Deportes
El Futbol Une al Mundo: Crónica de un Japón vs Túnez
Por: Carlos Ruíz Espinosa
Si hay algo que anhelan la gran mayoría de los niños que nacen amando al futbol, es sin dudas ir a una Copa del Mundo. Obviamente, el sueño máximo es jugar en una, pero cuando nos damos cuenta de que a lo mejor no somos tan buenos para ello, con asistir nos damos por bien servidos.
Sin embargo, no es algo al alcance de todos. No cualquiera puede costearse el viaje por quién sabe cuántos días al otro lado del globo, por lo que este Mundial celebrado en tierra nacional parecía ser una oportunidad única para poder cumplir ese sueño, aunque la FIFA no lo iba a poner tan fácil.
Para empezar, a México le tocaron puras migajas. Solo 13 de los 104 partidos que conforman este torneo, y ni siquiera los más importantes. Después de Octavos de Final, todo se va a jugar en Estados Unidos y, basado en ello, en las oficinas de Suiza no se les ocurrió mejor idea que poner precios basados en la capacidad económica de los estadounidenses.
Lo que parecía ser la oportunidad perfecta para cumplir el sueño mundialista, se volvió cada vez más inalcanzable con unos costos ridículos para los partidos, a lo que se sumó la pésima gestión de los boletos en las múltiples “fases de venta” que se establecieron. A pesar de todo, lo intenté. No me quería quedar sin ir a un Mundial en mi país.
En todas estas etapas estuve. Saqué la tarjeta que había que sacar, me formé en filas virtuales de ocho horas, estuve actualizando cada treinta segundos el correo para ver si había sido elegido en la fase de sorteo… y todo sin éxito. No hubo modo de conseguir boleto de manera oficial, al menos no uno que costara menos de 40 mil pesos.
Quedaba una alternativa, no la idónea ni la más confiable. Una que le ha hecho mucho daño a estos eventos… pero que se había convertido en la única opción: la reventa. Y fue así como, con el miedo latente de caer en una estafa a pesar de hacerlo en “un sitio bien establecido”, me hice con mi entrada para ir a ver a Japón contra Túnez.
No, no era el partido más atractivo del Mundial. No, no era un juego de México. No, no era un duelo de matar o morir. Sin embargo, tenía su encanto. Los nipones se han convertido en un frecuente animador de estos torneos, y llegaban de un proceso previo ejemplar donde habían vencido a equipos como Brasil, Inglaterra y Alemania; mientras que Túnez siempre está en las Copas, y aunque nunca pasan de ronda, ya consiguieron resultados importantes como su triunfo en Qatar ante Francia.

Al haberlos adquirido varios meses antes del certamen, vinieron días de mucha incertidumbre, pues la FIFA no había establecido las fechas para el traspaso de los boletos, y la posibilidad de que nunca llegara nada (como lamentablemente le está pasando a mucha gente que compró en el mismo lugar) era cada vez más tangible, pero, afortunadamente y aunque suene hasta hipócrita, el de esta historia fue un revendedor honesto, y desde abril envió la entrada a través de los medios oficiales. Ya no había manera de falsificarlos. Iba a estar en el Mundial.
Llega la fecha marcada en el calendario: 20 de junio del 2026. El ambiente mundialista es palpable desde el aeropuerto. No sé que tan redituable esté siendo el nuevo vuelo de Volaris a Monterrey en sus primeros días, pero ese día fue un éxito rotundo. Avión lleno y, en algo que se volvería habitual en las próximas horas, repleto de camisetas de los Samurái Blue. Quién sabe cuántos potosinos hayan ido al partido, pero al menos los que viajaron conmigo, estaban con Japón.
Tras el corto vuelo, Monterrey nos recibe con la misma tendencia. La ciudad está pintada de azul (y no precisamente por Rayados), y a donde uno voltee, verá a un nihonjin diferente. Los asiáticos han invadido la Sultana del Norte.
Nuestros hermanos orientales no son las personas más tímidas, pues si bien se expresan con el respeto con el que usualmente identificamos a su sociedad, no dudan en emprender conversación con cualquier persona que vean con algo relacionado con su cultura.
Mi playera conmemorativa del título del Real Madrid en el Mundial de Clubes 2016 (celebrado justamente en Yokohama y Osaka) no pasa desapercibida en el transporte público saliendo del aeropuerto y, en uno de esos giros inesperados del destino, la primera japonesa con la que hablo no solo maneja un español bastante respetable, sino una procedencia muy interesante.

