#4 Tiempos
¿Todos contra todos? | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Culto Público, hijos de “entre tu y yo no hay nada personal”… Pues, ¿con qué pie se levantaron este año? ¿Por qué se siente el ambiente más tenso que cuerda de violín?
¿Por qué entre comunidades, instituciones, equipos y esferas de la vida pública potosina parecen estar todos contra todos?
No tengo las respuestas, aunque sí hipótesis.
La polarización que se asoma, y que se hizo sentir en estas primeras semanas de enero, responde incluso a un panorama internacional que se presenta en forma de decisiones unilaterales, de medidas estrictas, de amenazas veladas y del veloz acercamiento a un nuevo orden, poco tolerante e imperialista.
Primero como latinos y luego como mexicanos, estamos de frente y cerca a dos visiones de Occidente diametralmente opuestas en dos sociedades vecinas y simbióticas.
Hay un corto circuito en temas sociales, de migración y de seguridad. La fórmula química de la relación con Estados Unidos está desequilibrada y eso que aún falta para sentarse a negociar lo netamente comercial.
Equilibrar esa fórmula no será fácil, mucho menos ahora en que en el volar del calendario apenas nos iremos dando cuenta de los alcances y consecuencias de dichas medidas en la vida cotidiana de ambos países y de su balanza comercial.
Mientras tanto, en San Luis, que no es ajeno al mundo, se le abrieron varios frentes, casi todos relacionados a comunidades que de forma orgánica salieron al combate frente a los cambios.
Por ejemplo está el de la Universidad Autónoma, que anunció un cambio de modelo de examen de admisión para el siguiente periodo.
La Máxima Casa de Estudios, sorprendió a su comunidad y a los aspirantes a pertenecer a ella. ¿Cómo y por qué evaluar con una sola prueba general de admisión lo mismo a los que van a medicina que a ingeniería?
Los gritos retumbaron en la cantera del edificio central y hasta el cielo. Los opinadores, siempre respetados, no tardaron en manifestarse casi todos en contra de la nueva medida, sin contemplar un pequeño detalle, y es que aunque será igual para todos, en cada área se dará mayor valor a los reactivos propios de la carrera.
Digo, no es que a un joven que quiera entrar a veterinaria le haga mal saber de historia, sin embargo será calificado y se ponderará con mayor peso a sus respuestas en conocimientos básicos de biología y química, por ejemplo.
No obstante de la explicación y los argumentos de la UASLP, en redes sociales estalló una granada de todos aquellos que se sienten expertos efímeros de casi cualquier tema.
Hubo memes socarronamente equivocados y absurdos, pero al fin y al cabo memes. Las redes cumplieron su función de desahogo, de participación aparente en los temas públicos a través de la liturgia del comentario y de la comunión del like fácilmente ganado.
Ir con la corriente para parecer estar en contra de la corriente y conseguir auto-validación. Así son las redes.
Otro frente que abrió con el año fue el de las escuelas primaria Tipo y la secundaria que conocemos como la ETI.
El meollo del asunto fue que se anunció la construcción de la Universidad Nacional Rosario Castellanos en sus instalaciones.
Sin previo aviso, sin información, sin una estrategia de comunicación y socialización previa, ¿qué esperaba la autoridad?
Alumnos, maestros y padres de familia ya se veían desalojados, sin escuela y sin salidas cantando la de “que difícil se me hace continuar en este viaje sin saber a dónde voy en realidad…”
El proyecto sin embargo, no trata de afectar a nadie, ya sean 200 o 300 familias que acuden a las dos escuelas, ni se trata de poner trabas a una universidad, con bendición federal, que se calcula va a beneficiar a más de 6 mil estudiantes.
En los hechos, en parte por la contra ofensiva personal y los enlistados al ejército de redes rápidamente, la autoridad dio un paso para atrás, lo que se puede interpretar de dos formas: Que cedieron a la presión social o que, fueron empáticos con la comunidad asumiendo el costo de un retraso (seguramente no habrá Rosario Castellanos en agosto) antes de volver más difícil el asunto. Al día que hoy marca el almanaque, todos los estudiantes podrán terminar su ciclo escolar mientras el gobierno busca alternativas de sede para la Universidad que impulsa personalmente la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo.
Se me acaba el espacio, Culto Público, pero no quiero dejar de mencionar algunos frentes sociales que se dispararon a la par del año y a los que vale la pena no perder de vista.
