marzo 8, 2021

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#4 Tiempos

Silver King | Columna de Los Coliseínos

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Silver King

La Catedral de la Lucha Libre

Silver King apenas había debutado cuando su padre, Dr. Wagner, perdió la máscara con el Solitario en la carrera por convertirse en eternos. La máscara que tanto deseaba poner en su rostro ahora estaba en manos del Solitario y posteriormente sería heredada a su hermano.

¿Cómo reprochar la decisión de su padre si cada que se miraba al espejo veía a su verdugo? “Gran idea, llevar en mi máscara el antifaz del Solitario y las alas del Ángel Blanco” (los otrora amigos de su padre, la famosa ola blanca). ¿Cómo se vive con eso?

Tal vez fue la prisa por resarcir la honra familiar, tal vez fue la poca motivación para defender su máscara, no se sabe, pero a tan solo dos años de haber debutado era desenmascarado por, caprichos del destino, El Hijo del Santo.

No hubo deshonra en la derrota, le quitaron la máscara que tenía los distintivos del verdugo pero aparecieron los rasgos de su padre, tal vez no era un Wagner pero si podía ser un González.

Los luchadores protegen su misterio, él ni siquiera lo intentó, él era un forajido, el quería ver su rostro en los postes, no le gustaban las reglas y soñaba con ser una estrella. Pronto, la lucha libre le daría un hermano.

“El Texano” y “Silver King”, el sheriff y la estrella solitaria, la mejor pareja de los últimos años, un top a nivel mundial, dos adelantados a su época, dos hombres que rompieron con la hegemonía de los enmascarados del Toreo, dos internacionales… hicieron lo que nadie había imaginado, hacían lo que otros ni siquiera intentaban, no sabían decir que no, lo mismo acababan con rudos y técnicos, eran demasiado buenos para ser eternos y la vida quiso separarlos.

César tuvo el honor de ser considerado en Japón para portar la máscara de Black Tiger, fue una figura pero él no nació para llevar máscara, el día que volvió a tapar su rostro también se apagó su estrella.

Regresó a México solo para dar uno de los mejores discursos en la historia de la lucha libre mexicana, le salió del alma, no lo merecíamos, ni se lo merecía, al re-enmascararse, todos, incluyéndolo a él, nos privamos de volver a ver al “Efectivo”.

Fiel a sí mismo, fiel a los suyos, hizo lo que quiso, perdió la máscara del tigre, aquella que no se pierde sino que se hereda, se puso y se quitó la máscara a placer, no fue el primero, tampoco será el último en hacerlo. No nació para tener máscara, no necesitaba una.

Para desgracia de todos ya nunca volvió a ser como cuando fue un Cowboy ¿Hacía Falta? Ni Ramsés, ni Black Tiger, ni el Bronco, ni nadie más, él era César González, Silver King, El Efectivo.

Murió en el ring, el lugar que le dio todo y que también le quitó todo. Murió el Wagner con máscara del Ángel Blanco y El Solitario. Con él, la ola blanca volvió a morir.

Así de doloroso es ver a un luchador morir así.

Adiós, Cowboy.

Este texto fue publicado originalmente en https://twitter.com/loscoliseinos

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#4 Tiempos

LA FATIGA | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas.

Cuando salí del consultorio –eran casi las dos- todavía retumbaban en mis oídos las palabras del médico:
-Lo que usted necesita es descanso. ¿Por qué no vive la vida con más sosiego, con un poco de tranquilidad? Créame: hay que aprender a decir que no.

Además, piense en esto y trate de no olvidarlo: las personas que hoy exigen de usted que haga esto, lo otro y lo de más allá, fatigándolo en exceso, ni siquiera irán a su funeral cuando usted caiga muerto: eso es casi seguro. Ellos estarán en su casa quitadísimos de la pena, en tanto que usted…, en tanto que usted ya no estará.

Que no irían a mis funerales esos señores, ya me lo sabía yo. Llegado el caso, dirían: «¡Oh, ni siquiera me enteré que había fallecido nuestro amigo el padre. ¡Ay, tan bueno que era el pobrecillo!». O bien: «¡Pero cómo! ¿En verdad ha
muerto? ¿Cómo, cuándo, dónde, por qué? ¡Ay, si no saliera mañana mismo a Querétaro a finiquitar un asunto pendiente, seguro que lo acompañaría aunque fuera un rato al velatorio! Mas ya ve usted: cuando tiene uno que conducir, no se debe desvelar»… Sí, eso dirán, o alguna otra cosa por el estilo. ¡Los muy canallas!