He de admitir que siempre tuve mis dudas en torno a cuánta gente realmente iba a venir a San Luis Potosí durante la Copa. No acababa de comprar esos discursos de que entre un partido y otro, los extranjeros en las sedes de nuestro país iban a realizar un turismo efectivo en tierras potosinas.
Sin embargo, ya no puedo decir que “nadie vino”. Tras entablar plática, mi nueva amiga nipona me pregunta que de qué parte de México soy, y al escuchar que soy de potosino, reacciona con mucho más entusiasmo del que me hubiera imaginado. Resulta que ella no hizo base en Monterrey… sino en San Luis, donde ha pasado la mayor parte de su estancia en México. Quién sabe si sean muchos, pero al menos me consta que una japonesa sí vino.
Ya en el hotel, la corriente no cambia. La gran mayoría de los huéspedes son del País del Sol Naciente. Una minoría somos mexicanos. Y sí, sí hay tunecinos, pero en todo el inmueble, tan solo cuatro son de las Águilas de Cártago. Todos los demás, sean de allá o no, van con los asiáticos.

Y es que para para los locales es mucho más fácil empatizar con Japón que con Túnez. Es una mera cuestión cultural. En México, muchas personas crecieron viendo anime, y cuando una de las series más representativas de este estilo giraba en torno al futbol como Supercampeones, es natural que todos los que seguían los eternos partidos del Niupi iban a apoyar a los herederos de Oliver Atom.
Con los tunecinos es totalmente diferente. Es una cultura ajena, es otra religión. Las exportaciones del país africano no son tan conocidas como las del asiático, aquí su comida no es tan popular como la japonesa. Prácticamente, a menos que uno sea fanático de hueso colorado de Star Wars al grado de hinchar por el Tatooine de la vida real, es muy difícil que quiera ir con los ahora dirigidos por Hervé Renard.
El camino al estadio es una fiesta. La eterna pasarela que es la Expo Feria Guadalupe es folfklore mexicano en su máximo esplendor. De un lado, están bailando La Chona. Del otro, están tocando una versión norteña de El Sol No Regresa. El “quiere volar” que se ha popularizado durante la Copa aparece, y los orientales son lanzados al aire. Al lado de la fila, pasa una congregación religiosa con banderas de Jesucristo. Como siempre, México superando a la IA.
Hay gente vestida de Pikachu. Hay personas caracterizadas como peleadores de sumo. Las bandas de Naruto están a la orden del día y no escasean las pelucas dignas de Goku y Vegeta. Son menos de los que hubiera imaginado, pero no faltan las playeras de Oliver y Benji.
Lo que sí falta (y es la última vez que lo recalco), es la gente de Túnez. Por cada jersey de dicha selección, hay veinte de Takefusa Kubo . Por cada uniforme del Esperance de Tunis, hay diez de Hidetoshi Nakata. Por cada camiseta del Africain, hay una del Monarcas Morelia (y no, no es broma).

El Estadio Monterrey (para que no se enoje la FIFA) es japonés, pero al mero estilo de la cocina, de una manera tropicalizada. Si tuvimos el atrevimiento de ponerle aguacate y arrachera al sushi (lo cual hasta les gusta a los nipones a los que les pregunte), por supuesto que los apoyaremos a nuestra manera.
Si los makis en México son una mezcla de las dos cocinas, los cánticos son la mezcla de las dos hinchadas. El término “Japón” desaparece progresivamente para ser sustituido por el “Nippon” (cómo se dice en su idioma de origen), mientras que los cánticos en japonés se pasan al español, formando el “Nippon, Nippon, Vamos Nippon” que se escuchará durante todo el partido.
Ya adentro, la en ocasiones hostil cancha de Rayados es una fiesta internacional. No faltan los ingleses representantes de la tierra donde naciera el futbol. Hay algunos escoceses seguidores del Celtic que fueron a apoyar a Daizen Maeda. Aparecen algunos coreanos a la espera del partido definitivo de su selección y hasta algunos iraquíes portando con mucho orgullo su bandera.

El partido mil en la historia del Mundial tiene una comunión en la grada que no hace más que crecer cuando Daichi Kamada completa una gran jugada colectiva y adelanta a los samuráis apenas a los cuatro minutos. El público se hace sentir: quieren que hoy, Japón aplaste a Túnez.
Ataviado en su característica camisa blanca que popularizó en Qatar 2022, Renard está desesperado en la banca tratando que su equipo reaccione, pero sus gritos no surten efecto; Aymen Dahmen hace una doble atajada espectacular para mantener la mínima diferencia, pero a la media hora de juego, Ayase Ueda saca un riflazo de fuera del área para clavar el 2 por 0.
