enero 9, 2026

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Patricio: falla tras falla del ISSSTE costaron la vida de un bebé en SLP (Parte II)

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Antes lee la primera parte de esta historia: Patricio: falla tras falla del ISSSTE costaron la vida de un bebé en SLP (Parte I)

Por: Roberto Rocha

PARTE II

 

COVID EN LOS CUNEROS

Sin embargo, fue hasta ese mismo lunes que, por rumores, Alberto y su esposa se enteraron que en los mismos cuneros de neonatología había un bebé que había dado positivo por covid-19: “Ella escuchó rumores de los pacientes y de las enfermeras que estaban ahí, que en el área donde estaba nuestro bebé, en neonatología, había un bebé infectado con el covid. Eran rumores todavía, no era totalmente oficial pero ya había muchos rumores. Ella se alarmó porque decía ‘a lo mejor es el mío, no sé, no hay informes’”.

Alberto y su esposa dejaron el hospital porque la habían dado de alta, aún sin conocer a su hijo. Los médicos les pidieron que dejaran sus números de teléfono para avisarles de cualquier situación con el bebé.

“Se acabó el lunes, no nos hablaron, no supimos nada. El martes nos desesperamos, pero por fortuna mi esposa encontró a una amiga enfermera en el hospital. Ella buscó a la pediatra, quien le respondió ‘comunícate con ellos, es necesario que vengan porque quiero hablar con ellos’. Pero esto fue porque teníamos un contacto allá adentro, si no, nadie nos habla”.

“Entonces ya nos vamos los dos al hospital y salió la pediatra. Nos dijo que nuestro bebé está muy grave, que necesita una cirugía porque tenía una enterocolitis bacterial grado III, y estaban ya algo infectados los órganos. Ahí también fue que nos confirmó que en el área donde estaba nuestro bebé había un caso de un recién nacido con el covid, nos dijo ‘hay mucho más riesgo porque tenemos un paciente ya confirmado con el covid dentro del área donde está su bebé’. Nunca nadie nos informó esto o nos dijo que lo más conveniente era llevarnos a nuestro bebé para evitar que fuera contagiado”.

 

SIN ESPECIALISTA

“La pediatra nos dijo ‘yo he estado intentando hablar con la especialista, la neonatóloga de turno, la única que tenemos, pero no me contestó’. La doctora repitió que era urgente hacer algo, por lo que hicimos hincapié que si era necesario trasladarlo a otro hospital, lo íbamos a hacer sin ningún problema. Nos dijeron que por el momento no convenía porque ya tenía el tratamiento y que iban a esperar a ver cómo iba evolucionando. Entonces ella misma nos dijo ‘yo ya me moví, ya mandé traer un cirujano subrogado porque la que hay aquí no va a venir o no puede venir, estamos esperando que llegue’, entonces nos enseñó el documento y nos dijo ‘ya lo pedí y estamos en espera de que llegue, porque sí está muy grave’”.

 

¿Y LA PRUEBA DE COVID?

“Ese mismo martes, la pediatra nos dijo otra cosa, nos dijo que por el caso del niño de covid tenía la orden de que se le hiciera la prueba de laboratorio desde el domingo, sin embargo ya era martes pero no se la habían hecho. Yo le respondí ‘¿cómo es posible que si ven que es algo urgente no se la han hecho’, y me dijo ‘no lo sé, hay cambios de turno, se va cambiando el personal y no le han hecho la prueba’”.

Esperamos a que llegara el cirujano, pero la pediatra nos dijo que no sabía quién era. Pasaron una o dos horas y estábamos mi esposa y yo muy preocupados porque nos habían dicho que era grave. Antes de esto, en ningún momento habíamos escuchado que vocearan a nadie en el Hospital, y de repente empezaron a vocear que se necesitaba la jefa de enfermeras en neonatología, después que se necesitaba otra cosa también en neonatología y decíamos ‘¿que pasaría? porque nunca los habían voceado y ahora están muy movidos todos, no sabíamos lo que estaba pasando”.

