agosto 12, 2022

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#4 Tiempos

Paul Auster y la lucha por escribir | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

Paul Auster llegó a los 30 años lleno de agobios e incertidumbres. Así lo relató en uno de sus libros de memorias, en donde describe cómo es que ese punto determinante en la vida de los hombres lo tomó con la guardia baja. No solo su matrimonio se desmoronaba: su aspiraciones como escritor parecían no conducirlo al puerto adecuado y los problemas monetarios le restaban la tranquilidad que soñaba tener para deambular con orgullo por las calles.

Aun así, seguía con la mente fija en la literatura. Desde muy joven ese había sido su sueño. Escribir y vivir de ello. También ser reconocido por una obra emblemática. El camino, no obstante, se le había empantanado. La segunda mitad de los años setenta lo atrapaba inmerso en las traducciones del francés que hacía para obtener algunos recursos, así como la elaboración de ensayos que de vez en cuando le eran requeridos por revistas del gremio.

En cierto punto los intentos le llevaron a la desesperación. Por más que mandara cartas, hiciera llamadas telefónicas y acudiera a entrevistas de trabajo, no acababa de ver la luz al final del túnel. Probó suerte en la docencia, en el periodismo y en cualquier cosa que le permitiera mantenerse en la lucha. A todo lo veía como una cuestión temporal, en lo que podía asentarse en sus propias pasiones. Aunque más de una vez dudó que eso al fin pudiera llegar.

Cada paso le parecía un retroceso. Era exigente consigo mismo y se exasperaba. Los empleos que conseguía aquí y allá distaban de parecerse a su ideal. Tampoco estaba satisfecho con lo que salía de su pluma. Sus ambiciones, decía, eran mucho mayores que sus capacidades.

Conforme se acercaba a la madurez el futuro le parecía más y más nebuloso. Si bien había logrado publicar un libro de poemas en un tiraje reducido con un pequeño grupo editorial, seguía con las limitaciones económicas que tanto le frustraban. No lograba dar el gran golpe o el campanazo que requería para levantar.

De cualquier modo no quitó el dedo del renglón. No quiso entrar en la dinámica de tantos otros escritores que tenían un trabajo estable que les permitiera crear en sus tiempos libres.

Paul Auster estaba negado, la idea de estar en una oficina, llevar horarios y recibir órdenes simplemente no iba con su naturaleza. Decidió apostar todo al destino y empeñarse en una carrera que lo mismo podía llevarlo a la cima que hundirlo irremediablemente a la simple subsistencia. Prefería sostenerse en buhardillas con goteras si es que ello abría algún resquicio para entrar de lleno en el panal literario.

Un punto de inflexión fue la beca que recibió por el Instituto de Bellas Artes de Nueva York. La salvación llegó en forma de 3 mil 500 dólares que le permitieron andar con holgura y centrarse así en respirar durante una temporada. La confianza que John Bernard Myers había depositado en él también contribuyó a elevar su optimismo.

De cualquier forma, poco a poco fue vaciando la cuenta bancaria. Y la presión regresó. De seguir así pronto llegaría al límite, ese que tanto le angustiaba y que llegaba a tumbarlo con alguna enfermedad. Era alguien sensible que no lograba habituarse a la mediocridad y estar inmerso en ella lo abatía física y espiritualmente.

En una noche de insomnio, propia de la ansiedad que lo mantenía en vilo, le vino una idea a la mente. Como lector voraz de novela negra urdió una trama a la que le daría forma con el paso de los días. Un sano entusiasmo se apoderó de él. Sintió que la vena literaria por fin se había adueñado de su interior. Había dado el paso definitivo. O eso creía.

En las semanas siguientes se las arregló para completar 300 páginas. Una historia que rodeaba a una misterioso asesinato que venía rodeado de un aura  existencial. Ya con el volumen bajo el brazo, comenzó a moverse por editoriales. Pero no tuvo mucha suerte. Varias personas le sugirieron cambios, le dieron esperanza… y al final le decían que no, otra vez.

Un día, un hombre le llamó por teléfono. Era alguien que conocía de años atrás y al que en un principio le costó trabajo identificar. El tipo en cuestión le empezó a hablar de un proyecto que tenía en mente y al que le quería invitar. El balbuceo fue extraño pero implicaba la fundación de una casa editorial. El sujeto le preguntó a Paul Auster si tenía alguna novela que quisiera publicar. Habían pasado ya varios meses desde que en aquella noche sin dormir empezó a trazar su primera obra de largo aliento, una de la que ya casi se había olvidado. Quiso aprovecharla y dio el sí.

