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#4 Tiempos

Una técnica para amargarse la vida | Columna de Juan Jesús Priego

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Hay quienes piensan que amargarse la vida es una cosa como cualquier otra, algo que todo el mundo puede hacer sin preocuparse lo más mínimo en seguir una metodología rigurosa, una rutina de cotidianos ejercicios. Pues bien, ha llegado la hora de deshacer semejante equívoco. ¡Señores: amargarse la vida es todo un arte y, como todo arte, requiere esfuerzo, paciencia, seriedad y disciplina!

Ningún amargado ha llegado a serlo de un día para otro, y este hecho debería ser tomado ya como argumento de peso. En la práctica, de nadie decimos que es un amargado sino de aquel que todos los días nos ofrece un rostro marchito, un gesto dolorido y un rosario de quejas. Lo que dijo Simone de Beauvoir de la mujer vale también para el amargado, a saber: que no nace, sino que se hace.

Además, si ser amargado fuera tan fácil, todo el mundo lo sería, como dijo alguien una vez. ¿A quién no le ha tocado ver hombres y mujeres que sonríen hasta por las cosas más nimias e intrascendentes? Leer un poema, ver a un amigo, recibir una llamada telefónica son ya para esta gente boba motivos de júbilo. ¡Con qué ingenuidad e ignorancia se pasean estos tales por las autopistas de la vida!

¡Como si vivir fuera tan fácil! ¡Ah, cómo se advierte, al observarlos, que amargarse la vida es un arte reservado a unos cuantos elegidos, a un reducido coro de selectos!

No obstante, si usted estuviera interesado en amargársela, nosotros podríamos indicarle cómo se procede; después de todo, aunque es cosa difícil, nadie ha dicho que sea imposible. Tome nota, por favor.

Regla número uno. Ante todo es necesario que se convenza a sí mismo de que en el pasado fue usted muy feliz. Esto es sumamente importante; es más, casi podríamos decir que, sin este presupuesto fundamental, nuestro método corre el riesgo de no rendir los frutos que cabe esperar de él. Debe usted decirse de mil a mil doscientas veces al día todos los días: «¡Ay, cómo era yo entonces feliz! ¡Ay, cómo era yo feliz entonces! ¡En aquel tiempo glorioso no me dolía absolutamente nada!». No importa que se trate de un engaño patente, ya que no hay época de la vida en la que uno no haya sufrido: lo importante es que uno se lo crea. Será de enorme utilidad ir a las tiendas de usado y comprar discos de vinilo o casetes de plástico que le ayuden a evocar y recordar los tiempos idos; sin embargo, sería contraproducente abusar de ellos. Con una o dos canciones diarias bastaría para atizar la nostalgia.

Regla número dos. Persuádase usted de que ningún momento del presente podrá igualar en belleza, alegría, felicidad, esplendor y abundancia a ningún momento del pasado. Uno nunca es feliz, sino que lo fue: he aquí la verdad.

Como material de auxilio le recomendamos unos versos del poeta Jorge Manrique (tomados de las Coplas a la muerte de su padre) que dicen así:

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquier tiempo pasado
fue mejor.

Le aconsejamos repetirlos durante el segundo mes también de mil a mil doscientas veces al día todos los días. Si fuera usted de memoria un tanto corta, no se preocupe: serían suficientes para nuestro propósito al menos los dos últimos versos. Ahora que si lo que desea es perfeccionar sus repeticiones, le recomendamos la consulta de la palabra mantra en cualquier diccionario aceptable de espiritualidad oriental.

Regla número tres. Obstínese en creer que el mañana será siempre más negro, más desdichado y más incierto que su presente y su pasado juntos. En pocas palabras, desconfíe del futuro. Y tiene usted, por lo demás, una razón de peso para esta desconfianza: ¿no es verdad que, como dicen los filósofos, el futuro es sin lugar a dudas el tiempo de nuestra muerte? Hoy no estamos muertos todavía, pero en el futuro lo estaremos. Esta recomendación podrá sonar un tanto cínica, pero más vale llamar a las cosas por su nombre, ya que sin esta desconfianza fundamental sería inútil pasar a la

Regla número cuatro. Postergue toda decisión, dedíquese a auscultarse a usted mismo y pase la mayor parte del día abismado en la contemplación de las horas maravillosas que han quedo atrás y que, ¡ay!, como las golondrinas de Bécquer, no volverán.

