septiembre 25, 2026

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#4 Tiempos

Como cuando te da culpa ver tanto gusto culposo | Columna de Guille Carregha

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Criticaciones

 

Espero ser la única persona a la que le pase, pero hay ocasiones en las que, mientras estoy viendo una película, o el siguiente capítulo de una serie, mientras estoy a la mitad de una sesión de juego, o incluso a la mitad del stream de un álbum, sobre todo si siento que estoy disfrutando de dicho producto mediático y me doy cuenta que estoy sonriendo, me brinca a la cabeza la pregunta “¿Y si esta cosa en realidad es malísima y no me he dado cuenta? ¿Y si en realidad me gustan puras cosas horribles? ¿Voy a ser capaz de reconocer algo de calidad si me lo encuentro? ¿O, peor aún, de disfrutarlo?”. Y, digo, espero ser la única persona porque, a decir verdad, no se me ocurre nada más “first world problem” que una nimiedad de este tamaño, pero de que he sufrido este ataque autoinfligido varias veces, lo he sufrido.

A veces, pasa tan seguido que, en vez de una pregunta retórica generada por mi cabeza para hacerme cuestionar mi consumo de media y ser más analítico, más reflexivo o, en su defecto, miles de decibeles menos mamador para recuperar un poco de la humanidad que he perdido a lo largo del camino, se convierte en un peso que siento que voy a tener que cargar por el resto de mi vida. Siento que cada año me gano la medalla de “la persona con el peor gusto imaginable” en la posada de diciembre de mi vida.

Ahora, mucha gente se imaginará que me hago estas preguntas precisamente por el miedo a que la gente se entere el tipo de cosas que me gusta ver/escuchar/jugar y que termine siendo juzgado por la sociedad o algo similar. Creerán, tal vez, que tengo una colección de playlists de Spotify llenas de canciones pop horribles de los 2000 que oculto de mi cuenta principal solo para que no afecte mi wrapped de cada año, o que mantengo mi cuenta de PlayStation en privado para que nadie sepa cuántas horas le dediqué a [inserte aquí juego socialmente aceptado como la cosa más horrible concebida por la humanidad pero que yo ya platiné].

                  LOL.

La verdad es que todo eso me tiene sin cuidado. Nunca me creí todo ese discurso social de los gustos culposos, como cualquier ser humano al que no irónicamente le haya recomendado canciones de Flos Mariae podrá haber notado. Las cosas horribles pueden convertirse fácilmente en la cobijita del tigre que te envuelve el corazón un miércoles por la tarde después de tres juntas que podrían haber sido un e-mail. Mucho más si las pones a todo volumen al final de la junta y observas cómo se contorsionan en tiempo real las caras de todos aquellos que aún mantienen el vestigio de la ideología “mi consumo mediático define mi nivel de asombrosidad” en público.

Porque ahí es donde entra la cuestión importante, ¿qué significa tener mal gusto? Sin importar qué tan mamador se quiera vender uno, siempre de los siempres habrá un grupo de personas que tachen a los demás de tener mal gusto. No importa si solo ves películas polacas con subtítulos en arameo en la Cineteca Nacional, o si te viste con rompevientos y pants formales FUBU para ir a la boda de tu primo segundo. Todo puede ser, y usualmente es, de mal gusto. El mal gusto está ligada a la creencia de que todos somos parte de una élite intelectual o social, que nosotros si le sabemos, y es nuestro deber aleccionar a los demás para que dejen de ser papas inútiles hundidas en el fango de la incultura. Pero este fango bien pueden ser las telenovelas de TV Azteca o la filmografía de Ari Aster. Todo depende de la ventana juzgona por la que nos miren.