El libro tardó dos años en materializarse. Cuando se mandó a imprimir la empresa estaba quebrada y no había forma de siquiera distribuirlo. Había que recurrir a otra editorial, a otro agente. Paul Auster había recibido un golpe más. Lo sufrido a lo largo de toda su juventud era una verdadera masacre que tumbaría a cualquiera que no tuviera vocación.

No era su caso. Peleó por lo único que le salía bien y al cabo de un tiempo obtuvo recompensa. Siguió picando piedra y, sobre todo, siguió escribiendo. No se rindió. Eventualmente sus libros fluyeron y fueron publicados hasta convertirlo en uno de los autores más exitosos de su generación. Lanzó la apuesta y pudo fracasar o pudo  dar en el blanco, pero tenía que estar ahí. Y lo estuvo. Como un artista del hambre que todavía mira hacia atrás con ingenio.

@Bigmaud

Contacto: [email protected]

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#4 Tiempos

Marcela | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Supe de tu existencia por un libro de Anatole France (1884-1924). Sin duda, sabes de qué libro se trata, aunque en realidad no importa. Como los cometas, brillaste por un tiempo muy breve y luego te apagaste para siempre: ocho páginas bastaron al escritor francés para hacerte vivir y morir. Pero, dime, ¿puede una vida, con todos sus misterios y fatigas, caber en ocho  páginas? Sin embargo, de algo a nada… ¡Toma en cuenta, querida Marcela, que hay seres de los que nadie escribió, y que tuvieron que irse de este mundo sin que ningún amigo o enemigo se tomara la molestia de hablar de ellos! Pienso, por ejemplo, en un abuelo al que conocí hace mucho: estaba lleno de historias. Pero ahora esas historias se han perdido porque nadie se interesó en recogerlas.

Estás muerta desde hace cien años, o acaso más. No obstante, quise escribirte porque no he dejado de pensar en ti. Tu imagen revolotea en mi interior desde hace varios días. ¡Oh, no se trata de una declaración galante, ni mucho menos! Te lo diré con franqueza: lo que me espantó de ti –y suscitó mi compasión y mi horror- fue tu soledad, esa soledad negra y fría a la que tú misma, con la ayuda paciente de tu temperamento, te condenaste siempre.

Según France, tenías los ojos de oro –¿qué quiso decir con esto?-, los dientes blancos y pequeños, y la voz cristalina «como una fuente del bosque». Pero esto, a decir verdad, tampoco importa tanto.

Según la manera en que te pinta el novelista, debió de haber sido fácil enamorarse de ti. Sin embargo, nadie lo hizo: todos te evitaban un poco así como rehúyen los ratones esas jaulas celulares y grises que conocen tan bien. Pero no se alejaban de ti porque fueras bella, sino porque –para ellos- tu cariño era un lazo que entorpecía sus movimientos, una cadena que les quitaba libertad. Si no te molesta (por traerte recuerdos ingratos), transcribiré ahora un párrafo que seguramente te resultará familiar y en el que en pocos trazos ha quedo retratada tu figura; helo aquí:

«Marcela y mi madre –escribe France en ese libro del que te hablo- se habían conocido en el colegio, pero mi madre, mayor, más prudente y ordenada, no pudo ser la compañera constante de Marcela, que ponía en sus afectos un ardor extraordinario y una especie de locura. Otra colegiala inspiró a Marcela sentimientos casi absurdos; era ésta la hija de un negociante, muchacha muy desarrollada, tranquila, burlona y de pocas luces. Marcela tenía siempre fijos en ella los ojos; se deshacía en lágrimas por una palabra, por un gesto de su amiga; la abrumaba con sus promesas; a todas horas mostrábase celosa, y durante el estudio le escribía cartas de veinte carillas; hasta que al fin la muchacha se hartó, dijo que la fatigaba todo aquello y que para lo sucesivo la dejase vivir en paz».

Un psicólogo, al leer esta breve descripción de tus comportamientos afectivos, seguro pronunciaría la palabra «inmadurez». Pero tú lo sabías: la amistad es «una especie de locura», y hay que poner en ella «un ardor extraordinario». Sabías que ser amiga era pensar en el otro, dedicarle tiempo, miradas y cartas.

La amistad es el matrimonio de los célibes; es decir, un compromiso lleno de responsabilidades y deberes. Y también sabías, pese a que todos a tu alrededor pensaran lo contrario, que ser amigos es mucho más que  simplemente sonreírse mutuamente de cuando en cuando y saludarse al pasar.

