noviembre 26, 2022

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#4 Tiempos

Susana y Angélica, ante el drama del despojo | Columna de Óscar Esquivel

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Susana y Angélica

Desafinando

 

Alguna de las veces es lícito, por evitar algún escándalo, suspender algunos preceptos del derecho natural, a pesar de que en forma general nos mandan cumplirlos, asumiendo que el derecho es lo justo: actuar con cordura ante la diversidad de las ideas es el camino para encontrar la igualdad entre los individuos y las sociedades en su conjunto. Ahora bien, cuando se desatan las formas primitivas de ejercer la justicia, algunos antepondrán la justicia que les asiste y lucharán por su derechos naturales de existir.

Angélica, una señorita de “buena familia“ de algún pueblo alejado de las grandes ciudades potosinas, donde la vida pasa sin prisa y a su ritmo, más lento que pausado, a sus escasos quince años le comunicó a su padre el deseo de convertirse a la vida religiosa. Como todo padre devoto, lo tomó por sorpresa, expresando asimismo su alegría, tendría en la familia a una religiosa de entre ocho hermanos.

Transcurrido el tiempo entre del convento, Angélica comenzó a estudiar para convertirse en maestra de física. Su deseo era enseñar la ciencia a jóvenes de escasos recursos. Parecía difícil entender esto por la formación conservadora dentro del convento.

Ella casi siempre se paraba más temprano para atender las labores propias del convento y después poder asistir a la Universidad. Ya casi a sus 23 años se graduó con la licenciatura de física, ya para entonces Angélica daba clase a alumnos de preparatoria. Con el título universitario continuó estudiando hasta lograr un ofrecimiento de maestra en la misma facultad de física de donde se recibió.

Concentrándose en estudios astronómicos, no sin la desaprobación de sus superioras del convento: la razón, su tiempo lo dedicaba más a la universidad que a sus deberes como religiosa. se fue formando en torno de ella un deseo de libertad. A los treinta años dejaría el convento para dedicarse a lo que tanto le gustaba: la astronomía.

Fue invitada por la UNAM a formar parte del equipo de astrofísica, ahí su vida tuvo un vuelco: conoció a Susana, seis años más grande que ella, de profesión química, con aspecto un poco desaliñada, poco arreglada en su persona. Angélica nunca tuvo novio, ni pretendientes, tal vez por su timidez y su pronta decisión de formar parte de la iglesia católica.

La amistad con Susana la fue llevando a tener grandes afectos, detalles, viajes de investigación, de placer. En fin, su convivencia fue tal que comenzó una amistad casi hermanable. En una ocasión Susana llegó al centro de trabajo y dentro de su bolso se escuchaba el ruido fino que ocasiona un llavero repleto de llaves. Metió la mano al bolso y sacó un llavero con una llave especial: una llave pintada roja, la que abriría la puerta de una casa que Susana habría comprado, Angélica se sorprendió y la felicitó por su adquisición. Susana la abrazó, la tomó por el hombro y la llevó fuera del laboratorio. Sonriendo, la invitó a que vivieran juntas. Sin pensarlo, Angélica dijo que ¡si! A partir de ese momento comenzaría una vida de convivencia.

El padre de Angélica, que ya había reprobado la salida de su hija del convento, ahora la acusaba de tener una relación lésbica con Susana. Su postura, como todo religioso y formado en una moral equívoca, y a pesar del amor a su hija, prohibió a la familia verla. Él mismo se retiró para nunca verla después. La intolerancia había triunfado.

El tiempo transcurrió… treinta años formando un patrimonio. Nunca tuvieron la posibilidad de volver a ver a sus familias, ellas lograron hacer una.

Un 30 de abril, día del niño, casualmente, Susana recibió una llamada que la sorprendió mucho. Era su media hermana, la menor que nunca mencionaba. Leticia, mujer joven, le decía que quería verla, Susana, sin rencores tras haber corrido la misma suerte que Angélica con su familia paterna, asistió con solo sí. Por la tarde Leticia apareció entre las calles donde estaba el hogar de Susana y Angélica. Las dos al verse, con un abrazo poco cálido se saludaron. Sin decir palabra se asomó una niña entre las piernas de su mamá y con sonrisa le dijo: “hola tía”. Era la hija de Leticia, de seis años de edad. Pareciera que cupido las hubiera flechado.

