Deportes
Seis de los más importantes luchadores potosinos en la historia
Para este listado hemos omitido a los integrantes de la Dinastía Máscara, pues su relevancia está sobreentendida
Por: Daniel Rocha
San Luis Potosí es una ciudad con mucho arraigo en la lucha libre: luchadores potosinos han tenido actuaciones destacadas a nivel nacional e internacional, el ejemplo más importante son los integrantes de la Dinastía Máscara (Mil Máscaras, Dos Caras y Dos Caras Junior), sin embargo, más allá de estas estrellas, hay otros destacados representantes de ese deporte espectáculo que merecen ser reconocidos, por ellos a continuación hacemos un breve recuento de sus carreras:
Centella Inca
Centella Inca es un luchador que debutó en la década de los ochenta, tuvo un breve pasó por la empresa Asistencia, Asesoría y Administración o mejor conocida como Triple AAA, en la que perdió su máscara.
Centella Inca aún es luchador profesional, aunque ha participado en otras competiciones como artes marciales mixtas, boxeo e incluso como juez de tenis y tiene un gimnasio.
Centella fue galardonado en el marco del 254 aniversario de la creación del municipio de Soledad de Graciano Sánchez como uno de los soledenses más destacados.
Maníaco
Maníaco debutó en el año de 1989. Antes de firmar con Triple AAA luchó con el nombre de Negro Herodes y en sus primeros meses con AAA se presentaba como Perro Silva.
En 1997, ahora como rudo y con el nombre de Maníaco, se unió a la agrupación Los Rudos de la Galaxia, junto con Abismo Negro, Mosco de la Merced I (Fuerza Guerrera) e Histeria. En ese mismo año se desintegraron Los Rudos de la Galaxia y crearon, con casi los mismo luchadores, Los Vipers, pero ahora con Psicosis II.
En el año 2002, Maníaco perdió su máscara y su cabellera en una lucha de jaula de eliminación de 8 hombres. En el 2009 dejó Triple AAA. Como Independiente reunió de nueva cuenta a Los Vipers y en el 2010 apareció en la programación del Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL) en la Arena Puebla.
Actualmente, Maníaco es luchador independiente, sus trofeos más preciados es ser cinco veces ganador de Campeonato Nacional Atómico con Los Vipers y de ser ganador de las luchas de apuestas en contra de Zafiro, Brillante y Diamante, ganando sus máscaras y de El Potro Jr, obteniendo su cabellera.
Rayo de Plata
Juan Padrón Luna, mejor conocido como Rayo de Plata, debutó en 1976 con 16 años de edad, su nombre proviene de una combinación en los nombres de sus ídolos del pancracio mexicano como lo son el Rayo de Jalisco y El Santo.
En la década de los ochentas, Rayo de Plata vivió su época dorada en la lucha libre, siendo luchador del CMLL, en donde compartió cuadrilátero con El Santo, Blue Demon, Mil Máscaras, Canek y Black Shadow Jr, quien lo terminó desenmascarando en el año de 1987.
Rayo de Plata fundó su propia empresa de lucha libre, creó su propia arena y ahora se dedica a la promoción de lucha libre en San Luis Potosí.
Bogar
Bogar, anteriormente conocido como El Venado, es un luchador con 40 años de experiencia en el arte del pancracio. Sus inicios fueron en la ciudad de Tijuana.
Bogar, en el 2011, fue ganador en el evento Quien Pinta para la Corona en San Luis Potosí, que era realizado por Triple AAA, para buscar a la nueva estrella de la lucha libre a nivel nacional, fue campeón de trios con Cirujano Hernández y Black Fantasy.
Bogar en la actualidad se desempeña como luchador y entrenador.
Dragon Fly
Dragon Fly comenzó en el año 2007 como luchador profesional, a finales de 2009 se unió a la promoción llamada International Wrestling Revolution Group (IWRG).
En el año 2017, fue campeón de Tríos del Distrito Federal, junto con Black Dragon y Dinamic Black.
Meta Tiger
Meta Tiger, que anteriormente luchaba como Astro Latino. Durante su etapa como Astro Latino llegó a luchar con la empresa extrema Desastre Total Ultraviolento (DTU), en la que le quitó la cabellera al queretano Alex Guajardo en el evento Revolución Extrema Nacional que se realizó en San Luis Potosí.
Meta Tiger fue campeón Mundial Jr de la IWL derrotando a Cerebro Negro en la extinta Arena Coliseo de San Luis Potosí.
Actualmente es campeón mundial de la NWWE, le ganó la presea en el Wrestling of Texas a Rodney Mack, leyenda de la lucha libre texana.
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Columna de Nefrox
Pongan Caifanes | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Es el país de The Beatles, de Queen, de Led Zeppelin, de Pink Floyd, de Oasis, de The Rolling Stones. Bandas que no solo marcaron una época; prácticamente escribieron el manual de cómo entender la música moderna.
