abril 20, 2021

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#4 Tiempos

Nava: traidor de traidores | Columna de Oswaldo Ríos

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DÍA CERO.

El descaro fue tanto que se le cayó la máscara.

Siempre dije que Xavier Nava despreciaba ocultamente al PAN y al mismo tiempo buscaba ser su candidato a gobernador. Actuaba con el mismo cinismo de 2015, cuando lambisconamente llamaba “Don Ricardo” a Gallardo, solo para que lo hiciera diputado federal. Bastaba un poco de observación para darse cuenta que mentir, adular y luego traicionar, es el mismo método que ha empleado toda su vida.

Se beneficia todo lo que puede, cuando no queda nada que exprimir desecha, ¿se imaginan si hubiera ganado la candidatura? ¿La gubernatura? ¿Lo que le hará a Morena?

En una temporada intensa de abdicaciones políticas y miserias morales, la llegada de Nava al partido de López Obrador es la peor de todas las traiciones que se han visto en las últimas semanas y en la historia de San Luis Potosí.

Lo es, porque Xavier Nava hace apenas un mes decía que “Morena y sus aliados son una porquería”, soltaba una lagrimita lastimera y prometía que le devolvería el partido “a los auténticos panistas”. Todo era mentira. Perdió la elección y nunca más volvió a mencionar al PAN, ni a los panistas, vaya, ni siquiera a los que lo apoyaron.

El síndrome del junior: si las instituciones o las personas no sirven a sus intereses, las tira a la basura con sangre fría y sin piedad alguna. Él nunca está mal, la culpa es del mundo que no accede a sus caprichos.

Pobres panistas engañados. Sí, esos que, al apoyarlo, quedaron en el ridículo más grotesco, porque mientras publicaban románticos desplegados de amor pidiendo que al menos se le diera la oportunidad de reelegirse en la alcaldía, su “niño mimado” se revolcaba en la “porquería” de su nuevo hotel de paso: Morena.

Qué macabros resuenan los “inflamados” llamados de Navita a los empresarios potosinos a “no permitir que López Obrador se apodere de San Luis”, mientras les pasaba charola para tan loable misión.

Hoy muchos no saben dónde meter la cara de vergüenza por haberlo defendido, y hay que admitirlo, otros seguirán financiando esta impresentable aventura electoral porque la Sierra de San Miguelito que quieren devastar bien vale una misa.

Es una pena que Mario Delgado no haya adelantado cómo van a resolver el conflicto de que los activistas que “defienden la tierra” son de Morena y el “maldito alcalde neoliberal que quería venderla a los fraccionadores”, ahora también lo es.

Yo sí sé que pasará: se quedarán callados todos. Uno porque la posibilidad de hacer un negocio le será suficiente para fingir que no los desprecia; los otros, porque nunca les importó realmente la causa, sino su explotación política. Hay activismos “ecologistas” (y feministas, indígenas, pro transparencia, de grupos vulnerables, etc.) que solo se “activan” cuando gobierna el PRI o el PAN.

Pero lo que Xavier no calculó, es que su traición impúdica de ayer, fue la comprobación de todo lo que yo siempre sostuve y muchos se resistían a admitir.

Usualmente, la cantaleta de que es el “nieto de Nava” y sus rollitos de “democracia” y “dignidad” eran suficientes para engatusar a varios, pero ayer ya no. Las redes explotaron unánimemente en su contra ante la obscena imagen que veían en sus computadoras y celulares: Xavier Nava lengüeteando a su nuevo jefe, Mario Delgado. Sí, el mismo que es protector de los Pollos Verdes. ¡Otra vez hermanos de leche!

El amor ciego que se tiene a sí mismo no le permitió observar la furibunda respuesta que vendría de los potosinos. San Luis Potosí no es tierra fértil para caciques, pero tampoco para demócratas prostituidos.

Sus palabras en Morena fueron tan vacías y falaces, que destrozar sus mentiras es más fácil que la forma en que Xavier cambia de “convicciones”.

