febrero 29, 2024

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#4 Tiempos

Algo sobre piratas | Columna de Guille Carregha

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Criticaciones

 

Hace poco empecé a ver el anime de piratas conocido como One Piece, tal vez en un futuro escriba unas cuantas columnas sobre esta serie, alguna reseña, alguna crítica por ahí, dependerá en gran medida si siento que tengo algo que decir al respecto. Nunca había sido mucho de ver cosas sobre el tema de la piratería, pero debo aceptar que sido una experiencia relativamente grata hasta ahora. O sea, me he divertido bastante, pero así que tú digas “amar, amar” la serie, pues no. La verdad es que, a veces, me siento extraño porque parece que el ver más de veinte episodios de esta serie debería convertirme en un fanático rabioso incapaz de decir algo más que “One Piece, best serie ever”, pero supongo que en algún momento de la vida adquirí anticuerpos para ese virus. Como dije, lo estoy disfrutando, más no he alcanzado a sentir el amor incondicional que sienten todos los demás miembros de este fandom que les obliga a cortar lazos fraternales si alguien “no disfruta correctamente” a la serie que resume a su personalidad entera.

Ahora, para quienes no sepan qué es One Piece, se trata de un anime de piratas con más de 1000 episodios (con la promesa implícita de que llegaremos a tal vez 3000 o más episodios, siempre y cuando un meteorito no acabe con la humanidad antes) que lleva siendo emitido casi sin interrupción desde 1999. A grandes rasgos, la serie se enfoca específicamente en los Sombreros de Paja, una de tantas tripulaciones de piratas en un mundo en el que absolutamente toda la conversación social, política, económica y cultural gira alrededor del tema de la piratería. El día a día de quienes viven en este universo es un “Piratas. ¿Cómo nos afectarán hoy?” Pero esa es una conversación para otro día. Lo importante es que el grupo de monigotes a los que seguimos en modo “ámalos que estos son tus protagonistas y los vas a ver por más de 22806 minutos (asumiendo que no te saltas los rellenos, pero sí los openings)”, a pesar de ser piratas, entes considerados históricamente como parte del crimen organizado, son enmarcados narrativamente como diferentes a los demás.

Es decir, aunque tal pareciera que cualquier otro sujeto en el mundo de esta serie que profese ser “pirata” a los cuatro vientos se sienta orgulloso de destruir ciudades, robarles bienes materiales a los civiles, matar gente nada más porque sí o ser la persona más cruel y sin corazón que el mundo jamás haya visto, – nivel cualquier persona que tomó la decisión de no ser pirata, o les teme o decide ignorarlos por el bien de mantener su vida – los protas de One Piece son del tipo pirata bueno. En otras palabras, a lo largo de sus viajes, no se dedican a disfrutar de un buen “observar cómo la vida se escurre de los ojos de un hombre en tus brazos” o “experimentar con cuánto dolor puede soportar un cuerpo humano antes de perder su alma”, ni siquiera el consabido “darle un nuevo significado a la palabra violación” a donde quiera que vayan por las que tantos criminales se han convertido en leyendas amadas por países y generaciones enteras *inserte aquí chiste sobre Pancho Villa*, sino que prefieren tener aventuras más clasificación A, para todas las edades. De hecho, lo más común es que, a cualquier lugar al que vayan, se desvivan por ayudar a los habitantes con sus problemas y los defiendan de “los verdaderos villanos”.

Generalmente, los villanos con los que luchan son, a veces, otras tripulaciones de piratas dedicadas al mal de manera independiente, pero, en su mayoría, se trata de organizaciones gubernamentales o empresariales cuyo principal objetivo es controlar a la población, limitar el uso de recursos naturales o, simple y llanamente, esclavizar a quien sea que se les ponga en frente en “pro del progreso”. Lo que terminan haciendo los Sombreros de Paja a lo largo de su viaje es, usualmente, desestabilizar estas estructuras de poder para que los habitantes de tal o cual lugar sean capaces de acceder a cosas como agua, una paga adecuada por sus labores, entretenimiento, libertad – a “saber qué es realmente la felicidad”, podría decir un escritor de cuentos para niños relativamente cursi. Nunca lo hacen por beneficio propio, en plan “si los ayudamos nos dan dinero y fama”. Simplemente ven una injusticia, dicen, eso no está chido, y entran a los guamazos (porque, pues, es una de esas series en donde todo se resuelve con un “el que pegue más fuerte es el que tiene la razón” y en el 90% de los casos, el prota es quien pega más fuerte).

