febrero 20, 2024

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#4 Tiempos

¿Podemos dejar de darle tanta importancia a los Óscares? ¿Plis? | Columna de Guille Carregha

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Criticaciones

 

En la universidad a la que (desgraciadamente) asistí, había una especie de tradición al final de los cuatro (horrorosos) años de (falta de educación de calidad, pertinente o estructurada a la que lamentablemente le llaman) la licenciatura. Se trataba de un evento que lleva décadas siendo un clásico cierre de preparatorias y secundarias a lo largo de la República Mexicana: una entrega de premios cotorros organizada por y para el alumnado, donde se celebran cosas tan importantes para un CV profesional como “La más amiguera”, “El que recursó más materias” o “La que vendió más drogas ilegales a precios accesibles a las 7 AM de un martes en el salón de ‘El Cachetes’”. Todo es en plan jijijí jajajá, en onda “seremos amiguis por siempre y este será uno de los momentos cumbres de nuestra nostalgia cuando hablemos de nuestro tiempo como estudiantes”. Una cosilla sencillona con la que rellenar el vacío que nos deja el saber que estamos a nada de entra al mundo adulto y la universidad no hizo absolutamente nada para prepararnos para lo que se viene. De vez en vez, la raza se emociona y organizan un evento de gala en el auditorio de la escuela, con estatuillas mandadas a hacer en algún local de trofeos perdido en e interior de una plaza comercial abandonada desde la década de los 70 en el centro de la ciudad. A veces, a falta de presupuesto real, se intercambian monitos de alambre que claramente hizo una mamá desvelada una semana antes, o ya de plano, pequeñas plaquitas de cartón dibujadas a mano con los plumones de la niña de los plumones. Aún así, por más pompa y circunstancia que se le imbuya a esta ocurrencia de la chaviza, no deja de ser completa y totalmente irrelevante para cualquiera que no sea parte de este cerrado grupo de individuos. Quienes están ahí se la pasan bomba. Para los vecinos de los involucrados es un martes más.

                  En mi escuela, estos premios se llamaban “Micrófonos”. El evento estuvo, efectivamente, muy cotorro. Nos prestaron la cancha de fútbol a mitad de la escuela (también conocida en aquella época como “el salón de usos múltiples”), y hubo mesitas llenas de fruta y refresco para que tuviéramos algo que hacer con las manos en lo que los maestros hacían funcionar la bocina de mediados de los 80 que debió haberse retirado pasando el Y2K. Si mal no recuerdo, hasta contrataron mariachis para que la reunión de 50 individuos vestidos con ropa de diario leyendo nombres a través de un micrófono que a duras penas se escuchaba se viera más jovial antes los espectadores. Nos la pasamos bien, nos reímos, nos terminamos el refresco, dejamos la mitad de las sandías y toronjas en sus platos, y se creó un instante de vinculación fraternal y, de acuerdo a mucha raza, fue un buen recuerdo de la juventud.

                  Por ahí de 2018, después de una celebración exactamente igual a la aquí descrita, uno de los integrantes de la generación que se graduaba ese año, tras ganarse un “Micrófono” relacionado a su interés por el periodismo durante sus ocho semestres de estudio, decidió venderle la primicia de su galardón a un medio de noticias local. Medio local del cual él era parte, pero igual. Se los vendió, y se la compraron. Así, la situación cotorra de que tus amiguis de la universidad te digan “wey, te esforzaste un chingo en las materias de periodismo, yo creo que te va a ir bien en tu carrera si sigues así” se convirtió en un “Otorgan a S. Vega reconocimiento al mejor periodista de la FCC de la UASLP”, acompañado de una imagen en donde el señor Sergio V. se encuentra hablando con Carmen Aristegui. Para darle legitimidad, que le dicen.

                  Es como si alguno de los miles de papás que a diario recibieran una taza con la leyenda “El mejor papá del mundo” la llevaran a su trabajo como prueba fehaciente de que merecen, no solo un aumento, sino ser parte de la junta directiva de la empresa. Y la empresa les dijera “Claro, ¿cómo no? La taza en sí le da legalidad y precedente a tus habilidades como padre y persona, y aunque no hay manera de comprobar que no compraste tú mismo esa taza, como tampoco se puede comprobar que la mesada que utilizó tu hija para regalarte la taza no haya salido de tu nómina, por cuestiones éticas de apariencia y de buena fe, asumiremos que obtuviste esa presea de manera legítima y te otorgamos el puesto más alto al que se pueda aspirar en esta empresa.” Procede, entonces, el imaginario papá de esta historia a intentar dar un discurso de agradecimiento antes de que una orquesta sinfónica le corte sus palabras a la mitad.

