mayo 17, 2022

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#4 Tiempos

Reflexiones a un año de la pandemia (parte III) | Columna de Andreu Comas García

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La Ciencia de la Salud

Antes de iniciar con el cuerpo de esta columna quiero poner en el papel los siguientes datos. Las cifras del INEGI aproximadamente 1 de cada 4 defunciones por COVID-19 han ocurrido en el hogar. México es el país con el mayor porcentaje de población con obesidad y sobrepeso, también somos los que más refresco, comida chatarra y leche de formula consumen. Somos uno de los primeros a nivel mundial en prevalencia de Diabetes Mellitus tipo 2 e hipertensión arterial. A pesar de que, en América Latina, el sistema de salud público y privado de México era considerado uno de los mejores, aproximadamente el 15% de los pacientes hospitalizados por influenza fallecen. México es uno de los países con mayor venta de medicamentos sin receta y por lo tanto con las mayores tasas de automedicación. Finalmente, existe un retraso importante entre que una persona inicia un padecimiento y acude al hospital.

Todo lo anterior junto -más el pésimo manejo de la pandemia por parte del gobierno-, son la serie de factores que se han venido sumando a la ecuación para este desastre humanitario. Oficialmente en México han fallecido 194,710 personas por COVID19 (que en realidad esa cifra anda por ahí de las 486,775 defunciones) y ¿es solo culpa del gobierno y su mal manejo de la pandemia? La respuesta es no.

Entonces, ¿Qué ha hecho la sociedad para que el brote de COVID-19 en México sea catastrófico?

Durante la Semana Santa del 2020 hubo una gran movilización de la población tanto dentro como fuera de los estados. De hecho, para esas épocas el Gobierno Federal presentaba los índices movilidad de cada estado y se regañaba a un estado si y a otro también a las 19 horas. En ese entonces, por más énfasis que se hacia la población para quedarse en casa y no viajar, en gran parte este esfuerzo fue un fracaso. Por lo tanto, el primer error de la sociedad fue el no entender que, si las personas se mueven los virus también.

Otra actitud que ha facilitado la complicación de esta epidemia (y que pasa lo mismo con la de influenza), es el pensar que no pasa nada. Frases como “es una simple gripa”, “no me voy a complicar, solo se mueren lo viejitos”, “con unos días de antibiótico me curo”, “el COVID no existe”, etc. El despreciar la potencial gravedad de una enfermedad incrementa la automedicación -y sus complicaciones-, retrasa la atención oportuna y perpetúa la transmisión.

Pocos se acordarán ahora, pero debido a la pandemia de influenza del 2009, el gobierno del presiente Felipe Calderón hizo obligatorio el presentar una receta médica para la venta de antibióticos. Con esta media -muy importante para disminuir la tasa de resistencia bacteriana y de complicaciones asociadas al mal uso de antibióticos- se redujo inicialmente la cantidad de antibióticos vendidos por las farmacias. Con esto, empezaron a disminuir sus ganancias. ¿Cómo respondieron las farmacias? Abrieron consultorios médicos anexos a las farmacias y volvieron a vender indiscriminadamente medicamentos. De hecho, da mas consultas la Fundación BEST del Dr. Simi que el IMSS (y la mayoría de sus consultas son a derechohabientes del IMSS).

Que los mexicanos en su mayoría acudan a un médico de farmacia durante una pandemia, no es la mejor opción -aunque a veces es la única opción-. De esto nos hemos ido dando cuenta, porque cuando el paciente se complica, llega con un exceso en el uso de antibióticos, antiparasitarios y esteroides que complican el manejo hospitalario del paciente. Durante una pandemia, es importante que el paciente acuda de manera temprana a hacerse una valoración especializada que en muchos casos va a requerir de estudios de sangre y de imagen. Por lo tanto, la automedicación más la prescripción inadecuada de antibióticos son factores que complican el panorama de esta pandemia.

Así como el mexicano ya esta desensibilizado con las cifras de muertes asociadas a la violencia (32,759 defunciones en el 2020), ya se desensibilizó a la brutal cantidad de muertes por COVID. Por lo tanto, como consecuencia del pensamiento “no pasa nada con el COVID” se siguen haciendo fiestas y eventos clandestinos o reuniones familiares masivas en el día de la madre o del padre, en cumpleaños y cenas de navidad y fin de año.