Y tampoco es que siempre alcancen estos objetivos a través de medios cien por ciento legales. Si es verdad que evitan matar a sus enemigos, porque eso estaría muy mal, pero a fin de cuentas, siguen siendo piratas y se escudan un poco en la definición paraguas de este término para poder vivir la vida bajo los principios que consideran adecuados. Así que, sí, hay ocasiones en las que hacen cosas como “comer hasta reventarse en un restaurante sin tener el dinero para pagarle a los dueños por la comida” o “tomar prestados ropajes y vehículos adecuados para el hábitat en el que se encuentran sin la intención de regresarlos”, pero suelen hacerlo con moderación y por pura necesidad (de la trama o intrínseca – a veces ambas). Es común que tomen solo lo que necesitan para, efectivamente, poder derrocar al poder absoluto que ha convertido la vida de todos en un eterno sufrimiento, a quienes convirtieron a la población en masas de ansiedad y tristeza, incapaces de poder siquiera tomar decisiones acerca de su tiempo libre o de su vida en sí.

Como es de esperar en una serie de este tipo, la piratería buena suele triunfar sobre la mala. No se trata nada más de ir en contra de lo establecido nada más porque sí, sino para mejorar la calidad de vida de todos. Lo normal, a fin de cuentas, es que se le celebre a los Sombreros de Paja sus esfuerzos, perdonándoles sus deslices en la escala de la legalidad e, incluso, celebrando su innata piratería como algo que, utilizado de la manera correcta, puede ayudar a mejorar el mundo y darle un mensaje a quienes creen que tienen el poder absoluto sobre los demás.

Pero, citando a la filósofa Onika Tanya Maraj-Petty en su aportación al artículo editado por Electric And Musical Industries en 2011, “¿Dónde Están Las Morras?” (Guetta, 2011): “Anyways, why I’d start my verse like that?”

¿Se enteraron que Sony lanzó hace unos días un comunicado en donde le informaba a sus usuarios que, a partir del 31 de diciembre, la compañía Warner-Discovery tenía el poder de borrar archivos de video que miles de usuarios habían comprado y descargado? No estamos hablando de borrarlos del servidor de Sony, anunciando que tenían tantos días para descargarlos si no los querían perder, sino borrarlos directamente de los discos duros de los usuarios. Literalmente, temporadas enteras de reality shows en los que varios individuos invirtieron su dinero y descargaron a sus consolas, desaparecerán por completo sin que puedan evitarlo. Discovery se va a meter a las bibliotecas de estas personas y va a borrar todo rastro de los archivos que todos pensaban (erróneamente) que les pertenecían. Aparentemente es una situación que tiene que ver con licencias y cese de derechos de distribución y otros términos legales inventados por la industria del entretenimiento para “proteger los derechos de autor” de los CEOs de corporaciones multimillonarias, lo cual podría ser completamente entendible (aunque cuestionable) si se tratare de borrar estas series de algún servicio de streaming o anunciar que a partir de tal fecha ya no se va a vender tal o cual serie. Pero no. Es literal una compañía diciendo “Nel, eso es mío y ya no te lo presto. Ah, ¿pensabas que lo habías comprado? Oh, no. Me pagaste para que te lo prestara indefinidamente. Eso es mío y ya no te lo quiero prestar. Adiós.”

Y, obviamente no habrá reembolsos o vouchers o algo. Solo archivos de vídeo desapareciendo los equipos electrónicos de miles de personas, siendo borrados para siempre, mientras ellos solo pueden observar.

Ojalá hubiera alguna forma alternativa de preservar este tipo de videos, de asegurarse de contar con esos archivos digitales aún pasada esa fecha.

Ojalá.

Sea como sea, me dieron ganas de ver las Pirates of the Caribbean. No sé por qué.