 

“YA NO LO ALCANCÉ”

Alrededor de las 9 salió una doctora. No la conocíamos, pero intuimos que era la neonatóloga. La paramos, le dijimos ‘¿doctora, usted es neonatóloga? y ella nos dijo: ‘¿ustedes son los papás de Patricio?’”.

Después, la neonatóloga les dio la noticia: “Su bebé estaba muy grave, muy delicado, por eso me habían mandado llamar, aunque yo no lo atendí, pero vine por el llamado. Pero ya cuando yo llegué, al bebé ya no lo alcancé”, dijo la doctora.

“Con esas palabras fue que nos enteramos que nuestro bebé perdió la vida”- explica Alberto-. “Fue difícil por la impotencia de que no se hicieron a tiempo las cosas”.

La doctora siguió informándoles: “Nos dijo así, que cuando llegó ya no tenía más nada que hacer, que nada más le hablaron y pues ella venía a hacer lo que se podía, pero llegó y no lo alcanzó. Dijo que lo lamentaba mucho, nos estuvo insistiendo que había en cuneros un bebé con covid y que ella estaba también sorprendida de que lo habían tenido ahí al bebé, que ella no sabía por qué

”.

 

APENAS LO CONOCIERON

“Después salió otra pediatra y le dijimos que por favor nos permitiera conocerlo. No tuvimos oportunidad de verlo ni de darle leche materna. Nada, nada, no lo conocíamos. Incluso yo tenía hasta la ilusión de pensar que lo habían podido cambiar, que no era el de nosotros, por lo que había escuchado yo anteriormente, de que había una señora ahí peleando que a su bebé se lo habían cambiado. Con esa ilusión yo estaba esperando, ‘ojalá que no sea el mío, ojalá que todo esto haya sido un error’”. 

Más tarde salió la pediatra y nos dijo que sí nos iban a permitir el ingreso para que lo conociéramos. Pero nos volvió a confirmar, ‘el área donde estaba su bebé, donde falleció, hay un bebé ya confirmado con el covid y pues es muy necesario que tengamos mucha protección’.  Entramos a un vestidor y como a dos metros estaba el cuarto con los bebecitos. No es muy grande, debe ser como de 5 por 5 metros. Nos percatamos que había dos niños. No sé si el bebé del covid sería uno de ellos. Entramos y yo esperaba recibir la protección que ellos me habían dicho, yo me imaginaba por lo menos careta, una bata, algo.  Salió la pediatra con el bebé, y nos dice ‘por favor, pónganse este guante’. Nos dieron un solo guante de látex, el cubrebocas era el personal que traíamos, por qué obviamente no podíamos entrar sin él. Un guante de látex, esa fue toda su protección, pero a mí ya no me importó porque yo lo que quería era verlo, conocerlo, estar seguro que fuera de nosotros y que no lo hayan cambiado. Lo vimos y notamos que era el de nosotros, porque hay mucho parecido a mí. No me cupo la menor duda que era el mío, estuvimos ahí cinco minutos más o menos, despidiéndonos de él, viéndolo”.

Al salir, la pediatra nos preguntó si alguno de nosotros tenía antecedentes de covid, y contestamos que ninguno de los dos hemos tenido los síntomas ni nadie de nuestra familia. Dijo: ‘lo que pasa es que su bebé presentó ya al final los síntomas, se le hará la prueba, pero pues los resultados todavía no los tienen. Es muy probable que su bebé también se haya contagiado por el covid’. Yo hasta le grité ‘es que si se contaminó fue aquí, porque nosotros ni siquiera lo conocíamos ni siquiera teníamos contacto con él’. Después nos mencionó la pediatra que era muy importante que nosotros nos hiciéramos la prueba”.

 

UN CERTIFICADO HECHIZO

Alberto señala que al esperar junto con la funeraria que le entregaran el cuerpo del bebé en el hospital, los hicieron moverse en dos ocasiones, sin embargo, con el fallecimiento de Patricio no terminaron las negligencias.