El conjunto tunecino es un desastre, el repentino cambio de entrenador no parece haber surgido mayor efecto (tampoco es como que se esperara la gran cosa considerando que llegó cinco días antes) y Japón demuestra de nueva cuenta porqué es uno de los equipos llamados a animar poderosamente este Mundial y que su gran actuación contra Países Bajos no fue ningún accidente.

Los nipones se saben tan superiores que bajan el pie del acelerador en la segunda mitad, y eso se refleja en el estado anímico de la tribuna. Entendible, ya pasan las once de la noche, y cuando el partido no acompaña, la grada se empieza a apaciguar. El bajón de los decibeles parece ser una llamada de atención, y al 69′, Ueda se inventa un pase de genio para habilitar a un Junya Ito que no perdona en el mano a mano para poner el 3-0… esto ya es goleada.
Y entonces, uno de los momentos más memorables de la noche: la pausa de hidratación. Esta nueva medida de la FIFA ha sido detestada por la mayoría de la afición por “matar el ritmo del partido” y, sobre todo, por convertir los juegos en encuentros de cuatro cuartos con pausas comerciales de por medio. Entendible, yo tampoco era fan…hasta que las viví en el estadio.
Uno de los momentos que más recuerdo en mi vida viendo deportes y que más me hizo desear estar ahí no fue un gol, no fue un touchdown, no fue una canasta sobre la bocina. En los Playoffs de la NFL del 2015, los Patriotas de Nueva Inglaterra recibían a los Cuervos de Baltimore en la Ronda Divisional.
Fue un partidazo dramático (donde, para variar, ganaron Tom Brady y compañía), pero lo más memorable (al menos para mí) no fue eso. La parte más emocionante fue durante una de esas pausas que tanto abundan en el futbol americano, cuando al DJ del Gillette Stadium se le ocurrió poner “Your Love” y, como si fuera su himno nacional, los fans de los ‘Pats’ la cantaron a todo pulmón, enchinando la piel de quien estuviera viendo el juego.
No estuve ese día en Foxborough, pero en Monterrey viví la versión mejorada. Si el tercer gol nipón despertó al estadio, la pausa de hidratación lo puso en estado de éxtasis cuando en las bocinas retumbó “Livin’ On A Prayer” y, por un minuto, el Túnez vs Japón se transformó en un concierto de Bon Jovi, con las 50 mil personas presentes cantando a todo pulmón la historia de Tommy y Gina.
El ánimo estaba en su máximo esplendor para la reanudación del duelo, y acabó siendo un impulso para que Ueda completara su brillante actuación, y marcara el 4-0 definitivo con un cabezazo que acabó techando a tres tunecinos. Baile japonés en Nuevo León.
La salida del recinto no palideció. Alguien tuvo la brillante idea de poner “La Gata Bajo la Lluvia” en una bocina para que decenas de personas hicieran su mejor interpretación de Rocío Dúrcal. Los orientales seguían volando por los aires. Hasta unos suizos que andaban por ahí fueron tratados como celebridades.

En el camino de regreso al hotel, comienza la reflexión. Vivimos en un mundo en el cual parece que ser de países diferentes se vuelve cada vez en un problema mayor. Donde la ideología política se ha convertido en una manera de separar familias. En el que nos estamos acostumbrando cada vez más a los conflictos que a la armonía.
En el Mundial más polarizante de la historia, no todos fueron bienvenidos. Hubo quienes, simplemente por su origen, fueron enviados de regreso. Y, sin embargo, todavía habemos algunos que creemos en aquella mítica frase de Diego Armando Maradona: “la pelota no se mancha”.
Al menos por unas horas, Monterrey fue una fiesta. Nuevo León se convirtió en un sitio de hermandad para mexicanos, japoneses, tunecinos y demás invitados. En un país lleno de problemas y donde la gente está cada vez más dividida… hubo un lugar donde las distinciones se dejaron de lado y se demostró que, como lo reitera la FIFA en la transmisión de cada partido: El Futbol Une al Mundo.
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Mexicanas de oro | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
El lunes 26 de octubre, en la gala del Balón de Oro en Londres, el futbol mexicano hizo historia, y lo hizo gracias a las mujeres. Charlyn Corral, delantera del Pachuca, recibió el trofeo Gerd Müller como la máxima goleadora del año, y es la primera mexicana en recibirlo. Scarlett Camberos, del América, terminó en el lugar 21 del Balón de Oro femenino, la primera mexicana en estar entre las 30 candidatas.