¿Así que esos dolores tan constantes de cabeza, de nuca, de sienes, no eran otra cosa que fatiga? ¡Y yo que ya pensaba lo peor! La palabra tumor varias veces había hecho su aparición en mi pensamiento. ¡Vaya, al menos la cosa no era tan grave, después de todo!

Pero, por otra parte, ¿cómo descansar? Reconozco que en mi casa nunca nadie se preocupó en enseñarme este arte tan necesario y al mismo tiempo tan difícil. Ahora comprendía que algo esencial había faltado a mi educación.
Tan pronto como llegué al lugar en el que vivo, me puse a buscar entre mis libros uno que pudiera decirme cómo había que hacerlo de la mejor manera.

¿Durmiendo?, ¿caminando a paso lento por un jardín?, ¿oyendo música de Bach o practicando ejercicios de relajación? En mi búsqueda apresurada no encontré más que un viejo libro escrito por el psicólogo francés Marcel Eck cuyo título era: Trabajo y fatiga mental. Lo tomé del estante, le quité el polvo que se le había pegado en los cantos –tan olvidado estaba el pobre- y me puse a leerlo. Al cabo de media hora de lectura ininterrumpida creí haber entendido algo:

«Uno se fatiga por exceso de trabajo –escribía el doctor Eck-, pero a veces se fatiga uno también por el trabajo que no hace y quisiera hacer, o bien por aquel que siendo necesario no se puede o no quiere hacerse… El hecho de no poder actuar puede ser más fatigante que obrar: ¿no hay una fatiga de la espera?

Sin negar el agotamiento debido a la fatiga de un trabajo continuado, es necesariotener en cuenta la fatiga debida a la inadaptación de una existencia a sus tendencias más profundas».

¡Existe la fatiga del trabajo, pero existe también la fatiga del que no trabaja en lo que quiere, la fatiga de la insatisfacción, y ésta es más abrumadora que la otra! En mi caso, creo poder decir que en aquella época mis frecuentes dolores de cabeza se debían a lo siguiente: durante meses y años había estado guardando en una pequeña libreta citas, pensamientos e ideas que me habría gustado utilizar en algunos escritos míos. Había incluso esbozado esquemas y ordenado los capítulos de los libros que querría escribir. Pero pasaban y pasaban los días sin que pudiera llevar a la práctica ni uno solo de mis proyectos. ¡Era todo tan decepcionante! En mi mente había muchos trabajos casi terminados, pero ¡ay! sólo en la mente, porque apenas me ponía a escribir una o dos líneas cuando ya estaba sonando el teléfono para recordarme que tenía tal compromiso y tal otro para esa misma tarde.

-Padre, recuerde que quedó en que nos veríamos a las una.

-Sí, lo recuerdo. ¡A la una nos vemos!

-Padre, ¿se acuerda de que me recibirá a las dos?

-Sí, a las dos.

-Padre, no se le olvide que la Misa de funeral será a las tres.

-Sí, a las tres.

Y yo me quería morir de pesadumbre. Pues, ¿cómo escribir en semejantes condiciones? Escribir requiere tiempo.

Muchos de mis amigos creen que soy capaz de terminar un capítulo en una sola sentada: en diez minutos, o acaso en
menos tiempo aún. ¡Dios mío, si ellos supieran!…

De manera que tenía en la mente diez o quince cosas por escribir y no tenía tiempo para hacer ninguna. A veces me sentía tan poseído por el tema que pensaba que sólo era necesario sentarme para que las palabras fluyeran y diesen forma a lo que me traía entre manos. Pero no tenía tiempo para sentarme, y el tema bailoteaba en mi cabeza por semanas enteras. Era entonces cuando empezaban mis dolores de cabeza, es decir, la fatiga. La fatiga no por lo que hacía, sino por lo que no alcanzaba a hacer y era importante para mí.

No, descansar no es –como a menudo se piensa- echarse a la cama y rascarse el ombligo: es hacer, como dice el doctor Eck, lo que nos ordenan nuestras tendencias más profundas, lo que nadie más que nosotros podría hacer, lo que simple y sencillamente no puede delegarse.

En una carta dirigida a su médico de cabecera (el famosísimo doctor René Biot), Jean Guitton (1901-1999) escribió lo siguiente poco antes de morir: «El cansancio no proviene de lo que se hace. Lo que se hace, si se hace a fondo, con
pasión y con toda el alma, no cansa nunca. Lo que cansa es el pensamiento de lo que no se hace». ¡Vaya descubrimiento! ¡Feliz novedad! Y todo esto pude descubrirlo gracias a mis recurrentes migrañas, que desaparecían como por arte de magia a la hora bendita de tomar la pluma. ¿Escribir es entonces terapéutico?