                  En otras noticias nada relacionadas con lo anteriormente escrito aquí, se acaban de anunciar las nominaciones a los Óscares. Como cada año, el discurso en Twitter se centra en “a quién le robaron la nominación” o en el clásico “esta nominación valida mi opinión de que esta es una muy buena película y definitivamente no soy un cinéfilo mamador con accesos al internet”. Lo de siempre. La gente se pelea, se desamiga, se lanza memes agresivos, se quote retweetea con insultos velados. Bueh, un día normal en Twitter, solo que con temática específica.

                  Afortunadamente para todos aquellos que le lloran a la Academia por no haber nominado a Greta Gerwig como mejor directora y solo darle *lee sus notas* 8 míseras nominaciones a su película comercial financiada por una compañía multinacional cuyo negocio principal es el de venderle juguetes de (a lo mucho) mediana calidad (¡ahora con 19% menos plomo y asbestos!) a niños de 12 años o menos, los premios Óscar sí son galardones ética y objetivamente otorgados a productos cinematográficos de calidad que serán venerados por generaciones como lo mejor que el séptimo arte le puede ofrecer a la humanidad. No es una versión más cara y pública de los Micrófonos, no señor. Definitivamente tampoco son una estrategia de marketing cuyo único objetivo es el de ponerle un sticker a la carátula del DVD o un hashtag más a la categoría de streaming en donde se encuentra la película para convencer a la gente de que gaste su tiempo/dinero en ver bodrios de tres horas que hablan de la importancia de luchar por ser parte y mantener el débil status quo genérico de Estados Unidos. ¿Qué clase de industria multibillonaria sería así de superficial?

                  Digo, no es como si la manera más sencilla de conseguir un premio de la academia sea literalmente gastar millones de dólares en una campaña de marketing dirigida única y específicamente a los miles de señores viejitos que conforman a la academia, geográficamente ligada a sus lugares de residencia o establecimientos a los que asisten con regularidad, en donde las productoras gastan cantidades inimaginables de dinero en regalos que *legalmente no se pueden considerar como sobornos* para recordarles lo maravillosa que es tal o cual película a través de Rolexes y jamones serranos que, mire usted qué casualidad, tienen la palabra “Oppenheimer” impresa en ellos, ¿no es curioso? Tampoco es como si los votantes de la Academia, al no estar contractualmente obligados a ver las películas nominadas, solo vieran dos o tres que medio les llaman la atención, o que sólo se dejan llevar por el “vi que hablaban mucho de esto en Facebook, debe ser buena” o un “Esa la hizo mi amigo/primo/suegra, y esa persona me cae muy bien”, o el ya conocido “Esa es de Disney. A mi me gustaba Disney de chiquito, y era bueno – seguro Disney sigue siendo bueno, porque le sigue gustando a mis nietos.” Por supuesto que no. Jamás pasaría algo así. Claramente los premios de la Academia se tratan de cientos de críticos y analistas del cine serios, quienes viven para ver cine, discutiendo los verdaderos méritos artísticos de tal o cual producción, sopesando qué tan relevante son los mensajes y temáticas que aparecen dentro de las mismas. ¿Cómo se van a dejar llevar por motivos personales o por seguir las tendencias de redes para pretender ser cool y deconstruidos para seguir recibiendo presupuesto y publicidad?

                  O si no, ¿cómo más se puede explicar que Crash ganó Mejor Película en 2006?

                  ¿O que Sergio Vega haya sido el mejor periodista de la FCC de la UASLP en 2018?

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#4 Tiempos

El sentimiento incorporado a la palabra en la obra de Gabriela d’Arbel | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Un jueves por la tarde descubrimos

madrigueras de hierbabuena,

masticamos sus hojas picantes

mientras el día crecía verticalmente.

Nunca quisimos

que se hiciera de noche,

pero los días así de inclinados

no duran tantas horas.

Siguiendo la tradición de los grandes escritores y poetas potosinos, Gabriela d’Arbel estudió en las aulas universitarias de la Facultad de Derecho. En dicha Facultad han transitado un gran número de poetas que han dado brillo a las letras mexicanas, desde Manuel José Othón, López Velarde, Concha Urquiza, Félix Dauajare, Valle Arispe, entre al menos una treintena más.

Gabriela d’Arbel Carlos nació en Guadalajara en el estado de Jalisco, pero prácticamente toda su vida la ha vivido en San Luis Potosí donde ha desarrollado su carrera literaria, que desde los quince años ha ido forjando, participando en los talleres de creación literaria de escritores consolidados como Félix Dauajare, y Juana Meléndez que estudiaron en la extinta Facultad de Humanidades de la UASLP, así como bajo la dirección de César Porras y David Ojeda.