En esos libros de autoayuda que hoy abundan leerá usted que es imprescindible vivir el presente.

¡No les haga caso! Usted está llamado a vivir en el pasado como un ratón en su rincón. Dígaselo una vez, repítaselo mil veces:

Como un ratón en su rincón (¿verdad que es fácil recordarlo?). Y, además, convénzase: usted ya no vive, sino que vivió. Ya nada le queda por ver, por conocer, por amar. Lo bello ya fue; lo hermoso ya pasó; las personas más atractivas e interesantes se han ido de este mundo para siempre y nadie volverá a verlas jamás.

Si logra usted interiorizar estos pensamientos verdaderos, alégrese (alégrese tristemente, queremos decir), pues conseguirá lo que quiere: la amargura como talante fundamental de la existencia.

Por último, si el método le funciona (que le funcionará, tenga usted plena seguridad de ello), no deje, por favor, de recomendarlo a sus amistades.

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#4 Tiempos

El derecho a una muerte digna | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

Hace algunos meses, en mi clase de Filosofía del Derecho, el profesor nos introdujo a la discusión de las maneras de entender al derecho desde las perspectivas individualista y comunitarista. Nos comentó que la perspectiva individualista encuentra su origen en el liberalismo, enfocado en maximizar los beneficios individuales; en el modelo liberal, las personas entienden su relación con los demás desde una visión de derechos y no de deberes. El individualista cree que es lo suficientemente autónomo como para desarrollarse por sí mismo, incluso al margen de la comunidad.

En contraste, el modelo comunitarista parte de la premisa de que existe un fuerte vínculo entre la persona y la comunidad a la que pertenece, pues este vínculo constituye la identidad misma de la persona. Desde la óptica comunitarista, el individuo se pone al servicio de la historia, tradición e identidad de su comunidad, pues es de ella de donde ha tomado los elementos para construirse a sí mismo; la comunidad es el lugar en donde habrá de desarrollar su plan de vida.

Vale la pena advertir que, lejos de cualquier connotación positiva o negativa que pueda tener cualquiera de estos dos conceptos, finalmente se trata de perspectivas sin que una sea mejor que la otra.

Comprendiendo que todo se entiende mejor con ejemplos, el profesor decidió tocar el tema del suicidio para que la diferencia entre comunitarismo e individualismo quedara más clara. Luego de que algunas personas del grupo dimos nuestra opinión, llegamos al consenso general de que todas las personas tenemos derecho a disponer de nuestra vida sin la necesidad de rendirle cuentas ni explicaciones a nadie; es una decisión tomada desde la intimidad y desde la profundidad de una esfera de libertad que nadie tiene derecho a moldear por nosotros. En efecto, el salón de clases parecía estar conformado en su totalidad por un montón de individualistas.

Para enriquecer el debate, el profesor lanzó al aire una afirmación provocadora: “voy a convencerlos de que no son tan liberales como ustedes creen ser”, dijo. El profesor comenzó preguntándonos por qué vestimos de la manera en que vestimos; por qué comemos la comida que comemos; por qué portamos cierto corte de cabello. Evidentemente, el factor común de nuestras respuestas era que todo lo hemos adquirido de alguien más: tomamos dicho estilo de ropa de alguien; alguien nos introdujo al gusto de cierto tipo de comida; alguien utiliza cierto estilo en el cabello y nosotros lo tomamos para nuestra persona.

El argumento era el siguiente: el individuo no es nada sin su comunidad; todo lo que es, todo lo que tiene y todo lo que sabe le fue dado por las personas que le rodean y que conforman su comunidad; sin su comunidad no se tendría a sí mismo. Por lo tanto, según los comunitaristas, uno no es el dueño único de sí mismo, sino que pertenece a la comunidad: en ella cumple una función irremplazable y solo en ella puede desarrollarse y desarrollar al otro; uno no puede salir de la comunidad así porque sí.

Ciertamente, el profesor logró su verdadero cometido: no el de convencernos de que realmente somos comunitaristas y no individualistas, sino que muy exitosamente plantó en nosotros una duda y una irrenunciable reflexión. Dichas reflexiones transformaron la manera en la que entiendo mi relación con las demás personas que conforman mi círculo, mi relación con mi comunidad.