Por ejemplo, como cualquier otra persona en este mundo capitalista, también pasé por un par de años en donde me parecía pertinente juzgar a la gente por el tipo de música que consumían. Fue, si mal no recuerdo, por ahí entre 2012 y 2014, más o menos. Durante esos terribles años en los que me estaba formando como la persona más insoportable en cualquiera de mis círculos sociales, cada vez que veía a alguien disfrutando de música EDM o hablando acerca de lo mucho que deseaban ir a Tomorrowland a (engullir la mayor cantidad de drogas posibles mientras se daban la oportunidad de) ver (el set pregrabado de varios) DJs (quienes lo único que hacen es ponerle play al archivo mp3 en una USB mientras se la pasan brincando en el escenario para aparentar un show dinámico, pero que, aún así, crean música electrónica) de talla internacional “en vivo”, aunque intentara no hacerlo tan público, ponía una pequeña cara de asco que indicaba que le había perdido el respeto a mi interlocutor. Todo esto, cabe aclarar, mientras activamente consumía música de Moderatto sin pena alguna, una banda que generaba precisamente el mismo tipo de expresión facial que la que yo me atrevía a exponer en público, pero de la cual no me creía merecedor.

Por alguna razón, no solo me parecía de mal gusto que alguien estuviera tan embelesado por lo que, debatiblemente, era la música más popular de la época, sino que me levantaba el ego el saber que yo no era parte de ese grupo de personas. Para mi percepción alterada de “recién adulto que se cree que sabe cosas”, todas estas personas se habían convertido en seres inferiores al aceptar disfrutar de este producto, sabiendo perfectamente que, si tanta gente consume y hace popular a un producto, debe ser porque les genera algo; porque está cumpliendo, por lo menos, un objetivo tan sencillo como traerle algo de felicidad.

Ahora, quizá sea una cosa hecha con las patas y que carezca de cualquier índice de calidad marcado por las definiciones más vagas y escuetas concebidas por la humanidad, pero esa es una discusión distinta. Lo popular no tiene que ser bueno, y lo bueno no necesariamente es popular.

En otras palabras, me había convertido en un boomer que odiaba todo lo nuevo porque “no era igual a lo que se hacía en mis tiempos”, y todavía ni siquiera llegaba al primer cuarto de siglo de existencia. Un asco de persona. Tampoco es como si sirviera de algo el haberme convertido en eso. Mi expresión de repugnancia nunca cambió la mente de nadie, a menos que el aplicarme el “cortar a esa persona tóxica de mi vida para poder disfrutar de lo poco que me hace feliz en esta terrible existencia llamada vida” se pueda considerar como el objetivo principal de denigrar en silencio a gente por hacer algo tan irrelevante para el mundo como el escoger ciertos archivos mp3 por encima de otros. No es como si fueran simps de Elon Musk o seguidores del Temach. Nada más pensaban que Infected Mushroom si estaba chido y eso, además de a sus orejas, no le hacía daño a nadie.

El problema radicaba en dos puntos importantes: el primero, que estaba en modo “odia todo lo popular para ser más popular”, cosa que nunca funcionó, y el segundo, y más importante, juzgaba a la gente por consumir tal o cual producto mediático en vez de juzgar al producto en sí. O sea, el problema no es que tu tía, la de los imanes, te recomiende leer Padre Rico, Padre Pobre porque le pareció una lectura interesante con ideas que podrían servirte en el día a día. El problema es que a alguien tan deleznable y elitista como Robert Kiyosaki le hemos permitido tener tanto poder de permeación en la cultura popular. El problema no es que ya hayas leído Cañitas siete veces por puro gusto, y porque quieres ver si las diferentes ediciones tienen algo distinto entre sí. El problema es que la SEP lo tenía en la lista de lecturas aceptadas para leer en secundaria.

Se odia al pecado, no al pecador, como (asumo) diría el Padre Peñaloza.