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#4 Tiempos

American Wedding o “la peor película que he visto en años” | Columna de Guille Carregha

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Criticaciones

 

En un esfuerzo por variar la temática de estas columnas, procederé a no hablar mal de una película mexicana de la que posiblemente nunca hayan oído hablar, para enfocarme en un bodrio estadounidense del que es más probable que sí tengan conocimiento. Pero, primero, un simpático párrafo para ponernos en contexto.

La serie de películas de American Pie es, sin duda, un artefacto de su tiempo. Algunas personas dirán que deberían quedarse ahí y no salir. La primera película salió en 1999 y, entre la selección musical de puras bandas de pop punk californianas y varios chistes bastante problemáticos, como la “hilarante” idea de transmitir a través de internet a una mujer desnuda sin su consentimiento, se podría decir que eso de envejecer con gracia no le salió muy bien. O sea, sí, mucho de lo ahí presentado mucha raza dirá que era “normal en aquella época”, pero la verdad es que ya era bastante cuestionable de entrada, solo que socialmente muy poca gente se atrevía a decir en voz alta que aquello no estaba chido. Pero si las vemos recordando que 1999, y los subsecuentes 2000es fueron la época cringe de la humanidad, pues están como cotorras.

Por mi parte, yo le tengo cero cariño nostálgico a la saga. De entrada, no tuve la oportunidad de conocer a la serie en su época dorada porque, además de que no se me permitía ver “esas películas peladas” a mi tierna edad de 11 años, no fue sino hasta 2014 que me di el tiempo de ver American Pie por primera vez. Y, efectivamente, me pareció que estaba cotorra. Y, pues ya. Me la pasé bien, me dio grima al por mayor en varios momentos, pero daba la impresión de que la película tenía el corazón en el lugar correcto. Solo que su corazón era problemático y un poco misógino. Pero, ahí estaba, más o menos bien puesto.

Ahora, existe un señor relativamente famoso en el mundo de la existencia humana, un tal Bob Dylan. Este señor de quien se pueden decir muchas cosas, excepto que tiene una voz angelical, en algún momento de la vida decidió tener un hijo. Posiblemente tuvo más, pero el que nos interesa es un sujeto llamado Jesse Dylan, quien decidió aventurarse a ser director de cine por un período de 5 años – entre sus obras maestras, se encuentra la tercera parte de American Pie, American Wedding.

A juzgar por lo que se ve en esta película, puedo asegurar que Jesse Dylan tiene cero sensibilidad artística y, claramente, la única razón por la que consiguió obtener el puesto de director en este bodrio es por resaltar su apellido con un marca textos amarillo en su currículum y porque la productora pensó que sería una excelente herramienta de publicidad el decir que el hijo de Bob Dylan se encargaría de cerrar la trilogía de American Pie.

Hacer películas de comedia es complicado. Aunque parezca que el punto es sólo agarrar una cámara y grabar idiotez y media para después fingir que hay una historia que une todos los gags que tienes en la memoria de la cámara, lo cierto es que hay que tener un sentido innato de ritmo, una capacidad de dejar a los chistes respirar lo suficiente como para que sean entretenidos, pero no tanto como para que se desinflen en un triste intento de hacer reír a la gente. O sea, no es nomás llegar y poner doscientos momentos que te hagan decir “LOL qué random” o “jojo qué políticamente incorrecto jojo” y cobrar tu cheque.

O sea, Jesse Dylan hizo exactamente eso, pero se supone que no es así.

De entrada, alguien tomó la terrible decisión de hacer que, en una película basada enteramente en el matrimonio del personaje principal de las dos películas anteriores de la serie, el protagonista de esta “aventura” sería el sujeto que EXPLÍCITAMENTE se nos dijo varias veces que nadie quería y a quien nadie consideraba un amigo, el ente que desde el principio fue creado para ser un personaje incidental cuya única descripción era ser “extremadamente desagradable y malhablado”; Stifler. Literalmente hay varios diálogos en las otras entradas de la serie donde los personajes dicen “Solo aguantamos su presencia para poder ser invitados a sus fiestas”. Nadie tiene momentos íntimos con él, siempre se quejan de los problemas innecesarios en los que los mete, y es el ejemplo de ser despreciable que todos los personajes de las películas usan como base para saber cómo no ser. La primera película termina en que los personajes principales se dan cuenta que intentar ser como Stifler es una de las misiones de vida más tristes que podrían haberse puesto a sí mismos.

