agosto 25, 2026

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#4 Tiempos

Jacarandas de marzo | Columna de Daniela Rodríguez y Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es el día en el que se conmemora la lucha por los derechos de las mujeres. Es un día en el que conmemoramos la lucha por nuestro lugar como iguales en una sociedad patriarcal. En México, es un día en el que las mujeres de todo el país tomamos las calles, en el que salimos sin miedo y nos hacemos visibles. El 8M le recordamos a la sociedad lo que quiere ignorar: que existimos, resistimos y que no nos vamos a callar. Esto último parece olvidársele a la administración en turno; nos quieren aislar, se atrincheran en el Palacio Nacional y dejan que el problema suceda afuera, donde no los toquen.

El pasado viernes 5 de marzo, a tres días de la marcha por el Día de la Mujer, el perímetro del Palacio Nacional amaneció amurallado. Este blindaje es un símbolo que lo dijo todo: este gobierno, como los anteriores, es indiferente a las mujeres, a la violencia que las persigue y a sus demandas. Porque es más importante cuidar la fachada, literalmente, que resolver el problema verdadero: la violencia patriarcal que se ejerce en todos los niveles, rincones y recovecos del país. Y este, el gobierno más feminista de la historia, con el capital político suficiente para apoyar a las mujeres de todo México, decide simplemente esconderse y dejar que cada quien se rasque con sus propias uñas. En palabras del propio presidente, «los muros no solucionan nada». Llama mucho la atención el contraste en discursos cuando se trata de una agenda política que no está dentro de sus prioridades.

La prestidigitación —es decir, el engaño— de este, nuestro gobierno más feminista de la historia, radica en trucos de espejos y retórica electoral barata: machismo y violencia institucional disfrazado de paridad tramposa. El retiro de estancias infantiles; el discurso familista, que coloca el cuidado de la familia exclusivamente en las mujeres; el infame ya chole; y el nuevo muro de la paz. De todas y cada una de estas (y más) acciones, que claramente buscan marginar a la mujer de la sociedad, el gobierno en turno se ha valido de sendas maromas para eximirse de su responsabilidad. Hay quienes aún hoy se maravillan al ver los trucos de la administración actual. Sin embargo, habría que ser tremendamente ingenuos para no ver la horrible verdad detrás del truco: una verdad que implica 11 mujeres muertas al día; verdad que, como todo buen mago, ni el presidente ni sus sicofantes de nómina osan revelar.

Podemos criticar todo lo que queramos al gobierno en turno, pero no es el único culpable al cual apuntar. Sin embargo, ¿podemos esperar la solución de la oposición? Claramente no. Hoy vemos que partidos que históricamente se han negado a reconocer la autonomía de las mujeres y a abogar por sus derechos no titubean en llenarse la boca con el discurso feminista; se suben al tren morado con el objetivo de ampliar sus votos, pero jamás de ayudar realmente a las mujeres. Todas las estrategias se tratan de ilusiones y promesas vacías.

Entonces, ¿qué hacer? La respuesta a esto no se encuentra ni en la política ni en el mercado, que busca capitalizar con las mujeres. La respuesta está en nuestras compañeras y el movimiento. Está en el poder que juntas tenemos, en tomar e inundar las calles porque somos, resistimos y existimos, a pesar de los obstáculos que nos imponen. No podemos esperar a que concedan lo que las mujeres pedimos: han dejado ya muy claro que no lo harán. Sin embargo, las acciones de hoy —y de quienes nos han antecedido— pavimentarán la realidad del futuro de las mujeres mexicanas. La resistencia de hoy es la existencia de mañana; los mensajes expresados el día de hoy tendrán como receptoras a las mujeres del futuro, que verán materializado lo inevitable: una sociedad de iguales.

Las movilizaciones y marchas de mujeres como las que tendrán lugar el día de hoy en todo el país y en varias partes del mundo no siempre han sido iguales a las de los años recientes. Las demandas han sido manifestadas en una variedad de formas: ya hubo manifestaciones en silencio; ya hubo expresiones artísticas que fueron tomadas a burla; ya ha habido un sinfín de paneles y mesas con discusiones que en poco han servido para poner un alto a los distintos tipos de violencia que se ejercen contra las mujeres. Ahora, la insostenible desintegración del tejido social, la violencia desenfrenada y el abrumador silencio de las autoridades han causado que las peticiones se conviertan en demandas urgentes y que se expresen de maneras distintas. Sin embargo, es fecha que una buena parte de la ciudadanía trata de desacreditar las demandas feministas, argumentando que se trata de mero vandalismo.