Entonces, mi pregunta de “¿tendré mal gusto?” no va hacia el qué dirán, sino, más bien, me preocupa que con una existencia tan finita como la nuestra, en donde no se puede legislar la idea de que un mexicano promedio no pueda trabajar más de 78 horas semanales “porque se nos desploma el PIB”, en donde tenemos como dos horas libres cada semana para “ver a los amigos, dormir, ver películas, limpiar la casa, hacer trámites en el banco y reponer la INE que se nos perdió en 2018”, esté gastando mis tiempo finito de esparcimiento en productos chafones, cuando podría estar consumiendo cosas que realmente me parezcan excelentes. ¿Qué tal que, al final, me dé cuenta que gasté mi vida intentando encontrar una comedia mexicana post-2010 que sí de risa en vez de cringe, cuando podía nomás darle chance a las de Carlos Enrique Taboada? ¿De verdad necesito ver la segunda temporada de ese isekai animado a siete cuadros por minuto nada más porque ya vi la primera, en vez de ver las películas nuevas de Evangelion? Cabe aclarar que existe la posibilidad de que termine odiando estas cosas socialmente mejor calificadas, pero ¿cómo me voy a dar cuenta si no les doy oportunidad? Lo peor que puede pasar es que tenga algo nuevo a lo que odiar.

Estando casi en 2024, creo que debería de dejar de existir la categoría de gusto culposo – eso es un término inventado por los metaleros trve para hacer sentir mal a quienes oyen literalmente cualquier otro género musical –, pero no puedo negar que también me preocupa que toda mi dieta audiovisual se haya convertido en gustos culposos últimamente. ¿Y si tal vez sí consumo pura media mediocre?

Total, todo esto lo escribí para decir que gasté casi 140 horas de mi 2023 platinando Marvel’s Avengers en mi PS4 y no me da pena aceptarlo. Es más, hasta lo volvería a hacer.

Necesito ayuda.

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El Cronopio

Matilde Soto Landeta, pionera directora cinematográfica de México | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

A la larga lista de personajes potosinos que participaron brillantemente en el cine mexicano, en especial en la época de oro, siendo pioneros en el género, algunos de los cuales los hemos tratado en esta columna, se encuentra Matilde Soto Landeta, que si bien nació en la Ciudad de México, vivió su infancia y cursó sus primeros estudios en la ciudad de San Luis Potosí donde tiene sus raíces.

En 1913 México pasaba por importantes cambios políticos que agitaban al país, Madero había asumido la presidencia de la República, pero enfrentaba serios problemas de dirección que le llevaría a ser derrocado en los eventos de la decena trágica. Por esas fechas las enfermedades asolaban a la población, en especial la tifoidea, enfermedad que le causaría la muerte a Matilde Landeta Dávalos madre de Matilde Soto cuando esta tenía tres años de edad. Su madre originaria de Matehuala, San Luis Potosí, se casó en 1903 con Gregorio Soto Conde en San Luis Potosí, donde nacieron sus primeros hijos y fueron a radicar a la Ciudad de México, donde nació Matilde Soto Landeta el 20 de septiembre de 1910, aunque en varias crónicas sitúan su nacimiento en 1913.

Al morir su madre, Matilde Soto es traída a San Luis Potosí con su abuela y vive su infancia y adolescencia en la capital potosina. Estudió sus primeras letras en el colegio del Sagrado Corazón y la secundaria con las madres dominicas. En sus estudios mostró una fuerte inclinación por el arte pues comenzó a montar obras de teatro para su familia y amigos.

Al igual que el resto de los personajes potosinos que incursionaron en el cine. Nace su inclinación a este arte en una de sus visitas a Estados Unidos que realizó cuando tenía diecisiete años, con su hermano el actor Eduardo Landeta, lugar donde nacería su inquietud por incursionar en la realización de películas.

A inicios de la década de los treinta regresa al país y se familiariza con el ambiente cinematográfico al visitar los estudios de la Nacional Productora donde fue contratado su hermano como actor en la película de Miguel Zacarías, “Sobre las olas”, protagonizada por los potosinos Adolfo Girón y Emma Roldán, ya tratados en esta columna. Desde entonces estaría ligada a ese ambiente por alrededor de sesenta años. Contra viento y marea emprendió el aprendizaje del quehacer cinematográfico adentrándose, además, en aspectos de edición y fotografía de la mano de los grandes creadores de la época.

