octubre 13, 2026

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#4 Tiempos

Un año malo | Columna de Juan Jesús Priego

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Este año ha sido malo, dice el periódico de ayer, porque de los tantos y tantos empleos que era necesario crear, sólo pudimos generar tantos y cuantos, que son insuficientes, etcétera.

Nuestros gobernantes ven en la creación de empleos la panacea última, el remedio a todos los males del planeta. Dijo hace poco uno de nuestros políticos mientras ponía una cara muy risueña a la cámara que lo enfocaba: «¡Este año, 10 000 nuevos puestos de trabajo!». Parecía sumido en una especie de arrobamiento místico: la Santa Teresa de Bernini no hubiera podido mostrarse menos extasiada en comparación con este hipócrita optimista. Y bien, sí, hay que alegrarnos con él, pero antes sería necesario saber si las cifras corresponden a la realidad y, sobre todo, si se trata de empleos dignos de este nombre. Porque no basta con tener trabajo. A lo que sabemos, los esclavos de la vieja Roma también lo tenían –y mucho-, aunque no por eso dejaban de ser lo que eran.

Alegrarse porque en el transcurso de un año la solicitud de 10 000 trabajadores ha sido aceptada en las diversas oficinas, fábricas y establecimientos de nuestro país me parece que equivale a festejar antes de tiempo. Porque, ¿qué pasará después? ¿Cuánto ganará este hombre que, al menos en apariencia, ha sido agraciado por la fortuna? ¿Dos mil pesos al mes, dos mil quinientos o, a lo mucho, tres mil? ¿Y qué hará este pobre individuo para arreglárselas con esa exigua suma, si ya sabemos que no le alcanzará?

Querer que todos los ciudadanos trabajen es, sin duda, un buen deseo. Pero no hay que olvidar que en los países comunistas de hace unas décadas todos los ciudadanos trabajaban, aunque no por eso vivían con mayor comodidad. En realidad, más que trabajadores eran esclavos; esclavos no ya de poderes privados o de intereses particulares, sino del Estado, detentador indiscutible de eso que los sociólogos han dado en llamar el monopolio de la violencia legítima.

Ahora bien, un capitalismo animal como el nuestro, que hace a los hombres trabajar, y trabajar, y trabajar, pero dejando que vivan y mueran en la miseria, ¿no es una especie de comunismo disfrazado? ¿O no será más bien que el comunismo es el mismo capitalismo de siempre, sólo que visto al revés? Franz Werfel, el gran escritor austriaco, ya había notado que hay un lazo finísimo y secreto que hermanaba a ambas ideologías, y así escribió en uno de sus ensayos. en 1944: «A la luz de esta verdad, el comunismo aparece como el hijo natural, legitimado, del capitalismo. Aunque aún es un niño rebelde, va mostrando sus rasgos familiares de una manera cada vez más clara. En lugar de un gran número de empresarios, el Estado ruso es el único capitalista. Ya no se explota a una sola clase de esclavos asalariados: ahora el pueblo entero, sin excepción, está formado por esclavos asalariados». Y conste que Werfel no era economista, ni politólogo, sino poeta y escritor, aunque no de los menores. Un cómico italiano lo dijo mejor que nadie valiéndose de la paradoja y el humor: «¿Qué es el capitalismo? La explotación del hombre por el hombre. ¿Y el comunismo? Exactamente lo contrario».

En una novela de Kurt Vonnegut Jr. (1922-2007), el escritor norteamericano, hay un pasaje que sería en extremo gracioso si no fuera, al mismo tiempo, demasiado triste. Un shah venido de alguna parte visita una vez los Estados Unidos para ver cómo funcionan las cosas allí. El gobierno estadounidense, por supuesto, quiere agradar a este extraño hombre vestido de túnica y tocado con turbante, y comisiona a uno de sus hombres para que le dé un recorrido guiado. El shah mira con embeleso a través de los cristales de la limusina, y al ver a un grupo de hombres y mujeres trabajando en la calle, pregunta al oficial:

-«¿Quién es el dueño de estos esclavos que hemos visto hace poco?».

El funcionario americano apenas daba crédito a lo que estaba oyendo. ¿Cómo se atrevía a hablar de esclavitud en el país de la libertad?

-«Señor, aquí no hay esclavos –respondió molesto el oficial, cuyo nombre era Halyard-. Son ciudadanos empleados por el gobierno. Tienen los mismos derechos que los demás ciudadanos. ¡Libertad de palabra, libertad de culto, derecho al voto!».

El shah asintió con gravedad y siguió mirando por la ventanilla. El espectáculo, sin embargo, continuaba siendo el mismo: hombres y mujeres que trabajaban como hormigas; de pronto, exclamó:

-«¡Ah, takaru!», lo que en su lengua quería decir: «¡Oh, esclavos!». Pues no, que no, que no eran esclavos. ¿Cómo explicarle a ese pigmeo que la esclavitud no tenía cabida en Norteamérica? Halyard no sabía qué hacer, de modo que se limitó a corregir:

-«No, takaru no. Ciu-da-da-nos».

¡Con este hombre no había remedio! Sin embargo, llegados a cierto punto del trayecto, una carretilla entorpeció el paso de la limusina y el oficial, valiéndose de su alta investidura, gritó a los obreros vestidos de overol:

-«¡Quiten inmediatamente esa carretilla de mi camino!».

Los obreros obedecieron al instante. Y cuando la limusina reemprendió la marcha, el shah miró al funcionario con ojos sonrientes:

-«Takaru ciudadano, ciudadano takaru».

El shah, con todo su primitivismo, había descubierto el secreto: ser ciudadano no es lo contrario a ser esclavo, por lo menos en Occidente. No hay contradicción en los términos: se puede perfectamente ser ciudadano y al mismo tiempo esclavo; se puede ser esclavo y creerse (ingenuamente) ciudadano. ¿Quién ha dicho que una cosa excluya la otra? Quizá ambos términos se excluyeran en la antigua Grecia, pero hoy ya no. ¿Cuántos hombres y mujeres son esclavos a pesar de sus supuestas libertades y de su credencial para votar con fotografía? Esclavo ciudadano, ciudadano esclavo. ¡Nadie, hasta ahora, lo había dicho mejor que este hombre venido del desierto!

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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