abril 3, 2026

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Unicornio trasquilado | Apuntes de Jorge Saldaña

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Culto Público: los animales mitológicos tienen algo en común: todos fueron creados para explicar un castigo. El dragón que arrasa pueblos por orgullo, la sirena que encanta para hundir barcos, el unicornio que se pierde por no saber dónde pisa

La UASLP, ese unicornio institucional que se cree intocable, y creyó invencible, acaba de descubrir que la política no cree en seres fantásticos. El Congreso, en lugar de domarlo y admirarlo con sabiduría, decidió arrancarle el rin colorido a tijeretazos.

Porque la UASLP cruzó por todo en este año: una crisis interna por una violación en una facultad, edificios tomados, manos externas metiendo ruido, paros, la ciudad paralizada y, por si algo faltaba, un adeudo estatal que se prolongó lo suficiente como para poner en terapia intensiva su estabilidad financiera.

Aun así, el unicornio resistió. Lo que no resistió —o no quiso resistir— fue la tentación de la soberbia.

La institución respondió al conflicto de los 206 millones adeudados con entereza (iba a poner con “gallardía” pero podría confundirse el apellido con el sustantivo) y ganó la batalla a costa del relato.

En todo el camino, no sumó aliados, sino enemigos: altivez frente al Congreso y constantes insinuaciones de pureza moral frente a la corrupción ajena, y un aislamiento que yo he descrito —con toda intención poética y política— como la isla de Cuba académica: orgullosa, autosuficiente en el discurso, y convencida de que todo aquel que no viva dentro de sus fronteras es un tonto, un corrupto o un vendido.

Hasta que llegó hoy la votación del Presupuesto 2026.

El Ejecutivo había propuesto 506 millones para la Máxima Casa de Estudios, con lo que podría comprometerse a firmar, la primera semana del año que viene, el convenio federal–estatal que permite a la Universidad respirar sin sobresaltos, sin embargo,  la Comisión de Hacienda decidió otra cosa: ¿Cuáles 506 millones? 320 millones y un casi, casi “y di que te fue bien”.

Hace unas horas el Pleno del Congreso lo aprobó junto a todo el paquete económico enviado por el ejecutivo sin oposición (una abstención aislada no pinta).

En el caso UASLP, el recorte de 186 millones de pesos representa una estocada política que no requiere demasiada hermenéutica.

El unicornio sintió el golpe aunque se resistan a aceptarlo (nunca lo harán, acudirán al rol de víctimas del imperio…y puede que tengan razón). 

Pero ojo, no es que nuestra Máxima Casa de Estudios no tenga argumentos —la autonomía universitaria merece respeto y la ciencia pública debería ser una prioridad del Estado— pero ¿Quién defendió a la Uni ante el tijeretazo presupuestal?

Hay que recordar que después de plantones cruzados, mensajes altaneros y una narrativa de “nosotros sí sabemos, ustedes solo firman”, la Universidad descubrió que las instituciones también pagan facturas… y que los diputados cobran sin contemplaciones los agravios.

Pero aquí es donde el análisis debe elevarse por encima del enojo y de los egos heridos: los diputados pueden sentirse agraviados, y con razón; pero legislar desde la víscera siempre dejará daños colaterales.

Y esos daños no los paga ni el rector, ni los legisladores, ni los pleitos entre poderes: los paga la comunidad estudiantil, docentes, investigadores, trabajadores… 30 mil personas que no tienen culpa de la coreografía de soberbias entre Rectoría y Congreso.

Lo del recorte oficializado a 25 votos a favor, no debería celebrarse por nadie. Ni por quienes sienten que “ya pusieron en su lugar” al unicornio. Ni por quienes creen que el recorte les permitirá instalar una narrativa de victimización heroica.

Porque a estas alturas, lo único claro es que todos se equivocaron.

La Universidad se equivocó al suponer que la autonomía es un blindaje moral absoluto, cuando en realidad es una responsabilidad que exige diálogo, transparencia y mesura política.

El Congreso se equivocó al responder con tijera en mano a un conflicto personal (ah esa bella y caprichosa condición humana) que debió resolverse con inteligencia institucional, diplomacia, dialogo y apertura, no con revancha presupuestal.

Y el Gobierno del Estado —quizá sin querer— empieza a asomarse a un precipicio propio: el de tropezar con la misma piedra del año pasado. Porque hoy tiene aprobados 320 millones, pero en enero la Federación enviará —como es regla— un convenio para firmar por más de 506 millones.

Si gobierno lo firma, vuelve a quedar descuadrado su propio presupuesto. Si no lo firma, abre un frente innecesario con la presidenta Claudia Sheinbaum, justo en un 2026 donde Morena y el Verde necesitan parecer aliados… aunque localmente anden del chongo.

Decirle que no a la presidenta, lo mismo en un convenio que en una reunión (como a la que convocó éste día al gobernador Gallardo) no es un tema simple.

Total que entre unos y otros olvidaron lo esencial: La educación pública es un asunto de Estado, no un concurso de a ver quién parpadea más rápido.