Durante la conversación, larga, después de tantos años de silencio, Leticia de la una noticia a su hermana: estaba invadida por el cáncer de mama. Ya había metástasis por todo el cuerpo y nada que hacer, pronto moriría. Así ocurrió a solo dos meses de la visita, Leticia moriría, no sin antes dejarle a su hija a cargo, prácticamente su única pariente. Susana y Angélica, por un destino que nunca se comprende, serían mamás.

Pasaron años después: Angélica y Susana, ya de 61 años y 70, respectivamente, se jubilaron de sus trabajos. La niña que estuvo por todo este tiempo se casó, la vida transcurrió como cualquier otra familia.

2018: Angélica enferma gravemente de pancreatitis. Tras días en el hospital, la enfermedad la consumió. No logró recuperarse y falleció, hecho trágico para Susana.

Como suele suceder, los hermanos de Angélica, los que quedaban vivos, en un falso arrepentimiento asistieron al funeral. Al concluir las exequias hablaron con Susana, solo para decirle que pelearían de manera legal los bienes de Angélica, los que habían formado juntas: una casa, los autos, una pequeña finca en el municipio de Aquismón, San Luis Potosí. Dicho y hecho, en dos días tenían a los abogados para iniciar un juicio testamentario, error de Susana de no haber hecho lo conducente para mantener su patrimonio para ella y para la hija de su hermana.

La familia de Angélica aún sigue con un juicio testamentario reclamando los bienes que a su juicio les corresponde, ¡nada más falso!.

Para fortuna de todos los potosinos, ya se aprobó la ley de matrimonios igualitarios en nuestro estado, a pesar de la resistencia casi fanática de los diputados conservadores y aquellos que votaron en contra de esta ley, desdeñando los principios ideológicos de sus partidos, bien por aquellos que están a la altura de un cambio en la manera de pensar, y que luchan por el bien común.

Un gran paso sin duda: justicia e igualdad para todos, es lo que hace falta en este mundo, respetarnos y vivir en armonía.

Nos saludamos pronto.

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#4 Tiempos

Jornada 1 | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO 

 

Se acabó la primera jornada del Mundial 2022. Cosas interesantes, sorpresas, pero sobre todo acciones a resaltar en esto que es la mejor época para los que amamos al futbol.

 

Interesante:

 

Como siempre las novedades en formas de juego o reglamentos: en esta ocasión la FIFA nos sorprende con el intento por generar verdaderos minutos de juego en cada partido. Se ha vuelto una constante que al final de cada tiempo se agreguen más de 6 minutos, incluso a veces, se ha llegado al límite de sobrepasar los 10 minutos de agregado. Creo que es necesaria una medida de este tipo, para intentar darle más espectáculo a los aficionados, pero también creo que el producto televisivo se ve muy afectado con la medida, por lo que parece que se quedará como una interesante anécdota de tiempos mundialistas.

 

Sorpresas:

 

Las personas ven algunos resultados como verdaderas sorpresas en este Mundial y en parte es cierto: muy pocas personas pensarían antes del mundial, que Arabia le quitaría lo invicto a la selección Argentina o que Japón volvería a poner contra las cuerdas a Alemania en un segundo mundial consecutivo (lo cual de concretarse, podría ser una eliminación temprana para los cuatro veces campeones). Pero creo que la verdadera sorpresa es la forma en que se prepararon los equipos para poder llegar a esos marcadores.

Estábamos acostumbrados a los partidos de preparación como un termómetro de lo que nos esperaría en el mundial, sin embargo, los equipos han entendido que esas épocas se han terminado, los partidos de preparación sirven para darle reflector a los jugadores, pero no para preparar partidos en competencia oficial, al menos no con selecciones.

 

Acciones a resaltar:

 

Cierto es hablar de los marcadores, pero lo que esta primera jornada nos ha regalado son destellos de gran brillo en cuanto a jugadas individuales o récords que se consiguen. Tenemos ahora a 8 jugadores que han llegado o podrían llegar a estar en 5 mundiales: Cristiano Ronaldo escribiendo su nombre como el único jugador que ha marcado gol en 5 copas; la selección de España que pudo llegar a 100 goles en la historia del torneo o los memorables goles como la joya de Richarlison con Brasil o el gol de Embolo con Suiza, anotándole a su país natal (Camerún) y no festejarlo.

En fin, muchas historias las que nos deja la primera jornada del mundial, enumerarlas todas es complicado y nos faltan muchas cosas más por ver.