Dices que siempre has luchado contra el autoritarismo igual que López Obrador. MIENTES XAVIER. Tú te has aliado con políticos corruptos e impresentables como Rosario Robles, Emilio Zebadúa, Elba Esther Gordillo y Ricardo Gallardo y hoy te unes al presidente más corrupto y nefasto, al destructor de México: López Obrador.

Dices que llegas a Morena porque quieres hacer un gobierno austero. MIENTES XAVIER. La primera decisión que tomaste al llegar al poder fue duplicarte el sueldo de 50 a 100 mil pesos. Nunca has publicado tu patrimonio y tu gobierno es el más opaco y corrupto, pero lo presumes como el más honesto de la historia. Te pareces tanto a López.

Dices que Morena es un ejemplo de inclusión porque le abre la puerta a ciudadanos como tú. MIENTES XAVIER. El oficialismo te usa de la misma forma que tú los usas a ellos. Igual que otros traidores en otras partes del país, Morena se vale de políticos proclives al travestismo porque lo único que les importa es el poder por el poder, qué curioso, igualito que a ti.

Dices que el momento que vive San Luis Potosí exige definiciones claras. MIENTES XAVIER. Tu única definición, es la indefinición. Te has puesto la playera de navista, priísta, panalista, verde, perredista, independiente, panista y ahora morenista. A personajes como tú se les llama chaqueteros, no señores con definiciones claras.

Dices que vas a enfrentar a los delincuentes que venciste en 2018. MIENTES XAVIER. Quizá te refieres a los Gallardo, aunque no tengas valor civil para mencionarlos. Pero no, esa patraña ya no va a funcionar. Si en tres años no pudiste hacerles ni cosquillas, menos ahora cuando tú y la Gallardía vuelven a estar del mismo lado, bajo la sucia protección de la impunidad presidencial.

Dices que hubo quienes querían impedir que llegaras a la boleta. MIENTES XAVIER. Simple y sencillamente perdiste la elección interna del PAN y eso a pesar de todo el dinero que repartiste. Fueron los panistas los que te dieron una lección de dignidad al ponerte en tu sitio.

El tiempo me dio la razón. Yo siempre lo supe. Tarde o temprano ibas a acabar en el partido de las tres mentiras. ¡Qué coincidencia! Mentir, robar y traicionar, es también el evangelio del Judas potosino.

Bien hecho Xavier. Al fin llegas a donde mereces: al séquito de lacayos del peor presidente que ha tenido México, pero tienes el innegable mérito de hacerlo después de acuchillar a todos los que te dieron la mano.

Ya todos pueden verte como yo.

Traidor de traidores.

Twitter: @OSWALDORIOSM

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#4 Tiempos

Estatua para el robot pianista potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1992 el grupo de treinta científicos e ingenieros y veintidós alumnos de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla dirigidos por el potosino Alejandro Pedroza Meléndez, terminaban de construir a Don Cuco el Guapo, el primer robot pianista de América. Este robot estaba provisto de inteligencia artificial pues era capaz de leer partituras e interpretar el piano y toda la tecnología con la que fue construido era completamente mexicana, incluyendo el microprocesador ILA 9200, construido en 1985, que le daba sentido a una de sus aplicaciones con el diseño y construcción de Don Cuco para ser presentado en sociedad en la Exposición Universal de Sevilla en 1992.

Todo un conjunto de actividades entre la ciencia y el arte se reunieron para materializar a Don Cuco, desde artistas plásticos, músicos, ingenieros y científicos. Lo que permitió que sus componentes y sistemas fueran visibles y así mostrar cómo funciona la inteligencia artificial, el cerebro y el sistema nervioso robótico, principios para el desarrollo de aparatos enfocados a la creación de prótesis y otros equipos biomédicos.