Vale la pena detenerse en lo que significa el premio de Corral, porque no es de los que se ganan por votos ni por simpatía. El Gerd Müller es por méritos deportivos: se lo lleva quien más goles marca en la temporada. Corral hizo 49 goles en 49 partidos, 36 con Pachuca y 13 con la Selección Mexicana. En el lado de los hombres lo recibió Harry Kane, el máximo artillero.
Y aquí es donde el mérito de Corral pesa más. Kane juega en el Bayern Múnich, donde casi todo se gana. Corral juega en un Pachuca que no es de los equipos fuertes: en este Apertura 2026 va en sexto lugar del Grupo B, con 13 puntos, lejos de la Liguilla. El premio no lo ganó por este torneo, sino por la temporada pasada, con 22 goles en el Apertura 2025 y 14 en el Clausura 2026 con el club, pero el contexto es el mismo. Aun así encabezó el goleo del mundo y dejó atrás a delanteras como Claudia Pina y Ewa Pajor, que juegan en el Barcelona, el mejor equipo del planeta, rodeadas de las mejores jugadoras. Pajor, de hecho, fue la primera ganadora de este trofeo en 2025; Corral es la segunda futbolista en recibirlo.
El caso de Camberos tiene el mismo fondo. Cuando se compara con los hombres, Julián Quiñones
quedó en el lugar 28 del Balón de Oro, el mexicano mejor ubicado en la historia de la votación, después de marcar cuatro goles con México en el Mundial 2026 y 33 en la liga saudí. Lo hizo en un torneo que ven millones de personas. Camberos terminó siete lugares arriba, en el 21, con 25 goles y 17 asistencias, y con tres títulos del América en la temporada: la Copa de Campeonas de la Concacaf, el Clausura 2026 y el Campeón de Campeones. Lo logró jugando en una liga mucho más joven y con mucha menos exposición internacional.Lo mismo pasó con el América como equipo. Fue considerado para el premio al mejor club femenil del año, algo que nunca había ocurrido con un equipo mexicano. No ganó porque el premio fue para el Barcelona, un rival imposible: Alexia Putellas, que ya no está en el club blaugrana pero hizo los méritos para el premio cuando aún jugaba ahí, se llevó su tercer Balón de Oro; Vicky López ganó el Kopa como mejor jugadora joven y el equipo blaugrana arrasó con todo lo que jugó. Pero estar en esa conversación, desde un equipo joven, en una liga joven y en un continente que apenas empieza a tomarse en serio el futbol femenil, ya es un logro enorme. El América puede estar, sin exagerar, entre los mejores del mundo.
Esas son las cifras. Lo que importa ahora es cómo las tratamos. Las jugadoras mexicanas están compitiendo en el escenario más grande y compitiendo bien, con méritos que se pueden medir en goles, títulos y posiciones. Un premio ganado por goles no admite discusión, y un puesto 21 entre 30 candidatas del mundo no se regala. Que se les reconozca con la misma vara que a los hombres que quedaron detrás o delante de ellas es lo mínimo que merecen.
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Caicedo y la ley de la ex | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
La racha de tres partidos sin perder se terminó, y se terminó pronto. El domingo 18 de octubre, en el Libertad Financiera, el Atlético de San Luis Femenil cayó 1-2 ante FC Juárez en la jornada 11, en un partido que se le complicó desde el inicio y que las potosinas intentaron remontar hasta el último minuto.
Farlyn Caicedo, exjugadora de San Luis, abrió el marcador al minuto 3 con un disparo de media distancia y amplió la ventaja al 29 con un cabezazo. Con el 0-2, el partido pintaba cuesta arriba, pero el equipo no se cayó. Antes del descanso tuvo la oportunidad de meterse al partido: Natalia Macías provocó un penal, y Enyerliannys Higuera, la máxima goleadora de la historia del club, lo cobró y el balón se estrelló en el travesaño.
Para un equipo que acababa de coronar a su reina del gol, ese tipo de fallo duele, pero lo que importa es lo que viene después. En el segundo tiempo San Luis salió más sólido y más ofensivo. Amina Bello lo intentó desde fuera del área, Rebeca Contreras estuvo cerca tras un pase de Michelle Gutiérrez y, al minuto 75, Higuera aprovechó un rebote tras un remate al poste para marcar el 1-2. Es su gol número 14 del torneo, y llegó justo después de fallar el penal. Más tarde, el equipo pensó que había empatado, pero el gol fue anulado por una falta en el área.
San Luis no pudo completar la remontada, pero se fue del campo reconocido: la afición despidió con aplausos a sus jugadoras. No fue una derrota que deje dudas sobre el nivel del equipo, sino una que deja claro dónde está la tarea pendiente, que es no regalar el primer tiempo. Dos goles en los primeros 29 minutos son demasiado para un equipo que luego tuvo 45 de dominio.