Y aquí es donde conviene recordar y aplicar esa cartulina que apareció en la Facultad de Medicina durante el intento de tumbar al rector, pero adecuada al legislativo “Los diputados pueden ser pendejos… pero son nuestros pendejos (y los únicos que tenemos)”. Tienen la facultad y la usaron.

La frase, además de brutal, encierra una pedagogía política: uno puede criticar con severidad a sus instituciones, pero defenderlas cuando están bajo ataque, y los diputados pues… también se defendieron.

Entre tanto, el gobernador podrá decir, con razón y facultades, que él envió la propuesta para la UASLP por los 506 millones necesarios.

Los diputados podrán decir, con razón y facultades, que al no recibir  información financiera suficiente (y haberse sentido “ninguneados”-esa es la verdad-) los 320 millones son la cantidad correcta para la institución.

La Universidad podrá decir, con razón y facultades, que el convenio con la Federación requiere otra cifra y que los 320 millones significa cometer un mismo error dos veces. (Les dirá tontos e irresponsables nuevamente).

Y sin embargo, al menos para quien esto escribe, todas esas razones juntas no construyen un camino, sino un pantano.

Porque si este año la crisis por 206 millones puso a la UASLP al borde del colapso, ¿qué ocurrirá con un déficit similar el próximo año, cuando ya no haya un adeudo por corregir? ¿Quién pondrá la diferencia? ¿El Estado? ¿El Congreso? ¿La Federación? ¿Santa Clausula de las emergencias?

¿O la comunidad universitaria tendrá que aprender a vivir al filo del impago como si fuera parte del plan de estudios?

El unicornio, siendo mitológico, se está desdibujando por la realidad: la autonomía no sirve de nada si no hay presupuesto para pagar, otra vez, la nómina de tarde o temprano.

Para deshacer el nudo se necesita menos soberbia y más alianzas lo mismo que menos revancha y más perspectiva histórica.

El Gobierno por su parte necesita mirar dos veces el camino, no vaya a ser que tropiece con la misma piedra… y esta vez las implicaciones alcancen otras pistas.

Ni modo, por el momento no hay marcha atrás. El presupuesto está aprobado y no hay milagro navideño que pueda modificarlo.  

La UASLP sobrevivirá. No hay duda. La pregunta es ¿Cómo? ¿Alcanzará la magia del Unicornio para que la federación ponga la diferencia localmente recortada?

Para rematar, Culto Público, en este pleito de instituciones agraviadas, realidades humanas y tableros confusos, el único que no ha dicho palabra es también el único que importa: el estudiante que solo quiere estudiar y no entender por qué la política mueve el piso bajo sus pies cada diciembre. 

Pero no crean que por no hablar, no entienden, y por experiencia sabemos que cuando ellos hablan…hablan fuerte.

Hasta la próxima. Yo soy Jorge Saldaña.

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Siete altares, siete copas: La fe y la sed. Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

 

Es jueves, siempre lo es.

En San Luis Potosí, el jueves no es un día de la semana, es un estado de la conciencia. Es el momento exacto en que la piedra cantera comienza a exudar un sudor frío, una mezcla de incienso y aguardiente. Hoy, las puertas de los siete templos se abren de par en par para recibir a los que buscan perdón, mientras que, a pocos metros, las puertas batientes de las cantinas reciben a los que buscan olvido.

La tradición dicta siete paradas. Siete altares donde se expone el cuerpo de un Dios que sufre. Pero en este “primer cuadro” de la ciudad, la geografía del dolor es compartida. El parroquiano camina la misma banqueta que el devoto, y a veces, son la misma persona.

En ese cuadro delimitado en el que, por cierto, hay más estaciones para el alivio del cuerpo que para el alivio del alma. (7 Iglesias y al menos 25 bares).

El poeta y ensayista, Alfredo García Valdez, lo supo escribir con el mejor tino: “la cantina es espacio y tema, forma, ambiente, sujeto y paisaje, ese laboratorio donde el alma se descompone para volverse a armar”.

Es el templo lo mismo que de vividores que periodistas, que el del albañil que carga el mundo o del cirujano que sueña con salvarlo. Allí, la melancolía se corona con la misma solemnidad con la que se corona de espinas al que va camino al Gólgota.

¿Qué diferencia hay entre el pecador que se arrodilla frente a la imagen de la Virgen de los Dolores, que el hombre que se desploma sobre la barra de El Tampico, La Montaña, o el Banco?.

Ambos cargan una cruz. Cristo cayó tres veces, y en el suelo falaz de una taberna, ¿quién no ha besado el polvo, literal o figuradamente?

Las caídas en la cantina obligan a levantar el propio peso porque ahí se cae a solas, mientras el cantinero —ese sacerdote de a deshoras— oficia la misa del último trago.

La última cena se repite en cada ronda. “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”, se traduce en el pan compartido y el vino que quema la garganta antes de que la tormenta estalle.