Quizás fue de tal magnitud el cuestionamiento a mis creencias personales por el acercamiento previo que había tenido con el tema del suicidio. En algún momento de mi pubertad, mi papá se acercó a preguntarme en total confianza si alguna vez había tenido pensamientos suicidas, “normales en el momento de la vida que estás atravesando”, dijo. Respondí que nunca los había tenido, a lo cual él contestó con un consejo que nunca olvidaré. Me aconsejó sobre ciertas técnicas para que, en caso de que algún día decidiera suicidarme, pudiera yo hacerlo con éxito y no quedar vivo en alguna condición indeseable. Le agradecí por el consejo y después el día continuó como si nada. Definitivamente me pareció algo extraño haber tenido esa conversación con él; sin embargo, luego comprendí que se trató de un acto de amor y de franqueza paternal, que además forjó la manera en que —trato— entiendo y me enfrento a la vida: con libertad, sin tabúes y sin el deber de dar explicaciones sobre mi esfera privada.

Ante ambas experiencias —la plática con mi padre y la clase con el profesor— concluí que, al menos desde mi punto de vista muy personal, no se puede ser ni tan individualista ni tan comunitarista: las decisiones importantes que uno toma en la vida normalmente flotan entre zonas grises, lejanas de las concepciones absolutas.

El pasado domingo 10 de octubre, la señora Martha Sepúlveda de 51 años, tenía una cita a las 7 de la mañana en el Instituto Colombiano del Dolor —una institución privada prestadora de servicios de salud— para poner fin a su vida mediante un procedimiento médico.

Luego de un complejo litigio, Martha consiguió una sentencia de la Corte Constitucional Colombiana que reconoce su derecho a terminar de manera digna con su vida, aun cuando su condición médica no es terminal todavía. Este precedente es de gran relevancia para la ampliación del derecho a una muerte digna en Colombia, el cual es legal desde 1997 para personas que se encuentran en la etapa terminal de alguna enfermedad mortal. Ahora, este derecho está reconocido para personas que padecen de algún un intenso sufrimiento físico o psíquico, a causa de una lesión o enfermedad incurable.

Martha padece esclerosis lateral amiotrófica desde hace tres años y, si bien no es posible determinar que se encuentra en una etapa terminal, los dolores cada vez son menos soportables y cada vez batalla más para mover sus extremidades. Luego de reflexionarlo en compañía de su familia, Martha decidió que lo mejor para ella es terminar con su vida a través de la eutanasia, decisión que la tiene feliz, riendo e incluso durmiendo con mayor tranquilidad. Su hijo ha reconocido que, naturalmente, le será difícil lidiar con la pérdida de su madre; sin embargo, también está convencido de que apoyar su decisión es la mejor manera que él tiene para demostrarle su amor.

Horas antes de que iniciara el procedimiento, el Comité Médico del Instituto Colombiano del Dolor informó en un comunicado que el Comité Científico Interdisciplinario para el Derecho a Morir determinó de manera unánime cancelar el procedimiento de Martha, ya que su condición no es terminal. Evidentemente, esta determinación es una violación flagrante y directa al derecho que la Corte Constitucional reconoció a Martha. El Comité argumenta que la Corte no les notificó los efectos de la sentencia, por lo que, mientras ello no suceda, no están obligados a los efectos jurídicos derivados del fallo. La decisión del Comité, entonces, se ha sumado a los cientos de comunicados emitidos y manifestaciones convocadas por la iglesia, alegando que se trata de una “propaganda de la eutanasia” que “no puede ser la respuesta terapéutica al dolor”, ya que “no resulta compatible con nuestra interpretación de la dignidad de la vida humana”.

La Corte Constitucional ha salido a informar que los efectos de la sentencia son obligatorios un día después de su emisión, independientemente de que se hayan notificado o no. Por lo tanto, el procedimiento de muerte digna se le tendría que estar aplicando a Martha en el futuro cercano.

En México, nuestros altos tribunales no han reconocido el derecho a una muerte digna de la manera en que está reglamentada en Colombia, ni tampoco nuestros legisladores han tenido dicha discusión en la agenda. Lo más parecido que tenemos en nuestro ordenamiento es la Ley de Voluntad Anticipada, regulada solo en 14 estados de la República; sin embargo, sus efectos están acotados a la voluntad que expresa una persona de ser sometida o no a tratamientos médicos que pretendan prolongar su vida cuando se encuentre en etapa terminal. Es decir, los médicos solo pueden dejar de aplicar ciertos tratamientos, pero en ningún caso pueden aplicar un procedimiento que termine con la vida de alguien.