La tecnología desarrollada en Don Cuco el Guapo no era solo una aplicación estéril sin consecuencias sociales, permitió que el grupo de trabajo de la universidad poblana pudiera construir prótesis de manos biónicas para entregarlas a personas de escasos recursos que las requirieran. También generó aportaciones al diseño de simuladores de ultrasonido, artroscopías, endoscopías y laparoscopías.

El pasado 7 de abril la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla develó una escultura de Don Cuco el Guapo en el Complejo Cultural Universitario de la Ciudad de Puebla, la primera dedicada a un robot humanoide en el mundo. Don Cuco se convirtió en un personaje célebre desde 1992, en la actualidad se encuentra en mantenimiento en la universidad poblana, lo han visto en vivo más de cuatro millones de personas en 50 países.

En San Luis Potosí, tierra de su creador, se ha presentado en varias ocasiones, desde 1994 que se presentara en el Teatro de la Paz y el Teatro Carlos Amador, presentándose con su grupo de músicos el grupo experimental y de investigación en música electrónica (GEIME) con música compuesta para el robot por su propio creador Alejandro Pedroza.

Don Cuco es capaz de ejecutar baladas, rock y música clásica, sin dejar de lado la cumbia y la ranchera. Tiene dos formas de tocar el piano: leyendo las partituras con una mini-cámara en su ojo izquierdo y por medio de la programación. Las partituras son captadas por su cerebro, un procesador con 10 millones de transistores en una superficie de 150 mm y más de 3 mil 500 conexiones, el cual dice qué hacer a cada dedo, brazo, hombro y pierna. Utiliza ocho servomotores que le dan movilidad a sus manos. Mide 1.98 metros y pesa 175 kilogramos.

En la develación de la estatua participaron los personajes que intervinieron en su creación dirigidos por Alejandro Pedroza, así como la mayoría de los músicos que participaron en aquel concierto efectuado en el Teatro de la Paz donde se presentaba en San Luis por primera vez ese portento de la ingeniería mexicana impulsada por un potosino. Jorge Sánchez Chantres director musical del grupo, los músicos: Don Cuco el Guapo (solista); Arturo Mawcinitt Frías (guitarra); Isaac Sosa Hamud (bajista); Jorge Sánchez Chantres (teclados); Alejandro Pedroza Meléndez (teclados); Víctor Illarramendi (baterista); Sonido: Jesús Portillo; Escenografía: Adriana Arenas; Ingenieros de Sistemas: Héctor Vargas Martínez, Pedro Miranda Romagnoli; Imágenes y Efectos Especiales: Rodolfo Pérez García, Gerardo Villegas Rosas; Neumática: Ignacio Becerra Ponce de León; Sistema de Control: Javier Méndez Mendoza; Mecánica: Domingo Vera Mendoza; Apoyo Técnico: Benjamín Parra, Jaime Pérez y Elsa Chavira; Director del Grupo: Alejandro Pedroza Meléndez.

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Fraude a la Constitución | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

El 11 de marzo del presente año fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el decreto que contempla las reformas constitucionales y nuevas disposiciones que dan configuran a la llamada Reforma Judicial, diseñada e impulsada por Arturo Zaldívar, ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Como ya lo había comentado en este espacio, la reforma de Zaldívar contempla modificaciones a siete artículos de la Constitución y a diversos códigos y leyes secundarias, y también la promulgación de dos leyes: la Ley de Carrera Judicial y una nueva Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación (LOPJF).

Por ello, el pasado jueves se votaba la nueva LOPJF en el Senado. La discusión transcurría de manera habitual; tras un poco más de cuatro horas de debate, el presidente de la mesa directiva consideró que ya había sido lo suficientemente discutida tanto en lo particular como en lo general, por lo que se procedió a su votación y eventual aprobación con 106 votos a favor y 8 en contra. Posterior a su aprobación, restaba solo discutir y votar los artículos transitorios, que se tratan normalmente de formalidades que dan cuenta, por ejemplo, de la vigencia de la ley o de especificidades en su aplicación.

