#4 Tiempos
Amor por escrito | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
No se conocen verdaderamente más que aquellos que se escriben. «Créame, amigo –dijo una vez alguien a Pedro Salinas (1891-1951), el poeta español-: no se jacte usted de conocer a nadie si no hizo más que platicar con él; no llegará usted a su pura persona si no le conoce, también, por escrito».
Es una lástima que los amigos o los novios ya no se escriban más que esos mensajes aforísticos e insípidos que suelen enviarse a través de sus teléfonos celulares. ¡Un e-mail no es una carta, por el amor de Dios! Un e-mail se escribe de prisa, acaso en un cibercafé, y se manda sin siquiera haberlo releído, de modo que, cuando llega a su destino –si llega-, lo hace lleno de errores mecanográficos, de faltas de ortografía y, lo que es aún peor, de frases dichas como al desgaire. Confesémoslo de una vez por todas: los mensajes electrónicos son más para ser descifrados que para ser leídos.
Pero escribir, escribir en sentido pleno de esta palabra, es otra cosa.
Escribir –ya se trate de una carta o de la página de un diario íntimo- es concentrarse, es crear un determinado ambiente y luchar con tenacidad buscando la palabra justa. Cuando uno escribe se aísla, y esa zona de silencio que se crea en torno a nosotros nos preserva de la prisa y de la superficialidad.
Observemos, por ejemplo, al joven que redacta una carta. ¡Qué aire más pensativo adopta! Sus ojos miran al infinito, como si en la lejanía esperase ver el rostro que añora. Y sus pausas, es decir, sus interrupciones, ¿no nos parecen casi filosóficas? Viéndolo de lejos, uno diría que está escribiendo lo que Kant omitió decir en su Crítica de la razón pura o Hegel en su Fenomenología del espíritu: da vueltas al lapicero, se rasca la cabeza, se tapona los oídos como Ulises en el país de las sirenas e, insatisfecho con lo que acaba de poner allí, cancela todo lo anterior para recomenzar una vez más, pero ahora en otra hoja de papel.
He dicho con toda intención eso de «viéndolo de lejos». Pues, ¿quién de nosotros se atrevería a interrumpir al escribiente? Ante tal espectáculo inusual uno no osa ni siquiera acercarse. Es como si por un acuerdo tácito y universal se hubiera decidido que quien escribe se encuentra haciendo algo sacrosanto y no debe ser interrumpido por ningún motivo. Y, así, al que de este modo se afana en el suplicio de la escritura le es creado un espacio de soledad en el que podrá sincerarse consigo mismo y con la persona que se halla ante su mirada en calidad de ausente.
Cuando este joven habla, puede permitirse un discurso descuidado, pero cuando escribe es el crítico más implacable de sí mismo. Por teléfono puede decir las palabras más insulsas y las frases más desinhibidas, pero cuando quiere exteriorizar por escrito sus sentimientos (objetivarlos, como diría el psicólogo) se censura constantemente y mide cada frase con un cuidado tal que pareciera que de aquel comunicado depende no sólo el desahogo de su corazón, sino su misma cabeza. Esto es así por la sencilla razón de que cuando hablamos pensamos poco, mi entras que cuando escribimos lo hacemos mucho más y con mayor rigor. ¡Qué de tonterías y de palabras inútiles pueden decirse en el transcurso de una conferencia telefónica! Pero una carta exige concisión y seriedad. Dicho de otra manera: cuando escribimos tendemos a ser más hondos, más nosotros mismos que cuando simplemente hablamos . Además, una carta puede releerse, volver a llevarse al corazón y hacernos vivir de nuevo los sentimientos que experimentamos el día en que por primera vez la hicimos salir del sobre. «Una carta –afirma André Maurois en uno de sus libros- llega más hondo que un llamado telefónico que, improvisado, será siempre imperfecto» (Carta abierta a la juventud de hoy).
Tengo un amigo que mandó a hacer con un carpintero un cofre especialmente dedicado a conservar las cartas de sus seres queridos, y adondequiera que viaja lo lleva consigo. Así como un avaro carga siempre con sus monedas, así este amigo carga con sus cartas, pues son, como él mismo lo dice con orgullo, su mayor tesoro.
En uno de sus libros, el monje benedictino Anselm Grün escribe lo siguiente a propósito de la amistad y de las cartas que ésta suscita o debiera suscitar: «El amigo me pone en relación con mis sentimientos más íntimos y me incita a expresar los silenciosos impulsos de mi corazón. Por eso son tan valiosas las cartas dirigidas a los amigos. En ellas nos encontramos con reflexiones que nunca haríamos por nosotros mismos. La amistad extrae de nosotros palabras que no sólo valen para el amigo, sino que también describen el misterio de la vida y del amor». Así es, en efecto: la única sinceridad verdadera es aquella que nos permitimos por escrito.