Inmediatamente participa como ayudante de guionista en la película de transición del cine mudo al sonoro, “El prisionero trece” de Fernando de Fuentes y en el lapso de diez años da sus primeros pasos como asistente de dirección. Los problemas de desigualdad de género se manifestaron pues su trabajo no era del todo reconocido, y su inquietud por dirigir sus propias películas se dificultaron entre estas desigualdades y la facilidad para conseguir los recursos económicos. Terminó financiando sus propios proyectos y logró dirigir sus primeras películas a fines de los cuarentas, con el estreno de Lola Casanova en 1948, primera película dirigida por una mujer

, en 1949 estrenaba su película La negra Angustias y en 1951 Trotacalles, donde se presentaron conflictos sindicales que la retiraron por un buen tiempo del cine.

Uno de sus grandes proyectos que no dejaron de estar entre la lista de obstáculos a su carrera, fue el proyecto que trabajó junto a su hermano Eduardo Landeta, la dirección de la película Tribunal de Menores, proyecto sobre el cual la convencieron de vender el guion y los financiadores se lo otorgaron a otro cineasta que realizó la película “El camino de la vida”, película que se hizo merecedora al Premio Ariel de 1957 y fue merecedora al premio del mejor Argumento en los premios Ariel, así como la Mención de Honor en el Festival de Berlín. Matilde Landeta, como se le conoce en el medio, al asumir el apellido de su madre al igual que su hermano, demandó a la financiadora, pues además decidieron eliminar su nombre de los créditos del guion, demanda que prosperó y logró se conservaran su nombre y el de su hermano como los realizadores del guion de la premiada película que fue dirigida por Alfonso Corona Blake, una película donde Matilde Landeta retrata la vida de los niños marginados en Ciudad de México a través de tres delincuentes de un centro tutelar de menores. Uno de ellos mató a su padrastro para proteger a su madre, otro dejó ciego a su tutor para defenderse de sus abusos, y un tercero se ve obligado a robar para poder comer.

Temas que serían comunes en los guiones y películas de Matilde Landeta, donde coloca como protagonistas a las mujeres y grupos desfavorecidos sosteniendo la mirada femenina en el relato. Lo que definía como el cine de la mujer, aspirando a crear ese otro cine, creando un estilo narrativo donde las mujeres dejaban de ser figuras inmóviles.

Tras los conflictos en que se vio envuelta, fue excluida del cine mexicano, incursiona en la realización de alrededor de 110 cortometrajes en Estados Unidos. Impartió clases en la primera escuela de cine en México en el Instituto Cinematográfico y llegó a presidir la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. Regresó al set de filmación, después de cuarenta años de haber sido excluida, dirigiendo en 1992 Nocturno a Rosario.

Su obra fílmica es marcada por la defensa de la libertad y la capacidad de las mujeres a decidir sus acciones y sus vidas. Murió el 26 de enero de 1999 en la Ciudad de México.

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El Cronopio

La formación científica de Mariano Jiménez | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

José Mariano Jiménez ha pasado a la historia por ser uno de los caudillos del movimiento revolucionario. Por lo común ha quedado ausente en las arengas que en las ceremonias del grito de independencia los quince de septiembre se invocan a los héroes que nos dieron patria y libertad. Lo lamentable, es que en su propia tierra se le ignore en esas festividades.

Mariano Jiménez luchó con las armas al lado del Padre Hidalgo y Allende y superó en estrategias a los mismos generales en la Batalla de las Cruces, donde pedía Jiménez dar el golpe definitivo. La historia fue otra. Pero también combatió con las armas del conocimiento, como forma de emancipación del pueblo mexicano que exigía libertad y justicia. Mariano Jiménez se preparó en el Real Seminario de Minería con los mejores profesores de la época a nivel mundial y cultivó, junto a sus compañeros que dieron la vida por forjar una patria independiente, un pensamiento crítico donde se cuestionaba el estado social de la época.

Sus compañeros egresados del Real Seminario de Minería que fueron ejecutados tras la toma de la Alhóndiga de Granaditas por el ejército realista, fueron Rafael Dávalos, Casimiro Chowell, Ramón Fabié, Vicente Valencia y Mariano Jiménez que fue capturado y fusilado junto a Allende y Aldama, entre otros cabecillas de la insurgencia.

