#4 Tiempos

Sin reglas me emancipo | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

 

La emancipación es un acto constante de resistencia al sistema hegemónico. Esa resistencia no está dada por antonomasia, es una posibilidad para accionar. La rebeldía sitúa a la sujeta rebelde en la divergencia. Ser divergente requiere del desarrollo de herramientas que se adquieren al atravesar los distintos caminos en el devenir histórico.

En este sentido, el sistema patriarcal capitalizado ha distribuido una serie de mecanismos que nublan la visión, e impiden la “revelación”. Al tener mayores herramientas y tiempo, el colonizadOr (así con “O” mayúscula) genera trampas que le permiten mutar a opresiones diversificadas, algunas más blandas, sutiles y/o complejas.

Creer que existe una receta para la emancipación es una de las trampas en las que nos hace caer el sistema hegemónico. Al respecto, Chela Sandoval (2000) refiere que las oprimidas se enfrentan al lenguaje de la nación masculina, y añadiría que buscan crear un código novedoso que desestabilice el orden. Los roles de género son artefactos de los hombres que tratan a las mujeres como mercancías. Por eso considero que asumir una postura opresora desde las masculinidades en un acto de mutación de las condiciones de dominio. El hombre concede pero no renuncia a su categoría de opresión. Esta concesión va más allá de la postura política.

Para mí es complicado pensar un ejercicio de la masculinidad, del ser hombre, alejado de un posicionamiento político. Asumirse hombre, de forma consciente, sin la búsqueda de la abolición conceptual y simbólica, ya es en sí misma una corporalización de la posibilidad de oprimir. El que el amo haga visible su papel de amo, y no busque deshacerse como amo para ser otra cosa, no modifica en nada su lugar, inclusive le dota de más herramientas para hacer más llevadera la opresión entre sus esclavos.

Por tanto, en clave feminista, desde una postura separatista y radical, es necesario desenmascarar al sistema opresor patriarcal. Las colectivas de mujeres lo están haciendo pragmáticamente en todo el mundo hoy en día al salir a las calles. ¿Cuál es su intención? No es ni aleccionar, ni evangelizar, no es una cruzada feminista. Es un proceso de visibilización de las múltiples opresiones en aras de un futuro emancipador. La emancipación es un proceso, no un estadio o un lugar, es un devenir histórico de apropiación del ser, saber y hacer. También lo es del estar.

Dicho esto, la importancia de devenir emancipaciones sin reglas claras es más que necesario, fundamental para cuestionar el sistema tradicional de saber, de filosofar y aprehender. A veces en enfrentamiento se da desde y con el lenguaje del opresor, en otras ocasiones hay que crear un lenguaje propio. En esas andamos.

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