Cuán joven, mi pequeña Marcela, viviste en carne propia lo que uno de tus contemporáneos, el poeta Charles Baudelaire (1821-1867), escribió en su cuaderno de notas: «El amor se parece mucho a una operación quirúrgica. Aunque los dos amantes estén muy prendados el uno del otro, uno de los dos estará siempre más sereno, o más poseído que el otro. ¡Amor, juego horroroso en el cual es necesario que uno de los jugadores pierda el control de sí!».

Pon la palabra amigos allí donde el poeta escribió amantes y tendrás la verdad en todas sus dimensiones. En una relación siempre hay alguien que quiere más, o que demuestra su amor mejor que el otro. Y ese alguien fuiste siempre tú. Tú la que perdió invariablemente control de sí. Los otros no, ellos no dejaron nunca que el corazón les jugara una mala pasada: ellos, como niños mimados, simplemente se dejaban querer.

Conozco personas así. Como quieren llegar lejos en la vida, miden como con una regla de precisión cada una de sus palabras y no dicen sino lo que conviene decir en cada caso. Pertenecen, según el decir de Jules Michelet (1798-1874), a esa clase de hombres que «han encontrado la dignidad y la seguridad en no decir nada». Su boca jamás los traicionará, y su corazón tampoco. Saben lo que quieren. Pero tú estabas hecha de otra manera y por eso no pudiste llegar a ninguna parte: te traicionaban tus cartas, tus miradas y tus celos, y perdías siempre. Más tarde, según nos cuenta France, te enamoraste de un muchacho que pronto te dejó para irse en busca de otra. Tu último amor fue un marinero a quien acompañabas en sus largas travesías, conformándote con verlo a lo lejos maniobrando el timón. En uno de esos largos viajes contrajiste a bordo de la nave una rara enfermedad y nunca más volviste a pisar tierra: fuiste arrojada al mar dentro de un saco.

Y no se volvió a saber de ti, meteoro mío. Te perdiste para siempre en la noche de los tiempos. Me recuerdas a aquella mujer que ungió una vez los pies de Jesús rompiendo el frasco de un perfume carísimo. Pudo, es verdad, ponerle dos gotitas, como se hace hoy con ciertos tratamientos de aromaterapia; pero la verdad es que no quiso quedarse con nada. Me recuerdas, también, a aquella anciana que echó en las alcancías del Templo las únicas dos moneditas que tenía. ¡No tenía más, y si las tuviera, igualmente las habría echado! Quiera Dios que en la casa de tu Padre recibas el mismo premio que ellas. Porque no puede quedar sin recompensa quien, a pesar de todo, ha sido capaz de amar tan tontamente…

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#4 Tiempos

La cuna de la radiología en Latinoamérica | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Los hermanos José Espinosa y Cuevas y Luis Espinosa y Cuevas, serían de los primeros ingenieros graduados en el Instituto Científico y Literario; estos personajes serían igualmente de los primeros alumnos en cursar la cátedra de física, al final de la primera década de estarse impartiendo en el Instituto después de su reapertura. En 1878 aparecían como estudiantes de física, y José Espinosa también figuraba como estudiante en la cátedra de astronomía. En 1879 aparecían en la lista de alumnos que presentaban sus exámenes finales, al igual que Manuel José Othón en su cuarto curso de Jurisprudencia.

José Espinosa y Cuevas se convertiría posteriormente en profesor del Instituto; en 1887 aparecía como sinodal en exámenes de topógrafos.

De esta forma los hermanos Espinosa y Cuevas serían alumnos de Francisco Estrada y tendrían una preparación en temas de física que incluía la parte experimental y la capacidad del manejo de aparatos electromagnéticos. 

La familiaridad en temas de física producto de su formación en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, como alumnos del ilustre profesor Francisco Estrada, facilitó el que al encontrarse en Berlín, al anunciarse el descubrimiento de Röntgen respecto a los rayos-X, Luis Espinosa y Cuevas consiguiera una máquina similar a la utilizada por Röntgen, compuesta de un tubo de Crookes y un carrete de Ruhmkorff y fuera traída a San Luis Potosí a los pocos meses de tan importante descubrimiento.

El 8 de noviembre de 1895 Röntgen al trabajar en su laboratorio en Würzburg, Alemania descubriría una especie de radiación producida en un tubo de Hittorf-Crookes, trabajando a alto voltaje usando un carrete de Ruhmkorff; la radiación producida tenía la particularidad de poder penetrar la materia permitiendo observar al interior de una mano exponiendo los huesos en una pantalla fluorescente.