La discusión impulsada por el asunto de Martha sin duda representa una buena oportunidad para promover este tema en el ámbito nacional y tutelar jurídicamente la voluntad de las personas que, desde su más íntima esfera de libertad, eligen las condiciones y el momento de su muerte. De continuar con la insuficiente regulación que tenemos el día de hoy, las personas que así lo decidan seguirán terminando con su vida al margen de la ley y sumando al estigma social que suele perseguir a los familiares. Esta eventual discusión necesariamente tendrá que llevarse a cabo respetando de manera íntegra la laicidad del Estado y ubicando en el centro del debate a la dignidad de las personas, así como el derecho de decidir sobre sus cuerpos.

El debate entre individualistas y comunitaristas sin duda nos da claridad sobre cómo entender el derecho a una muerte digna. Por parte de la perspectiva individualista, es posible considerar que decidir en qué condiciones morir se trata de un derecho concebido desde una perspectiva que pone en el centro a la autonomía individual, que entiende su relación con las otras personas desde una perspectiva de libertades y no de deberes. En principio podría parecer que, entonces, se trata de un derecho eminentemente individualista. Sin embargo, al estudiarlo a la luz del punto de vista comunitarita, podríamos concluir que estamos frente a un derecho que a la comunidad le interesa respetar y tutelar, dado que siempre estará en el mejor interés de la comunidad asegurar el bienestar de todos y todas sus integrantes. Ahora bien, como cualquier decisión importante que tomamos en la vida, generalmente la respuesta se encuentra en una zona gris, escondida entre los absolutos. Vale la pena, entonces, retomar la discusión sobre el derecho a decidir cómo morir, sin tabúes y con cabal respeto a la autonomía personal.

Lee también: Instrucciones para notificar a una senadora | Columna de Víctor Meade C.

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#4 Tiempos

El potosino que sentó las bases para el Premio Nobel de Medicina 2021 | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

A mediados del siglo XX en el laboratorio del médico potosino Dr. Efrén del Pozo, uno de sus alumnos llevaba a cabo un experimento que fuera pionero a nivel mundial, y que ahora en estos días ha sido revivido pues las bases de ese experimento son hoy las aportaciones que a David Julius, profesor de la Universidad de California en San Francisco le sirvieron para ganar junto a Ardem Patapoutian profesor e investigador del Departamento de Neurociencia del Scripps Research Institute de California el Premio Nobel de Medicina de 2021.

El alumno de Efrén del Pozo aludido es José Negrete Martínez de quien ya hemos tratado en esta columna (ver el padre de la inteligencia artificial en México).

El Premio Nobel de Medicina se otorgó a David Julius y Ardem Patapoutian por sus descubrimientos de los receptores de la temperatura y el tacto, “Nuestra capacidad para sentir el calor, el frío y el tacto es esencial para la supervivencia y sustenta nuestra interacción con el mundo que nos rodea», subraya el comunicado de prensa del Nobel. «En nuestra vida diaria damos por sentadas estas sensaciones, pero ¿Cómo se inician los impulsos nerviosos para que se puedan percibir la temperatura y la presión?», añade.

En particular David Julius utilizó capsaicina proveniente del chile, que induce una sensación de ardor, para identificar un sensor en las terminaciones nerviosas de la piel. Este sensor investigado por Julius responde al calor.

Esta aportación de cierta forma había sido realizada por José Negrete y Efrén del Pozo en México, cuando en el Laboratorio de Enfermedades Tropicales que dirigía el Dr. Del Pozo, algunos de sus alumnos probaban los efectos anestésicos de algunas raíces que se masticaban para calmar el dolor de muelas. Mientras José Negrete experimentaba si se podía producir un vaciamiento, sin estimulo nervioso, del mediador químico de las terminaciones de los nervios por la aplicación de la sustancia picante del Chile, la capsicina.