Y, entonces, él se convierte en el personaje principal de la tercera entrega de American Pie. De hecho, es el único personaje en todo este bodrio que tiene algo similar a un arco, y este arco es “ten piedad del pobre Stifler, supuestamente tiene un buen corazón aunque nunca lo ha demostrado y desde siempre lo único que le ha importado es tener sexo con todo lo que se mueva y ser genial – pero también es un humano complejo que, no sé, tiene la capacidad de amar o una pendejada así”. DENTRO DE UNA PELÍCULA QUE ESPECÍFICAMENTE HACE ALUSIÓN A LA BODA DE OTROS DOS PERSONAJES EN SU TÍTULO

. No, no. Stifler. Ese es quien nos interesa.

Bueh, al menos hace algo más que Kevin quien está ahí por obligaciones contractuales para con el actor, pero que, si no estuviera en la película, la película no cambiaría en absoluto.

Y, el monstruo de espagueti espacial bendiga a Sean William Scott, quien tiene la capacidad de ser muy querible y hacer de personajes interesantes en otras películas, pero que no ha tenido la mejor de las suertes con su filmografía, pero aquí hace un pésimo trabajo. Y culpo enteramente a Jesse Dylan y su inhabilidad innata de entender qué es un chiste o cómo contarlo. La culpa es de él por no saber dirigirlo, no de Sean por no saber actuar.

Durante los tortuosos 100 minutos en donde te obligan a “disfrutar de las locuras de Stifler” cuando podrías estar, no sé, viendo el screensaver de Roku y pasártela mil veces mejor, lo único que puedes ver es a un señor adulto intentando aparentar que es uno más de la chaviza. Lo único que Sean William Scott hace es exageras sus expresiones faciales a niveles inimaginables para ser “gracioso”, mientras imposta la voz como estudiante de comunicación inseguro que cree que debe tener un tipo de dicción específica para “tener voz de locutor”. O sea, no es como si parte de la personalidad de Stifler nunca haya sido “muevo la cara bien chistoso cuando digo idioteces”, pero, cuando antes era un “oh, mira, el personaje cree que eso lo hace ser más querible e interesante”, aquí de verdad es un “¿por qué ese señor arrugado está pretendiendo que tiene 19 años y mueve sus arrugas de maneras inhumanas?” Da pena ajena. Pero, mucha. Me sentía mal por él. No podía dejar de pensar cosas como “¿tantas deudas tiene que se tuvo que rebajar a esto?” y me preocupaba por su salud financiera.

Como si eso no fuera poco, uno de los set pieces principales es cuando Stifler entra a un bar. Pero, esperen, es divertido, ¡porque es un BAR GAY! ¡Y ÉL NO SABE LO QUE ES UN BAR GAY! ¡EN 2004! ¡UN AÑO DESPUÉS DE QUE SE HICIERA POPULAR LA CANCIÓN GAY BAR DE ELECTRIC SIX! ¡NO ES ACASO LO MÁS HILARANTE!

Ese es el nivel de comedia que tenemos aquí, gente. Y, de nuevo, no es como si chistes como “¿a poco no estaría cagado que blink-182 estuviera en la computadora viendo un stream con un changuito en el hombro?” fueran grandes ejemplos de humor inteligente en las otras películas de la serie, pero por lo menos se tomaban la decencia de no durar 9 minutos.

Al final, después de, obviamente ser la causa principal de arruinar una boda que, no sé, podría haber sido un evento interesante en donde ver cómo los personajes principales maduran respecto a tener que ser adultos, dejando de lado sus ideales infantiles e intentando ver de qué manera van a navegar a través de sus vidas independientes, Stifler soluciona todo con un acto exagerado, improbable y que no balancea en absoluto todo el mal que realizó de manera consciente a lo largo de la película. Pero se esforzó. Así que, podemos concluir que es bueno. Y, por lo tanto, muy querible. Y se merece todas las recompensas materiales que el filme le quiera entregar. Como conseguir que la chica a la que estuvo manipulando durante toda la película para tener sexo le diga que, al final, si lo quiere.