Uno de ellos es la Universidad Politécnica, a la que de forma se le señaló por actos administrativos (una ex profesora que expuso disminución de sueldos así como inconsistencias en los planes de estudio y cobros a los estudiantes)
Y de fondo está su reestructura. La Politécnica dejó de recibir subsidios porque se terminaron los convenios. Su reto está en mantener y fortalecer a un equipo de catedráticos doctorados, ajustar costos, hacer eficientes los gastos y aumentar su matricula.
El tema no es menor si se le ve en un panorama amplio: Los aranceles ya firmados para febrero por parte de los Estados Unidos a los productos mexicanos mueven el tablero del sector automotriz y por lo tanto de las necesidades del Cluster local por parte de las universidades, no solo la Politécnica, que deberá poner sus números y sus prioridades en orden y rápido, sino para todas las demás que deben ver por su futuro (sigue por cierto en el ambiente la versión que el ITESM se retira de SLP)
En más de malestares sociales, no podemos dejar del lado el caso de Daniella Martell Orozco, que no aparece. El tiempo y las investigaciones corren, eso consta, lo que no fluyen son las respuestas y es innegable que mientras no exista un desenlace, cualquiera que sea, hay un malestar latente de los potosinos.
Por otro lado, los pecados menores que se hubieran evitado con un poco de profesionalismo, son los causados por la Secretaría de Finanzas al gobernador, que de tres dislates que llevan en el año, los tres han salido de la oficina de madero.
Tardaron en explicar y comparar la suma del control vehicular y avisar el pago de la tarjeta de circulación, lo que generó fricción con los contribuyentes. Luego salieron a dar un chequesote como “donativo” que se convirtió en “apoyo” que se convirtió en “crédito”. Nadie se la creyó a la secretaría Ariana García.
Finalmente salieron tardísimo a explicar el nuevo formato de la tarjeta de circulación de papel (pero plastificada) que se estará entregando a los propietarios de vehículos.
¿Qué necesidad de hacer infiernitos con cerillos?
En la licuadora del tema mediático, todos andan contra todos. Y sí, hasta medios contra medios. Legítima, justa o injustamente se están cobrando facturas del pasado. Es lo que diré al respecto.
En lo político sin novedad. El 27 y sus protagonistas visibles no tienen a la vista un “alto al fuego”. Hablando de eso por cierto, ¿Ya saben dónde despacha Juan Ramiro Robledo en estas fechas? Se las dejo de tarea.
BEMOLES
BERRINCHUDO
El alcalde de Rioverde está enojado así que si lo ven, vayan con cautela. Arnulfo Urbiola dicen que no lo alegra ni un chapuzón en los Antiojitos ni meter los pies a un canalito. El motivo es que los regidores de oposición no le autorizaron una solicitud de crédito, por la sencilla razón que su tesorera así lo estipuló en la ley de ingresos. Rioverde no podrá pedir créditos quirografarios ni de ningún tipo al menos este año y ni modo. Una forma de sacar su coraje fue quitándole el sueldo a los regidores que votaron en contra del endeudamiento. Ni aguinaldo ni quincenas para los que no estén del lado del alcalde. Tsssss que fuerte. El próximo año Arnulfo tendrá que poner mayor atención en las políticas de operación financiera que manda su tesorera. Ahorita los de Rioverde andan cante y cante aquella de “Caray, sin sin dinero, caray sin mi y sin nada”…como dice la canción.
Hasta la próxima hijos de mi alma musical.
Atentamente,
Jorge Saldaña
#4 Tiempos
Los quehaceres de la providencia | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Por: Juan Jesús Priego
¿Ve usted, estimado señor, esta carpeta abultada? ¿La ve? Pues bien, déjeme decirle que contiene un manuscrito que he ofrecido ya, si las cuentas no me fallan, a una veintena de editoriales. He aquí lo triste, sin embargo: que, hasta ahora, todas me lo han rechazado o me han pedido tiempo para pensarlo mejor.
«Olvídelo, tenemos mucho trabajo», me han dicho unas. «Su obra es realmente prodigiosa y llena de interés, y no dudamos que hasta revolucionará el saber en más de un campo, pero por ahora no podemos publicársela», me han dicho otras. Y las demás ni siquiera se han tomado el trabajo de responderme. De modo que aquí me tiene usted, con mi eterna carpeta amarilla bajo el brazo.