Justo antes de votarlos, la mesa directiva recibió de Raúl Bolaños, senador del Partido Verde, una propuesta para un nuevo transitorio que no estaba contemplado en el proyecto original.
Se le dio lectura y el presidente de la mesa directiva apresuró a su votación, por lo que el paquete de 13 transitorios fue aprobado con 80 votos a favor, 25 en contra y 4 abstenciones. Minutos después, comenzaron los reclamos.

El transitorio en cuestión contempla la extensión del mandato tanto del presidente de la SCJN y del Consejo de la Judicatura Federal (CJF) —recordemos que quien sea presidente de la Corte también lo será del CJF, según el artículo 100 constitucional— como de las y los consejeros que integran el pleno del CJF. Lo anterior, con el supuesto fin de que se pueda implementar de mejor manera la Reforma Judicial. Esto quiere decir que Arturo Zaldívar, redactor de la reforma, duraría hasta el 2024 en sus encargos, aunque su periodo como ministro concluye en diciembre de 2022.

El motivo por el que se desató la gran polémica es muy sencillo: el artículo 97 de la Constitución en su párrafo quinto dice de manera muy clara que “[c]ada cuatro años, el Pleno elegirá de entre sus miembros al Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el cual no podrá ser reelecto para el período inmediato posterior.” Esto quiere decir que, a menos de que se reforme este párrafo, los presidentes de la Corte —y, en consecuencia, del CJF— pueden durar solamente cuatro años en su encargo. No más, no menos.

La controversia, entonces, se reduce a una cuestión de jerarquías y se resuelve sin mayor problema estrictamente hablando, pues la Constitución es la ley suprema de este país; nada por encima de ella. Sin embargo, antes de que ello suceda, hay una serie de implicaciones que vale la pena mencionar.

Lo primero es lo referente a las y los senadores liados en la aprobación de ese transitorio. Hay que comenzar con el Partido Verde, que, una vez más, ha prestado sus servicios para el trabajo sucio que no quieren hacer sus partidos nodriza —antes el PRI, ahora Morena—. También, ineludiblemente hay que fincar las responsabilidades correspondientes a quienes votaron en favor de este fraude. Considerando que cualquier persona que tenga conocimientos jurídicos básicos puede entender por qué se debió de haber desechado inmediatamente este transitorio, escapan completamente de la razón los motivos que bastaron para votar en favor de una cosa de estas. O no leyeron lo que estaban votando; o votaron bajo consigna; o no cuentan con los conocimientos jurídicos mínimos para lo que están haciendo.

Para despejar mis dudas, escribí un correo electrónico al senador Primo Dothé (de Morena) y a la senadora Graciela Gaitán (del Verde, suplente de Leonor Noyola) y les solicité que me hicieran saber cuáles fueron los argumentos que les bastaron para votar a favor. Hasta el momento de escribir estas líneas, no he recibido contestación alguna, aunque claramente el silencio también es respuesta —y una más que reveladora—. Si bien seguiré atento a su respuesta (y que compartiré en este espacio si es que la recibo), lo digo con mucha claridad: vergonzoso desempeño de su parte. Por el contrario, extiendo mi reconocimiento al senador Francisco Javier Salazar (del PAN, suplente de Marco Gama) que votó a conciencia y en contra de tal aberración. En fin.

Lo segundo que hay que mencionar es que ahora esto se definirá en la Cámara de Diputados. El presidente López Obrador ya respaldó este transitorio en la conferencia matutina y, ante ello, es de esperarse que no quepa la razón en las y los diputados del oficialismo, que seguramente terminarán dándole el visto bueno al transitorio décimo tercero de la LOPJF. Siempre, y ahora más que nunca, pongámosle el ojo a las y los diputados federales que representan a nuestro estado.