Para aquel entonces ya se sabía que los mediadores químicos de los nervios se almacenaban en las ultramicroscópicas vesículas de las terminaciones nerviosas, vesículas que estaban listas para vaciar su contenido de mediador químico si se estimulaba su nervio. Negrete y del Pozo habían observado que ratas inyectadas localmente, en la cola, con capsicina, perdían la sensibilidad dolorosa para estímulos térmicos cutáneos. Observaron también la contradicción que sucedía cuando por error la capcicina pasaba a la sangre y entonces las ratas se “enchilalban” de la lengua. Estudiaron los pequeños brotes eléctricos (potenciales miniatura) de las terminaciones nerviosas del músculo (manifestaciones eléctricas de la liberación de un quanta vesicular de mediador y para su sorpresa con la droga se producía una avalancha de tales potenciales miniatura.

Ahora estos resultados se reproducen por David Julius y con aportaciones actualizadas sobre el estudio de células sensibles a la presión para descubrir una nueva clase de sensores a estímulos mecánicos en la piel y los órganos internos y entender a cabalidad cómo se inician los impulsos nerviosos para que se puedan percibir la temperatura y la presión. Aportaciones que se hicieron merecedoras para el Premio Nobel de Medicina 2021.

Lo anterior refleja la calidad de los estudios de estos investigadores mexicanos, pilares de la ciencia mexicana y de lo cual los potosinos debemos sentirnos orgullosos del trabajo y trayectoria del potosino Efrén Carlos del Pozo.

El Dr. Efrén del Pozo ilustre científico y humanista nació un 11 de septiembre de 1907, en San Luis Potosí, ciudad a la que siempre estuvo ligado a pesar de haber seguido otros derroteros. Falleció en mayo de 1979.

Estudió y se graduó de bachiller en ciencias en la UASLP de la que fue secretario general siendo estudiante. Estudió los dos primeros años de medicina en la universidad potosina y prosiguió sus estudios en la ciudad de México.

Ya formado como prestigiado investigador en fisiología, participó como profesor visitante de fisiología humana en la UASLP, en 1956 y 1957.

El Dr. Del Pozo tiene uno de los currículos más importantes de los científicos mexicanos.

Como profesor introdujo el método científico en la enseñanza de la medicina y ofreció una libertad absoluta a sus discípulos para que estos desarrollaran sus propias hipótesis de trabajo en el laboratorio, como el experimento realizado por José Negrete, precursor de los resultados galardonados con el Nobel de Medicina.

También lee: Aportaciones potosinas a la predicción de temblores de tierra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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#4 Tiempos

Efraín, planificador urbano … profeta de otros confines I/II | Jorge Ramírez Pardo

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Conozco a Efraín Medrano desde que éramos estudiantes, y siempre admiré su vocación de atender los problemas del crecimiento urbano como problemas de un ser vivo.
Gabriel Zaid

La madrugada de ayer jueves, falleció Efraín Medrano Gutiérrez, connotado arquitecto y urbanista de origen potosino.

El urbanista Medrano, como beneficiario de una beca,obtuvo licenciatura en Arquitectura por el Instituto Tecnológico de Monterrey, campus Monterrey. Luego curso Maestría en Planificación urbano-regional por el Instituto Tecnológico de Illinois en Chicago.

Participó en diversos proyectos nacionales y estatales de planificación urbana, y de arquitectura. Entre ellos sobresalen:

• Año 1962.- Tesis de posgrado sobre Replanificación urbana para San Luis Potosí (genuina premonición, cuando la capital potosina tenía 250 mil habitantes, él planteó medidas para prevenir el ecocidio urbano ahora presente y del cual hay testimonios en la segunda entrega de este texto).

• 1965.- Dos encuentros y un viaje por Sudamérica. Consideración predominante La poesía como fundamento urbano.

• 1970.- Desarrollo interurbano Cuautitlán-Izcalli. Planear una nueva ciudad.

• 1973-1978.- Estrategia organizativa de conjuros de Infonavit.

• 1974-78.- Lineamientos a corto plazo para Manzanillo

• 1976-1978.- Plan de desarrollo urbano de Ciudad Juárez

• 1979-1981.- Realización del Plan de Desarrollo Urbano para el Distrito Federal

• 1996-1997.- Plan de desarrollo turístico para MayaKobá. Consideración plena de la naturaleza.

• 2007-2009.- Geópolis. Vivienda como hábitat integral. Consideración primordial del Factor humano.

• 1963-2009.- Experiencia docente. Formar alumnos como profesionales y ciudadanos. Arquitectura comprometida con la ciudad.

• En la capital potosina colaboró hasta el pasado reciente en el IMPLAN.