¿Me creerá usted si le digo que ha habido días en que he decidido ponerme en huelga de brazos caídos y dejar de escribir? ¿Para qué seguir haciéndolo, estimado señor, para qué? En esos días de los que le hablo veo todo con tanta amargura que hasta el mismo sol me parece negro. ¿Es menester tomarse en serio un trabajo que a nadie le importa, salvo a este pobre servidor de usted?
Una casa, por ejemplo, es esperada por quienes la mandaron construir, y mientras ésta va levantándose poco a poco, el arquitecto es animado a seguir adelante y a no desfallecer; lo mismo le sucede al médico y al industrial; pero, dígame, ¿quién echa de menos un libro que aún no ha sido escrito? Entonces tomo al respecto serias resoluciones, diciéndome a mí mismo: «¡Ya no más! ¡Ya no más!».
Y arrojo la pluma al cesto de la basura y estrujo con ira el pedazo de papel. Pero al día siguiente todo vuelve a comenzar, como si en realidad nada hubiese sucedido la tarde anterior. Por si quiere usted saberlo, con la escritura no hay manera.
Escribir, ¿para qué escribir? He aquí, como se dice, la pregunta de los sesenta y cuatro mil. Sin embargo, hoy he cambiado de parecer; hoy mis hombros están mucho más relajados y casi diría que la vida me parece hermosa. ¿Y sabe usted por qué?
Porque he leído una carta que ha provocado en mí una especie de giro copernicano, si me permite hablar de este modo. ¿Cree usted, acaso, que se trata de la carta de un editor en la que me anuncia que mi manuscrito ha sido por fin aceptado? ¡Nada de eso! A la que me refiero es a una carta que Hermann Hesse escribió a una amiga suya en 1928. ¡Ya lo ve usted, hace mucho tiempo!
Y, no obstante eso, vea lo que este genio dice allí a su lejana corresponsal: «Querida amiga: ¿de modo que está vagando de nuevo por esas regiones de Salerno y Nápoles y de momento se ha tomado un descanso en Positano? Hay allí muchos alemanes y para usted este hecho debe tener evidentemente la ventaja de la comunicación verbal. Sin embargo, creo que podría entenderse y convivir mucho mejor con las criaturas meridionales, con los pescadores y los viñadores, que con esos artistas e intelectuales que…».
¿Me pregunta usted qué tiene que ver esto con lo que le decía hace un momento? Nada, es verdad; se trata, por ahora, de un mero preámbulo. Pero escuche lo que sigue: «Sí, y si deposita sus cartas en esos viejos y oxidados buzones, colocados entre las piedras, y luego se entera de que desde hace años y años ya no son usados ni vaciados y que desde tiempos inmemoriales no existen llaves para abrirlos, no se afane, querida amiga que, dentro de algunos decenios, encontrarán sus cartas y las exhumarán como a las ruinas de Pompeya.
Volarán como mariposas, liberadas de la crisálida, y algún profesor interesado en realizar una compilación y un editor se harán famosos y adquirirán fortuna a través de estas cartas. Muy pronto, todos serán de la opinión unánime de que a partir de Bettina Brentano jamás fueron escritas cartas semejantes».
¡Éste es el párrafo que finalmente me ha abierto los ojos, estimado señor!
Después de leerlo, me he dicho a mí mismo: «Amigo, tú preocúpate en escribir tus cartas, es decir, en hacer lo que te toca; haz lo que sabes que es tu deber y luego deja lo demás a la suerte, o, mejor, a los quehaceres de la Providencia.
Dios sabrá cuándo es necesario que tus escritos sean conocidos, si es que alguna vez es necesario que lo sean; acaso hoy no serían comprendidos ni mucho menos apreciados. Escribe; no dejes de hacerlo, pues eso y sólo eso es lo que depende de ti, que lo demás ya no te toca».
¿No es consolador este pensamiento, señor? ¡Sí que lo es! Uno hace lo suyo, y lo hace lo mejor que puede; pero lo que no puede, es decir, lo que ya no depende de él, lo pone en las manos de Dios para que Él haga con la obra lo que quiera: para decirlo ya, un poco así como esas cartas que, ocultas en un buzón olvidado, alguien, algún día, rescatará.
