#4 TiemposLa Voluta

Voluta 3 | Columna de León García Lam

El pronóstico

Sabrá Dios por qué siempre llueve en agosto. Pero por estos días, justo cuando instalan el castillo de pólvora en la FENAPO cae un chaparrón que agüita los ánimos de los presentes: los ahuyenta o los empapa hasta los huesos. Contra todo pronóstico, ahí están, año tras año, miles de potosinos fieles esperando que sisee la pólvora mojada. Los gobernantes hacen una sonrisita que significa que no importa que se cebe el castillo, esas cosas pasan y ocurre también que la avanzada de Gobierno en turno casi nunca prevé el pronóstico del clima. Tan dramáticas son estas escenas anuales, que han propuesto celebrar la FENAPO en otra época del año. Pues bien, este año 2020 que no hubo feria, ni castillo de pólvora, ni potosinos arremolinados, pues resulta que, como era de esperarse, no llovió ni una gota.

El librero

Un día, que deambulaba yo por los pasillos de la Biblioteca Municipal Central que se encuentra escondida en un rincón de la Alameda, entre los estantes 500 que corresponden según la clasificación Dewey a las matemáticas y a las ciencias naturales, ahí entre los libros etiquetados como 550, donde se ubican las geociencias, entre un tomo de Time Life sobre meteorología y un tratado de formación de nubes, encontré un ejemplar de la magnífica y divertida novela de Jorge Ibargengoitia, Los relámpagos de agosto, narración que imita las memorias que escribían los revolucionarios para explicar su versión de la historia. La novela se relaciona con trenes, presidentes, balazos y revoluciones. Se reirá un buen rato, se lo aseguro y probablemente llorará al regresar a nuestro presente.

El proverbio

Luis IX de Francia, Rey de Francia, Hijo de Luis VIII el León y de la infanta Blanca de Castilla le dijo a su sucesor:

“Para tratar con justicia y equidad a tus súbditos, sé directo y firme, no te desvíes ni a la derecha ni a la izquierda, sino siempre sigue lo que es justo y defiende la causa de los pobres hasta que se aclare la verdad”.

Otro rey Luis de Francia, XIV, famoso por su justicia, dijo antes de morir:

“Yo moriré, pero el Estado permanecerá siempre”

El prieto en el arroz, fue Luis XVI, quien dijo:

“El Estado soy yo.” Quién sabe a quién se parece.

El superhéroe

Se desconoce la efectividad precisa de los cubrebocas, pero no importa. Los usamos como gesto de solidaridad ante los médicos y enfermeras que han salvado nuestras vidas, arriesgando y perdiendo las suyas, sacrificando su descanso, alejándose de sus familias. Hacemos todo cuanto podemos para solidarizarnos con las familias que se han contagiado, pero sobre todo con el esfuerzo del personal de la salud, afanadoras y afanadores, administrativas, enfermeras y enfermeros, mujeres y hombres médicos y académicos que ahí siguen. Los minutos de silencio no sirven, pero nuestro esfuerzo en conjunto, sí.

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