Ha publicado varios libros de narrativa en su primera incursión en la escritura y posteriormente de poesía. Obras que recomendamos para su lectura y que pueden encontrarse en las diferentes librerías de la ciudad. Una buena opción es alentar la lectura en las escuelas básicas, entre los jóvenes potosinos a fin de abrir el campo de la lectura y acercarse a escritores potosinos, o forjados en San Luis como el caso de Gabriela d’Arbel, que mucha falta hace en nuestro medio, como un medio de formar lectores.

Su participación en periódicos es común, pues ha colaborado en secciones culturales en diarios como Pulso Diario de San Luis, La Jornada de Aguascalientes y El Sol de Zacatecas, Periódico de Poesía de la UNAM, así como en revistas como Circulo de Poesía

. Está por publicar un nuevo libro de relatos bajo el sello de Vocho Amarillo que se suma a sus doce libros de cuentos y poesía.

Entre sus reconocimientos destaca la Mención Honorífica que recibió en 2014 del Premio Manuel José Othón de Literatura en el certamen 20 de noviembre de San Luis Potosí con su obra Morfología de fracturas y de manera especial el Premio Internacional de Microrrelato en el Museo de la Palabra en Madrid, España.

Participa en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí como editora y profesora de literatura en el Centro Universitario de Artes.

Esta tradición literaria que ha tenido San Luis Potosí, no ha sido capitalizada por las nuevas generaciones, pues los espacios de lectura y presentación de obras de los escritores locales, como el caso de Gabriela d’Darbel, así como los apoyos para su desarrollo y difusión son escasos por no decir nulos.

La labor literaria de Gabriela d’Arbel es digna de alabarse y esperamos que el publico que lee esta sección se acerque a la obra de Gabriela d’Arbel; un buen ejemplo de fincar el camino de la mujer en el mundo literario.

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#4 Tiempos

Ganar como sea | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Soy de la idea de que antes que el triunfo, está jugar bonito, ya lo decía Cesar Luis Menotti: “prefiero que mi equipo juegue bien y pierda, que gane como sea”, y sí, estoy muy de acuerdo en esa frase del argentino.

Jugar bonito y perder, duele, y duele mucho, sin embargo te da esperanza y seguridad, si tu equipo juega bien y no gana, muy probablemente lo haga el siguiente partido, sin embargo, si se juega mal y se gana, es probable que no vuelva a sacar los 3 puntos. Así funciona el fútbol, primero aprende a jugar, después gana.

Hoy San Luis tiene una verdadera urgencia por ganar, después de una racha negativa con 4 juegos sin tri unfo, la cosa comienza a ponerse compleja, los ánimos de la afición y la confianza de los jugadores, están en juego.

Pero lo más preocupante, sin duda, es el último partido, el peor en la era Gustavo Leal, ni siquiera la goleada en la semifinal contra el América fue tan mala, el partido del fin de semana en CDMX, fue un concierto de errores y poca actitud, los jugadores simplemente entregaron el juego, sin espíritu, sin ganas. Cruz Azul fue más, porque se encontró a un San Luis sin ideas, sin respuesta, fueron 3 pero pudieron ser más.

Eso es lo preocupante y apremiante, San Luis tiene que ganarle a Tijuana como sea, en este juego las formas no importan, el resultado es el rey, se tiene que recuperar la confianza, las ganas, la actitud, San Luis necesita sumar de a 3 y volver a zona importante, Xolos tiene que ser quien ayude a salir del bache.

Pero ojo, que de perder, la esperanza es compleja, si San Luis no gana mañana en el Lastras, el panorama es fatal, un equipo que si no levanta ya, no lo va a hacer después, el reto es ahora y la oportunidad está en su propia cancha. Hoy las formas no importan tanto, hoy primero sumar, después a funcionar.

También lee: ¿Cuatro sin ganar? | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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#4 Tiempos

Un documento llamado “Trivialidad superficial” (Pero que según es profundo, dicen) | Columna de Guille Carregha

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Criticaciones

 

Vivimos en una realidad en donde ViX, básicamente Televisa, financió y distribuyó un documental acerca de lo terrible que es ser un niño reclutado por el narco. No sé ustedes, pero por alguna razón la palabra “ironía” brilla en mi cabeza. No sé por qué.

“Una Jauría Llamada Ernesto”, supuestamente, nos lleva a adentrarnos en un mundo tan turbio como desgarrador: el reclutamiento y la vida de niños sicarios en los círculos del crimen organizado. Desde su concepción, la premisa promete una mirada directa y cruda a una realidad que muchos prefieren ignorar, una mirada que busca desentrañar las complejidades y horrores de la existencia de estos jóvenes atrapados en una espiral de violencia y criminalidad.

