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¡Alerta! ¡Generación Malcolm al mando! | Columna de Daniel Tristán

LaguNotas Mentales.

Es 2020 y ser millennial ha dejado de ser sinónimo de juventud. Somos la generación Y, descendientes de la generación X, de los ya cada vez más obsoletos baby boomers. El control del mundo comienza a pasar a nuestras manos, tras el cambio generacional natural que ha comenzado a sacar de la jugada a la generación que nos precede. Toda una nueva población de adultos jóvenes veinteañeros/treintañeros comienzan a casarse, a tener hijos, a asumir gerencias en el sector empresarial y puestos en el gobierno. Otros más han tomado como bandera el freelance y le han hecho frente a la vida con la única seguridad de, irónicamente, no tener nada seguro.

 

Las alarmas sociales se han encendido al ver cómo nuestra generación poco a poco comienza a tomar el control del mundo. No son pocas las críticas hacia la camada de nacidos en los 90’s, esa “Generación Malcom” que creció viendo series de televisión gringas de humor estúpido, que fue niño mientras Kurt Cobain se volaba la cabeza con una escopeta y el sistema, valiéndose de un revolver, hacía lo propio con la cabeza de Colosio.

 

Ha sido motivo de debate la capacidad de nuestra generación para tomar las riendas, pues si bien hay jóvenes comprometidos con el progreso, hay también un gran porcentaje que ha engrosado los porcentajes de la informalidad. Nuestros padres, preocupados, no dejan de hacer comparaciones y “Yo a tu edad…” se ha convertido ya en su frase de cabecera.

 

Ver las redes sociales inundadas de millennials que han desarrollado una adicción a ser vistos por el mundo entero por medio de las selfies y las cadenas de retos en línea que ponen en evidencia el hambre de protagonismo de nuestros contemporáneos es, sin duda, una mala carta de presentación ante la generación de nuestros padres y abuelos. El temor de ver que ha llegado nuestro momento de tomar el timón del mundo está totalmente justificado, pero habría que detenerse un poco antes de achacarle la culpa en su totalidad a nuestra camada.

 

¿No será que nuestros padres tienen, en gran medida, la culpa de que crecieramos un tanto torcidos? Tal vez la vida le está pasando la factura por habernos puesto a la televisión como niñera, por haberle cedido la responsabilidad de nuestra educación a la pantalla de una computadora y a la consola de videojuegos. En su momento parecía una herramienta milagrosa para mantener al niño quieto, pero tal vez alguien debió advertirle a nuestros padres que tarde o temprano íbamos a crecer.

 

Si de encontrar culpables se trata, entonces deberíamos tomar todos nuestra rebanada de responsabilidad. Tan culpables fueron nuestros padres por ponernos un “Tamaggotchi” como mascota (haciéndonos creer que si el animal se moría no sucedía nada, pues se podía volver a comenzar) como lo somos nosotros por no saber revertir esa mala educación ahora que somos adultos. El patrón se repite ahora que nosotros comenzamos a tener hijos y al primer llanto descontrolado lo consolamos poniéndolo a picar la pantalla de una tableta electrónica, y mientras más horas pase hipnotizado frente a ella pues mucho mejor.

 

Así que, estimado lector, la próxima vez que le ponga el YouTube a su retoño para apaciguar sus berrinches piénselo dos veces, pues algún día nosotros llegaremos a viejos y alguno de esos valagardos que están siendo criados por “Paw Patrol” y “Dora la Exploradora” será nuestro Presidente y ahí será donde el destino nos ponga cara a cara con el karma.

 

 

 

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