#4 Tiempos
Reyes por un día | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas.
El largo plazo se halla en vías de extinción. Todo, hoy, tiende a durar poco: la amistad, el matrimonio, los zapatos y el trabajo. Según Manuel Castells, renombrado sociólogo de la Universidad de California, en la era del capitalismo global (es decir, la nuestra) un hombre de 54 años de edad puede ya considerarse muerto. Los grupos transnacionales no lo quieren, y las empresas locales lo desprecian: ha pasado a formar parte del horroroso quinto mundo, es decir, de la tercera edad.
En una entrevista reciente, Richard Sennett, uno de los estudiosos más preocupados por esta situación, observó: «La cultura del trabajo ya no se basa en la lealtad, en las relaciones a largo plazo entre empresarios y trabajadores. El empresario ya no se compromete con el trabajador porque su objetivo es quemarlo, y el trabajador tampoco no se compromete con el empresario porque se siente inseguro. Antes, podías ir subiendo en la organización de la empresa; ahora simplemente tienes un empleo en el que debes rendir a corto plazo y sin perspectivas de futuro».
En este nuevo mundo laboral, ¿quién tiene seguridad de nada? Nadie. Las garantías no existen, y el que hoy está en una mullida oficina en el octavo piso de un rascacielos, mañana mismo podría estar en la calle.
Según Sennett, es debido a esta inseguridad que reina entre los trabajadores de todas clases y sectores que se han multiplicado las neurosis y las depresiones. Y continúa diciendo en la misma entrevista: «La nueva forma de organizar el trabajo desorganiza la vida de las personas. Conseguir resultados en breve y que el único premio sea no perder el empleo provoca presión. Los psicólogos afirman que hay mucha más ansiedad y estrés en los trabajadores de hoy que en los de antaño».
El miedo a perder el empleo en el momento menos pensado ha hecho, también, que los trabajadores se sumerjan a ritmos laborales realmente patológicos. Tengo en mi escritorio, a un lado de la computadora, un interesante libro titulado: Not for Sale. Saving your Soul and your Sanity at Work; en español, algo así como: No se vende. Cómo salvar tu alma y tu salud en el trabajo, escrito por J. Murray Elwood. De él transcribo el siguiente párrafo: «A los patrones les gusta ver al personal en la oficina todo el tiempo trabajando como castores. Si los empleados tratan de trabajar en base a un programa razonable de tiempo (por ejemplo, de las 8 de la mañana a las 5 de la tarde), o a tiempo parcial, con frecuencia son tenidos como desleales… En cierto sentido, la alta dirigencia considera que cualquier persona que posea vida privada e intereses fuera de la empresa es desleal al equipo o a la familia corporativa. Para muchos profesionales el trabajo se está convirtiendo en una especie de hogar, y el hogar en un lugar para el trabajo».
Ante esta situación nada grata ni cómoda, Richard Sennett piensa que lo mejor que pueden hacer los trabajadores para salir de este círculo infernal en el que han sido recluidos por un capitalismo crapuloso es «aprender a trazar una línea que divida lo que quieren ser como seres humanos y sus aspiraciones económicas». Murray Elwood, a su vez, dice que es despertando sus potencialidades dormidas como los trabajadores del siglo XXI podrán recuperar el gusto por la vida: «la meditación, andar en bicicleta o tocar un instrumento musical» serían para ellos, dice, grandes cosas.
Esta última solución me parece demasiado blanda. Yo propondría, más bien, hacer una relectura de lo que significaba el shabat o sábado para los judíos y lo que debiera significar el domingo para los cristianos. Cuando Dios ordenó un día de reposo semanal, lo hizo, ante todo, para recordar a sus fieles que no valen únicamente por lo que hacen, sino simple y sencillamente por lo que son: un pueblo de redimidos.
El sábado, los judíos leen, conversan entre ellos e incluso se quitan el reloj. Ese día, en el que no deben caminar más de dos mil pasos (unos 900 metros), ni siquiera cargan la cartera, y con los cigarrillos pactan tregua, para demostrar que no son esclavos ni siquiera de sus propios deseos –pero, sobre todo, porque en ese día santo no está permitido encender fuego-. El sábado es el tiempo para las cosas esenciales: es el tiempo para tener tiempo, el tiempo para celebrar el reposo: «Durante todo el día se lo celebra orando y comiendo, escuchando la Palabra de Dios, paseando, leyendo y bailando, discutiendo y cantando» (Peter Eicher).
El sábado se rompen las cadenas que atan al trabajo; como dice una canción judía, «el viernes por la noche todo judío es un rey. Las risas se apoderan de la casa y todas las personas saltan de alegría». Con la aparición de la primera estrella del viernes, la esposa enciende el candelabro de los siete brazos mientras el esposo recita un texto del libro de los Proverbios: «Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará?… Se ciñe la cintura con firmeza y despliega la fuerza de sus brazos. Está vestida de fuerza y dignidad; sonríe al día de mañana. Muchas mujeres reúnen riquezas, pero tú les ganas a todas» (31,10-29).
Para los judíos, el descanso es una cosa muy seria. ¿Por qué? Vea usted: porque Dios mismo guarda el sábado. En efecto, ¿no descansó Él el séptimo día tras las fatigas de la creación? Los diez mandamientos fueron dados a los hombres para que los cumplan, pero Dios mismo observa por lo menos uno de ellos: el descanso sabático. Por eso, a los que no guarden el sábado Dios los amenaza con la muerte: «Seis días se trabajará, mas en el séptimo día habrá descanso, reposo absoluto consagrado a Yahvé; todo el que haga cualquier obra en el día de sábado morirá irremisiblemente» (Éxodo 31,15). Y si es Dios quien lo dice, hay muchas razones para creer que esto es verdad. Si no descansamos, moriremos irremisiblemente: de angustia, de infarto, de pena o de desesperación.

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El Cronopio
Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.
Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.
Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.
Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.
Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.
A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.
También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.
Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.
Lee también: Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina
El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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