El 28 de diciembre de ese año publicó un trabajo donde se reportaba este descubrimiento, bajo el título Über eine neue Art von Strahlen, y una de las primeras extraordinarias imágenes que se daban a conocer sería la mano de su esposa Berta Röntgen exponiendo los huesos de la mano con sendo anillo en uno de sus dedos.

Después del reporte técnico del experimento se daba a conocer en la prensa el descubrimiento, esto sucedía el 5 de enero de 1896 anunciando la radiación de rayos-X como una nueva forma de radiación, este anuncio aparecía en Austria en el Vienna Freie Presse.

Un mes después comenzaban a circular artículos referentes al descubrimiento de los rayos-X en el país y en particular en San Luis Potosí, se publicaban en El Estandarte cinco artículos de Antonio F. López.

En el transcurso de ese año regresaba a San Luis, Luis Espinosa con la máquina adquirida en Alemania y para el 24 de octubre de 1896, ya se anunciaban experimentos realizados por los médicos potosinos Jesús E. Monjarás y Doroteo Ledesma utilizando la máquina.

No faltaron las demostraciones prácticas con la máquina adquirida por Luis Espinosa, su hermano José la usaría frecuentemente, tanto en aplicaciones médicas como en diversas demostraciones.

En los artículos publicados en el Estandarte, Antonio López, ya plateaba las posibilidades de aplicación en diferentes campos del conocimiento, mencionando por supuesto la medicina, que sería la aplicación que se emprendiera en San Luis Potosí, debido a la importancia del cuerpo médico que trabajaba y radicaba en la ciudad.

El Dr. José María Quijano extrajo una bala incrustada en la mano de un herrero, que registró como la primera aplicación de los rayos-x a la cirugía.

El 16 de enero de 1897 a pedimento de Antonio F. López los hermanos Espinosa y Cuevas estudiarían el brazo enfermo del niño Gabriel Ruelas. El 24 de abril de 1897, se examinaba la situación de las balas incrustadas en la garganta del Dr. González Amescua. Trabajos que quedaron registrados en los periódicos de la época y que muestran lo continuo y común del uso de los rayos-X en trabajos de medicina en San Luis Potosí.

Con todo lo anterior a San Luis Potosí, debe de considerársele la cuna de la radiología en Latinoamérica y muy especialmente en México.

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#4 Tiempos

Los coyotes del Ayuntamiento capitalino | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

 

La historia sobre la empresa Energreen es una fábula sobre coyotes colmilludos. Sus intereses ocultos huelen más feo que el gas metano que un día prometieron generar a través de la basura del tiradero de Peñasco y desde el primer contrato otorgado en tiempos de Jorge Lozano, ha generado una horda de abogados “pepenadores” que buscan, literalmente, en la basura jurídica, una comisión millonaria.

¿Quién es Energreen y de qué se trata el asunto? Le platico a mi Culto Público: La empresa de mediano alcance, tuvo sus épocas doradas en los tiernos años 2 mil, ofreciendo sus servicios como generadores de energías y combustible a través del procesamiento y disposición de los desechos urbanos, sin embargo, fue una empresa de pocos logros que, de acuerdo a los registros disponibles, les alcanzó a intervenir por muy breves temporadas en municipios como Saltillo y un par de las entonces delegaciones de lo que fue el Distrito Federal.

A partir de 2009, la empresa no logró un solo contrato, sin embargo, mantuvo vigente –a tiras y jalones- el que le fue otorgado en la capital potosina durante la gestión del ya mencionado Jorge Lozano Armengol.

A partir de aquella administración, los alcaldes en turno no vieron sentido de mantener un contrato con una empresa que nada daba a cambio.

No obstante, por “alguna razón” (así entre comillas y ustedes hijos de mi alma imaginen la mejor posible que les venga a la mente) el gobierno de Victoria Labastida les extendió los términos de un contrato inexplicable hasta por 15 años más, a cambio de no hacer nada, ni infraestructura, ni generación de energía, ni mejoras en el tiradero, ni nada.

Si acaso, me explican por lo menos un trio de ex funcionarios municipales de tres distintas administraciones, la empresa compró un terrenito de extensiones muy limitadas que colinda con el tiradero de Peñasco en el que construyeron algo de infraestructura que quedó incompleta y por lo tanto sin uso práctico.

