mayo 7, 2021

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#Si Sostenido

Piratas y tesoros | Un texto de Eduardo L. Marceleño

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«Puede que así se equilibren las cosas: diamantes y piedras preciosas para la gente fea; y bigotes grandes, gordos y feos para todas las chicas bonitas».

 

La tarde era fresca. Paramos a comprar cerveza, luego caminamos hacia la playa. Avanzamos hacia la costa y ahí nos olvidamos de la cerveza para sumergirnos en las olas.

Alex Scally es tan limpio que tiene que quitarse los zapatos para tocar su guitarra. Y Victoria Legrand canta mientras llora. A esa mezcla de sollozos y limpieza le llamaron Beach House.

Espero poder andar tan tranquilo como la musicalidad de un sollozo limpio, como en una canción de Beach House. Llorando con estilo, como hace uno que otro cojo cuando la ausencia de una pierna recuerda con tristeza a la otra, pero se las arregla para andar tan tranquilo, con bastón o sin el, arrastrándose o dando brinquitos como uno de esos juguetes sorpresa que saltan sobre una sola extremidad cuando salen de su caja musical.

A los 15 años conseguí un trabajo de mierda, limpiando mesas en un café. Pero había una chica muy bonita que atendía la barra. Era delgada, rubia y de una piel alucinante, muy blanca, que, bastando dos o tres rayos de sol, entregaba a la vista un tintineo como el de los diamantes cuando muestran la autenticidad de su belleza a poco que les toque la luz. Una chica preciosa. A veces también dejaba la barra para hacer de mesera, y era muy amable con los clientes. Cuando se ponía de mesera los clientes siempre le dejaban una generosa propina, y ella, como no necesitaba o no le interesaba ganar más dinero, lo regalaba a todos los demás trabajadores, quienes nos lo repartíamos con alegría verdadera; no porque fuera un extra, sino porque era un regalo de ella, y todos queríamos sentirnos especiales.

De vez en cuando un chico con un bigote grande, gordo y feo, llegaba a recoger a la chica. No parecía un chico, sino un bigote con pies que se aparecía como saltos de susto en una película de terror, a las inesperadas y de cuando en cuando.

Para cerrar la barra, ella secaba los platos y las tazas recién lavadas, y terminaba, con el mejor ánimo del mundo, de limpiar toda esa porquería que se junta con vida propia durante el día.

El chico del bigote era horrible. Siempre con su asqueroso bigote y esa estúpida forma de aparecerse sin siquiera avisar. A veces las chicas más bonitas ignoran los detalles más importantes cuando tienen por novio a un chico más feo que el demonio.

Puede que así se equilibren las cosas: diamantes y piedras preciosas para la gente fea; y bigotes grandes, gordos y feos para todas las chicas bonitas.

«Todos los días bebo, todos los días lloro, todos los días pienso en ti», dijo el chico del bigote cuando ella lo dejó para irse a vivir a la costa.

Los poemas me ponen grave, pero siempre acudo a ellos cuando me aburro. A veces uno tiene mucho miedo y no hay nadie cerca que venga a decirte ‘cálmate’. Entonces caen a raudales el pánico y la locura, como las avalanchas y sus toneladas de nieve cuando le has gritado de frente a la montaña. Y terminas girando sobre tu propio cuerpo, tumbado sobre el piso, en la forma de un grotesco feto de edad adulta, mordiéndote las uñas.

También pasa que hay uno que otro imbécil que nunca se cree nada de lo que pasa en el mundo, y entonces uno se ve en la penosa necesidad de recordarle que la cosa va en serio, así te cuesten dos o tres buenos golpes en la cara.

Ojalá haya alguien cerca para darnos calma o golpearnos para siempre. 

De a poco se pierde, por otro lado, de vista lo más cercano. Se escapa el gozo o se escurren de las manos las pocas chicas lindas que voltearán a verte. Si uno piensa en todas esas mujeres preciosas que nunca se fijaran en ti, uno va y quiere morirse. Por eso resulta especialmente cruel cuando una de ellas te mira y luego ha dejado de tenerte en cuenta. Pero en esto no hay nada que puedas arreglar, la suerte en este tema ya fue echada hace millones de años.

