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Aborto en casa en SLP: Misoprosol la pastilla fácil de conseguir
La Orquesta buscó a activistas dedicadas a brindar el acompañamiento legal, médico y psicológico para conocer cómo es este proceso
Por: Ana G Silva
A modo de poder orientar a mujeres que desean interrumpir su embarazo, activistas potosinas comentaron a La Orquesta cuál es el proceso para poder llevar a cabo la interrupción del embarazo en casa con Misoprostol. Cabe mencionar que esta práctica no es legal en San Luis Potosí, a pesar que desde hace 10 años grupos feministas han luchado para que sea aprobada
*CON EL OBJETIVO DE PROTEGER LAS IDENTIDADES DE LAS ENTREVISTAS, SUS NOMBRES FUERON MODIFICADOS.
Andrea, quien solía pertenecer a un grupo de acompañamiento seguro a mujeres que deciden interrumpir su embarazo, comentó que existe un medicamento que produce el aborto llamado Misoprostol, el cual se encuentra avalado por la Organización Mundial de la Salud desde hace más de 20 años.
“Este medicamento de hecho lo recomendaron para países como el nuestro donde aún se sigue criminalizando el aborto”.
Detalló que el Misoprostol se consigue con facilidad, además de que su consumo no suele dar complicaciones: “Cuando hay repercusiones es porque se ingirió de forma incorrecta como la dosis, vía sublingual o si la mujer que la ingirió tenía alguna alergia. El Misoprostol no tiene consecuencias físicas de ningún tipo, no te deja infertil, no te causa cáncer, no deja vulnerable el sistema reproductivo, solo hay casos de duelos o estrés”.
Aclaró que estas prácticas son más seguras si se llevan a cabo con previa información: “Desde 2014 y hastaprincipios de 2020 que colaboré como acompañante solo tres mujeres tuvieron alguna complicación y ninguna de ellas fue mortal”.
Andrea dijo que en las acompañantes realizan un proceso antes de que una mujer decida abortar:
“Primero les preguntamos si quieren abortar y se les canaliza con una psicóloga; todo es voluntario y si necesitan patrocinio con el dinero que se saca de los pañuelos que se venden, se recomienda los medicamentos que Oscilan en precio, les contamos del Misoprostol, los medicamentos se recomiendan hasta la semana 10, les informamos que en que en la Ciudad de México es legal el aborto hasta los 12 semanas y de eso dependen de las condiciones de la mujer, el tiempo de embarazo, las posibilidades económicas y las condiciones de tiempo laborales. Después de que ella elije, se desarrolla un método el acompañamiento que varía desde si decide ir a Ciudad de México para ver lo del hospedaje, hasta si eligió una clínica segura; y si es en casa les brindamos información vía remota o física, les dan información del medicamento, y una vez que se logró la interrupción dan un curso muy breve para verificar que se encuentre sana y de ser necesario se le asigna una psicóloga”.
Por su parte, Sandra quien apoya el tema del aborto, y además es abogada en derechos político electorales detalló que hay riesgos para que una mujer si pudiera realizarse el aborto estando a solas.
“El temor de las mujeres que están embarazadas y quieren abortar lo hacen con otros métodos como el Misoprostol, esta medicina va encaminada a aliviar malestares gastrointestinales, se debe tomar en las primeras semanas de embarazo, sino podrían poner en riesgo la vida de las mujeres”.
Sandra detalló que los casos de abortos que ha conocido han sido con dicho medicamento: “las recetas te las venden en internet y ahí mismo te enseñan cómo utilizarlas, sin embargo el cuerpo es muy diferente y muchas mujeres han muerto por usar estas pastillas, porque no tienen siquiera el acompañamiento”.
Sin embargo, no es la única manera por la cual se puede practicar el aborto en casa. Sandra comentó que existen mujeres en comunidades rurales que pudieran tener acceso a servicios de salud y por miedo a ser juzgadas no acuden y utilizan plantas como la “ruda” o la “gobernadora” para provocarse abortos.