Mariano Jiménez también pasa a la historia de la ciencia mexicana y de la potosina al ser uno de los primeros potosinos que cursó cátedras formales de matemáticas, química, física y mineralogía, orictognosia, geognosia y laboreo de minas, con los profesores y científicos Andrés José Rodríguez, Francisco Antonio Bataller, Andrés Manuel del Río, Luis Linder y Fausto de Elhuyar. Destacó en su carácter de estudiante del Real Seminario de Minería ocupando los primeros puestos en aprovechamiento y por lo mismo, siendo elegido para presentar exámenes públicos, llamados Actos Públicos, ante el Tribunal de Minería y público interesado. Fue de los pocos alumnos que participó en todos los años que estuvo como estudiante, desde 1796 hasta 1800. Siendo examinado en los exámenes generales para proceder a su periodo de practicante el 8 de enero de 1801.

Sus prácticas las realizó en el Mineral de Sombrerete y posteriormente en la mina del Márquez de Raya en Guanajuato a petición de este. Las prácticas las terminó en 1804 y presentó su examen de titulación para graduarse como perito facultativo minero el 19 de abril de 1804.

Los Actos Públicos que presentó Mariano Jiménez dan cuenta de su formación científica, que fueron presentados en cinco ocasiones, correspondientes a sus años de preparación, desde 1796 donde presentó el Acto Público de Matemáticas donde sustentó sobre aritmética, álgebra y geometría elemental. En 1797 presentaba el Acto Público de Matemáticas sustentando los temas de trigonometría rectilínea, secciones cónicas y cálculo infinitesimal, diferencial e integral. En 1798 sustentaba el Acto Público de física contestando sobre física experimental, dando razón de las propiedades generales de los cuerpos, de la estática, dinámica, hidrostática, hidráulica y aerometría.

En dichos exámenes públicos los estudiantes no sólo defendían los conocimientos adquiridos sino presentaban resultados novedosos en los diversos temas científicos, donde la contribución con nuevo conocimiento fue muy común en los alumnos del Real Seminario de Minería. Una de sus famosas presentaciones públicas fue en la materia de orictognosia, o el estudio de los fósiles, que en aquella época iniciaba como disciplina y en la cual, geognosia y labores mineras junto a su compañero Miguel Álvarez Ruiz. Con respecto a la orictognosia, manifestaron que de las notas o caracteres exteriores, químicos, físicos y empíricos que pueden servir para distinguir los fósiles y clasificarlos es necesario recurrir al análisis químico, pues su distribución en clases, familias, géneros, especies y variedades se funda en sus principios constitutivos. Esta conclusión guió los trabajos de investigación en el tema muchos años después.

Otra de sus contribuciones importantes fue en el área de la química y con ello inauguraba la introducción del estudio de la química moderna en México. Los químicos del siglo XVIII sostenían la presencia del flogisto como responsable de la combustión de los objetos, se decía que al arder los objetos perdían flogisto, por lo que, el flogisto era una sustancia que formaba parte de los cuerpos combustibles. Tal era el estado del arte en la química, cuando el joven potosino y su compañero Álvarez Ruiz demostraron que el aire y el agua eran sustancias compuestas, que la teoría del flogisto era falsa.

El estudio presentado por Mariano Jiménez y Álvarez Ruiz, contribuía a esclarecer los principios de la combustión y la composición de los cuerpos, pues aún en esos años algunos químicos seguían apoyando la teoría del flogisto y la aseveración que el agua no era una sustancia compuesta.

En estos días de festejos patrios, es necesario recordar que los procesos de emancipación incorporan también al conocimiento y en este sentido los potosinos debemos sentirnos orgullosos de personajes como José Mariano Jiménez que brilló más allá de la lucha armada por construir un país.