A la luz de lo anterior, el concepto de iconoclasia ha sido recuperado por quienes estudian el fenómeno de las marchas feministas y sus demandas. En sus orígenes, la iconoclasia refería a un movimiento herético que consistía en destruir deliberadamente los símbolos e íconos religiosos de una cultura determinada. En sentido amplio, el concepto hoy representa la destrucción de símbolos, arte o monumentos de manera organizada, colectiva y con motivaciones ideológicas; distinto al vandalismo, que se caracteriza por ser espontáneo y realizado sin motivos reconocibles. Así, la iconoclasia feminista representa un poderoso medio de expresión y de demanda, practicado sobre monumentos e íconos con significados que han dejado de ser un referente para la realidad actual del país.

Debemos romper los símbolos patriarcales que nos arrastran. Hoy pienso en mis amigas, en mi madre, en mis compañeras y en todas y cada una de las mujeres mexicanas a las que este país les ha fallado. El muro que nos aparta no será un muro que nos detenga: las inertes vallas negras han sido resignificadas para homenajear a las mujeres mexicanas a las que el Estado les ha fallado, para que en el futuro no nos falte ninguna. Será un futuro en que las calles estén teñidas de morado solo por las jacarandas que florecen en marzo, celebrando a las mujeres y su lucha.

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El Cronopio

Un pionero de la astrofísica en San Luis Potosí | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

Uno de los dos primeros potosinos en estudiar formalmente astronomía y en realizar investigación en astrofísica son Joel Cisneros Parra oriundo de Salinas, San Luis Potosí, y de quien hemos tratado ya en esta columna, y Antonio Sarmiento Galán que se recibiera como físico y como matemático en la década de los setenta del siglo XX en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Antonio Sarmiento Galán comenzó a estudiar física en la entonces Escuela de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, para interrumpir sus estudios y emigrar a la Ciudad de México donde ingresaría a la Facultad de Ciencias de la UNAM para estudiar simultáneamente la carrera de física y la carrera de matemáticas, mismas que concluiría en 1976. Estas líneas de formación regirían su vida académica y profesional, pues contribuiría a la investigación en física en el área de la astrofísica y posteriormente en el ámbito de las matemáticas, siendo actualmente investigador del Instituto de Matemáticas, Unidad Cuernavaca de la UNAM desde 1999; previamente había sido investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM de 1981 a 1998.

Su formación primaria en astrofísica fue en el tema en el que coincidieron estos dos personajes potosinos, pioneros en el estudio de la astrofísica, sistemas binarios. Su tesis de licenciatura en física presentado en 1978 versó sobre Etapas Evolutivas Avanzadas en Sistemas Binarios. Realizó su maestría en ciencias en la propia Facultad de Ciencias de la UNAM y su doctorado en el Departamento de Matemáticas Aplicadas del Queen Mary College en la Universidad de Londres donde vuelve a combinar su interés en la física y la matemática, que no la física-matemática. Su tesis de doctorado en dicha universidad fue sobre Gravitación en el Sistema Solar que presentó en 1981.

Entre sus estudios de formación y, en especial en astrofísica se encuentran Estudios para la Localización de un Sitio Astronómico en la República Mexicana, en la Facultad de Ciencias de la UNAM en 1977 y 1978 y, Ph ysical Cosmology en Francia en la École d’Été de Physique Théorique. Université de Grenoble. Les Houches, Haute Savoie en julio de 1979.

Antonio Sarmi ento, como astrofísico ha hecho importantes aportaciones científicas teóricas en temas como la evolución química del Universo, la gran explosión, la gravitación en teoría general de la relatividad y el vacío en sistemas no inerciales.

Su contribución no se ha limitado al carácter de investigación pues ha tenido una intensa actividad en educación, no sólo impartiendo cursos de astrofísica, relatividad, física teórica y gravitación, sino que ha realizado una destacada participación en actividades de educación no formal, en especial en divulgación de la ciencia, donde ha escrito numerosos textos entre artículos y libros entre los que se encuentran libros técnicos y de divulgación, participando, además, con conferencias, videos y programas de radio para todo tipo de público con temas de física y astronomía.

Antonio Sarmiento ha contribuido al desarrollo de la educación y la investigación científica en su tierra de nacimiento apoyando programas de divulgación como Domingos en la Ciencia en San Luis Potosí, La Semana de Física y La Ciencia en el Bar, donde ha participado en varias sesiones. Como la charla Fractales que puede consultarse en la dirección: https://www.youtube.com/watch?v=AutyQCtnuI8

En una entrevista para la revista “¿Cómo Ves?”, de la UNAM, rechaza la idea de que la labor científica sea evaluada por premios, “Por fortuna hay muchos investigadores para quienes lo valioso es tener amor por la camiseta de la ciencia, o pasar horas en el laboratorio haciendo un experimento. Ellos se olvidan por completo de premios o publicidad en la radio o la televisión”.

Antonio Sarmiento Galán nació en San Luis Potosí el 23 de abril de 1954 y se convierte en el segundo potosino en formarse profesionalmente como astrofísico y contribuir al desarrollo de la ciencia y la educación científica, siendo además uno de los primeros matemáticos potosinos.

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#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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