#4 TiemposDesde mi clóset

No es momento de portarse bien | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

 

Las violencias contra las mujeres han llegado a un grado tal que, pareciera que ninguna acción de gobierno es suficiente para detenerlas. Si a esto se le suma que quienes se encuentran en puestos de toma de decisiones tienen casi nulo conocimiento de la transversalidad de la perspectiva de género, derechos humanos e interseccionalidad, la complejidad en la atención se vuelve crítica.

Escuchar a un jefe de Estado decir que el “pueblo” está feliz, y a un Gobernador que los feminicidios suceden en casa, es incluso de dar pena. Además de la serie de comentarios condenatorios hacia las mujeres que decidieron poner el cuerpo el viernes pasado en un grito de desesperación por los abusos policiacos.

¿De verdad el estado está garantizando el acceso de las mujeres a una vida libre de violencia? ¿Será que el Gobierno Federal tiene claridad sobre la situación de violencia que se vive? Violencia que no se elimina con un apoyo proveniente del dinero ahorrado por los candados al despilfarro de la Función Pública. Tampoco porque el ciudadano que despacha en Palacio Nacional vaya de pueblo en pueblo llevando un mensaje mesiánico de esperanza. Esperanza que esperamos desde hace más de seis meses se traduzca en el bienestar de la población mexicana.

La crisis actual es un buen momento para reconsiderar el papel de la ciudadanía frente a las acciones gubernamentales. Es falso que el pueblo esté feliz: el pueblo está harto. Harto de la corrupción que deslegitima a la llamada cuarta transformación. El hartazgo que se ha traducido en la toma de las calles, en el grito de existencia que quiere resonar hasta los cimientos de una nación en la que la sangre corre más que el agua en los ríos. En donde hay más cadáveres sembrados en las milpas, que flora comestible.

El tigre, ese del que habló el presidente en campaña si despertó, un poco inducido por su propio discurso incendiario, y ya no se piensa dormir. Él, como descendiente de la revolución ideológica que cuestiona el modelo económico occidental, debe de pensar desde la humildad y con el ego abajo para darse cuenta que necesita cambiar el paradigma. Hoy en día, la ciudadanía no será displicente frente a una neopolitica paternalista. No se requiere un nuevo estado benefactor, se requiere un estado resiliente a los cambios sociales, preparado para atender las necesidades de las subjetividades que emergen, pero también lo suficientemente capaz de propiciar mecanismos que hagan factible la implementación de políticas públicas que garanticen todos y cada uno de los Derechos que reconoce nuestro contrato social. Si, ese contrato heterosexualizado, patriarcal y anquilosado de tecnicismos que distraen incautos.

Las feministas tienen razón al asegurar que hay que matar a los hombres, a los hermanos y las padres. Es momento de abolir en género y pensar en una forma distinta de identificarnos. Matar a los hombres no significa literalmente destruir corporalidades humanas con funciones fisiológicas y anatomía del macho de la especie. Angela Davis dijo “Cuando la mujer negra se mueve, toda la estructura de la sociedad se mueve con ella”. Hoy en México las mestizas, las hijas de Aby Ayala se están moviendo, y esto provocará un tsunami.

@paulibarra06

 

También lee: Identidad de género, crecer en la dicotomía | Columna de Paul Ibarra

Nota Anterior

Así amanece el precio del dólar hoy 22 de agosto en SLP

Siguiente Nota

Rifarán un automóvil para rehabilitar el Santuario de Salinas