Todos alguna vez fuimos el chico del bigote horrible, a qué negarlo.

Paramos a secarnos sobre la arena, las latas de cerveza estaban a medio enterrar pero enteras. Nos las bebimos todas, es decir, yo dos y una ella. La sombrilla se agitaba en el aire, y de apoco su sombra dejaba de ser efectiva. Algunos pocos rayos de luz alumbraron su piel de diamante y entonces jugamos a piratas y tesoros. Yo era el pirata, así que sobra decir quién ocupaba el lugar del tesoro.

 

Pintura: Monhegan Maine, Nicholas Roerich (1946).

 

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Todavía no impriman las boletas | Columna de Jorge Saldaña

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TERCERA LLAMADA.

Espere señor impresor que aún la nave del olvido no ha partido. Para las próximas 24 horas la elección potosina puede tomar un nuevo rumbo con nuevos protagonistas.

Las incertidumbres florecen con el anuncio de la Unidad de Fiscalización del INE, la misma que quitó la candidatura a Raúl Morón y a Félix Salgado Macedonio en Michoacán y Guerrero respectivamente, ha puesto en la mesa la posibilidad de retirar también su condición de candidata a Mónica Liliana Rangel Martinez, la hasta hoy abanderada potosina y además por las mismas razones.

Si el Consejo General del INE toma el mismo criterio (que debería de acuerdo a una cosita que se llama jurisprudencia) con Mónica que con Felix y Raúl, para hoy jueves por la tarde noche, la ex secretaría de salud estaría perdiendo su lugar en la boleta electoral.

Pero hay más, Culto Público, también en las próximas horas el Supremo Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, última e inapelable instancia, estaría determinando si Xavier Nava puede o no estar en condiciones legítimas de reelegirse como alcalde ahora postulado por Morena.

Ambas situaciones abren posibilidades poco exploradas por inverosímiles y prácticamente impensables en el cálculo político de apenas unos meses. El tablero se mueve con 31 días de anticipación para la votación.

Xavier se puede quedar sin candidatura a la alcaldía por no cumplir el requisito de ser postulado por el mismo partido político que lo llevó al poder en primera ocasión y por participar en dos procesos internos al mismo tiempo con partidos distintos.

Si bien la Sala Superior de Monterrey, con voto dividido, le regresó sus derechos de candidato, en la tercera y última instancia, el apego al texto constitucional debe privilegiarse por encima de la interpretación muy endeble de la ambigua renuncia a la militancia.

Es decir que Xavier, en pocas horas, una vez más, corre el riesgo de quedarse fuera de la boleta municipal, sin embargo, ante la propuesta de la Unidad de Fiscalización de sancionar a Mónica Liliana Rangel con retirarle la candidatura, la coyuntura podría permitir a Nava Palacios colarse a la boleta en la que quiso estar desde el inicio: rumbo a la gubernatura.

Si a Mónica le quitan la nominación, asunto muy probable si el Consejo General del INE aplica los mismos criterios que aplicó con Salgado y Morón, Morena tendría 48 horas para sustituir a su candidato, que podría ser varón porque en Guerrero cambiaron de género a mujer al otorgar la candidatura a Evelyn Salgado, por lo que los equilibrios de género estarían a salvo.

Si el STEPJF baja a Nava, es porque este estaría impedido de repetir como alcalde, pero nada le prohíbe ni a él ni al partido que se convierta en el candidato sustituto de Rangel Martínez.

Morena tendría que dejar la candidatura de la capital a alguien más, nombre que sería irrelevante pues en la práctica estarían abandonando la idea de ganar San Luis a cambio de la apuesta mayor que es la de suceder a Juan Manuel Carreras.

Mónica, aunque lo niegue, hizo precampaña y está comprobado y registrado. Por miles de entrevistas con Carlos Loret en las que lo desmienta y por docenas de comunicados nocturnos en los que insista en que su candidatura está firme, la doctora no presento reporte de gastos de ese periodo, y lo que es más absurdo aún, es que asegure que no se había siquiera separado del cargo en el periodo de precampañas.