No sé para otros; para mí sí que lo es. Y, por tanto, debo hacerlo, cueste lo quecueste, sin pena de vivir con una cabeza sobre mis hombros tan dolorosa como una cruz.

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#4 Tiempos

La opinión del feminismo de una mujer no feminista | Columna de Ana G Silva

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CORREDOR HUMANITARIO

 

Muchas veces me he rehusado a dar mi opinión acerca del feminismo, no es que esté en contra del movimiento, sino que se trata de algo tan serio y complejo que considero es necesario conocer a profundidad el tema sin tomarlo a la ligera; sin embargo, ahora me permitiré hacer una excepción.

En más de una ocasión yo misma he pedido o deseado que muchos de esos derechos e ideas por la que las feministas han peleado sean cumplidos. Desde lo más básico hasta lo más complicado, un ejemplo de ello fue el que ocurrió hace unos días: uno de mis familiares criticó a mi prima por usar un short y que los vecinos de su cuadra se acercaron a ella con evidente morbo. Entonces me pregunté: ¿acaso ella tiene que sentirse culpable por usar ropa que le gusta porque tú consideras que “la exhibe” y es para obtener o conquistar algo o a alguien?

¿Quién de usted lector no ha escuchado la historia de una mujer que fue abusada por x o y razón y comienzan a criticarla con el argumento “es que a él no lo conozco, pero ella no debió hacer tal cosa”? Para todos es más fácil hablar de la víctima y no del agresor o agresores y es curioso que las personas se abstienen hablar de él porque “no lo conocen”, pero no de ella que tampoco aunque tampoco la conozcan.

En cuanto al tema de feminicidios, de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en 2020 se suscitaron 27 feminicidios en San Luis Potosí, mientras que en el 2021 van 4; mientras que homicidios dolosos (la mayoría cometido a hombres) fueron 621 en 2020 y 59 en lo que va del 2021.

Es evidente que son más los hombres asesinados, el 95.7 por ciento para ser exactos, pero casi todos estos crímenes fueron hechos por otros hombres en asaltos, por crimen organizado, peleas, etc., pero los feminicidios son cometidos en su mayoría por hombres motivados por la dominación, celos, sexo… es decir por una cultura machista que denomina a México.

Qué decir de aquellas mujeres que mueren por practicarse un aborto clandestino,debido a que no existen las condiciones para realizar el procedimiento de la forma adecuada. Sí, se debe aplaudir a aquellas mujeres que han decidido tener a su bebé pese a las adversidades, pero también se le debe reconocer a aquellas que interrumpieron su embarazo por su propia tranquilidad y el futuro del producto.

El hecho de que muchas mujeres ahora hagan públicos ha provocado que nuevamente se les juzgue. Creo que lo primordial que se debe aprender del feminismo es que lo único que busca es poner fin a la desigualdad: ¿Por qué juzgar el cambio social?

“La que está en la marcha es gorda, es fea, no se arregla bien”, “esa chica tiene un short corto”, “se puso ebria”, “andaba en la calle a altas horas de la noche”… son las frases que con frecuencia leo en redes. En una sociedad machista como la mexicana la única forma de que estos crímenes de odio en contra de las mujeres disminuyan es educando a la población.

Si te molesta que las feministas salgan a marchar, comprende sus demandas y el próximo año tal vez no habrá necesidad de otra manifestación.

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#4 Tiempos

Jacarandas de marzo | Columna de Daniela Rodríguez y Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es el día en el que se conmemora la lucha por los derechos de las mujeres. Es un día en el que conmemoramos la lucha por nuestro lugar como iguales en una sociedad patriarcal. En México, es un día en el que las mujeres de todo el país tomamos las calles, en el que salimos sin miedo y nos hacemos visibles. El 8M le recordamos a la sociedad lo que quiere ignorar: que existimos, resistimos y que no nos vamos a callar. Esto último parece olvidársele a la administración en turno; nos quieren aislar, se atrincheran en el Palacio Nacional y dejan que el problema suceda afuera, donde no los toquen.

El pasado viernes 5 de marzo, a tres días de la marcha por el Día de la Mujer, el perímetro del Palacio Nacional amaneció amurallado. Este blindaje es un símbolo que lo dijo todo: este gobierno, como los anteriores, es indiferente a las mujeres, a la violencia que las persigue y a sus demandas. Porque es más importante cuidar la fachada, literalmente, que resolver el problema verdadero: la violencia patriarcal que se ejerce en todos los niveles, rincones y recovecos del país. Y este, el gobierno más feminista de la historia, con el capital político suficiente para apoyar a las mujeres de todo México, decide simplemente esconderse y dejar que cada quien se rasque con sus propias uñas. En palabras del propio presidente, «los muros no solucionan nada». Llama mucho la atención el contraste en discursos cuando se trata de una agenda política que no está dentro de sus prioridades.

