un ladrón es vigilante y otro es juez”. Vaya que suena escalofriantemente familiar. Pero vayamos por partes.
Al decir que nuestros conflictos, en gran parte, son causado por un problema de comunicación que crea confusión me refiero a temas insignificantes y temas de mayor magnitud. Es decir, desde nuestro día a día tenemos que lidiar con la confusión y la adoptamos como una constante que ya nos parece familiar y hasta normal. Por ejemplo, a todos nos ha pasado abrir el refri, ver un bote de helado de vainilla, abrirlo babeando de antojo y llevarnos la desagradable sorpresa de encontrar todo, menos helado de vainilla. El bote de helado podrá contener frijoles, caldo de pollo, mole, pozole, lo que sea… todo menos helado.
Algo similar sucede en los Oxxo, donde cuentan con dos cajas para abrir una, o en los supermercados que tienen 15 cajas pero no para abrir las 15 cajas. Tienen 15 cajas para dejarnos claro que les importa un bledo y abrirán solo 3 o tal vez 4. Y así nuestro día a día está repleto de mensajes en falso, como el de una Selección Mexicana de Fútbol diseñada no para ganar, sino para fracasar (y vaya que lo hacen bastante bien).
Pareciera que todo lo que es y existe en nuestro entorno estuviera sistemáticamente colocado en su sitio para realizar lo opuesto de lo que debería. Tenemos señalamientos de tránsito no para seguirlos, más bien para ignorarlos. Tenemos librerías no para comprar libros y leerlos, las tenemos para pasar por alto el hábito de la lectura y dejarle bien claro a esos libros que si existen es para resaltar nuestro promedio de 1.5 libros al año por mexicano, jamás para levantarlo. De no contar con esas librerías repletas de libros ordenaditos y nuevos nuestro valemadrismo como lectores quedaría anulado. Necesitamos contar con esos libros no leídos e ignorados para validar nuestra ignorancia.
Hablando de temas de magnitud nacional, así como en la legendaria canción de Chabelo, tenemos una policía que no está para cuidarnos, sino para extorsionarnos, robarnos y hacernos sentir desprotegidos. Contamos con una Constitución Política y un Código Penal para darnos el gustito de pasárnoslo por el arco del triunfo y desacatarlo, jamás para usarlo como código de comportamiento. No vayamos más lejos, ¡festejamos el día del trabajo descansando!
Compramos agendas o usamos el organizador de tareas del celular para hacer una lista de lo que no vamos a cumplir. No vaya a ser que en una de esas se nos ocurra hacer lo que no proponemos y eso representaría un desafío al sistema, ni lo mande Dios. Quedamos de vernos a las 9:00 para llegar súper quitados de la pena a las 9:45 amparados por mil pretextos, que si se enfermó el abuelito, que si el Uber no llegaba, que si el tráfico, el perro y las arañas.
Todo, absolutamente todo lo que nos rodea no está ahí para lo que si debería, está para lo que no debería. Compramos caminadoras y terminamos usándola como perchero, nos ponemos ropa deportiva para correr, pero por las caguamas o los tacos. Carajo, cómo no vamos a estar atorados y con el agua hasta el cuello si no aplicamos el sentido común y usamos las cosas exclusivamente para lo que son.
Y si aún duda de que mi teoría sea cierta lo invito a que salga a las calles y haga un análisis a profundidad de todo lo que está ahí para cumplir cualquier propósito menos el debido. Calles pavimentadas que lejos de ayudar a la circulación de los autos están ahí para llenarse de baches y, en efecto, entorpecer la circulación de vehículos. Centros penitenciarios que no ayudan a la reinserción social de los bandidos pues, al contrario, funcionan como universidades del crimen por si los angelitos no fueran lo suficientemente duchos para delinquir más y mejor una vez se vean liberados del encierro.
Tenemos alcoholímetros no para medirnos en el consumo, sino para consumir cantidades industriales de bacacho y terminar aflojando toda la quincena en mordidas para que nos dejen ir. Vivimos en un país donde un payaso es líder de opinión (Brozo) y un “líder de opinión” es el más insoportable de los payasos (Chumel Torres).