Creo que el mundial terminará con los mismos equipos de siempre en la fase final; tal vez alguna selección “extraña” se cuele y veamos a un nuevo caballo negro, pero al final, después de todas las fases, me atrevo a pensar que no tendremos un nuevo campeón del mundo, muy probablemente repita, alguno de los 8 anteriores.

P.D. Resalto también la ausencia de público en algunos estadios y la forma en que muchos espectadores han abandonado sus asientos para las segundas partes; esto y mantener ratings televisivos, será algo con lo que la FIFA tendrá que comenzar a ajustar para el siguiente ciclo.

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#4 Tiempos

La mediocridad heroica | Columna de Julián de la Canal

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Nada más evidente en el panorama cultural que la mediocridad de la literatura. Por momentos, da la impresión de que esta mediocridad carece de precedentes. Sin embargo, así fue siempre. Las sociedades abiertas y el acceso a la educación han multiplicado el número de escritores. Se aprecia un hecho curioso: a mayor número de autores, no es rastreable mayor número de autores con talento. Incluso cuando se afirma que determinado autor es talentoso, casi siempre resulta un autor carente de talento o de talento esporádico que es como no tenerlo. Diferentes causas explican la postración: las editoriales apuestan por las ventas del libro, pero no por la calidad literaria; los escritores aceptan las leyes del mercado descartando el oficio; incapaces de resistirse a campañas de promoción, los escasos lectores adquieren títulos de moda sin otro criterio que el reclamo publicitario. Escritor y lector olvidan con frecuencia que la escritura y la lectura son trabajos sometidos a rigores.

Pocas veces ha sido cierto que un autor al escribir piense en sus lectores porque al escribir supone que tendrá lectores sin necesidad de pensar en ellos, pero ante todo porque si pensara en los lectores en ocasiones escribiría de otra manera. Estos ingredientes se reúnen en la literatura actual cuyo resultado es pavorosa vulgaridad, rematada habitualmente con espléndidas presentaciones de libro mejor a cargo del erario, en que dos amigos del autor proclaman las bondades del nuevo título que ingresará sin demora en el canon occidental, en que la familia permanece expectante ante la confirmación definitiva de una promesa siempre pospuesta, en que el público asiste desconcertado a un concierto hermético, en que todos esperan la hora de canapés y vinos que justifica la presencia del autor, los presentadores, la familia y los asistentes, desembarazados por fin del pretexto aun cuando una vez más se haya postergado la definitiva confirmación de una promesa siempre pospuesta.

Parecería que no hay modo de evadirse de la abrumadora mediocridad. Pero la mediocridad misma llega al rescate de la mediocridad: la mediocridad heroica. Una mediocridad que añade un elemento que presuntamente la salva no de su mediocridad sino de su mediocre mediocridad. Es esa literatura practicada por autores que llevan tiempo en la profesión, incapaces de otros resultados que no sean triviales, pero cuya perseverancia estimula a voltearlos a ver. Autores habituales de ferias de libros, talleres, revistas culturales, tertulias y reuniones literarias, movidos por el desdoro de lo que pudieron ser antes que por la grisura de lo que son. Escritores ocupados en pluralidad de quehaceres excepto en la escritura que no sea en la mesa de un café arrimada al ventanal. Sabedores de que nunca desbordarán ya esa recia mediocridad que los reduce, bucean en ella para acariciar sus límites, pero nunca para transgredirlos puesto que son límites propios.

En los mejores, se aprecia voluntad de mistificar la mediocridad que solo mistifica la voluntad. La persistencia de estos autores merece consideración. Han asumido su mediocridad, conviven con ella, la incorporan con apostura. Son finalmente escritores por haber aceptado esa mediocridad que los rescata como escritores, aunque no los rescate para la literatura. Mediocres, pero menos, su heroicidad es distintiva por encima de colegas mediocres-mediocres alojados ya en vida en el olvido si alguna vez ocuparon un recuerdo. Nunca accederán a la posteridad, ni sus nombres serán recordados, excepto por dos o tres académicos a la búsqueda de cuentas de vidrio que justifiquen sus tumultuosas existencias, pero su empeño amerita reconocimiento, aunque ninguno su talento literario. Individuos que entre poses, fingida gravedad, apariencia reconcentrada, redondos lentes de pasta o acetato, despiertan algo semejante a ternura o compasión, no tanto por lo que son como por lo que pretendieron. Soldados en orden de batalla que van a la guerra sabiendo que ya la han perdido antes incluso de avistar al enemigo. Ese gesto último, decisivo, los salva como seres humanos que escriben, pero no como escritores que escriben literatura, aunque lo primero es significativo.