¿El escenario es posible? Sí. ¿Probable? Quién sabe. Morena podría muy bien echar mano de Juan Ramiro Robledo Ruíz para sustituir a Rangel y dejar a Xavier Nava a su suerte de lo que decida el Tribunal Electoral.

Nava podría incluso no perder su condición de candidato a la alcaldía si los magistrados de la tercera instancia se lo permiten y hasta Mónica, en un asunto que sería de locura para Morena y sus dirigentes, podría ser juzgada en forma distinta a la de sus símiles de Guerrero y Michoacán.

Mientras tanto, yo no apretaba el “control + P” de la maquinaria de impresión de las boletas potosinas. Sea cual sea el resultado, el viento enrarecido arrecia para San Luis Potosí y la elección potosina, asomada ya a la vuelta de la esquina está en “ascuas” como diría mi enferma abuela.

En cualquier caso, la cercanía de la contienda parece dejar a cualquiera con tiempo insuficiente en todos los escenarios, Mónica se ve lejos de remontar, Xavier se ve lejos de poder ampliar su campaña a 58 municipios en tres semanas y Juan Ramiro Robledo (otro de los posibles bateadores emergentes) tendría una cruzada tan cuesta arriba que hasta sería difícil pensar en que acepte semejante empresa destinada al fracaso.

¿Pero qué mas da, Culto Público? Si en este San Luis Potosí, el más panista es candidato del PRI, la más priista es de Morena, el grupo más Fifí y anti-4T hoy corea “es un honor estar con Obrador” cuando hace unos meses tildaban públicamente al partido del presidente y sus aliados de “porquería” y el Tecmol piensa que gana votos dando vueltas gratis a niños en su helicóptero…(pfff).

En este mundo tan bizarro, ya nada más nos falta ver que el Mijis se afilie al PAN y el Gabo Salazar regrese lo que les bailó a sus clientes.

En fin, que estamos a unas horas de conocer el desenlace de otro embrollo morenista, quizás el último antes de preguntarnos: ¿Quién se lleva la elección? ¿Pollo u Octavio? A los de Morena pues ahí nos avisan cuando terminen sus impugnaciones y se pongan de acuerdo ¿no?

Hasta saber certezas de ambos casos, no me platiquen más, que quiero imaginar que no existe el pasado… (Ah no, esa es de Garrido pero me vino a la cabeza y me salió por los ojos).

¡Hasta la próxima!

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Menos del 30% de las personas que dedican a la investigación son mujeres

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Algunas cifras a propósito del Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia

Por: Itzel Márquez

Este jueves 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, por lo que es un momento oportuno para hacer una pausa y reflexionar sobre la brecha social que aún existe en la ciencia por temas de género, a pesar de que cada vez son más los espacios ocupados por mujeres.

La conmemoración se remonta seis años atrás, al 22 de diciembre de 2015, fecha en la cual la Asamblea General de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) estableció para reconocer el papel tan importante de las niñas y mujeres en ciencia y tecnología.

En pleno 2021 la desigualdad por razones de género sigue imperando en el mundo y en todos los ámbitos, la ciencia no es la excepción, pues actualmente menos del 30% de las personas que se dedican a la investigación son mujeres. La UNESCO también calcula que solo el 30% de estudiantes mujeres en nivel superior eligen desarrollarse en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, en todo el mundo solo el 3% de la matrícula corresponde a mujeres en tecnología, información y comunicaciones, ciencias naturales, matemáticas y estadísticas 5%, mientras que ingeniería, manufactura y construcción 8%.

Otros números preocupantes en este tema son los referidos por: Carmen Fenoll, investigadora y presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), quien anota que en los libros de secundaria son menos del 8% los referentes de mujeres científicas, lo cual hace que se identifique la ciencia como una actividad masculina; además, desde 1901 hasta 2020, los premios Nobel se han otorgado solo 58 a mujeres (la mitad de estos por actividades en la ciencia), frente a 876 recogidos por hombres.