Ahora más que nunca estoy convencido de que vivimos en el reino del revés y aquí nada el gato y vuela el pez. Y estoy totalmente convencido de que es verdad, para vivir en México hace falta estar loco, borracho o las dos. Así que no me queda más que decir. Salud por lo que es para lo que no es y salud por este país sui generis que apapacha nuestro patológico funcionamiento basado en el uso de las cosas para el contrario de su propósito.
Abre una caguama con un tenedor y se la sirve en una taza de café
@DanielTristan
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El Cronopio
Juana María Alvarado, La Vida es Química | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
Andrés Manuel del Río, el científico español naturalizado mexicano que desarrolló su carrera científica en México en el Seminario de Minería de México en los albores del siglo XIX y finales del XVIII se convirtió en una figura representativa de la química en México; se encargó de la cátedra de Mineralogía del también llamado Colegio de Minería y escribió el libro Elementos de Orictognosia que llevaría el potosino Mariano Jiménez, que sería su alumno.
De sus logros sobresalientes fue el descubrimiento del eritronio, un nuevo elemento químico que descubriera en 1801 en una muestra recolectada en Zimapán Hidalgo. La historia de este descubrimiento es una de las tristes historias de la ciencia mexicana, pues el descubrimiento de este elemento fue adjudicado años después a E. Wöhler que lo bautizó como vanadio. El elemento vanadio debe ser considerado como descubrimiento de Andrés Manuel del Río, quien también descubrió otros compuestos, como la plata azul o la aleación del rodio y el oro.
El nombre de Andrés Manuel del Río lo tiene asignado la Sociedad Química de México para denominar sus premios de química en México a destacados investigadores y docentes de la química en el país. Este año 2026 la profesora investigadora de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Juana María Alvarado Rodríguez se hizo merecedora al Premio Nacional de Química “Andrés Manuel del Río” 2026, por su actividad docente.
El Premio Nacional de Química se otorga desde 1964 y es otorgado en tres categorías: Docencia, Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico, tiene como finalidad hacer un reconocimiento público nacional a la labor realizada por profesionales de la Química que hayan contribuido de manera extraordinaria a elevar la calidad y el prestigio de la profesión Química en México.
Juana María Alvarado estudió en la licenciatura en la Facultad de Ciencias Químicas y realizó una maestría en hidrosistemas con opción en irrigación, en el 2006. Fue coordinadora de la licenciatura en química de la Facultad de Ciencias Químicas de la UASLP y ha desempeñado una destacada labor docente en dicha Facultad.
Juana María Alvarado ha incursionado en el área de divulgación de la ciencia en varias de sus facetas de comunicación, entre ellas y de manera importante en la radio. En 2008 inició la producción del programa La Vida es Química en Radio Universidad el cual ella misma conduce y en los que invita a participar a alumnos de química, lo que les ha permitido ser un factor más en su formación.
El amor y la pasión por la química que tiene la maestra Juanita, como se le conoce en el medio, la ha llevado a especializarse en comunicación social de la ciencia para lo que decide ir a España a Almería en particular a realizar el máster en Comunicación Social de la Ciencia en la Universidad de Almería realizando un trabajo comparativo de fin de máster entre dos jóvenes radios universitarias españolas, RadioUAL y RadioOlavide, y dos radios veteranas mexicanas, Radio UNAM y Radio UASLP.
La influencia que ha tenido, inyectando a su vez su pasión y amor por la química en sus estudiantes les ha permitido seguir con éxito sus carreras profesionales, algunos de los cuales se han convertido en sus colegas en el seno de la Facultad de Ciencias Químicas. Su interés por la historia de la química en San Luis se ha manifestado al difundir la labor de mujeres químicas pioneras en química y mantener la memoria del desarrollo de la química en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y compartirlo con el pueblo potosino, sin descartar a los niños y jóvenes con talleres de ciencia donde la química es la protagonista, entusiasmándolos para orientar su vocación a la química y mostrarles, como reza el título del que fuera su programa en Radio Universidad, que La Vida es Química. ¡Felicidades a la maestra Juanita!