La prestidigitación —es decir, el engaño— de este, nuestro gobierno más feminista de la historia, radica en trucos de espejos y retórica electoral barata: machismo y violencia institucional disfrazado de paridad tramposa. El retiro de estancias infantiles; el discurso familista, que coloca el cuidado de la familia exclusivamente en las mujeres; el infame ya chole; y el nuevo muro de la paz. De todas y cada una de estas (y más) acciones, que claramente buscan marginar a la mujer de la sociedad, el gobierno en turno se ha valido de sendas maromas para eximirse de su responsabilidad. Hay quienes aún hoy se maravillan al ver los trucos de la administración actual. Sin embargo, habría que ser tremendamente ingenuos para no ver la horrible verdad detrás del truco: una verdad que implica 11 mujeres muertas al día; verdad que, como todo buen mago, ni el presidente ni sus sicofantes de nómina osan revelar.

Podemos criticar todo lo que queramos al gobierno en turno, pero no es el único culpable al cual apuntar. Sin embargo, ¿podemos esperar la solución de la oposición? Claramente no. Hoy vemos que partidos que históricamente se han negado a reconocer la autonomía de las mujeres y a abogar por sus derechos no titubean en llenarse la boca con el discurso feminista; se suben al tren morado con el objetivo de ampliar sus votos, pero jamás de ayudar realmente a las mujeres. Todas las estrategias se tratan de ilusiones y promesas vacías.

Entonces, ¿qué hacer? La respuesta a esto no se encuentra ni en la política ni en el mercado, que busca capitalizar con las mujeres. La respuesta está en nuestras compañeras y el movimiento. Está en el poder que juntas tenemos, en tomar e inundar las calles porque somos, resistimos y existimos, a pesar de los obstáculos que nos imponen. No podemos esperar a que concedan lo que las mujeres pedimos: han dejado ya muy claro que no lo harán. Sin embargo, las acciones de hoy —y de quienes nos han antecedido— pavimentarán la realidad del futuro de las mujeres mexicanas. La resistencia de hoy es la existencia de mañana; los mensajes expresados el día de hoy tendrán como receptoras a las mujeres del futuro, que verán materializado lo inevitable: una sociedad de iguales.

Las movilizaciones y marchas de mujeres como las que tendrán lugar el día de hoy en todo el país y en varias partes del mundo no siempre han sido iguales a las de los años recientes. Las demandas han sido manifestadas en una variedad de formas: ya hubo manifestaciones en silencio; ya hubo expresiones artísticas que fueron tomadas a burla; ya ha habido un sinfín de paneles y mesas con discusiones que en poco han servido para poner un alto a los distintos tipos de violencia que se ejercen contra las mujeres. Ahora, la insostenible desintegración del tejido social, la violencia desenfrenada y el abrumador silencio de las autoridades han causado que las peticiones se conviertan en demandas urgentes y que se expresen de maneras distintas. Sin embargo, es fecha que una buena parte de la ciudadanía trata de desacreditar las demandas feministas, argumentando que se trata de mero vandalismo.

A la luz de lo anterior, el concepto de iconoclasia ha sido recuperado por quienes estudian el fenómeno de las marchas feministas y sus demandas. En sus orígenes, la iconoclasia refería a un movimiento herético que consistía en destruir deliberadamente los símbolos e íconos religiosos de una cultura determinada. En sentido amplio, el concepto hoy representa la destrucción de símbolos, arte o monumentos de manera organizada, colectiva y con motivaciones ideológicas; distinto al vandalismo, que se caracteriza por ser espontáneo y realizado sin motivos reconocibles. Así, la iconoclasia feminista representa un poderoso medio de expresión y de demanda, practicado sobre monumentos e íconos con significados que han dejado de ser un referente para la realidad actual del país.

Debemos romper los símbolos patriarcales que nos arrastran. Hoy pienso en mis amigas, en mi madre, en mis compañeras y en todas y cada una de las mujeres mexicanas a las que este país les ha fallado. El muro que nos aparta no será un muro que nos detenga: las inertes vallas negras han sido resignificadas para homenajear a las mujeres mexicanas a las que el Estado les ha fallado, para que en el futuro no nos falte ninguna. Será un futuro en que las calles estén teñidas de morado solo por las jacarandas que florecen en marzo, celebrando a las mujeres y su lucha.

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#ElNotón

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