Los detalles sobre su formación científica y su papel en los Actos Públicos en la llamada primera casa de las ciencias de América pueden leerse en mi reciente artículo disponible en la dirección: https://www.researchgate.net/publication/414299527_Los_Actos_Publicos_de_Jose_Mariano_Jimenez_en_el_Real_Seminario_de_Mineria

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El Cronopio

La joven promesa potosina del canto lírico, Jaqueline del Rocío | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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Una de las herederas de la tradición potosina del canto lírico, representadas por María Luisa Escobar, Ernestina Perea y Oralia Domínguez, tratadas con anterioridad en esta columna, es la joven soprano Jaqueline del Rocío Medina Pérez.

Jaqueline del Rocío Medina creció en un ambiente musical, su padre es el chelista Raymundo Medina, mismo que comenzó a formalizar desde los cuatro años con lecciones de música combinando el juego y lo que sería su vocación, la música, iniciándose en la práctica del violín para después destacar en el ámbito del canto.

Egresada de la Licenciatura en Canto de la Unidad Académica de Artes de la Universidad Autónoma de Zacatecas “Francisco García Salinas”, se ha convertido en una de las voces más destacadas de la lírica mexicana contemporánea. Inició sus estudios en la Escuela Estatal de Iniciación Musical Julián Carrillo, en donde también imparte clase. En otro recinto con ese nombre del músico potosino, obtuvo en el mes de agosto de 2026, un doble premio: el Primer Lugar Femenino, así como el prestigioso Premio Concurso María Callas en la décima edición del Concurso Internacional de Canto Linus Lerner.

El certamen es reconocido como una de las plataformas de mayor exigencia y proyección para jóvenes intérpretes de la música clásica y la ópera en México, cuya final se realizó en la sala Julián Carrillo de la UNAM. Donde se evalúa principalmente aspectos técnicos esenciales del canto lírico como la solidez vocal, el dominio del repertorio operístico, la interpretación interpretativa y el desenvolvimiento escénico en disciplinas que incluyen zarzuela, oratorio, lied y canción de concierto.

Este prestigioso premio se suma a los galardones en otros certámenes que ha obtenido Jaqueline del Rocío, como el premio obtenido en 2024, Primer Lugar del XLI Concurso Nacional de Canto Carlos Morelli con la interpretación del aria de Il corsaro: Non so le tetre immagini, así como el Premio del Público Pro Ópera en el mismo evento, premio concedido por voto directo del público, donde participaron, como cifra récord, 180 aspirantes; además obtuvo el Premio de Ópera de Bellas Artes, un recital con la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Inbal, un recital con la Dirección de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México, la participación en un título de la temporada de la empresa Escena 77 Producciones y el Premio Ópera de San Miguel, la Orquesta Sinfónica del Estado de México le ofrece una actuación en su temporada de conciertos.

Los premios obtenidos en 2024 en Bellas Artes llevan el nombre del barítono italiano que realizó su carrera en México al llegar en 1938, a interpretar el papel titular en Rigoletto, de Verdi. A partir de entonces permaneció en nuestro país, hasta su deceso en 1970.

Jaqueline del Rocío ha formado parte de la Orquesta de Cámara de Zacatecas, y como solista en la Academia de Música Antigua de Zacatecas y la Camerata de San Luis Potosí. Otro premio digno de mención es el obtenido en el 2022, donde ganó el Premio del Público y Mención Honorífica en el Concurso de Canto Lírico de América Orfeo. Obtuvo el rol principal en las óperas Don Giovanni de Amadeus Mozart y La Boheme de Giacomo Puccini.

Lo anterior habla de una gran promesa en el canto lírico y que esperamos se puedan realizar conciertos locales donde el público potosino pueda apreciar su gran talento, como sucedió en el Festival de Ópera de San Luis Potosí, Linus Lerner, donde participó en La flauta mágica, de Mozart; y Hansel y Gretel, de E. Humperdinck. Tiene una importante carrera por delante, para la cual continúa en su preparación y perfeccionamiento redondeando su preparación en canto, expresión y actuación escénica.

Puede decirse que la vida de Jaqueline del Rocío ha transcurrido en la música y, que su futuro en el canto lírico dará mucho que hablar en los escenarios nacionales e internacionales, sumándose a pléyade de divas potosinas que han puesto en alto el nombre de San Luis Potosí en los grandes escenarios mundiales.

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