No sé si el terrible guión que se armaron para este bodrio podría haber sido salvado por un mejor director, pero, definitivamente, Jesse Dylan no aportó nada positivo a la película. Qué bueno que ya se dio cuenta que no tiene habilidad para dirigir comedias y se convirtió en un productor más. Ojalá no le de una crisis de mediana edad y quiera volver.

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#4 Tiempos

12 Soles de mi Soldadito de Oro ¡¡¡Felicidades!!! | Columna de Luis Miguel Dorador

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Un fin de semana sin celular

 

Cuantas cosas pasan en un fin de semana sin celular….. pero cuando tu número de celular lo tienen todos o cuando alguien lo filtra en redes toooodo cambia y también pasan cosas.

Es increíble cómo suceden situaciones que parecieran un juego de ping pong en el que a un derechazo le sigue una respuesta de revés (literal). La semana pasada provocó la inconformidad del ejecutivo federal una publicación en un medio informativo internacional en relación a la posibilidad de un vínculo entre la familia presidencial y el crimen organizado (específicamente con el segmento de los dedicados a los delitos contra la salud) y eso fue suficiente para que ese “derechazo” fuera respondido por el “pater familias” de la parte aludida y entonces se hizo público el número celular de una periodista extranjera y como eso no era suficiente, luego se empezaron a filtrar en redes los números de puros personajes de la política mexicana tanto directos como indirectos pero todos de primera fila… el caso es que al final de la semana la plataforma digital de videos YouTube bajo de sus servidores una mañanera y entonces las redes sociales dejaron de ser benditas y ahora son “autoritarias”… pues entonces ¿a qué estamos jugando? Si me sirven son benditas y si me siento atacado por una reacción lógica por mi imprudencia, ¿se vuelven perros del mal? ¡Cuanta contradicción! Eso me recuerda una publicación en la que hablaban de alguien que con tantísimo poder consideraba a sus súbditos como aliados o, mejor dicho a sus aliados como súbditos y los demás, enemigos.

La polaridad es lo más detestable que existe, pues eso solamente nos demuestra el odio de quien la va marcando en todos los sentidos, pero en México seguimos teniendo una forma de “amor apache” (con todo respeto a los pueblos originarios de Norteamérica), valga la expresión, que como canta Alejandro Fernández, “…te quedas o te vas, me quieres o me olvidas…”.

Y mientras el Potrillo hacía gala de su presentación en Guadalajara Jalisco, inició el fin de semana con una fiesta de cumpleaños muy agradable en la que además de taquitos rojos deliciosos, hubo tequila y cerveza, envueltos en una hospitalidad de alta vibración por el onomástico de Carmen y que llegan los Caballeros de México para ponerle un toque especial a la reunión con una hermosa interpretación de cada uno de los temas que interpretaron con muy bonitos arreglos y bueeeeeno, cuando un mariachi además de sus básicos trae consigo cuatro violines, dos trompetas y un arpa, todo lo mágico puede pasar y así, si dan ganas de bailar hasta que se caliente la duela.


¡¡¡Muchas Felicidades Carmela la pasamos increible!!!

El sábado fue un día de mucha corredera porque mi soldadito de plomo cumplía años al día siguiente y cuando tienes el presupuesto recortado pero el flujo no alcanza por la falta de pagos, todo se hace más intenso, pero nunca imposible para poder hacerle su festejo a quien representa tantas cosas importantes en tu vida como lo es un hijo.

Esa corredera nos hizo imposible asistir a los 50´s de mi Carnal Jorge Martínez Herrera, con quien me disculpo por no haber podido asistir a su festejo y aunque agradezco el cariño con el que respondió a mi disculpa con un “nos hiciste falta” le reviro diciéndole que me hicieron más falta a mi los momentos para festejar con tanto afecto su trayectoria en este plano existencial, y que me siento muy orgulloso de haber coincidido en esta vida y te la debo Carnal.