Otra falla de la sociedad es hacerle más caso a remedios caseros y a las estrellas de la farándula que a la evidencia científica -dióxido de cloro, nanopartículas cítricas, productos de ajo, factores de transferencia, etc-. Una gran parte de la población prefiere consumir productos milagros que el ventilar bien habitaciones y locales, usar de manera masiva cubre bocas y no salir si tienen sospecha de síntomas.

Pero probablemente, el fallo más grande se ha dado en la falta de responsabilidad cuando alguien tiene síntomas. Un persona sospechosa o confirmada de COVID19 debe de aislarse y avisar a todos sus contactos para que también se aíslen y de ser el caso se hagan prueba para detectar el COVID-19. Sin embargo, por miedo a estigmas, represalias o por el pensamiento “no pasa nada” o “no existe”, el contagiado no avisa a sus contactos y jamás se puede romper la cadena de transmisión.

El día que se entienda que el secreto para parar la transmisión es no salir a la calle sin cubre bocas, evitar reuniones -y si se van a hacer deberán en espacios muy ventilados y todos deberán de usar cubre bocas-, sí se tienen síntomas hay que acudir con el médico, no automedicarse, aislarse y avisar a todos los contactos, entonces podremos parar la transmisión. En resumen, el día que como sociedad se entienda que la solución es la empatía y solidaridad, podremos salir de esta pesadilla.

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#4 Tiempos

Nabor Carrillo pionero de la física nuclear en México | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los hijos de Julián Carrillo, fue Nabor Carrillo Flores, científico que llegara a ser rector de la UNAM en la década de los cincuenta; durante el referido rectorado, fungiría como secretario general el científico y humanista potosino Efrén Carlos del Pozo, quien sería un baluarte en el progreso de la medicina y en particular de la fisiología en México.

La relación con la UASLP fue manifiesta; por un lado, para Nabor Carrillo representaba la tierra de su padre y para Efrén del Pozo su alma mater. Del Pozo, realizó sus estudios de posgrado en la Universidad de Harvard donde también se graduaría de doctor en ciencias Nabor Carrillo.

Nabor Carrillo Flores se tituló en la UNAM de ingeniero civil en 1939, cuando estaba abriéndose apenas el Instituto de Física, su desempeño académico fue brillante lo que le permitió obtener la beca Guggenheim y convertirse en uno de los expertos internacionales en mecánica de suelos al graduarse de doctorado en ciencias en la Universidad de Harvard. Su brillante trayectoria académica, que incluye el ser uno de los pioneros de la investigación en física nuclear en el país al crear el Laboratorio de Van de Graaff, primer coordinador del organismo nacional de la Investigación Científica, rector de la UNAM, Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Michigan y Premio Nacional de Ciencias y Artes, entre otras distinciones, ha relegado, de cierta forma, su contribución a la ciencia originada con su tesis de licenciatura de la que poco se habla. Entre otros factores, por no haber sido publicada de manera formal.

La llamada órbita geoestacionaria, en realidad es la órbita de los satélites geoestacionarios sincrónicos, de esta forma los que se encuentran geoestacionarios son los satélites y no la órbita. La historia de la ciencia establece que fue hasta 1945 que Arthur C. Clarke la descubrió y la publicó en su obra Extraterritorial Relays y habló por primera vez de la posibilidad de colocar satélites artificiales en esa zona espacial formada por un “anillo” imaginario que circunda a la Tierra en dirección paralela a la línea ecuatorial a una altura cercana a los 36 mil kilómetros, con un ancho de 150 kilómetros y un espesor de alrededor de 30 kilómetros. A esa zona espacial se le conoce actualmente como cinturón de Clarke.

Antes de que la idea de órbitas geoestacionarias fuera publicada por Clarke, la comunidad científica comenzaba a debatir al respecto y, en particular, Nabor Carrillo la había planteado en su tesis de licenciatura, que presentara en la UNAM en 1939, tal como lo establece el maestro Julián Carrillo.

Durante un congreso de física en Nueva York y al que asistiera Carlos Graef, uno de los participantes planteaba justo esa posibilidad de los llamados anillos gravitacionales en el ecuador terrestre, por lo que Graef que conocía el trabajo de Nabor Carrillo, les refirió que eso ya estaba planteado en la tesis de Carrillo. Los participantes lo conminaron a demostrar la publicación del trabajo mencionado por Graef, así que, al regresar a México, buscó la publicación de la tesis, de manera infructuosa, pues solamente logró, en conjunto con Alberto Barajas encontrar el manuscrito del trabajo, que no fue publicado de manera formal. Julián Carrillo continúa narrando la diferencia entre guardar y archivar los trabajos o publicitarlos a través de congresos y publicaciones lo que debería de hacerlos trascender.