En el fútbol ocurre algo parecido.
Cada generación inglesa parece estar destinada a conquistar el mundo. Siempre aparecen figuras de primer nivel, planteles millonarios y una liga que presume ser la mejor del planeta. Inglaterra carga con ese prestigio que intimida incluso antes de escuchar el silbatazo inicial.
México nunca ha tenido ese privilegio.
Lo suyo ha sido más parecido a Café Tacvba, El Tri, Caifanes o Maná. Bandas que quizá no cambiaron la historia del rock mundial, pero que aprendieron a construir una identidad propia. Que encontraron una manera distinta de emocionar a los suyos sin necesidad de parecerse a nadie.
Y, curiosamente, esa comparación también funciona para este Mundial.
Porque si alguien hubiera visto únicamente los nombres antes de comenzar el torneo, Inglaterra sería el claro favorito.
Pero los Mundiales tienen la mala costumbre de ignorar los currículums.
México llega a estos octavos enamorando al mundo.
Eso ya lo dijimos.
No ha sido un vendaval ofensivo, pero ha ganado todos sus partidos.
No ha monopolizado la pelota, pero ha sido preciso y efectivo.
No ha regalado exhibiciones para la historia, pero es la mejor defensa del torneo.
Hay muchas cosas que no pueden ignorarse.
No ha recibido un solo gol, en todos los partidos ha anotado y juega por nota, enamora.
En un torneo donde cualquier desconcentración cuesta una eliminación, la Selección ha encontrado en la defensa una virtud que hace tiempo no presumía. Ha aprendido a sufrir sin desesperarse, a defender sin regalar espacios y a competir con una disciplina que pocas veces acompañó a los equipos mexicanos en las Copas del Mundo.
Y eso también gana partidos.
Además, hay un detalle imposible de medir con estadísticas.
El Estadio Azteca.
Hay estadios que son escenarios.
El Azteca es un personaje.
Respira distinto.
Presiona distinto.
Pesa distinto.
No necesita recordar que ahí levantó la Copa Pelé ni que Maradona escribió una de las páginas más contradictorias y brillantes de la historia del fútbol justo contra Inglaterra. Todo eso ya vive en sus tribunas.
Los rivales lo saben.
Y México también.
Por eso terminar primero del grupo significó mucho más que evitar un rival o quedarse en la misma ciudad.
Significó quedarse en casa.
Seguir escuchando un himno que retumba difer ente cuando más de ochenta mil personas lo cantan al mismo tiempo.
Seguir jugando en un lugar donde la historia no garantiza victorias… pero sí obliga a creer en ellas
Inglaterra llega como favorito en la estadística histórica, y sería absurdo decir lo contrario.
Tiene mejores individualidades.
Más experiencia en las grandes ligas.
Más profundidad en prácticamente todas las posiciones.
Eso no está en discusión.
Lo que sí está en discusión es si eso alcanza cuando enfrente hay un equipo que ha aprendido a competir sin desesperarse.
Porque México no necesita ser mejor durante noventa minutos.
Necesita ser mejor en los momentos importantes.
Como lo ha sido hasta ahora.
Quizá esta no sea la mejor selección mexicana que hemos visto.
Pero sí parece una de las que mejor entiende sus limitaciones.
Y eso, en un Mundial, vale mucho más de lo que suele reconocerse.
Los grandes equipos no siempre son los que juegan más bonito.
Muchas veces son los que obligan al rival a jugar incómodo.
Y México ha convertido esa incomodidad en su principal argumento.
Dicen que las grandes bandas nunca desafinan en los escenarios importantes.
También dicen que las sorpresas son las que terminan convirtiéndose en leyenda.
Inglaterra tiene detrás décadas de historia, de talento y de prestigio.
México tiene un estadio que empuja, una defensa que todavía no conoce el error y un país entero convencido de que las noches imposibles existen precisamente para intentar romperlas.
Porque el rock inglés podrá haber conquistado al mundo.
Y el fútbol inglés podrá seguir apareciendo en todas las quinielas.
Pero los Mundiales, como los mejores conciertos, nunca terminan exactamente como estaban escritos en el programa.
Ellos siempre tendrán a The Beatles, a los Rolling o a Queen, pero aquí, no es así, aquí afuera, siempre estará el tío que desde algún lugar en silencio gritará como el diablito “Pongan Caifanes”.
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Deportes
El otro partido | Crónica de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Hay partidos que se compran con meses de anticipación. Otros se planean durante años. Y existen algunos que aparecen de pronto, casi por accidente, pero terminan convirtiéndose en recuerdos imborrables. El encuentro entre Corea del Sur y Sudáfrica durante la tercera jornada del Mundial de 2026 fue exactamente eso: el otro partido, el partido espejo, el que ocurre mientras el anfitrión se juega la vida en otro estadio.