Por un lado, aprecio el hecho de que los cineastas hayan visto “Into The Void” y hayan pensado “¡Exactamente así, pero con seres humanos reales en lugar de actores!” porque le otorga al documental un aspecto visual muy único. Desafortunadamente, parece que no entendieron del todo POR QUÉ funciona en “Into The Void” y de alguna manera lo interpretaron mal como “así es como se ve un juego de FPS”, lo que significa que nunca han jugado un solo videojuego en sus vidas aparte de aquella vez que vieron a uno de sus sobrinos jugar Fortnite durante 10 minutos antes de decir “los chavos de hoy en día, ¿verdad?”. Es una idea interesante la de vincular un FPS con niños reales trabajando para un cártel, pero… quiero decir… es bastante problemático y de alguna manera hace parecer que no comprenden realmente sus propios temas y más bien los trivializan para ganar puntos de “innovación en lenguaje audiovisual cotidiano” o una tontería así entre los mamadores del cine.

Por otro lado, la estética elegida para esto lo hace visualmente aburrido. Para quien no haya visto Into The Void (o esta cosa), todo, TODO el apartado visual es ver la nuca de una persona y seguirle mientras camina y vive su vida. Su nuca. Sólo ves su nuca. Y YA. Son unos 80 minutos de “oh, sí, no sabía que los cuellos se arrugaban de esa manera… eh.” Y eso es todo lo que puedes captar con tus ojos, porque aparte de la imagen muy nítida de los cuellos, todo lo demás está borroso (ya sabes, EXACTAMENTE como un FPS). No hay forma de conectar (o a veces incluso diferenciar) a ninguna persona aquí. Son simplemente cuellos anónimos. Y si el objetivo era que a la audiencia no le importara un comino tus temas entonces… Felicidades, supongo. Lo lograste. Porque, hombre, no me importaba nadie aquí.

Finalmente, DESPRECIO las películas en las que tienes que haber visto una entrevista con sus directores para entender la idea básica de una película. No debería tener que buscar un paquete de prensa solo para entender qué demonios estabas intentando hacer con tu “dirección artística”. Resulta que esta película supuestamente crea a un niño imaginario llamado Ernesto

(de ahí el título confuso) mezclando las experiencias de como 7 u 8 niños. No lo sabrías solo viendo la película, porque tener una leyenda de 10 segundos explicando la idea fue demasiado fácil y quieren que pienses críticamente, algo que claramente no hicieron los realizadores.

Es bastante obvio que los cineastas creen que el VERDADERO problema de niños literales siendo obligados a empuñar armas y matar personas a los 9 años es tan común y trillado que las experiencias en esa área son simplemente líneas de diálogo intercambiables, donde al final nadie realmente importa ya que son simplemente carne de cañón y merecen cero simpatía. Además de esto, SUPUESTAMENTE, al menos según iMDB, todo esto se cuenta con el paralelo de “la fabricación de un arma”. Y por “fabricación” quieren decir “colocada dentro de una bolsa y transportada por una autopista dentro de un camión”. Y por paralelo queremos decir “sí, aquí hay como 3 escenas de personas mencionando que mueven armas. ¡SIMBOLISMO!”

Aún peor, la película tiene el ATREVIMIENTO, EL MERO ATREVIMIENTO, de tener alrededor de 10 minutos enteros de pantalla negra con nada más que ruidos de fondo genéricos intercalados aquí y allá porque NO PUDIERON HACER QUE ESTE BODRIO FUERA DE DURACIÓN DE LARGOMETRAJE SIN HACER TRAMPA. “Es que es más prestigioso ser largometraje que un mero corto… así si nos distribuyen… aunque no tengamos nada que decir.”

En resumen, el documental sobre niños sicarios producido por ViX ofrece una mirada superficial y desarticulada a un tema profundamente complejo y conmovedor. Aunque la premisa inicial prometía una exploración audaz y reflexiva de las vidas de estos jóvenes atrapados en la violencia del crimen organizado, la ejecución final deja mucho que desear. Desde su enfoque estilístico cuestionable hasta su falta de cohesión narrativa y profundidad temática, la película no logra capturar la complejidad y la gravedad de su materia prima. En última instancia, el documental deja al espectador con más preguntas que respuestas, y con una sensación de insatisfacción y decepción frente a una oportunidad perdida de abordar un tema tan importante de manera significativa y conmovedora.

¿Estamos seguros de que a las personas detrás de esto realmente les importaba el tema que escogieron? Porque si es así, no se nota en pantalla.

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Opinión