Finalmente, llegó el domingo y desde temprano hice una selección de fotos de los momentos que pasamos juntos en los últimos años mi Soldadito de Plomo y yo y las monte en un video para ofrecérselo como regalo y no sé pero hacerlo me recordó lo mucho que hemos vivido y lo mucho que me ha enseñado con su sonrisa y esa manera que siempre ha tenido desde que nació de ver el mundo con tanta alegría. Pues luego de jugar con sus amigos más cercanos y disfrutar de una buena empapada nos comimos la pizza y los cupcakes que preparó su abuela, antes de que cerrara el Parque Tangamanga que, como siempre digo, ese es un tesoro de todos los potosinos y es primordial cuidarlo porque lo vale y es gratis.

Cerramos el festejo disfrutando de un pastel de elote y chocolate mientras proyectábamos en la TV la serie “Avatar: La Leyenda de Aang” que les recomiendo ampliamente.
¡¡¡Gracias Chómipro por hacerme tan feliz!!!
¡¡¡TE AMO!!!

…..ánimo que ya casi es viernes!!!

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#4 Tiempos

La física que indaga el interior de la materia | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

El desarrollo de la ciencia en México ha contado con extranjeros que han contribuido de manera importante a la generación de nuevo conocimiento y la formación de recursos humanos en áreas que se consideran estratégicas para el país, apoyando al mismo tiempo la consolidación de nuestras instituciones. En el caso de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí varios de estos personajes han puesto su impronta a lo largo de setenta años. Entre estos personajes han figurado varias mujeres de las cuales hemos dado cuenta en esta sección en anteriores entregas, como el caso de Susana Speratti en el área de las Letras. La presencia de mujeres es un agregado para despertar vocaciones y marcos de referencia para el desarrollo de la mujer en el plano profesional en el país. Una de ellas, que ha colaborado en el área de la física es Mariana Nikolova Arenhovel Kirchbach investigadora que fue del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

Mariana Kirchbach, se pensionó recientemente de la UASLP después de colaborar por más de veinte años, con una actividad muy productiva que le llevó a publicar una gran cantidad de artículos de investigación, graduar a un buen número de estudiantes de licenciatura, maestría, y, doctorado y participar en la formación de estudiantes de ciencias.

La Doctora Mariana Kichbach llegó a México en 1996 para incorporarse primeramente en la Facultad de Física de la Universidad Autónoma de Zacatecas, para entonces venía como una física consolidada y comenzaría a participar, a su vez, en la consolidación de instituciones de investigación en física mexicanas. Ingresa a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí incorporándose a la planta de investigadores del Instituto de Física, siendo de las primeras mujeres en hacerlo.

Mariana Kirchbach nació en Bulgaria y se convertiría en una física germano-bulgara, obteniendo su maestría en ciencias físicas en la Universidad de Sofia y un doctorado en el Instituto Central de Investigación Nuclear Rossendorf en Dresden Alemania y otro en la Universidad Técnica de Dresden.

En esta institución estuvo trabajando como investigadora desde 1990 hasta 1995, con el nombramiento de Researcher Privatdozent, antes de venir a México.

A nivel mundial contribuyó en temas de investigación de interacción de espines con el campo electromagnético, degeneración de estados de nucleones excitados hidrogenados. En San Luis Potosí colaboró con el grupo de investigación en Altas Energías del Instituto de Física de la UASLP en temas como Decaimiento Raro de Kaones, Física de Partículas Elementales, Instrumentación para Detección de Partículas, Interacción Débil, Fenomenología en Bajas Energías, Dinámica Chiral.

El espectro de excitación es un aumento de la energía de las partículas al ser irradiadas por fotones, o sea luz, con lo que pueden observarse y estudiarse simetrías que permiten estudiar la estructura interna de la materia. Así Mariana Kirchbach contribuyó al entendimiento de la estructura de las partes fundamentales de la materia.

En la librería universitaria se encuentra a la venta uno de sus libros, que si bien es de temas avanzados sobre física, en particular la relatividad especial, cuyo contenido presenta tratamientos innovadores en la enseñanza de ese tema clásico derivado de las aportaciones de Einstein y que marcan nuestros tiempos modernos. El libro lleva como título: classical ans special relativity at the core of quantum mechanics, de las ediciones del Instituto de Física de la UASLP.

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Opinión