Hoy se ha puesto de moda (o, por lo menos, así lo parece) la llamada terapia narrativa, es decir, la curación a través del relato y la escritura. ¡Cuántos cónyuges que dicen no amarse ya volverían a encontrar el amor si se escribieran como lo hacían en los tiempos en que eran jóvenes y estaban enamorados! ¡Cuántos amigos sabrían lo tanto que se estiman si se lo dijeran por escrito!
Escribir es comprometerse a decir la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad. ¿No es cierto que únicamente los que no quieren comprometerse, es decir, los que no quieren verse en peligro, se niegan a decir nada de esta manera? ¡Temen que quede testimonio de lo que ellos quisieran que el viento se llevara! Un famoso político, viejo en años y en mañas, solía decir a sus discípulos: «Recuerden esto: por escrito, nada».
Pero los que sí quieren comprometerse harían bien en escribirse. ¿Por qué no lo intentan al menos? Casi me atrevería a jurar que muy pronto verán los resultados.
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El Cronopio
El incansable escrutador del cielo, Enrique Chavira Navarrete | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
El 5 de junio de 1925 nace en la Ciudad de México Enrique Chavira Navarrete, el incasable escrutador del cielo; personaje que representa el renacer de la astronomía mexicana moderna. Heredero de los pioneros mexicanos de la astronomía que formaron los establecimientos para el estudio de la disciplina, entre ellos los potosinos Valentín Gama y Rodolfo Jurado y, muy especialmente de Joaquín Gallo quien le enseñó a observar y dar seguimiento a cuerpos celestes en el Observatorio de Tacubaya donde ingresó Chavira a trabajar, para luego pasar, al entonces naciente, Observatorio Nacional de Tonantzintla en Puebla, siendo de los astrónomos que iniciaron actividades en aquel lugar en 1943.
Su labor sería pionera al llevar a la astronomía observacional y a explicar que sucede en los fenómenos celestes que fue un paso significativo de la astronomía para usos prácticos que se realizaba en México a la astronomía moderna en el país, con el uso de nuevos instrumentos con los que contaría el Observatorio de Tonantzintla, como la cámara Schmidt, convirtiéndose en uno de los grandes observadores del cielo. El Observatorio de Tonantzintla se convertiría en uno d ellos principales centros de astronomía a nivel mundial, donde se descubrieron una buena cantidad de objetos celestes, participando en ello Enrique Chavira.
En los setenta, cuando yo estudiaba física en San Luis, visitamos el INAOE que había asumido ese nombre a principios de los setenta al extenderse el observatorio de Tonantzintla a las áreas de electrónica y óptica que se agregaban a la de astrofísica, el Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica, conocimos a Enrique Chavira quien nos mostraba parte de la instrumentación telescópica que contaba esa institución, posteriormente al ir a continuar mis estudios a Puebla, fui compañero de la maestría en física de su hija Elsa Chavira, de quien ya hemos comentado en esta sección, y visité varias veces su casa además de encontrarlo seguido en el INAOE; entre las visitas a su casa, una de ellas de varios días pues estaba convaleciente y la familia de Elsa me albergó, descubrí que Enrique Chavira era un estudioso de las arqueología, y que había recopilado una buena colección de objetos prehispánicos propios de la región cholulteca donde estaba alojado el INAOE , mismos que estudiaba con ahínco.
Enrique Chavira es uno de los pilares de la astronomía observacional en México, que lo llevo a ser integrado como investigador en 1952 del Observatorio Astrofísico Nacional de Tonantzintla (OANTon), destacando en la identificación y clasificación de galaxias y estrellas azules gracias a su preparación en análisis espectral.
Entre sus descubrimientos observacionales se encuentran, el de una supernova en la región de Sagitario, el registro del quasar Ton256, que en el nombre lleva las siglas del observatorio de Tonantzintla, el objeto extragaláctico más lejano observado por la Cámara Schmidt de Tonantzintla y del Cometa Haro-Chavira en 1954 en la región del Toro. No es de extrañar que aparezca en el par de novelas de Elena Poniatowska que le dedicó la escritora al Observatorio de Tonantzintla donde trabajaba su esposo Guillermo Haro, compañero de Enrique Chavira.
A lo largo de más de cincuenta años contribuyó a la colección de más de 15 mil placas astrofotográficas del INAOE, sucesor del OANTON. La colección de placas astrofotográficas de la Cámara Schmidt de Tonantzintla que fue reconocida oficialmente en 2015 en el programa Memoria del Mundo de la UNESCO, cuestión que ya no pudo ser testigo Enrique Chavira Navarrete, pues su muerte ocurrió el 23 de noviembre del año 2000 en la Ciudad de Puebla donde radicó en todo ese tiempo.