Desde hace muchos mundiales existía una pregunta recurrente en mi cabeza: ¿cómo sería asistir precisamente a ese encuentro? Al partido que comparte horario con la selección local, al estadio que no tiene los reflectores principales, al escenario donde miles de aficionados llevan un ojo en la cancha y el otro en los teléfonos, las pantallas o los altavoces. ¿Cómo se vive un Mundial desde el lugar donde las noticias llegan desde otro estadio? Y peor aún, no solo al partido donde no está jugando el anfitrión, sino donde mi país es el anfitrión y yo estaría sentado en el estadio de la otra ciudad, en el otro partido.
La respuesta llegó en una tarde que terminó siendo mucho más especial de lo imaginado.
Mientras México disputaba su compromiso frente a República Checa en el Estadio Ciudad de México, en Monterrey el duelo entre Corea del Sur y Sudáfrica se convirtió en una especie de reflejo emocional de lo que ocurría a cientos de kilómetros de distancia. Los dos partidos estaban unidos por el reglamento, por la simultaneidad y por la incertidumbre.
Lo que sucedía en uno podía modificar el ambiente del otro.
Por momentos, el balón dejaba de ser protagonista. Las miradas se dirigían a las pantallas, a las aplicaciones de resultados o a cualquier señal que indicara qué estaba ocurriendo en el encuentro de México. Cada anotación en el Estadio Ciudad de México recorría las tribunas como una ola invisible. Primero llegaba el rumor, después la confirmación y finalmente la reacción colectiva.
El gol de México no se gritó en ese estadio como se hace en el inmueble del anfitrión. Se celebró de otra manera: con sorpresa, con abrazos entre desconocidos, con teléfonos levantados y con la sensación de estar viviendo dos partidos al mismo tiempo.
Y quizá ahí radique la grandeza de un Mundial.
Porque el Corea del Sur contra Sudáfrica dejó de ser únicamente un partido entre dos selecciones. Se convirtió en el espejo del México contra República Checa. Cada jugada propia convivía con las noticias del otro estadio. Cada pausa era una oportunidad para buscar una actualización. Cada gol del anfitrión modificaba el estado de ánimo de miles de personas que, técnicamente, estaban viendo otro encuentro.
Durante años existió la curiosidad de saber cómo se sentía asistir precisamente a ese partido: el de la tercera jornada, el del mismo horario, el que acompaña el destino del anfitrión. Y la respuesta terminó siendo mucho más emotiva de lo esperado.
No existe la indiferencia en un Mundial. Incluso el encuentro aparentemente secundario termina formando parte de una historia mayor. Corea del Sur y Sudáfrica disputaron sus propios puntos, sus propias aspiraciones y sus propios noventa minutos. Pero alrededor de ellos se desarrolló también otra experiencia: la de miles de aficionados viviendo simultáneamente el drama de México.
Quizá el verdadero protagonista de aquella tarde no fue el marcador ni el resultado final. Fue esa sensación única de compartir dos estadios a la vez. De escuchar un gol que ocurrió lejos y sentirlo tan cerca como si hubiera sucedido frente a los propios ojos.
Porque en las Copas del Mundo existen partidos importantes. Y luego están esos otros encuentros que, sin proponérselo, terminan contando una historia mucho más grande que el propio fútbol.
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Ayuntamiento de SLP
Gobierno capitalino entrega becas a 143 deportistas potosinos
Los beneficiarios del programa Voy por San Luis recibirán apoyo económico y acompañamiento en nutrición, psicología deportiva y fisioterapia
Por: Redacción
El Ayuntamiento de San Luis Potosí entregó certificados a 143 atletas que fueron incorporados al programa de becas Voy por San Luis, una estrategia que busca respaldar a deportistas locales mediante apoyos económicos y servicios especializados para su desarrollo competitivo.
La entrega se realizó en Palacio Municipal y fue encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado por el director de Deporte Municipal, Luis Fernando Alonso.
De acuerdo con la administración municipal, el programa contempla no solo apoyo financiero, sino también acompañamiento profesional en áreas como nutrición, psicología deportiva y fisioterapia, con el objetivo de fortalecer el desempeño integral d e los beneficiarios.
Durante el evento, Galindo Ceballos destacó que los apoyos están dirigidos a atletas qu e representan a San Luis Potosí en competencias estatales, nacionales e internacionales.
El Ayuntamiento informó que para 2026 el programa amplió su cobertura hasta alcanzar 143 deportistas, quienes fueron seleccionados mediante un comité integrado por entrenadores, especialistas y representantes de asociaciones deportivas, con base en sus resultados y trayectoria.
En representación de los beneficiarios, la nadadora Paloma Palacios Rosas agradeció el respaldo otorgado a deportistas convencionales y con discapacidad, al considerar que este tipo de apoyos contribuyen a que más atletas puedan continuar su preparación y participación en competencias.
La administración municipal señaló que el programa forma parte de las acciones orientadas a impulsar el deporte y respaldar el desarrollo de talentos locales.
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