octubre 26, 2026

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#4 Tiempos

Opinión pública | Columna de Juan Jesús Priego

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Supongamos, aunque sólo sea por un momento, que en la calle donde usted vive tuvo lugar, ayer por la noche, un sangriento homicidio (cosa que, por lo demás, tal y como están las cosas en México no sería nada extraño).

Ahora bien, resulta que el único que vio al asesino sacar el arma de entre sus ropas, oprimir el gatillo tres veces consecutivas y echar a correr por un callejón oscuro, fue un joven llamado P. Nadie fuera de él vio ni oyó nada.

En el momento de hacer las declaraciones correspondientes ante la policía, el muchacho aseguró que el asesino era un ropavejero que pasaba todos los días por ahí solicitando cacharros inservibles y que en esto no podía equivocarse, ya que su rostro era inconfundible. Ahora bien, si cien mil personas aseguraran, contra el testimonio del joven, que el asesino no fue el ropavejero, sino una persona que responde al nombre de M, ¿a quién daría usted la razón en caso de ser el juez?

He aquí un ejemplo de cómo la verdad no es nunca democrática ni tampoco la suma de unas vagas opiniones desinformadas. Así sean cien mil o un millón los que vociferen, si nada saben, no podrán nunca tener razón contra este muchacho solitario que lo único que deseaba era llegar a su casa para tomarse un café y quitarse los zapatos.

Uno de los más graves errores de nuestra época no es solamente haber sustituido la verdad por las opiniones y la metafísica por los sondeos, sino en hacer que estas opiniones (que a menudo no son más que vaporosos impulsos de la emoción) gobiernen el mundo y sus vastas inmediaciones.

En los talk show, esos programas de los que ningún canal de televisión parece poder prescindir hoy, todos se sienten en el deber de opinar, de decir, de inducir. «¿Qué opina usted?» es la versión moderna de aquella otra pregunta que tanto angustió a un procurador romano el Viernes de Pasión: «Quid est veritas?»: «¿Qué es la verdad?».

Le preguntaron una vez a un ciudadano de a pie en uno de esos programas de bromas y cámaras escondidas que tanto abundan en la actualidad:

-«Perdone, ¿ya se hizo usted el papanicolau?».

El señor se quedó pensativo como tratando de recordar algo; por último, respondió:

-«No, todavía no me lo hago, ciertamente, pero si no me lo hago esta semana, me lo haré la que viene».

No sabía el pobre ni lo que se le estaban preguntando; así y todo, consideró que era un deber casi cívico no quedarse callado.

En cierta ocasión, John Steinbeck (1902-1968), el famoso escritor, premiado con el Nobel de literatura en 1962, decidió recorrer Norteamérica en compañía de su perro por el puro gusto de conocer su país. Pues bien, en un punto del trayecto un granjero le hizo esta pregunta embarazosa: «¿De qué vale una opinión si uno no sabe?». Este hombre, con toda su simplicidad, había hecho la pregunta de los sesenta y cuatro mil.

Una tarde, buscando algo que ver, caí en un canal televisivo que transmitía un debate acerca del sida y sus prevenciones. Cuando llegaron al momento de referirse a la transmisión sexual, el conductor del programa hizo a los invitados la siguiente pregunta:

-«En resumen, ¿qué es lo que hay que hacer, señores y señoras, para no contagiarse?».

Uno de los invitados, que era médico, se atrevió a responder diciendo que el método más eficaz seguía siendo hasta ahora la abstención de relaciones sexuales fuera del matrimonio, pues hasta el uso del condón, con mucha frecuencia, resultaba peligroso. No lo hubiera dicho. Abucheo general por parte de los espectadores. Unos lo tacharon de inhumano, otros de retrógrado, otros le preguntaron si no sería por casualidad el sacristán de su parroquia. Una señora del público se levantó indignada para decir que a ese tipo de personas no había que invitarlas a debates tan serios. Todos contra uno. Uno que, sin embargo, había respondido siguiendo los dictados de su experiencia profesional.

Cuenta Pitigrilli (1893-1975) en su Dizionario antiballistico cómo llegó a la conclusión de que no había que dar demasiado crédito a esas opiniones que los demás sueltan casi siempre al desgaire:

«Para liberarme de las opiniones ajenas –escribió- hice una vez el siguiente experimento: salí a la calle y pedí a gentes de distinta clase social que me indicaran dónde quedaba la Vía Ortelius. Un hombre me dijo: “Es la segunda a la derecha”. Otro más: “Es la tercera a la izquierda”. Un estudiante: “Es la cuarta perpendicular a ésta”. Un cargador: “Siga adelante y se topará con ella”. Un señor me dijo que se encontraba en la parte opuesta de la ciudad y hasta se ofreció a ir conmigo a buscarla. Me dijo otro, consultando la guía de la ciudad: “Esa calle no existe”. De los diez que me contestaron en tono de absoluta seguridad, nueve se equivocaron y el décimo debió ser un forastero. Entonces me dije: “Si sobre un dato de hecho en el que no cabe relatividad de juicio las opiniones son tan equívocas, ¿qué valor debo conceder a sus juicios, a sus pareceres, a sus apreciaciones? Cuando estoy a punto de dejarme influir por las opiniones de alguien, me digo a mí mismo: “¡Cuidado, acuérdate de la Vía Ortelius!”».

Desde que leí esta anécdota, cada vez que veo a hombres que vociferan y echan espumarajos por la boca diciendo esto y lo otro, también yo hago todo lo posible por no olvidarme de la Vía Ortelius. (Vía que, en mi estancia en Roma, nunca jamás recorrí porque no pude dar con ella. ¡Nadie sabía dónde estaba!).

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Opinión

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