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El Cronopio
Un pionero de la astrofísica en San Luis Potosí | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
Uno de los dos primeros potosinos en estudiar formalmente astronomía y en realizar investigación en astrofísica son Joel Cisneros Parra oriundo de Salinas, San Luis Potosí, y de quien hemos tratado ya en esta columna, y Antonio Sarmiento Galán que se recibiera como físico y como matemático en la década de los setenta del siglo XX en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Antonio Sarmiento Galán comenzó a estudiar física en la entonces Escuela de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, para interrumpir sus estudios y emigrar a la Ciudad de México donde ingresaría a la Facultad de Ciencias de la UNAM para estudiar simultáneamente la carrera de física y la carrera de matemáticas, mismas que concluiría en 1976. Estas líneas de formación regirían su vida académica y profesional, pues contribuiría a la investigación en física en el área de la astrofísica y posteriormente en el ámbito de las matemáticas, siendo actualmente investigador del Instituto de Matemáticas, Unidad Cuernavaca de la UNAM desde 1999; previamente había sido investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM de 1981 a 1998.
Su formación primaria en astrofísica fue en el tema en el que coincidieron estos dos personajes potosinos, pioneros en el estudio de la astrofísica, sistemas binarios. Su tesis de licenciatura en física presentado en 1978 versó sobre Etapas Evolutivas Avanzadas en Sistemas Binarios. Realizó su maestría en ciencias en la propia Facultad de Ciencias de la UNAM y su doctorado en el Departamento de Matemáticas Aplicadas del Queen Mary College en la Universidad de Londres donde vuelve a combinar su interés en la física y la matemática, que no la física-matemática. Su tesis de doctorado en dicha universidad fue sobre Gravitación en el Sistema Solar que presentó en 1981.
Entre sus estudios de formación y, en especial en astrofísica se encuentran Estudios para la Localización de un Sitio Astronómico en la República Mexicana, en la Facultad de Ciencias de la UNAM en 1977 y 1978 y, Ph ysical Cosmology en Francia en la École d’Été de Physique Théorique. Université de Grenoble. Les Houches, Haute Savoie en julio de 1979.
Antonio Sarmi ento, como astrofísico ha hecho importantes aportaciones científicas teóricas en temas como la evolución química del Universo, la gran explosión, la gravitación en teoría general de la relatividad y el vacío en sistemas no inerciales.
Su contribución no se ha limitado al carácter de investigación pues ha tenido una intensa actividad en educación, no sólo impartiendo cursos de astrofísica, relatividad, física teórica y gravitación, sino que ha realizado una destacada participación en actividades de educación no formal, en especial en divulgación de la ciencia, donde ha escrito numerosos textos entre artículos y libros entre los que se encuentran libros técnicos y de divulgación, participando, además, con conferencias, videos y programas de radio para todo tipo de público con temas de física y astronomía.
Antonio Sarmiento ha contribuido al desarrollo de la educación y la investigación científica en su tierra de nacimiento apoyando programas de divulgación como Domingos en la Ciencia en San Luis Potosí, La Semana de Física y La Ciencia en el Bar, donde ha participado en varias sesiones. Como la charla Fractales que puede consultarse en la dirección: https://www.youtube.com/watch?v=AutyQCtnuI8
En una entrevista para la revista “¿Cómo Ves?”, de la UNAM, rechaza la idea de que la labor científica sea evaluada por premios, “Por fortuna hay muchos investigadores para quienes lo valioso es tener amor por la camiseta de la ciencia, o pasar horas en el laboratorio haciendo un experimento. Ellos se olvidan por completo de premios o publicidad en la radio o la televisión”.
Antonio Sarmiento Galán nació en San Luis Potosí el 23 de abril de 1954 y se convierte en el segundo potosino en formarse profesionalmente como astrofísico y contribuir al desarrollo de la ciencia y la educación científica, siendo además uno de los primeros matemáticos potosinos.
También lee: El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.
Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.
Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.
En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.
Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.
La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.
En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.
Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.
En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.
La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.
Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.
Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.
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