#4 Tiempos
Monólogo sobre el destino | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
La libertad no lo es todo, eso es lo que digo yo. El hombre, además de libertad, necesita destino: aunque sea un poquito, aunque sólo sea en pequeñas dosis. ¿Se ha preguntado usted, estimado señor, qué haríamos en un mundo donde todo estuviera previsto y regulado; donde, en fin, no ocurriera nunca nada?
¡Qué bello es el verbo ocurrir! Ocurre lo que no había sido planeado, lo que escapa a cualquiera de nuestras previsiones. ¿Ha notado usted que a los hombres nos gustan las ocurrencias? Pues bien, ¿podría usted decirme qué es una ocurrencia si no un pensamiento que llega sin avisar, una idea no programada que se cuela en la conversación sin que nadie sepa de dónde ha venido ni adónde va, como el Espíritu? Una ocurrencia, si se vale decirlo así, no es un pensamiento pensado, sino un pensamiento ocurrido, y en eso radica precisamente su atracción, su irresistible interés. Le daré un ejemplo de lo que quiero decir.
Una vez contaba yo a mi sobrina un cuento infantil muy conocido. La niña estaba intrigadísima y sudaba de miedo cuando la Bruja le dice a Blancanieves: «¡Cómete esa manzana!». No quiero engañarlo a usted, pero mi sobrina temblaba de pies a cabeza, lo cual ya no me gustó nada; entonces decidí introducir en el relato un elemento cómico. «Y cuando Blancanieves oyó lo que le decía la bruja, le preguntó: “¿Es una orden?” La Bruja se le quedó mirando, se rascó la cabeza y dijo: “No, la orden es de seis”».
Mi sobrina, al estallar en risas, dejó de temblar y yo quedé bien contento. Pero no crea que yo había pensado ese final: es que, para salvar la situación, no me quedó otro remedio que improvisar. Pero prosigamos con nuestro discurso, estimado señor.
¿Y no es por esto, también, que preferimos una conversación viva –donde todo puede ocurrir– a un programa televisivo en el que cada cosa ha sido programada y medida? En televisión no hay ocurrencias, señor mío: para que las hubiera debería haber también un poco de espontaneidad, cosa que, por supuesto, no hay ni habrá jamás.
Y, ahora, permítame una breve digresión filológica, lingüística, o como quiera llamarla usted. En italiano, acontecimiento se dice accadimento, palabra derivada del verbo cadere, que significa caer. Un acontecimiento es aquello que cae, que nos cae encima, es decir, algo que no ha dependido de nosotros pero que de alguna manera se nos pone enfrente para que luchemos con él –como hizo Jacob con el ángel- o simplemente lo hagamos a un lado.
Lo diré con otras palabras: lo que habíamos planeado sucede, pero lo imprevisto ocurre. Si no encuentra usted desconsiderada la comparación, diría que los acontecimientos son como las ropas con que se viste el destino para salir de casa.
Y ahora, ¿podría decirme usted, estimado señor, cuáles son los días más aburridos de todos? ¿No son, acaso, los que no nos dan sino lo que esperábamos de ellos, pero nada más? El aburrimiento nace de la ausencia de lo imprevisto. Allí donde todo se reduce a ser una réplica exacta de lo que tiene que ser, allí nace el hastío. Levantarse, ir a la oficina o a la fábrica, hacer una pausa, volver al trabajo, acabar la jornada, regresar al hogar, acostarse y volver a empezar mañana la misma operación. Los días en lo que todo sucede como había sido registrado en nuestra agenda son los más insípidos de todos. Nunca una novedad, un suceso que altere el orden de las cosas: días siempre iguales a sí mismos; días, por decir así, sin alma.
Insisto: los hombres necesitamos el destino tanto como la libertad. Reflexione usted en esto que solía decirle a Jean Guitton su querida esposa: «De buscarme, jamás me habrías encontrado». Y usted, ¿no podría decir otro tanto? Si hubiese buscado a aquellos seres que hoy le son tan importantes, ¿cree que hubiera tenido éxito en su intento, estimado señor? Por mi parte, debo decirle que lo que esperaba nunca llegó, y que lo que llegó fue siempre lo que no esperaba. Por honestidad –y también por franqueza- debo decirle que fue mejor así.
Tengo escrito aquí, en una tarjeta de cartulina, un pensamiento del poeta argentino Simón Kargieman. Hace ya varios meses que lo cargo en mi cartera como un pequeño tesoro. Permita que se lo lea a usted. Espere, espere… ¡Aquí está!: «El destino me da la mano todos los días. No creo demasiado en él pero, por si acaso, no rehúso su cercanía. No vaya a suceder que me abandone a mí mismo y que, dándome yo cuenta, lo busque y no lo encuentre. ¿Y qué ocurriría entonces? Pues muy sencillo, que me quedaría a solas con m soledad, sin más compañía que la ausencia y un desolado futuro. Por eso, aunque no crea demasiado en él, le hago caso todos los días para que me trate bien y para volverlo a ver mañana, y así todos los días hasta que se dé cuenta y entonces, bueno, entonces aceptaré lo que el destino disponga».
¿No son bellas estas palabras, estimado señor? Si el destino nos ignorara, aunque sólo fuera por un instante, quedaríamos abandonados a nuestra propia libertad, lo cual sería desastroso. Porque tenga en cuenta, señor mío, que es el destino quien hace llegar los seres a nuestra vida. Nosotros no los buscamos, sino que aparecen, caen: son siempre un acontecimiento. El destino es como el oleaje que empuja la botella que flotaba en el mar para confiarla a la playa. Entonces la playa lo recibe y se alegra con el mensaje que venía oculto en la botella. ¡Y todo gracias al oleaje, estimado señor, es decir, a lo que no depende de nosotros!
Lo que depende de nosotros es bueno realizarlo; y lo no depende de nosotros es bueno recibirlo. Aquello nos hace hombres, pero esto, con mucha frecuencia, nos hace felices.
Bueno, eso es lo que yo digo, estimado señor. Y, ahora adiós, que se ha hecho tarde.

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El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
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