En las siete estaciones eclesiásticas, se recuerda el sudor de sangre en Getsemaní; en los siete bares, se suda el delirio de la derrota, del desamor, de la euforia y la tristeza perfumada de fiesta y del “sírveme otra” como si fuera el “hágase tu voluntad y no la mía”.

En la cantina también se comparte el vaso, la palabra, la herida y a veces la soledad

: La que se tiene o la que viene.

Observo la procesión silenciosa de la fe y la ruidosa procesión de la sed.

Aquí cerca de San Agustín las velas se consumen rezando por los pecados del mundo. El sacrificio del cordero.

En la cantina de más adelante, los vasos se vacían urdiendo poemas que nadie escribirá. Es el punto de encuentro definitivo: el santo sufrimiento.

Unos lo entregan a la divinidad para que tenga sentido, otros lo ahogan en el alcohol para que deje de tenerlo.

Me quedo con esa imagen: la ciudad dividida entre el incienso y el paseo por el duro adoquín en el suelo que conecta lo mismo iglesias que cantinas.

Siento una profunda admiración por la fe que mueve los pies de los creyentes hacia los altares y al mismo tiempo siento una profunda admiración por la impredecible condición humana de aquellos que, a pesar de la caída, piden (pedimos con fe) una última ronda antes de que el mundo se acabe.

Una ronda más antes de la traición. Una ronda más antes de lo que viene, y que con mayor o menor sufrimiento, más o menos espinas y caídas, también nos va matar: la vida.

Es lo mismo cuando el cantinero avisa que es hora de cerrar que cuando el sacristán apaga la última vela.

Todos, tanto los fieles borrachos como los piadosos pecadores- caminamos hacia la misma noche.

Porque hay noches en las que el alma pesa y no siempre se sabe rezar, por lo tanto…se bebe. En este jueves, que siempre lo es, la ciudad lo entiende sin decirlo. Nadie interrumpe, nadie corrige. Es un mismo tránsito, algunos con fe, otros con sed, pero todos con algo encima.

Dos “tradiciones”, una milenaria y otra mundana. Las dos que se encuentran no en la moral, no en el juicio, sino en esa condición profundamente humana que no distingue entre el altar y la barra: el dolor, la caída y la posibilidad, siempre incierta, de poder volver a levantarse.

Culto Público, en jueves, que siempre lo es, pero no tan santo no es tan distinta la oración que el trago, ni la cruz del vaso.

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SLP registra afluencia récord en Semana Santa

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La derrama económica podría acabar superando los mil 250 millones de pesos en todo el estado

Por: Redacción

En San Luis Potosí, la afluencia de visitantes para Semana Santa está superando las expectativas iniciales, generando ahora proyecciones de 800 mil turistas y hasta mil 250 millones de pesos como derrama económica.

Municipios con gran vocación turística como Ciudad Valles, Xilitla, El Naranjo, Aquismón y Tamasopo reportan llenos totales en parajes naturales y sitios emblemáticos.

Entre los puntos con mayor afluencia destacan las cascadas de El Meco y Minas Viejas en El Naranjo, los embarcaderos hacia la cascada de Tamúl en Aquismón, el paraje Puente de Dios

en Tamasopo y las cascadas de Micos en Ciudad Valles.

También sobresalen el Jardín Escultórico de Edward James, la Media Luna y Real de Catorce, que registran cifras récord de visitantes. 

De acuerdo con el área de Planeación de la Secretaría de Turismo (Sectur), del jueves 2 al domingo 5 de abril diversos destinos se prevé que alcancen el 100 por ciento de ocupación hotelera, además de una alta demanda en restaurantes y servicios como recorridos guiados.

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Ayuntamiento de SLP

Diego “El Cigala” conquista el Festival San Luis en Primavera 

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El cantautor español se presentó en la Plaza de Fundadores con un show lleno de flamenco, bolero y emoción

Por: Redacción

La Plaza de los Fundadores volvió a convertirse en el gran escenario cultural de San Luis Capital con la presentación del cantaor español Diego “El Cigala”, quien ofreció una noche cargada de flamenco, bolero y emoción como parte del Festival Internacional San Luis en Primavera. 

Ante una plaza completamente llena, el intérprete conquistó al público con un repertorio que incluyó canciones de autores mexicanos, latinoamericanos y españoles, interpretadas con la intensidad de su característico cante flamenco, que logró una conexión inmediata con los asistentes. 

Durante la velada sonaron algunos de sus temas más emblemáticos como “Lágrimas Negras”, “Piensa en mí” y otros boleros que forman parte de su repertorio internacional, provocando ovaciones y aplausos del público que acompañó cada interpretación en una atmósfera de fiesta y emoción. 

Antes de que iniciara el espectáculo, el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado de la presidenta del DIF Municipal, Estela Arriaga Márquez, entregó al artista español el colibrí, símbolo del festival, como reconocimiento a su trayectoria y a su participación.

La noche también destacó el talento potosino con la participación del ensamble de guitarras Sul Tasto, que abrió el escenario y dio muestra de la calidad musical local.

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Opinión

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