Empezó entonces el aullar de los coyotes: el negocio dejó de ser la generación de biogás o el procesamiento de la basura, el negocio se pervirtió a una competencia de acomedidos y leguleyos que para “arreglar y conciliar la demanda” se ofrecen como intermediarios para lograr un pago multimillonario por parte del gobierno municipal.

La empresa pide, nada más, 465 millones de pesos de compensación por un supuesto incumplimiento de contrato.

Hay abogados (de los que omito su nombre porque en una de esas se enojan y me demandan o, en el peor de los casos, un día de estos amanezco enterrado en Peñasco) que ofrecieron al alcalde arreglar el asunto por la módica cantidad de 100 millones.

Hay otros acomedidos que aseguran que todo el tema se “arregla” con 80 MDP y los coyotes menos avariciosos, o más hambrientos, ofrecen “convencer a la empresa” con 50 en una sola exhibición.

No pues qué amables coyotes… ¿No quieren también las llaves de un gallinero?

Lo único bueno del asunto es que los asesores jurídicos del alcalde (de los buenos, no los interesados peludo-colmilludos) ya leyeron la fábula, y los potosinos no vamos a tener que pagar ni ahorita ni pronto un solo peso a la fauna hambrienta.

Además del amparo, aún existen otras dos instancias jurídicas a las cuales puede el gobierno acudir para defender el recurso público, y de acuerdo a expertos en el tema, en el caso de que las instancias fallaran a favor de la empresa, la indemnización –ya exagerando- no rebasaría ni 10 millones de pesos que serían pagados, en todo caso, al término de largos y largos caminos de defensa jurídica.

Algo sabrá el gobernador Ricardo Gallardo del asunto, que ayer respaldó al alcalde Galindo y le sugirió no pagar ni un peso a Energreen.

Ni modo coyote, tus argucias legales salieron marca ACME y el tema va que vuela para caer al precipicio del olvido.

 

DE LA VISITA DEL EMBAJADOR

La de ayer del excelentísimo (así se dice por protocolo, pero yo no sé por qué) embajador Ken Salazar fue una visita breve, pero trascendente para el estado.

Al de Colorado, debió gustarle mucho el sombrero que le regalaron en Palacio de Gobierno, porque además de reconocer a nuestro estado como uno de los punteros en los indicadores laborales y destacar las bondades de competencia económica con las que cuenta San Luis, el diplomático gringo hizo hincapié en las estrategias para el combate al crimen organizado que se implementan.

Cierto, el 37 por ciento de las empresas instaladas en SLP son de capital norteamericano, el 92 por ciento de lo que producimos se vende allá y el 40 por ciento de lo que compramos los potosinos viene justamente de nuestro vecino del norte.

También fue gran oportunidad para ofrecer el terreno de la Ford, que supe ha tenido hasta el momento puros interesados de los “metiches”, de esos que vienen, preguntan y se van diciendo “gracias nada más estaba viendo”.

De su visita, el embajador Salazar se llevó además la solicitud del mandatario Gallardo para, en lo posible, eliminar a los intermediarios o Brokers de las producciones agrícolas, un panorama más claro y realista sobre las capacidades de generación energética en nuestro territorio pre y post reforma, y una excelente impresión de nuestra Huasteca que el diplomático estadounidense quedó asombrado.

Por otro lado, el representante del gobierno americano también dejó un mensaje que no fue público, pero que no es otro que el de continuar con sus recorridos estratégicos en estados mexicanos en los que su gobierno tiene especial interés respecto al combate al tráfico y circulación de fentanilo. Esos son acuerdos bilaterales y ambas partes están cumpliendo dicha agenda.

Hasta aquí por el momento amigos del verano, hijos de mi rueda de la fortuna. Los dejo porque voy de prisa a ver a Paquita la del Barrio en el Teatro del Pueblo. Me preocupa que cuando ella pregunte: ¿Me estás oyendo inútil? Yo no vaya a estar ahí oyéndola…

Hasta la próxima

Jorge Saldaña.

 

BEMOLES

DE CALABAZAS EN UNA CARRETA

Quizás no termine la Fenapo cuando los New Orange, o MC potosinos, por fin tengan convocatoria lista para elegir a su próximo dirigente, pero sobre todo su nuevo rumbo. Ya van tarde, sobre todo si se considera que, con convocatoria, protocolos y aunque hagan tres bailes con Yuawi, solamente hay 4 nombres de potosinos en la mesa de Dante Delgado. Son los finalistas y el cuarteto sabe cuánto se necesitan, simbióticamente, si es que quieren de verdad convertirse en una opción. Pronto les daré más detalles.

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Opinión