“La gobernadora en la antigüedad se utilizaba para destapar cañerías entonces imagínate lo que le hace eso al cuerpo de una mujer, tenemos casos de mujeres que mueren desangrada
s, que les vino una hemorragia o que utilizaron algo que no era debido, que no era para eso”.
La activista dijo que también hay mujeres que no tienen educación sexual y que terminan provocándose el aborto a base de golpes, introduciéndose vidrio molido, picándose con ganchos o cosas punzocortantes.
“Esto es una endemia que sigue matando mujeres, la mortalidad materna es un problema no solo social, sino de salud pública, y uno de las causas de ella es el aborto, una estadística dice que hay de 100 a 500 veces más peligro de morir de un aborto clandestino que cuando tienes las condiciones para hacerlo”.
Andrea dijo que los embarazos van a seguir ocurriendo “con o sin el apoyo del estado, con o sin las acompañantes, incluso ahora hay una mujer en algún lugar buscando interrumpir un embarazo”.
Sandra respondió que la razón por la cual se oculta el tema es porque las mujeres que deciden abortar “sufren desigualdades estructurales que hacen que tengan inacceso a los derechos humanos. El estado es quien debe garantizar derechos pero no está sucediendo”.
“Y a pesar de no garantizar derechos se les penaliza y se les criminaliza: se les penaliza porque está prohibido abortar, pueden ir a dar a la cárcel; y las criminalizan porque se habla de la construcción social del criminal, son estereotipos, la mujer es una delincuente, mala madre o asesina”.
Sandra indicó que lo que se penaliza y criminaliza no es a una mujer que desea abortar si no “se estigmatiza la pobreza”, porque hay mujeres que se realizan los abortos en clínicas en condiciones higiénicas, que pueden viajar a un lugar donde se puedan practicar el aborto o tienen una estima social o elite, lo que las mujeres pobres no pueden hacer.
“Los que toman las decisiones son de una clase política integrada por personas privilegiadas, que tienen todos los derechos y hasta pueden acceder a los derechos políticos y si alguien de ellos quisiera realizarse un aborto tendrían lo necesario para hacerlo. Estas personas tienen acceso a todo tipo de cosas”.
La abogada apuntó que cuando se presentó las iniciativas en el Congreso del Estado para legalizar el aborto asistió con un grupo de mujeres con pañuelos verdes a escuchar y observarla, también llegaron personas que se autodenominan “Próvida y que nosotras las denominamos antiderechos, ya que entre ellos la mayoría son hombres y mujeres adultas mayores. No les impacta a los hombres porque no son mujeres y las mujeres ya habían terminado su etapa reproductiva”.
Sandra dijo que otra opción sería acudir al poder judicial, sin embargo no se acaba de juzgar en México con perspectiva de género: “Muchos de los jueces pasaron por las facultadas y no había libros de teorías feministas, perspectiva de género, de cómo juzgar con perspectiva de género ni de facultad de derechos humanos”.
Andrea explicó que hay un profundo grado de egoísmo y pared para los derechos humanos y no ven que existan muchos factores que amenazan a las mujeres. Por lo que una consecuencia de esto es que “las organizaciones de acompañamiento han tenido un incremento considerable en el número de demandas de mujeres que desean abortar, el estado de San Luis Potosí no está respondiendo ante una demanda social, responden con una mano puesta en el corazón católico, hay mujeres que están siendo obligadas a ser madres y sin considerar que en SLP hay una alta marginación social”.
Sandra detalló que el patriarcado en el estado es tal que las mujeres no temen a morir por abortar, si no por ser asesinadas por sus seres queridos.
“Una mujer en Santa María del Río en una plática, se acercó a una trabajadora social que me acompañaba, al final la mujer comentó es que su marido es un hombre violento y que la golpea, pero ese no era su problema, el problema era que un día cuando fue a buscar leña en el monte y dos hombres que pasaban por el lugar la violaron, para que su marido no se enojara ni la golpeara ella no dijo nada, pero quedó embarazada y para que no se le notara se fajaba con ropa. Nos enseñó su estómago comprimido y le dijimos que se estaba haciendo daño, pero ella contestó que si no se moría de eso, su esposo la mataría a golpes ya que no tenía relaciones con el desde hace tiempo y hasta la comunidad porque está mal visto que una mujer que quede embarazada de alguien que no es su esposo, es un delito”.