Sus grandes descubrimientos y la intensa labor en pro de la astronomía mexicana le valieron diversas distinciones, diplomas, cédulas reales, medallas al mérito académico y el nombramiento de Investigador Emérito en el INAOE.
Enrique Chavira, el gran astrónomo observacional, pasa a la historia como uno de los pilares de la astronomía mexicana moderna.
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#4 Tiempos
Gallardo manejó, Claudia le leyó el mapa | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Culto Público, hijos de la forma y el fondo:
Les traigo la primicia. Hace unas horas estuvo aquí en la capital la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Así. Sin aviso previo. Sin discurso. Rompiendo por completo — y si no me equivoco, por primera vez en su mandato — la forma de acudir a sus giras de fin de semana.
Los eventos a los que vino son, por donde se vea, guiños tiernos: premiar a un equipo de fut femenil en la Politécnica e inaugurar una cancha de futbol en Santa María del Río. Nada que ver con el estilo de sus giras. Y eso dice mucho.
La presidenta comenzó a visitar gobernadores. Y que el primero haya sido el potosino habla de la importancia que le da la mandataria a este estado de cara a la próxima contienda.
No dio discurso — seguramente algunas palabras a las premiadas y a los usuarios de la cancha —, pero su sola presencia dijo mucho más que cualquier micrófono encendido.
En los traslados estuvieron solo ella y el gobernador. Ni siquiera hubo chofer: manejó Gallardo. Y yo les apuesto, sin haberlo visto, que no hablaron del clima ni del partido México contra Corea.
Temas que sí tocaron, a mí juicio: la llamada Ley Serrano, la narrativa nacional construida sin contexto sobre la persecución a “voces críticas” — por fin la presidenta supo la calaña de personas a las que organismos internacionales defendieron con tanto ardor — y la realidad de fondo de ese asunto. Si hubo regaños, que bueno. Si se puso cada cosa en su lugar y en justa dimensión pues qué mejor.
En lo político les dejo dato para que ustedes le den mejor interpretación:
Nadie de Morena ni de Bienestar fue enterado. En Santa María del Río ni despertaron a la presidenta municipal — que es de Morena — y se enteró de la visita de Sheinbaum cuando apenas se andaba haciendo un huevito para el desayuno. Memo Morales y Rita tampoco estuvieron enterados, hasta donde se sabe.
Esos no son descuidos. Eso es mensaje.
Preguntas que dejo en el aire, porque yo no sé nada y ustedes sabrán leer mejor:
¿Comenzó la presidenta a hacer acuerdos rumbo al 27?
Si es así, se le aplaude que los haga en persona. Los mensajes encriptados y los “te mando decir con gestos” caen gordos.
¿Vino a conceder la “Excepción Ruth” estatutaria para amarrar la alianza Verde-Morena de cara a la gubernatura?
¿Vino a decirle al gobernador — no a preguntarle, ojo— cómo se va a llamar el candidato?
¿O ya quedaron en jugar a las venciditas uno contra el otro y buena suerte?
Yo por mi parte no sé nada. Yo apenas estaba echando baño para ir a misa de una en Tequis.
Buen domingo a todos y todas.
Yo soy Jorge Saldaña.
#4 Tiempos
Aún quedan 102 | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Comenzó la fiesta, la bola rodó en CDMX y Guadalajara, México y Corea pegaron primero y se llevaron los primeros puntos, se gritaron los primeros goles y la primera voltereta se dio en Jalisco. Así se cierra el primer día de actividades en tierra azteca. La pelota ahora va a Canadá y Estados Unidos.
En CDMX México ganó pero dejó dudas, un 2-0 que debió ser mucho más contundente, un equipo que no resolvió y un arquero sudafricano que salió inspirado fueron una constante en los 90, México con nerviosismo pudo romper la estadística de nunca haber triunfado en un partido inaugural después de 7 anteriores, lo hizo bien a secas y con una tarjeta roja que aunque cuestionable se sanciona y deja a la selección con una ausencia importante para el siguiente partido.
Más tarde en Guadalajara, el estadio de las Chivas fue testigo de un insípido primer tiempo que terminó 0-0
, partido nada digno de una justa tan importante, para la segunda parte los asiáticos comenzaron perdiendo, un tremendo saque de banda que fue catapultado emulando a un tiro de esquina consigue llevar un remate de cabeza impresionante, de ahí, Corea se levanta para terminar ganando 2-1 y sacar los tres puntos muy importantes para colocarse en segundo del grupo, solo por diferencia de goles detrás de México.Buen arranque de la fiesta aunque el fútbol de nivel sigue y probablemente seguirá ausente en esta primera ronda, el estallido de la copa se verá a partir del fin de semana, cuando arranquen hasta 4 partidos diarios. Justo ahí la fiesta se habrá puesto completamente buena.
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