De esta forma, científicos mexicanos, participaban en las bases del desarrollo de las ciencias espaciales, que caracterizan en estos tiempos a nuestra sociedad. Las ideas de Carrillo fueron expuestas y discutidas en dicho congreso por Graef, lamentablemente su contribución no ha quedado registrada en la historia de la ciencia, como muchas otras aportaciones de nuestros científicos; gracias a Julián Carrillo podemos enterarnos del planteamiento de la teoría de anillo gravitacional introducida por Nabor Carrillo en la década de los treinta del siglo XX.

Nabor Carrillo murió el 19 de febrero de 1967 a los 56 años de edad, sus restos fueron trasladados a la rotonda de los hombres ilustres, al lado de su padre, justo en el centenario del natalicio de Don Julián Carrillo, el 28 de enero de 1975.

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Gracias | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO 

Mucho podría hablar sobre el juego de cuartos de final entre San Luis y Pachuca, los errores en la marca, lo peligroso de Ibañez, los fallos de Murillo, en fin, demasiadas cosas sucedieron en la cancha del Lastras el miércoles por la noche.

Sin embargo hoy no quiero hablar de lo que sucedió en el rectángulo verde, hoy quiero hablar de la tribuna.

Simplemente gracias. Gracias a este equipo que me dio la oportunidad de volver a ver un estadio vibrante, una afición esperanzada y muchos rostros felices. Y es que ser aficionado al futbol en tierras potosinas, es una labor complicada, entre mudanzas, equipos malos, descensos y derrotas, el futbol en San Luis se traduce en sufrimiento.

Cuando la pandemia arrancó, el futbol potosino apenas llevaba unos meses en el máximo circuito después de su ascenso. El golpe a la afición fue duro, ya que semanas antes se había dado la lamentable bronca contra Querétaro que había terminado con juegos a puerta cerrada; en pocas palabras, entre una y otra cosa, el estadio no se pudo llenar.

Tuvieron que pasar los meses, los años, para que San Luis volviera a ilusionar, hoy este equipo que dista mucho de ser el mejor, levanta la mano con mucho sacrificio y humildemente busca aparecer en la historia local

: jugadores de bajo cartel, jóvenes y un par de referentes veteranos que intentan sobresalir nuevamente. San Luis hoy no pierde nada, para San Luis cualquier cosa es ganancia.

Por eso gracias, gracias a este equipo, a estos jugadores y cuerpo técnico, porque con muy poco están haciendo mucho, la ciudad vuelve a vivir esa emoción de ir al futbol, y aunque sé que esto puede ser muy efímero, agradezco que después del encierro y todos los problemas que se han sucitado, todavía pudieron encender las cenizas para alumbrar con emociones.

Así que, pase lo que pase el próximo sábado en Pachuca, yo ya me doy por bien servido, volver a ver el Lastras vibrar en primera, era algo que en ocasiones pensé que nunca más iba a volver a ver.

Gracias San Luis… y toda su gente.

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Soledad o prisa | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

En 1863, Jules Verne (1828-1905), el famoso escritor de novelas de aventuras, se dio a la tarea de imaginar las cosas que sucederían en París un siglo más tarde, es decir, en 1960. El resultado de aquellas cavilaciones anticipatorias fue París en el siglo XX, novela que fue rechazada por un editor de la época y que el propio Verne, decepcionado, echó primero a un cajón y luego al olvido. ¡Ah, también este genio conoció el rechazo de los editores, la negativa descortés, el odio al propio manuscrito!

Durante más de un siglo la novela anduvo perdida hasta que en 1994 alguien –creo que un sobrino nieto o algo por el estilo- la encontró en una herrumbrosa caja fuerte y la hizo llegar a la Casa Hachette, editorial que la publicó ese mismo año y además con mucho gusto.

¿Qué sucedería en 1960, según Jules Verne? Luz eléctrica, autos velocísimos, gente apresurada: de todo esto hablaba ya nuestro autor en París en el siglo XX. Ah, claro, y también de los jóvenes managers parisinos, a quienes describe del siguiente modo: “Son hombres sin juventud, sin corazón y sin amigos”.