Sandra concluyó, “valido las manifestaciones y las pintas, no es por ir a dañar el patrimonio de la ciudad, sino que manifiesta la ira de mujeres que han visto a mujeres morir a causa de abortos clandestinos porque las criminalizan, van a manifestarse por las que murieron o las que no quieren morir o no quieren ir a la cárcel porque no quieren estar embarazadas”.
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El olor a descomposición llegaba a la calle; la indiferencia llegaba más lejos | Editorial de La Orquesta
Durante años, un hombre habría vivido de reproducir perros sin poder ofrecerles ni agua, ni comida, ni una muerte digna. No eran perros, eran mercancias hasta que dejaron de existir
Por: La Orquesta
La crueldad humana no puede justificarse en nuestra condición de seres humanos complejos e imperfectos, es un porqué pero no una justificación.
Lo ocurrido en Milpillas es difícil de procesar. No por falta de información, sino porque mientras más se sabe, más insoportable resulta imaginar el sufrimiento que soportaron esos animales.
Es constante el intentar entender a las personas crueles. Decimos que tuvieron una infancia complicada, que padecen enfermedades mentales, que son producto de la pobreza, de la ignorancia, del abandono institucional o de una sociedad enferma. Todo eso puede ayudarnos a entender de dónde viene la violencia. Es un porqué, pero jamás puede convertirse en una justificación.
Porque el hombre que operaba este criadero vivía de los perros. Su trabajo consistía, básicamente, en encerrar a un macho con una hembra dentro de una jaula para que se reprodujeran, vender las crías y repetir el proceso una y otra vez. Nada más. Explotaba animales para obtener un ingreso económico y aun así no pudo ofrecerles lo más elemental: agua accesible, alimento suficiente, atención veterinaria, un espacio limpio o una muerte digna.
La normalización de estos actos de personas así es profundamente preocupante. Vecinos cuentan que llevaba años funcionando de esta manera. Durante años, al parecer, para él fue insignificante que los perros sufrieran. Era irrelevante que estuvieran en los huesos. Era irrelevante que agonizaran. Era irrelevante que compartieran espacio con cadáveres de otros perros, que respiraran el olor de cuerpos en descomposición, que algunos nunca hubieran recibido una caricia, un paseo, una manta durante el frío o un tratamiento para enfermedades.
Y entonces aparece la pregunta más dolorosa: ¿cuántos perros murieron ahí? ¿Cuántos nacieron solo para ser vendidos? ¿Cuántos pasaron toda su vida dentro de una jaula? ¿Cuántos agonizaron durante días antes de morir? ¿Cuántos soportaron el hedor de otros muertos porque ni siquiera eran retirados de las instalaciones? ¿Cuántos más existen en otros patios, bodegas o periferias de este país y nunca los conoceremos porque nadie denuncia, porque las autoridades no van o porque aprendimos a convivir con el horror?
El causar dolor a un ser vivo indefenso habla mucho más de quien infringe ese dolor que de quien lo recibe. No hablamos únicamente de perros. Las personas hieren personas. Torturan personas. Matan personas. Las razones pueden ser políticas, económicas, sociales, familiares o personales, pero muchas veces tienen un hilo conductor: herir a otros desde las propias heridas no resueltas.
A quienes observamos desde fuera nos conmueve el sufrimiento, especialmente cuando se trata de seres incapaces de defenderse. Un perro no es una persona. Nunca lo será. Pero reconocer esa diferencia tampoco justifica minimizar el dolor que sentimos al imaginar la crueldad que soportaron estos animales. Deprimirnos ante ello no nos hace exagerados; probablemente nos hace una sociedad un poco menos enferma.
