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Un clásico de la 57 sin violencia | Columna de Andrea Lárraga

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La jornada 7 del fútbol mexicana trajo consigo el llamado “Clásico de la 57”, Atlético de San Luis y Club Querétaro disputarían más que tres puntos. Una rivalidad que con cada encuentro se fortalece y parece estar lejos de desaparecer. El anterior encuentro había terminado en un estadio de futbol vetado, un par de lesionados y la desaprobación de la población por los aficionados del equipo local. Y no es de sorprender que miles de potosinos y queretanos expresarán por su reprobación por las barras. Seguidores que creen que la fidelidad por unos colores se mide en cuan dispuesto estás de agredir al otro, sin capacidad crítica para comprender que el fútbol es entretenimiento y por más rivalidad existente, sólo un juego. Razón por la cual la venta de boletos se limitó. En principio, se vendía la entrada al encuentro en paquete con los partidos del Gallos frente al Chivas y al Atlas. Restringiendo a muchos potosinos que deseaban ver a su equipo, pero que no tenían la intención de pagar por ver a los tapatíos. En cambio, la afición queretana no respondió de la manera esperada, quizá por el miedo infundido en redes sociales donde se esperaba una jornada violenta en La Corregidora.

Pero el fútbol es un negocio, y uno muy rentable, la directiva de los Gallos no podía quedarse sin ingresar espectadores en el juego del domingo por la tarde. Sin público no hay venta de cervezas, comida y demás producto que pagan la lujosa vida de los involucrados en el balompié. Se decidió vender boletos individuales para el juego con la única condición que demostrarás ser un verdadero gallo: comprobante de vivir en el estado y un jersey del equipo. Sin problemas conseguí la playera y por ende los boletos. A la directiva se le olvidó que en Querétaro viven todos menos los queretanos. Una ciudad que cada año recibe 300 mil habitantes debería tener entre sus lugareños cientos de potosinos que cambiaron su dirección a 200 km al sur. Pues el día del encuentro en las tribunas nos encontrábamos decenas de potosinos, camuflajeados entre el plumaje azul, pues el miedo de llevar los colores del Atlético de San Luis y ser blanco fácil para los queretanos era mayor. Miedo que se fue diluyendo como pasaban los minutos. El gol de Nico Ibañez fue un pase de lista para todos los potosinos que gritamos Gol en las gradas.

Aunque el partido se tornó aburrido, el juego de Memo Vázquez se parecía cada vez más al del Tuca Ferretti como avanzaba el reloj. Provocando la ansiedad de la afición potosina, ya que en cualquier momento el equipo local podía empatar o los gallofans podían tornarse violentos al no aceptar una derrota. La fragmentada barra del San Luis que logró pasar los retenes y filtros de seguridad se comportó, pero aun así los locales no quisieron tomar riesgos, fue escoltada minutos antes que el partido terminará. Los queretanos no quería exponer su estadio y su negocio. Cientos de policías resguardaron el estadio. La salida no presentó ningún disturbio. No fue necesario soltar los perros, los gallos estuvieron en su corral, y los pseudo aficionados potosinos en su hogar. El ADSL ganó, pero el Club Querétaro dio una cátedra de cómo se deben de llevar a cabo los partidos de alto riesgo. Permitiendo disfrutar a cientos de familias una buena tarde de fútbol.

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