El miércoles pasado, al día siguiente de la muerte, la funeraria le pidió a Alberto el certificado de nacimiento y el certificado de defunción. Este último documento sí lo tenía, pero el primero no, pues no le fue entregado en el hospital.

Al llegar al Hospital General del ISSSTE en Carlos Diez Gutiérrez, en el área de admisiones le dijeron que no encontraban el documento. Después de mucho buscar, dijeron que lo encontraron pero que necesitaban la firma de la madre, aunque ya había firmado el día del nacimiento e incluso había notado la huella del bebé.

Alberto negó que fuera a llevar a su esposa al Hospital, porque tenía reciente la herida de la cesárea, por lo que solo accedió a que firmara fuera del centro de salud: “En el camino me dice mi esposa que la huella que venía en ese certificado estaba muy distinta a la que ya había visto, que era una huella más grande, más ancha y que tenía la tinta fresca”.

Sigue aquí con la parte 3 de esta historia: Patricio: falla tras falla del ISSSTE costaron la vida de un bebé en SLP (Parte III)

#4 Tiempos

SLP no es grande… pero su problema de transporte sí | Columna de Ana G Silva

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Corredor Humanitario

 

Ya no es molestia. Ya no es inconformidad. Es hartazgo puro.

Y no, no voy a buscar una palabra más bonita, porque no la hay para describir lo denigrante que resulta usar el transporte público en San Luis Potosí.

Los camiones potosinos son, sin exagerar, de los más caros del Bajío. Hoy el pasaje cuesta 12.50 pesos y, aun así, el servicio es lento, viejo, sucio, impredecible y profundamente irrespetuoso con el usuario.

En Guadalajara, una de las ciudades más importantes del país, el transporte cuesta 8 pesos. En Querétaro, sí, puede llegar a 12 pesos, pero ahí el transporte sí sirve: pasa seguido, es relativamente puntual y no te condena a perder media vida esperando.

Aquí no.

En San Luis Potosí hay personas que esperan 20, 40 minutos o hasta una hora para que pase un camión. Una hora. Solo para subir. Eso no es un “detalle operativo”. Eso es trato indigno.

Aquí mismo, los potosinos repiten que atravesar la ciudad en coche toma 15 o 20 minutos. Pero gracias a un sistema de transporte público miserable, ese mismo trayecto se convierte en una hora con veinte, de los cuales 60 minutos son solo de espera.

En la Ciudad de México, con tráfico brutal y distancias enormes, puedes tardar dos horas en un traslado, sí, pero no esperas. El metro, el pesero, la combi pasan cada 4 o 5 minutos. La ciudad será un caos, pero el transporte no te abandona.

Aquí el usuario espera como si pidiera limosna.

Y por si fuera poco, muchas rutas dejan de operar a las 8 de la noche. Entonces la pregunta es obligada: ¿qué diablos pasa con quienes salen a las 8, 9 o 10 de la noche de trabajar?

Antes, el transporte público funcionaba al menos hasta las 10:30 pm. Hoy ya no. ¿La solución? Que el usuario pague Uber o taxi. Y eso no es ocasional: Es diario, es de lunes a viernes, de lunes a sábado. Para quien gana el salario mínimo —o apenas un poco más— esto es un golpe directo a la cartera.

Y aun así, todavía se atreven… Margarito Terán, líder de los transportistas, dice que 12.50 pesos no les alcanza, que no les “presta” para dar un buen servicio y que necesitan subir el pasaje a 15 pesos (aunque de todos modos se la pelan, porque legalmente no pueden aumentar la tarifa más allá de lo que marca el Índice Nacional de Precios al Consumidor, INPC)

.

Seamos serios. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes les ha señalado, año tras año, que circulan unidades con más de 10 años de antigüedad, algo que no debería permitirse en la zona metropolitana. Esto no empezó ayer. Pasó con Ricardo Gallardo, pasó con Juan Manuel Carreras y pasó antes.

Han sido omisos profesionales.