También debemos aceptar algo incómodo: la cárcel por si sola no cura a quien necesita infligir dolor. El castigo punitivo no repara la empatía rota de una persona. Sin embargo, sí debe existir un castigo ejemplar. Y en México, particularmente en San Luis Potosí, los castigos por maltrato animal suelen ser una burla. Hemos visto agresores salir prácticamente ilesos tras entregar costales de croquetas, cumplir medidas mínimas o evitar condenas efectivas, a pesar de que la legislación contempla penas de hasta cinco años de prisión en casos graves.
Quizá la prisión no transforme a un maltratador, pero las sanciones económicas severas sí pueden convertirse en un mecanismo disuasorio. A muchos les duele más perder dinero que saber que otro ser vivo sufrió bajo su responsabilidad.
La omisión institucional también es parte del problema. Resulta frustrante que cuando alguien roba un vehículo existan operativos, seguimiento y reacción inmediata, pero que cuando un policía observa a un animal siendo golpeado, encadenado, abandonado o muriendo lentamente, pocas veces intervenga. El maltrato animal debería asumirse con mayor seriedad y atenderse como un indicador de violencia social, no como una falta menor.
Hay otro componente incómodo: la periferia. En muchas comunidades alejadas de los centros de poder parece existir un mensaje tácito de impunidad. Ahí la gente construye sin permisos, quema basura, tira escombros, abandona animales y, a veces, opera criaderos clandestinos durante años sin consecuencias. Es un abandono institucional que termina normalizando cualquier cosa.
Finalmente, hay una responsabilidad colectiva que rara vez queremos asumir. Mientras siga existiendo un mercado dispuesto a pagar miles de pesos por un cachorro de determinada raza, seguirá habiendo personas dispuestas a reproducirlos en serie. Tal vez deberíamos dejar de decir “me encantan los perros, pero solo de tal raza”, porque ese supuesto amor muchas veces alimenta la industria que los convierte en mercancía.
El caso de Milpillas es indignante. Pero sería aún más indignante descubrir que dentro de unos meses volvemos a compartir fotografías de otro criadero, de otro perro en los huesos, de otro cadáver cubierto con cal, y reaccionamos con sorpresa, como si no supiéramos que el problema nunca fueron solamente los animales abandonados.
El problema es la facilidad con la que aprendimos a convivir con la crueldad.
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Ciudad
Era peor de lo que se imaginaba: Animalistas rescatan a perros de criadero clandestino de Milpillas
Perros husky y pastor alemán en los huesos, animales agonizando dentro de jaulas, cadáveres cubiertos con cal, restos reducidos a mechones de pelo, un olor nauseabundo que llegaba hasta la calle y hasta lechones muertos dentro del predio
Por: Ana G Silva
Lo que vecinos y rescatistas encontraron al ingresar a un presunto criadero clandestino de perros en la fracción Milpillas fue descrito por ellos mismos como una escena “horrible, difícil de ver, de oler y profundamente triste”.
La tarde del miércoles, colectivos animalistas potosinos acudieron al domicilio señalado desde hace semanas por habitantes de la zona como un sitio donde se criaban y comercializaban perros husky y pastor alemán en condiciones inadecuadas. La intervención ocurrió luego de que el caso se viralizara en redes sociales, ante la falta de respuesta de autoridades municipales y estatales, pese a denuncias previas realizadas por vecinos.
Al llegar al inmueble, las rescatistas no localizaron a los cachorros que anteriormente habían sido observados en el lugar y que presuntamente eran comercializados incluso a la orilla de la carretera. De acuerdo con testimonios de quienes participaron en el rescate, aparentemente algunos animales fueron retirados antes de su llegada y hubo intentos por limpiar parcialmente las instalaciones.
Entre las acciones que detectaron se encontraba la colocación de recipientes con agua; sin embargo, ésta permanecía fuera de las jaulas, imposibilitando que los perros encerrados pudieran acceder a ella.
A pesar de ello, numerosos ejemplares permanecían confinados en jaulas pequeñas, sin alimento y en condiciones de extrema desnutrición. Algunos perros se encontraban prácticamente reducidos a piel y huesos, mientras que otros presentaban un estado de salud tan delicado que las voluntarias consideraron que estaban al borde de la muerte.