Este 2021, sin dejar de lado la contingencia sanitaria que se vive en el mundo, el lema es “Las mujeres científicas, líderes en la lucha contra el COVID” y desde la UNESCO se plantea un evento virtual, en el cual participen científicas que han estado al tanto del Covid-19 desde su inicio hasta la fecha.

En este sentido, en México un grupo de siete mujeres científicas, se han dado a la tarea de investigar el covid-19 y sus efectos a largo plazo: Talia Wegman, Sandra López, Carol Perelman, Rosalinda Sepúlveda, Paulina Rebolledo, Angélica Cuapio y Sonia Villapol; los resultados de su investigación fueron presentados el pasado 30 de enero.

ALGUNAS MUJERES Y SUS APORTACIONES EN LA CIENCIA

Marie Curie: primera mujer reconocida con un Premio Nobel en Física y Química, reconociendo su trabajo en la ciencia.

Margherita Sarrocchi: filósofa y poeta; intercambió ideas con Galileo Galilei.

Helia Bravo: primera bióloga en México, especialista en cactáceas; fue fundadora del jardín botánico de la UNAM.

Nubia Muñoz: epidemióloga en el Centro Internacional de Estudios Sobre Cáncer de Colombia, fue nominada al premio Nobel por descubrir el virus del papiloma humano como principal causa del cáncer del papiloma humano.

Kathrin Barboza: originaria de Bolivia, bióloga y especialista en murciélagos; ha estudiado a la bioacústica de los murciélagos y su importancia en los ecosistemas.

Sandra Díaz: ganó el premio de Asturias por sus aportes en ecología, recibió el título como “guardiana de la biodiversidad” por la revista Nature.

María Teresa Ruíz: primera astrónoma chilena, así como la primer mujer en recibir el premio Nacional de Ciencias Exactas.
Marie Tharp: realizó los primeros mapas de los suelos oceánicos.

Flora de Pablo: doctora en biología molecular que lucha por la reivindicación de la mujer en la ciencia, con la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas.

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San Vicente y la hiperactiva | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Durante mucho tiempo abrigué por la gente que se dormía temprano una sincera antipatía. ¿Cómo dormir cuando se podía leer? No sé por qué, pero me daba la impresión de que estas personas se cuidaban a sí mismas demasiado. Cuidaban su vista, cuidaban su sueño, cuidaban su salud, pero no hacían nada más. ¿Y no era necesario hacer algo más?

Por si fuera poco, en aquel entonces hasta elaboré para mi uso personal una tipología gracias a la cual me era posible clasificar en grados y jerarquías a estos durmientes odiosos. En la cúspide, naturalmente, se encontraba el «durmiente tacaño», es decir, aquel que se iba pronto a la cama para no gastar luz eléctrica, energía o palabras. Pues, ¿por qué se iba a dormir tan pronto si no para ahorrarse un rato de televisión, un momento de reflexión, o una hora de conversación? Los durmientes de esta especie me causaban horror. Eran metódicos, aburridos y, sobre todo, avaros. Ignoraba qué relación había entre el durmiente precoz y el amor al dinero, pero me parecía que, de una manera secreta, misteriosa, tal relación existía. ¿Y no se ha fijado usted que los avaros hablan siempre susurrando, como si conspiraran? ¡Es que su vida es toda una conspiración!

Hoy las cosas han cambiado. La tipología se ha hecho menos rígida, y aunque sigo viendo con recelo a los que a las diez de la noche ya andan por el quinto sueño, pienso que apagar la luz a cierta hora es algo que exige grandes dosis de autodominio y de humildad. «Se necesita fe para dormirse, para comenzar cualquier tarea», escribió Erich Fromm en El arte de amar. ¿Fe para dormirse? Sí.

A menudo me descubro a mí mismo buscando por la noche cosas en qué ocuparme para no dormir. Empiezo a leer un libro, lo cierro, tomo una hoja de papel, escribo, cancelo párrafos, los rehago y vuelta a abrir el libro apenas dejado hace un momento: un círculo vicioso que conforme pasa el tiempo se vicia cada vez más. Y el tictac del reloj siempre allí, anunciándome el lento transcurrir de las horas. ¿Ansiedad? Tal vez, aunque no estoy muy seguro. ¿Miedo a la oscuridad? ¡Nada de eso! Quizá sea orgullo, pero orgullo de una especie muy particular.