Prometen arreglar camiones. Prometen capacitar choferes. Prometen mejorar rutas. Y lo único constante es el mal servicio.

¿Quién no ha sufrido a un chofer grosero? ¿Quién no ha visto a uno hablando por teléfono, con la música a todo volumen, prepotente, echando carreritas con otro camión? ¿Quién no ha vivido eso de que se juntan dos unidades y una avanza a paso de tortuga, importándole poco o nada si el usuario lleva prisa?

Y luego está el clásico: acortar la ruta, aunque no sea su recorrido, porque “ya van tarde”. Y el usuario que se joda: se baja antes, camina, llega tarde, pierde tiempo y pierde dinero.

Eso no es transporte público. Eso es desprecio sistemático al usuario.

Por eso lo digo sin rodeos: si no pueden prestar un servicio digno, háganse a un lado.

Permitan que el Gobierno del Estado busque otra concesionaria que sí pueda, que sí quiera y que sí le alcance. Porque en otros estados ya quedó demostrado que con menos dinero se puede ofrecer un servicio muchísimo mejor.

Y ya ni siquiera es por el precio. Es por el tiempo robado, el maltrato, las unidades decrépitas, la falta total de respeto.

Basta de tratar al usuario como ciudadano de segunda.

Y ojalá —de verdad ojalá— que la secretaria Araceli Martínez Acosta se suba una semana, solo una, al transporte público para ir a trabajar. Que espere, que se desespere, que llegue tarde. A ver si así entiende la indignación diaria de miles de potosinos.

Porque el transporte público no es un favor. Es un derecho. Y en San Luis Potosí, hoy, ese derecho está secuestrado por la mediocridad.

También lee: ¿Y si un día dicen que ya no hay abortos… porque los escondieron todos? | Columna de Ana G Silva

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Ciudad

¿Será removido el lirio de la presa San José en 2026?

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Mientras el Ipicyt mostró la posibilidad de emplear el lirio en El Realito, la CEA insiste en removerlo totalmente del embalse

Por: Redacción

Pascual Martínez Sánchez, titular de la Comisión Estatal del Agua (CEA), informó que se continúa trabajando en el saneamiento del río que va desde la cortina de la presa El Peaje hasta San José y en el retiro definitivo del lirio de esta última.

Según Martínez Sánchez la primera parte del proyecto, de conjunto con la Comisión Nacional del Agua (Conagua) consiste en el entubamiento de un porcentaje del agua de El Peaje para que sea utilizada en el área metropolitana, la siguiente fase incluiría un saneamiento integral de la zona y los drenajes que pudieran estar obstruidos o dañados.

La segunda parte de este proyecto planea la remoción completa del lirio de agua de la presa San José, a pesar del llamado del alcalde municipal, Enrique Galindo, al cultivo controlado

de estas plantas.

Un estudio realizado por el Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (Ipicyt) encontró metales pesados en las raíces de los lirios, si bien dichos metales contribuyen a la limpieza del agua, no deberían ser tratados como un desecho simple.

La propuesta del Ipicyt mostró la posibilidad de emplear el lirio también en El Realito como controlador natural de la limpieza de la misma, mientras que la CEA insiste en removerlo totalmente.

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SLP apunta a erradicar el analfabetismo en 2026: SEGE

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El titular de la dependencia dijo que la entidad ocupa el primer lugar en alfabetización a nivel nacional

Por: Redacción

El 2026 podría ser un año histórico para San Luis Potosí, pues Juan Carlos Torres Cedillo, titular de la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado (SEGE), señaló que este año el Estado podría erradicar el analfabetismo entre la población.

El secretario apuntó que San Luis Potosí actualmente ocupa el primer lugar nacional en alfabetización, y se están redob lando esfuerzos en la educación para adultos, en donde además de la primaria y la secundaria, se está buscando que también puedan completar la preparatoria

.

Torres Cedillo comentó que ya se encuentran en conversaciones con Armando Contreras Castillo, titular del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), con el fin de firmar un convenio que certifique a San Luis como uno de los estados que elimina el analfabetismo.

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