Lo tercero es que, en el supuesto de que en la Cámara de Diputados todo ocurra como desgraciadamente esperamos, es más que sencillo prever que este asunto será aprobado y que eventualmente llegará a la Corte vía acción de inconstitucionalidad. En ese escenario, Zaldívar deberá de excusarse y abstenerse de conocer, discutir y votar sobre este asunto, dado el notorio conflicto de interés. No obstante, podemos inferir que el ministro Zaldívar nunca aprobaría una cuestión así, ¿verdad? El ministro presidente ya ha expresado en el pasado su postura frente a quienes han tratado de configurar un fraude a la Constitución, como lo hizo en el caso de Jaime Bonilla, gobernador de Baja California. Sobre ese tema, Zaldívar fue categórico en su intervención en la Corte e incluso escribió una columna de ello en Milenio, de la cual tomo prestado la segunda parte de su título (‘Ley Bonilla’: fraude a la Constitución).

Permitirle la vida al transitorio décimo tercero de la LOPJF significaría sucumbir ante una jugarreta política de la mayoría oficialista y del poco cuidado con el que legisla la oposición. Si este transitorio no se elimina por unanimidad en la Corte, significaría también permitir que hay ministros o ministras que no han terminado de entender cuál es su trabajo en el máximo tribunal del país. Fuera de los argumentos jurídicos o políticos que giran en torno a esta problemática, permitir que Zaldívar permanezca en su encargo por más tiempo del que le corresponde, o que él no se deslinde categóricamente de ello, significaría enviar un mensaje de desprecio a el o la próxima ministra presidente de la Corte. Flaco favor le están queriendo hacer a Zaldívar, pues solo han logrado ponerlo en una posición terriblemente incómoda. Entre tanto, reitero, no perdamos de vista a nuestros representantes ante el Congreso de la Unión. Escribámosles y exijamos rendición de cuentas; lo votado en el Senado es solo un recordatorio más de que la política es una tarea tan importante que no podemos solo dejarla en manos de los políticos.

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La indignación de mi amigo | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas.

Mi amigo me da pena. Cree todavía en esa virtud que los antiguos llamaban consideración. ¡Como si no supiéramos todos que ésta ha desaparecido de nuestro planeta desde hace muchísimo tiempo! ¿En qué siglo cree él que vivimos?

Como es un hombre honrado al que le gusta tener todos sus asuntos en orden, mi amigo pagó por adelantado durante años y años la mensualidad de su servicio de televisión por cable. ¿Tan importante era para él la televisión?, ¿pasaba mucho tiempo frente a ella? No, nada de eso. Me consta que, en su caso, nunca ha sido así. En realidad lo hacía por el simple placer de vivir ordenadamente y para evitar que penosos contratiempos le impidieran pagar su recibo con puntualidad, pues si esto llegara a suceder, ¿qué iban a pensar de él los de la compañía? ¡La sola idea de que lo tuvieran por irresponsable lo hacía ponerse pálido! Hubo ocasiones en las que, por ejemplo, llegó a pagar anticipadamente hasta cinco meses, y una vez hasta seis. Lo que quiere decir que cuando estábamos en febrero, él ya había liquidado incluso el mes de junio.

¿Exageraba? Tal vez, pero él es así y mucho me temo que no haya poder en este mundo que pueda hacerlo cambiar.

-Lo peor que podrían decir de mí es que soy un tracalero –me dijo una tarde, mientras tomábamos juntos un café.

Y, acto seguido, sacó de su cartera una tarjeta de banco, dorada, en la que se podía leer la leyenda cliente preferente.

-Esta tarjeta –siguió diciéndome- es para mí como un documento de buena conducta o, si lo prefieres, como una carta de recomendación. Si nunca me atraso en mis pagos, si mi cuenta está siempre limpia, ¿no era justo que me la otorgaran? Así no tengo que hacer largas filas y, cuando llego a alguna de las sucursales de mi banco, los empleados me atienden enseguida.

A mí, para ser francos, eso de las tarjetas bancarias me ha tenido siempre sin cuidado; no obstante, para no desanimar a mi amigo, le dije que sí, que esa tarjeta en el mundo financiero valía lo mismo que un diploma en el ambiente escolástico, o que un monseñorato en el ambiente eclesiástico.