Para la capital potosina y otros municipios de la entidad, en distintos momentos hizo recomendaciones urbanísticas visionarias, la mayoría desatendidas:

Desde los pasados años cincuentas, cuando era rector de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí el Dr. en medicina Manuel Nava Martínez (hermano de Salvador), propuso un campus universitario en los terrenos de la Tenería, luego ocupados por el Parque Tangamanga uno.

Durante varios gobiernos estatales, particularmente el sexenio de Marcelo de los Santos, y las presidencias capitalinas de Victoria Labastida y Ricardo Gallardo Juárez, fue puntual en señalar errores, ya para entonces ancestrales de planificación urbana (o carencia de ella) que fueron desoídos y tienen que ver de manera subrayada con aspectos hidráulicos, particularmente el trastorno del flujo del agua que ahora recarga en mínima parte los mantos freáticos y, entre varias anomalías, provoca inundaciones, ha secado pozos y genera hundimientos.

Hoy toca despedir al hombre ejemplar y congruente, a decir de quienes los conocieron y admiraron. En la entrega de mañana se abordarán sus propuestas y particularidades de la problemática agudizada a causa del arrumbamiento de sus propuestas de planificación urbana por corrupción e intereses edificadores, que no edificantes, empalmados y aplastantes.

MAÑANA: EFRAÍN, PROFETA DE OTROS CONFINES…, DESOIDO AQUÍ”(II/II)

Foto: Efraín prospectivo, soledad postrera.

EL PÁLIDO ADIÓS

Siempre es ingrato despedir a un hombre de talento y con gran calidad humanitaria, pero más duele y hasta ofende el punto depauperado (recién desempleado) y en el semi-olvido como llegó al final de su tránsito.

Si se busca en Internet, el urbanista es una suerte de fantasma porque su presencia en esos sitios tan sobrados de información es apenas elemental. Si acaso una nota de boletín y fotos ídem, publicada en marzo de 2017, cuando entre numerosos reconocidos, ausentes y vivos, recibió, por ser integrante fundador del Colegio de Arquitectos de San Luis Potosí, un diploma del gobernador en turno Juan Manuel Carreras, en presencia el presidente de la Federación del Colegios de Arquitectos de la República Mexicana, José Luis Cortés Delgado y la titular del colegiado local Patricia Rodríguez Álvarez.

En la selva mediática también aparece arrinconado un cartel de la Universidad Iberoamericana de 2015, cuando “en reconocimiento a su trayectoria” el Departamento de Arquitectura de esa institución le otorgó el Premio Gallo 2014.

Y más… nada.

Ayer su ataúd, estuvo unas horas con tan sólo dos visitantes, antes de partir a la cremación.

El escribano de estas líneas, indagó entre arquitectos, ex directivos del colegiado del gremio y profesores de la Facultad del Hábitat y pocos lo conocen.

Empero, Juan Manuel Delgado, maestro jubilado del Hábitat, y realizador de cine documental, quien además veló la parte terminal de sus padecimientos y deceso, le siguió la huella durante años y es quien proporciona información gráfica y documental para esta nota que llega a su término.

Comenta además Delgado que tenía una oficina en Cuernavaca, pero radicaba actualmente en la capital potosina; era –agrega- un hombre reacio a los reflectores y el glamour. Ello explica, acaso, la situación depauperada de su última etapa, y aún no aparecen probables patrocinadores de sus exequias.

DESEMPOLVAR EL OLVIDO

Luego de numerosas búsquedas, el escribano dio con un arquitecto potosino destacado, quien pide omitir su nombre (“él debe figurar”), y se asume como beneficiario de haber tenido como mentor a Efraín Medrano y recibir de él orientación y vínculos cabales para forjar su propia trayectoria. Dice que Medrano le apostaba a “las cosas vivas, modernas, con particular atención a lo personal y humano…, maestros de muchísimas generaciones, pero no dio clases en San Luis Potosí. Él proyectaba ciudades para la empresa GEO en distintos estados del país, y planificó desarrollos urbanos macros en el Estado de México…, entre ellos el conjunto Cuautitlán-Izcalli”. El informante agrega que en fechas recientes el arquitecto Medrano era asesor de IMPLAN en San Luis Potosí, pero, con el cambio de gobierno no fue ratificado en su empleo.

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Opinión