Las activistas denunciaron además la presencia de grandes cantidades de cal esparcidas en distintas áreas del predio, particularmente en zonas donde localizaron perros muertos en avanzado estado de descomposición. El olor, señalaron, era nauseabundo y podía percibirse desde la calle, situación que vecinos consideraron incluso un riesgo sanitario para quienes habitan en las inmediaciones.
Durante la inspección también fueron encontrados restos de animales que consistían únicam ente en mechones de pelo y vestigios óseos.
Asimismo, localizaron varios lechones recién nacidos muertos, que, según sospechan algunas personas involucradas en el rescate, podrían haber sido utilizados ocasionalmente como alimento para los perros.
Los rescatistas sostuvieron que las condiciones encontradas permiten presumir que los animales sobrevivientes permanecían cotidianamente en ese entorno insalubre, rodeados de cadáveres, desechos y fuertes olores derivados de la descomposición.
Ante la gravedad de la situación, vecinos y colectivos decidieron sacar del inmueble a todos los perros que aún permanecían con vida. Algunos fueron adoptados de manera inmediata por ciudadanos que acudieron al sitio, mientras que el resto fue trasladado a un refugio para recibir atención, aunque hasta el momento se desconoce con precisión el estado de salud de cada uno de los ejemplares rescatados.
Habitantes de Milpillas recordaron que el funcionamiento del presunto criadero clandestino había sido denunciado con anterioridad ante diversas autoridades, pero aseguran que no obtuvieron respuesta ni inspecciones formales, situación que derivó en que las agrupaciones animalistas actuaran por cuenta propia una vez que el caso alcanzó notoriedad en redes sociales.
Respecto al propietario del inmueble, vecinos señalaron que presuntamente se encontraba hospitalizado y que recientemente habría sido dado de alta; sin embargo, hasta ahora no se ha presentado en la vivienda ni ha establecido contacto con quienes participaron en el rescate.
Las organizaciones animalistas anunciaron que este jueves acudirán a presentar una denuncia formal ante la Fiscalía General del Estado por posibles actos de maltrato animal, abandono y operación irregular de un criadero, además de aportar evidencia sobre la presunta venta de perros en las inmediaciones de la carretera y las condiciones deplorables en que eran mantenidos.
También lee: Crueldad animal en Milpillas: huskys fueron desechados tras dejar de reproducirse en criadero
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“Dependerá del gobierno entrante”: Sedesore sobre sus programas sociales
La titular de Sedesore reconoce que los apoyos —tortilla subsidiada, becas, madres solteras, adultos mayores— podrían no sobrevivir al cambio de administración en 2027
Por: Redacción
María del Rosario Martínez Galarza, titular de la Secretaría de Desarrollo Social y Regional (Sedesore), reconoció este miércoles que la continuidad de los programas sociales del gobierno de Ricardo Gallardo Cardona dependerá de quien encabece la siguiente administración, al margen de los compromisos adquiridos.
La declaración ocurrió durante el anuncio de una nueva tortillería subsidiada en Residencial del Bosque, cuando se le preguntó si existe garantía de que los apoyos no se eliminen con el cambio de gobierno. “Cada administración tiene un tema muy diferente de trabajar”, respondió.
Martínez Galarza recordó que cuando Sedesore inició la gestión de Gallardo, la dependencia contaba con un solo programa activo: las despensas de emergencia de la pandemia de COVID-19. Desde entonces, la Secretaría construyó una red que hoy incluye tortilla subsidiada , apoyos a madres solteras, adultos mayores y becas escolares.
La titular planteó que estos apoyos deberían convertirse en políticas permanentes, sin embargo, sostuvo que “va a depender muchísimo de las personas que estén a cargo de la dependencia, pero sobre todo de las indicaciones del gobierno”.
La dependencia opera actualmente ocho tortillerías en el estado con una inversión de más de 3 millones de pesos y una distribución de más de 500 kilos diarios a 14 pesos el kilo, poco menos de la mitad del precio comercial.
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