«Recuerdo –sigue diciendo Hesse-, por ejemplo, a cierto Knut Hamsun, que es hoy un anciano y goza de fama universal; los editores y las redacciones lo tienen en muy alta estima y sus libros se han reeditado varias veces. Ese mismo Hamsun fue un desesperado sin patria y en la época en que escribió sus libros más bellos y tiernos, andaba descalzo y andrajoso, y cuando nosotros, jóvenes rapaces entonces, abogamos por él y lo defendimos con fanatismo, cosechamos la risa de los demás o no nos escucharon». ¡Ese Hamsun del que habla Hermann Hesse es el mismo que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1920, según tengo entendido!
Pero, ¿quién le hizo caso cuando era un joven escritor lleno de sueños? ¡El éxito, qué tarde llega siempre! Así que, a la luz de todo esto, permítame darle un consejo, señor; a usted que, como yo, no ve publicado casi nada de lo que escribe: nunca desespere, ni permita que se apoderen de su pobre corazón pensamientos descorazonadores.
Usted haga lo que sabe que tiene que hacer –o sea, escribir, echando sus cartas al buzón herrumbroso- y, de ser posible, hágalo con ardor, con pasión, con elegancia y majestad, y luego pase a otra cosa. Eche la botella al mar, para que Dios, más tarde, la haga llegar a la playa, que es su destino.
De este modo las cosas se tornan mucho más sencillas y usted se salva de la desesperación. ¿No ve cuán sencillo es? Hágalo y verá los resultados. O quizá no los vea, pero esto en realidad no importa…
Lee también: Candil de la calle | Columna de Juan Jesús Priego
#4 Tiempos
Hagamos cuentas | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Comienza el torneo de la Liga MX, un torneo previo a la Copa del Mundo es un torneo con reglas diferentes, este año la cosa es simple, solo los ocho mejores de la tabla general calificarán a la liguilla, lo cual reduce las posibilidades de jugar postemporada. Esta situación me hace pensar que San Luis tiene muy pocas chances de colarse entre esos equipos que pelearán por el título al final de la temporada regular.
Pero en fin, como cada inicio, hagamos el ejercicio de pronosticar los puntos que puede llegar a hacer el cuadro potosino, jornada tras jornada.
Jornada 1.- Tigres / derrota (0 puntos)
Jornada 2.- América / derrota (0 puntos)
Jornada 3.- Tijuana / empate (1 punto)
Jornada 4.- Chivas / empate (2 puntos)
Jornada 5.- Necaxa / empate (3 puntos)
Jornada 6.- Querétaro / victoria (6 puntos)
Jornada 7.- Atlas / empate (7 puntos)
Jornada 8.- Puebla / victoria (10 puntos)
Jornada 9.- Mazatlán / victoria (13 puntos)
Jornada 10.- Cruz Azul / derrota (13 puntos)
Jornada 11.- Pachuca / empate (14 puntos)
Jornada 12.- León / victoria (17 puntos)
Jornada 13.- Monterrey / derrota (17 puntos)
Jornada 14.- Toluca / derrota (17 puntos)
Jornada 15.- Pumas / empate (18 puntos)
Jornada 16.- Santos / victoria (21 puntos)
Jornada 17.- Bravos / derrota (21 puntos)
Según el presupuesto, 21 puntos tendrá San Luis al terminar la temporada regular , una suma que le daría para culminar la competencia aproximadamente en el lugar 10 del torneo, mismo que lo estaría dejando fuera de los puestos de liguilla.
Siendo realistas, la plantilla de San Luis es muy limitada, con buenos jugadores pero que no puede competir contra las grandes nóminas, es un plantel modesto con pocas incorporaciones y aunque en este torneo parece que tiene diferentes opciones, no aspira a grandes números para revertir por mucho lo sucedido en los torneos anteriores, el equipo humilde tiene que distinguirse por el trabajo y demostrar.
Será un torneo complicado para San Luis, desesperante para la afición y de largo aliento para la prensa y dirigencia del equipo, ojalá que la suerte los apoye y el presupuesto aquí dicho se quede corto, que se sumen más de 21 puntos y se aspire a una calificación, ojalá las cosas mejoren y sea el despertar de una reconciliación con la afición, saquemos la calculadora, el rosario y suframos el bendito futbol mexicano, que al fin, es lo que hay.
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#4 Tiempos
SLP no es grande… pero su problema de transporte sí | Columna de Ana G Silva
Corredor Humanitario
Ya no es molestia. Ya no es inconformidad. Es hartazgo puro.