¿Cómo hizo Verne para acertar una vez más? En efecto, así son los managers en la actualidad, y no únicamente los parisinos. Y ya ni siquiera sólo los managers, pues todos, de alguna manera, nos hemos convertido en hombres sin juventud, sin corazón y sin amigos.

Verne no se hacía ilusiones en torno al progreso. Sabía que la locomotora, el telégrafo y la luz eléctrica, al modificar el ritmo de la vida, acabarían modificando también la manera en la que los hombres se relacionan entre ellos. Con la locomotora, el telégrafo y la luz nació la rapidez, y, con ella, la soledad social, el aislamiento, la atomización y la falta de amigos.

¿Cómo se puede ser amigo de un individuo eternamente apresurado, de un sujeto que cuando apenas se detiene porque no le queda más remedio está ya mirando ansioso hacia todas direcciones? Pues bien, con la revolución industrial nació precisamente este tipo de hombre: un ser estresado y hostil que vive con la mirada siempre fija en dos relojes: el gigantesco de la fábrica y el pequeño que lleva consigo entre las ropas atado a una cadena.

Por lo demás, todos conocemos gente cuya mirada está siempre en otra parte… ¿Qué ven en la lejanía?, ¿a dónde esperan llegar de un momento a otro? Su pensamiento francamente divaga mientras sus compañeros les hablan y les hablan. ¡Claro que los conocemos, y hasta es posible que nosotros mismos pertenezcamos a esa raza detestable! Pues bien, que nos quede claro: en semejantes condiciones nunca podremos ser amigos de nadie, pues el principal enemigo de la amistad es el exceso de movimiento: eso que conocemos comúnmente con  el nombre genérico de prisa.

Esto los griegos lo sabían muy bien: sin unos momentos de ocio, de tiempo libre compartido, en realidad no hay nada que hacer. ¡Ah, Platón llamaba ya a los amigos ladrones de tiempo! Pero no lo decía con el tono de un banquero o de un capataz,

sino con el de quien expresa una verdad perfectamente comprobable por la pura observación.

Sí, en la Europa del siglo XIX todos empezaron a conocer el ajetreo; de ahí que a Verne no le fuera nada difícil prever el tremendo peligro que se avecinaba.

«-Ven a jugar conmigo –dijo un día al zorro el Principito.

«-No puedo jugar contigo –dijo el zorro-. Aún no estoy domesticado.

«-Ah, perdón –dijo el Principito-. ¿Qué quiere decir domesticar?

«-Es algo demasiado olvidado –dijo el zorro-. Quiere decir crear lazos.

«-¿Crear lazos?

«-Por supuesto –dijo el zorro-. Tú no eres para mí, todavía, más que un muchachito totalmente parecido a otros cien mil muchachitos. No te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás único en el mundo para mí. Seré único en el mundo para ti… Si quieres, domestícame.

«-Quisiera –contestó el Principito-. Pero no tengo tiempo. Tengo muchos amigos que descubrir y muchas cosas que conocer.

«-No se conocen más que las cosas que se han domesticado –dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas en los negocios. Pero como no existen en absoluto los negocios donde se vendan amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!

«-¿Qué hay que hacer? –preguntó el Principito.

«-Hay que ser muy paciente –contestó el zorro-. Primero te sentarás un poco lejos de mí, en la hierba. Yo te miraré por el rabillo del ojo y tú no dirás nada. El lenguaje es una fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca»…

Nunca tendremos amigos hasta que vivamos con esa lentitud de la que hablaba el zorro en ese pasaje extraordinario de El Principito ¡La lentitud de sentarnos! De sentarnos hoy aquí y volver al día siguiente para sentarnos un poco más cerca, hasta que nos hayamos domesticado mutuamente. Pero, ¿quién es hoy capaz de hacer una pausa, arrellanarse en la hierba y respirar a pleno pulmón? Sí, la amistad –como todo lo que vale, como el arte mismo de vivir- es una larga, muy larga paciencia.

Los antiguos hablaban de libertad o muerte. Conocieron Estados totalitarios y el dilema era ese. Hoy, cuando los Estados parecen ser inofensivos, pero no las economías, el dilema sigue allí, pero ahora es este otro: o soledad o prisa. Y es preciso elegir.

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