-¡Claro, claro! ¡Así es! -me dijo él, lleno de satisfacción.

No obstante, la semana pasada encontré a mi amigo de mal humor. La verdad es que estaba hecho una fiera.

-Ya no tengo cable -me dijo. Me le quedé mirando con la misma cara espantada con que hubiera recibido la noticia de la muerte de uno de sus parientes más queridos.

-¿Pero, por qué? -me atreví a preguntarle, fingiendo estar sinceramente horrorizado.

Como es bien sabido, muchas de las cosas de que nos rodeamos son como las drogas, que una vez que se han probado una vez ya no es tan sencillo abandonarlas; el cable, por ejemplo, es una de ellas. Una vez un joven estudiante de preparatoria, al ser interrogado por su maestro acerca del significado de las siglas «d. C», respondió sin vacilar: «Después del Cable, por supuesto». Ni por asomo se le ocurrió al pobre que pudiera haber otras realidades capaces de partir la historia. Pero sigamos con mi amigo.

-¿Cómo es eso? -volví a preguntarle. Me respondió diciendo que por una serie de cosas que escaparon a su control, no pudo ir a pagar su recibo en la fecha establecida, de modo que al otro día por la mañana su servicio estaba ya cortado.

-¡Al otro día por la mañana! –me dijo con indignación-. Ni siquiera tuvieron la amabilidad de esperarme hasta la tarde. ¡Y pensar que siempre traté de pagarles los recibos incluso anticipadamente!

Mi amigo pensaba que la cortesía seguía siendo vital en las relaciones comerciales y que, siendo como era, un cliente fiel, la compañía debía tener hacia él alguna consideración. Se imaginaba a los dirigentes de la empresa discurriendo más o menos en los siguientes términos: «El señor Fulano ha sido hasta ahora uno de nuestros clientes más puntuales. ¿Qué le pasaría en esta ocasión? ¿No le habrá ocurrido algo? Bien, esperémoslo unos días antes de tomar las medidas pertinentes al caso». ¡Cómo se equivocaba! ¿Es que no sabía ya que en los nuevos tiempos, tiempos de ordenadores y controles digitales, los clientes no son ya personas sino simples números?

Cuando voy a alguno de los hipermercados de nuestra ciudad, mientras hago fila en la caja y veo cómo los que me anteceden en ella hurgan en sus bolsillos buscando desesperadamente la moneda de cincuenta centavos que les falta para saldar su cuenta, me da por pensar que sería mucho más fácil que les perdonaran esa suma en la pequeña tienda cercana a su casa que en estos mastodontes que todo lo registran con una precisión casi diabólica. Que seas uno de sus clientes habituales, eso es algo que les tiene sin cuidado: tú importas únicamente si tienes dinero y únicamente cuando lo tienes. Como escribió Richard Sennett, el famoso sociólogo inglés, «en las modernas organizaciones comerciales los empleados y los dirigentes parecen carecer de rostro». No te recuerdan, ni guardan hacia ti ningún tipo de respeto. Por más que hayas ido a comprarles tu despensa desde hace quinientos años, para ellos es como si lo hicieras por primera vez.

-¿Qué vas a hacer ahora que ya no tienes cable? –seguí preguntándole a mi amigo.

-Nada. He mandado suspender el servicio -me respondió.
Lo miro con ternura. Pertenece a la raza de los orgullosos. A la raza de aquellos que piensan que vale más sacrificar un rato de televisión a que una virtud tan alta como la cortesía (o consideración, como él la llama) sea sacrificada por tan poco.

Suelto una carcajada. Aquello me alegra. ¡Sí, así es como se debe tratar a esos señores que en lo único que piensan es en el dinero! Éste es el único lenguaje que entienden. El semáforo cambió de rojo a verde y seguimos avanzando, felices, por la ciudad.

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