#Si SostenidoEduardo L. Marceleño

Piezas de una sola belleza | Un texto de Eduardo L. Marceleño

Estábamos sentados y recordé que no me gusta la cocacola ni el café negro. La plaza España estaba vacía. Ella llevaba un arma en su bolsa, una pistola preciosa. Moría por verla, le pedí que la sacara. Se negó y después nos largamos de la plaza España, como huyendo de vaya a saberse qué demonios, porque la plaza estaba vacía, y aun corriendo la sangre se nos helaba, como si alguien fuera detrás nuestra, persiguiéndonos, para matarnos o algo por el estilo.

Las limosinas son glamurosas, a ella le gustaría mucho pasearse por toda la ciudad en una. Si me lo hubiera dicho antes, hubiera robado una limosina para ella. Quién diría que a lo más que iba a llegar era subir contra su voluntad a una ambulancia y más tarde a una carroza. A qué negar, en cambio, que el arma, por más letal que fuese, también era preciosa.

Está muy jodido pararte de tu cama y no haber amanecido siendo John Cassavetes o Leonard Cohen. Siempre he pensado que esos dos en algo se parecen. No sé bien en qué cosa, puede que en lo mucho que tienen de románticos. Yo no me considero ningún romántico, aunque varias muchachas dicen haber visto en mí una belleza que desde luego no tengo. El punto es que está demasiado jodido no ser John Cassavetes o Leonard Cohen, pero si uno sale a la calle y no se siente John Cassavetes o Leonard Cohen, entonces sí está perdido y doble y tristemente jodido.

Puedes contar tu vida de la manera que te plazca, solo no te olvides de hacerla pedazos, tarde o temprano, al principio o al final, o en medio, solo no te olvides de hacerla pedazos.

Siempre la vi, a ella, a la chica del arma preciosa, mi chica, hacer planes cada día. Su proyecto era el destino. Su obsesión fue el futuro, el suyo y el mío. Pero de a poco las obsesiones se tuercen hasta volverse sitios muy tristes.

A veces las cosas son tan siniestras que las pistolas se convierten en objetos hermosos, piezas de una sola belleza, hechas a la medida de un solo motivo: sacarnos de una vida horrible.

La carroza fúnebre le dio su último paseo. Ahora que lo pienso ese vehículo mortuorio es lo más parecido a una limosina. De todos aquellos vehículos a los que subía en su contra, la carroza es la más decente, la que más glamour tiene. A poco que ella pudiera abrir los ojos de nuevo, estaría muy orgullosa.

 

Pintura: Antonio López Garcia”Woman in the bathtub” 1968

 

También lee: Piratas y tesoros | Un texto de Eduardo L. Marceleño

Nota Anterior

Silenciarán micrófonos en el próximo debate de Trump y Biden para evitar interrupciones

Siguiente Nota

San Luis violento, 8 de cada 10 potosinos reprueban a Nava en Seguridad: INEGI