Mi tenacidad es muy parecida a la de aquel que sabe que quizá mañana ya no estará y necesita apresurarse. ¿Falta de confianza? Pudiera ser, pues dormir exige confianza en la vida y, sobre todo, en Dios. «En paz me acuesto y en seguida me duermo, porque tú, Señor, me haces vivir tranquilo», cantaba el salmista lleno de tranquilidad (Salmo 5, 1): es la confianza del que cree que si Dios le ha dado vida, no tiene por qué no seguir dándosela mañana, pasado mañana e incluso la semana entrante. «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto al Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo Israel» (Lucas 2,29-32): he aquí la oración del justo, es decir, del hombre que ha tratado de hacer las cosas lo mejor que podía. También es la plegaria con que la Iglesia manda a sus hijos a la cama en la oración de Completas, pues si bien es cierto que son las palabras de un anciano, de Simeón, bien pudieran ser también las de uno que se dispone a cerrar los ojos y a decir adiós al día que termina.

¡Apagar la luz! ¡Qué difícil resulta a veces ejecutar este acto que debiera ser el más sencillo! Atlas deja, aunque sólo sea por unas horas, el mundo a sus pies; Sísifo suelta la piedra y deja que ruede, pues ya irá mañana por ella al pie de la montaña; Tántalo olvida sus suplicios y su sed; Damocles cierra los ojos para no ver la espada que pende sobre su cabeza. Todo queda en un estado como de suspenso. El cuerpo se abandona; los puños se abren, relajados; la respiración adquiere su ritmo natural; los músculos se distienden y los ojos se cierran, abandonándose a la contemplación de una nada reparadora.

Aunque debamos concluir lo antes posible cuanto traemos entre manos, es necesario dormir y atrevernos a apagar la luz. El que no duerme nunca, pronto irá a dormirse para siempre, pero lejos de su cuarto, a otro lugar. Hay que hacer las cosas con la confianza de quien sabe que mañana, si Dios quiere, podrá terminarlas si quedaron incompletas, o rehacerlas si le salieron mal. Mañana, hoy ya no.

Cuánta razón hay en las palabras con que San Vicente de Paúl (1581-1660) amonestaba a una hiperactiva amiga suya: «Cuando gocéis de buena salud –le decía-, tened cuidado de conservarla por amor de Nuestro Señor y de vuestros pobres miembros, y cuidaos de no hacer demasiado. Es una astucia del diablo para engañar a las buenas almas el incitarlas a hacer más de lo que pueden con el fin de que más tarde nada puedan hacer. En cambio, el Espíritu de Dios invita dulcemente a hacer el bien que razonablemente se puede hacer con el fin de que lo hagamos perseverante y largamente».

Sí, hacer demasiado puede ser nefasto: una tentación del demonio. Hace tiempo, por ejemplo, me dije a mí mismo: «Mis feligreses tienen derecho a saberse el número de mi teléfono celular, pues nadie sabe a qué hora del día o de la noche podrán necesitarme». ¿Qué más generoso que estar a disposición de todos las veinticuatro horas del día? Y di a conocer mi número en una hoja volante. Pero una noche –eran alrededor de las 3 de la madrugada- alguien me habló para decirme: «Hola, padre». Yo pensé que se trataba de un moribundo, o tal vez de un enfermo grave, pero no era así.

-¿Sabe? –me dijo la voz-, como no puedo dormir, he pensado hablarle a usted. ¿Cómo está? ¿Le fue bien hoy? ¿Qué hará más tarde?

Yo quería matar a ese cretino. Pero de nada valía lamentarme: el culpable, por lo menos de esto, era yo mismo.
El diablo –tal es la idea de San Vicente- quiere que nos quememos antes de tiempo. Pues bien, no hay que darle gusto. Una vez hecho lo que se ha podido, hay que apagar la luz. Y también, de ser posible, nuestro teléfono celular. Buenas noches.

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