Y no, no voy a buscar una palabra más bonita, porque no la hay para describir lo denigrante que resulta usar el transporte público en San Luis Potosí.
Los camiones potosinos son, sin exagerar, de los más caros del Bajío. Hoy el pasaje cuesta 12.50 pesos y, aun así, el servicio es lento, viejo, sucio, impredecible y profundamente irrespetuoso con el usuario.
En Guadalajara, una de las ciudades más importantes del país, el transporte cuesta 8 pesos. En Querétaro, sí, puede llegar a 12 pesos, pero ahí el transporte sí sirve: pasa seguido, es relativamente puntual y no te condena a perder media vida esperando.
Aquí no.
En San Luis Potosí hay personas que esperan 20, 40 minutos o hasta una hora para que pase un camión. Una hora. Solo para subir. Eso no es un “detalle operativo”. Eso es trato indigno.
Aquí mismo, los potosinos repiten que atravesar la ciudad en coche toma 15 o 20 minutos. Pero gracias a un sistema de transporte público miserable, ese mismo trayecto se convierte en una hora con veinte, de los cuales 60 minutos son solo de espera.
En la Ciudad de México, con tráfico brutal y distancias enormes, puedes tardar dos horas en un traslado, sí, pero no esperas. El metro, el pesero, la combi pasan cada 4 o 5 minutos. La ciudad será un caos, pero el transporte no te abandona.
Aquí el usuario espera como si pidiera limosna.
Y por si fuera poco, muchas rutas dejan de operar a las 8 de la noche. Entonces la pregunta es obligada: ¿qué diablos pasa con quienes salen a las 8, 9 o 10 de la noche de trabajar?
Antes, el transporte público funcionaba al menos hasta las 10:30 pm. Hoy ya no. ¿La solución? Que el usuario pague Uber o taxi. Y eso no es ocasional: Es diario, es de lunes a viernes, de lunes a sábado. Para quien gana el salario mínimo —o apenas un poco más— esto es un golpe directo a la cartera.
Y aun así, todavía se atreven… Margarito Terán, líder de los transportistas, dice que 12.50 pesos no les alcanza, que no les “presta” para dar un buen servicio y que necesitan subir el pasaje a 15 pesos (aunque de todos modos se la pelan, porque legalmente no pueden aumentar la tarifa más allá de lo que marca el Índice Nacional de Precios al Consumidor, INPC) .
Seamos serios. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes les ha señalado, año tras año, que circulan unidades con más de 10 años de antigüedad, algo que no debería permitirse en la zona metropolitana. Esto no empezó ayer. Pasó con Ricardo Gallardo, pasó con Juan Manuel Carreras y pasó antes.
Han sido omisos profesionales.
Prometen arreglar camiones. Prometen capacitar choferes. Prometen mejorar rutas. Y lo único constante es el mal servicio.
¿Quién no ha sufrido a un chofer grosero? ¿Quién no ha visto a uno hablando por teléfono, con la música a todo volumen, prepotente, echando carreritas con otro camión? ¿Quién no ha vivido eso de que se juntan dos unidades y una avanza a paso de tortuga, importándole poco o nada si el usuario lleva prisa?
Y luego está el clásico: acortar la ruta, aunque no sea su recorrido, porque “ya van tarde”. Y el usuario que se joda: se baja antes, camina, llega tarde, pierde tiempo y pierde dinero.
Eso no es transporte público. Eso es desprecio sistemático al usuario.
Por eso lo digo sin rodeos: si no pueden prestar un servicio digno, háganse a un lado.
Permitan que el Gobierno del Estado busque otra concesionaria que sí pueda, que sí quiera y que sí le alcance. Porque en otros estados ya quedó demostrado que con menos dinero se puede ofrecer un servicio muchísimo mejor.
Y ya ni siquiera es por el precio. Es por el tiempo robado, el maltrato, las unidades decrépitas, la falta total de respeto.
Basta de tratar al usuario como ciudadano de segunda.
Y ojalá —de verdad ojalá— que la secretaria Araceli Martínez Acosta se suba una semana, solo una, al transporte público para ir a trabajar. Que espere, que se desespere, que llegue tarde. A ver si así entiende la indignación diaria de miles de potosinos.
Porque el transporte público no es un favor. Es un derecho. Y en San Luis Potosí, hoy, ese derecho está secuestrado por la mediocridad.
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