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Recomendaciones del cine de Martin Scorsese | Columna de Mario Candia

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APUNTES DE UN CINEÓFITO

 

Los buenos muchachos (Goodfellas. 1990) Basada en la novela de Nicholas Pileggi que narra los inicios de un joven en el mundo de la mafia. La película inspirada en hechos reales nos sumerge de lleno en un barrio de Nueva York de los años 70 para contarnos una historia sobre la violencia, las drogas y sobre todo, la vida de Henry, Jimmy y Tommy, tres gánsteres que se dedican al contrabando y al crimen organizado. El relato se centra fundamentalmente en Henry, describiendo el ascenso y su posterior caída. La perfecta ambientación y el excelente reparto compuesto por Robert De Niro, Ray Liotta, Lorraine Bracco y un extraordinario Joe Pesci son dos de las cosas más atractivas del film. Scorsese nos da una lección magistral de cine, como se puede apreciar en una dirección en la que predominan unos movimientos de cámaras y unos primerísimos planos brillantes. El film cuenta con un fascinante arranque gracias a una narración que no decae y al uso de la voz en off en momentos claves. Masterpiece.

 

Taxi Driver (1976) Con un extraordinario guion de Paul Schrader, Taxi Driver, no sólo es una película diferente, sino una referencia del género que otorga un punto de vista nuevo al concepto que se puede tener de un psicópata. Porque no olvidemos que Travis Bickle (Robert De Niro) es un psicópata, un individuo solitario, totalmente desconectado del mundo real y que se mueve o actúa sin criterio alguno, movido por los impulsos que afectan a su ansiedad por lograr una vida normal, en lo que entiende es un mundo contaminado y dominado por la corrupción. Es en ese punto donde la película es genial, la ambigüedad popular y la noche vista a través de los ojos de Travis mientras conduce el Taxi, así como los pasajeros que recoge, hace que nos replanteemos quién está más loco si el mundo o el pobre e inadaptado Travis. Cine de culto

 

El Cabo del miedo (Cape Fear. 1991) Scorsese asumió con éxito el reto de hacer un remake de la película dirigida por J.Lee Thompson con igual título Cape Fear y el mismo relato, ya que si la primera producción fue buena, esta no sólo la iguala sino que la supera, pese a que los protagonistas de aquélla, nada menos que Gregory Peck y Robert Mitchum (que en el remake solamente tienen papeles muy secundarios), fueron sustituidos con total acierto por Robert de Niro y Nick Nolte, en los papeles de Max Cady y Sam Bowden, respectivamente, bien arropados por Jessica Lange y la muy joven Juliette Lewis en los de mujer e hija de Sam. Película que no tiene un minuto de tregua, en la densa y agobiante atmósfera de un miedo que se acaba convirtiendo en obsesiva sensación de terror, gracias al trabajo de un inconmensurable De Niro, empeñado en llevar su venganza hacia Sam, Leigh y Danielle, los tres componentes de la familia del abogado Sam, hasta las últimas consecuencias. Magnífica dirección de Scorsese, una cámara eficaz y una música que contribuyen poderosamente a crear el asfixiante clima que se respira a un ritmo in crescendo. Cine del bueno.

 

La última tentación de Cristo (The last Templation of Christ.1988) Martin Scorsese lleva a la gran pantalla con la colaboración de su guionista habitual Paul Schrader la obra del novelista, filósofo y poeta griego Nikos Kazantzakis publicada en el año 1955. La película en sí es todo un deleite, un absoluto dominio de las técnicas cinemagráficas del cineasta probablemente más académicamente ortodoxo, con un equilibrio en todas las facetas; ambientación, narración, ángulos, movimientos, giros de cámara, y una espléndida y apabullante fotografía a cargo de Michael Ballhaus y una espectacular banda sonora a cargo del genial Peter Gabriel. En su estreno mundial levantó ámpulas de los extremistas cristianos, quienes atacaron y boicotearon la película. Los besos en la boca entre Juan Bautista y Jesús, o entre Judas y Jesús, y mostrar al mesías de los cristianos como un hombre común, pecando con una prostituta (Magdalena) y procreando, fueron el detonante de esta polémica. Un Clásico.

 

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Opinión