Con este resultado, San Luis suma 11 jornadas jugadas, 6 victorias, 1 empate y 4 derrotas, 24 goles a favor, 18 en contra y 19 puntos. Sigue en el tercer lugar del Grupo 2, detrás de América (28 pts) y Guadalajara (24 pts), que ya aseguraron su lugar en la Liguilla, y con tres puntos de ventaja sobre Pumas (16 pts), que ocupa la cuarta posición. Con solo tres jornadas por jugarse, cada punto cuenta.
La siguiente prueba es de las difíciles: el sábado 24 de octubre, en el Libertad Financiera, San Luis recibe al América, líder del grupo con 28 puntos y una diferencia de goles de +35. Del partido ante Juárez, el equipo se lleva una lección y un gol de Higuera que demuestra que siempre responde. Ahora hay que mostrarlo ante el mejor equipo del grupo.
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Por: Haniel Valdés
Cuando se habla de este San Luis, los reflectores se los llevan los goles. Es lógico: Enyerliannys Higuera acaba de convertirse en la máxima goleadora de la historia del club y el ataque da para titulares. Pero una racha de tres partidos sin perder no se sostiene solo con delanteras. Se sostiene también con quien está debajo de los tres palos, y en el Atlético de San Luis Femenil esa posición está en muy buenas manos, en dos pares de guantes.
La primera es Dayra Duarte. En las listas oficiales aparece como Dayra María Bustos Duarte, y es la portera que cuidó el arco en la victoria en Querétaro. Tiene 19 años, nació en León, Guanajuato, llegó procedente de Cruz Azul y debutó con San Luis el 12 de marzo de este año. Es decir, una portera que lleva poco más de medio año en la categoría y ya carga con la responsabilidad más ingrata del futbol: que cualquier error se convierta en gol.
Su mejor carta de presentación reciente fue en La Corregidora. San Luis ganó 1-0 a Querétaro con el gol de Higuera en los primeros diez minutos, y desde entonces el partido fue de aguantar. Querétaro lo intentó con Guillermina Grant y Jade Bailey, y ahí estuvo Dayra: no se movió el marcador y el arco se quedó en ceros. Cuidar una ventaja mínima durante más de ochenta minutos no luce en las crónicas, pero es lo que decide partidos. Hay porteras que se hacen notar por una atajada espectacular; ella lo hace con algo más difícil, que es no darle al rival ni una oportunidad de meterse al partido.
Junto a ella está Valeria Zárate, que en las listas del club figura como Ana Valeria Zárate Gómez, y su caso es el de una portera que ya tiene historia. Es potosina, nació en San Luis Potosí en 2007 y llegó a las fuerzas básicas del club en 2022, con apenas 15 años. En el Clausura 2025 se ganó la titularidad y respondió: disputó 16 partidos, dejó su arco en cero en siete ocasiones, quedó entre las cinco porteras con más atajadas del torneo y fue reconocida como la mejor portera del Clausura 2025
de la Liga MX Femenil, además de entrar al once ideal. Ese nivel le valió su primer llamado a la Selección Mexicana Femenil, para entrenar en el Centro de Alto Rendimiento. Una portera de casa, potosina defendiendo a su ciudad, que a los 19 años ya tiene en la vitrina el reconocimiento de mejor de la liga.Tener dos guardametas de esta edad y de este nivel es un lujo que no todos los equipos pueden darse, aunque también trae un problema: decidir cuál juega cada semana. Nacho Quintana lo reconoció en rueda de prensa. Dijo que es un dolor de cabeza, pero uno bonito, porque sabe que a la que elija la va a hacer bien. Lo mismo ha pasado en casi todas las posiciones del campo, donde el técnico ha tenido que escoger entre opciones que le responden. Así es mucho más fácil sostener una racha: cuando el banco responde, la titular juega con la tranquilidad de saber que cualquiera puede ocupar su lugar.
Con esa base, San Luis suma 10 jornadas jugadas, 6 victorias, 1 empate y 3 derrotas, 23 goles a favor, 16 en contra y 19 puntos, y es tercero del Grupo 2, por detrás de América (25 pts) y Guadalajara (21 pts). Higuera mete los goles, pero que el equipo gane partidos por la mínima también se explica por lo que pasa atrás.
La prueba será el domingo 18 de octubre, en el Libertad Financiera, ante FC Juárez, equipo con la defensa menos goleada del torneo, apenas 7 goles recibidos en 10 jornadas. Un duelo así puede resolverse por un solo gol, y por eso el arco potosino tendrá mucho que decir.
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