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Lupe Vélez la estrella potosina que triunfó en Hollywood y fue olvidada por SLP
La actriz apareció en más de 40 películas, inspiró una cinta dirigida por Andy Warhol, pero en San Luis Potosí el busto con el que se rendía homenaje fue robado
Por: Ana G Silva
María Guadalupe Villalobos Vélez, mejor conocida como Lupe Vélez, nacida en el barrio de San Sebastián, San Luis Potosí, fue la primera actriz mexicana que triunfó en Hollywood con más de 40 producciones, la mayoría de ellas como protagonista.
Lupe Vélez es recordada por su personalidad atrevida, además de ser inspiración para muchos directores de su época que incluso años después de su muerte realizaron trabajos en su honor; sin embargo, de acuerdo con Mario Candia, director de la Cineteca Alameda, San Luis Potosí, su casa, no le ha dado el reconocimiento que merece:
“En el estado no se le ha dado su lugar, no es muy recordada, ha sido olvidada. San Luis tiene una gran deuda con su memoria”. El director de la Cineteca dijo que eso podría deberse a que la potosina hizo pocas películas en México, ya que gran parte de su carrera la realizó en Estados Unidos: “es difícil apropiarse de una trayectoria de una mujer así, porque los potosinos no lo sienten propio”.
La Cineteca tiene una sala que lleva el nombre Lupe Vélez, en honor y han tratado de hacer esfuerzos para homenajearla, no obstante, su filmografía es difícil de conseguir porque fueron realizadas hace casi un siglo y algunas de ellas ni siquiera existen en México.
Candia destacó que fue un buen intento colocar un busto de bronce de Lupe en el Jardín de San Sebastián, lugar donde nació y vivió los primeros años de su vida, pero este fue robado en mayo de este 2020, solo tres años después de su colocación y hasta el momento no se sabe nada de él.
“La casa donde vivió ya ha pasado por muchos propietarios, no es posible hacer una casa-museo con su ropa, joyas o cosas que uso, es muy complicado hacerle ahora un reconocimiento a la trayectoria de Lupe Vélez por el tiempo que ha transcurrido desde su muerte”.
¿QUIÉN FUE LUPE?
“San Luis Potosí ha dado muy buenos actores y directores, pero no han destacado, Lupe Vélez es la única y la más grande estrella que ha dado San Luis Potosí en el cine”, indicó Mario Candia.
Lupe Vélez comenzó su carrera en el Teatro Regis en 1925 donde protagonizó dos parodias: Mexican Rataplan y No lo tapes.
Mario Candia destacó que Lupe Velez fue dirigida por los mejores directores de su época en Estados Unidos como William Wyler en los años 30.
En Estados Unidos trabajó con productores y directores como Harry Rapf (productor cinematográfico), Hal Roach (productor y director), Henry King (director), William Wyler (director), Cecil B. DeMille (director), entre muchos otros. Además, también laboró a lado de estrellas reconocidas en el mundo como: Stan Laurel y Oliver Norvell Hardy, los actores de “El Gordo y el Flaco”; también con Gary Cooper, Walter Huston, el actor mexicano Ramón Novarro.
Entre las películas que más destacaron en su carrera artística fueron su protagonismo en una comedia Serie-B de la RKO Pictures, llamada The Girl from Mexico(1939). La cual tuvo gran popularidad por lo que se realizaron cinco películas más.
“Fue una actriz que, en su tiempo,era la mejor artista mexicana de cine”, señaló el director de la Cineteca.
A finales de la década de 1920, la potosina era considerada una de las grandes estrellas. Ante esto, Mario Candia dijo: “fue una gran estrella y peleó por eso y se codeó con los mejores de su tiempo”.
En Hollywood tuvo apodos como La Pantera Mexicana, Whoope Lupe o Miss Chile Picante, pues en la mayoría de sus primeras películas, realizó papeles exóticos o étnicos.
“Ella es la que fundó el fenotipo de una mujer latina en Estados Unidos, es aspiracional la vida de una actriz así”, agregó Candia.
Candia finalmente mencionó: “El cine puede ser una bendición como una maldición, lo que se le puede aprender de Lupe es su tenacidad y no ponerse límites al pasar las barreras en su carrera en Estados Unidos, por eso triunfó”.
Su rivalidad con Dolores del Río
Esta rivalidad surgió porque ambas mujeres eran comparadas en Hollywood, sin embargo aunque eran mexicanas, sus personalidades eran distintas. Cuentan que era difícil su convivencia cuando se encontraban.
Sus amoríos
Mario Candia indicó que la actriz potosina fue tan singular que sus romances se volvieron públicos: “Se casó con Johnny Weissmuller, el famoso Tarzán del cine y fue amante de Charles Chaplin”.
Otros romances publicitados fueron Tom Mix, Clark Gable y Gary Cooper; este último, según varios biógrafos, fue el gran amor de su vida.
La muerte de Lupe
“Es escandaloso el final de su vida, a lo mejor eso opacó un poco el fulgor de su estrella”, destacó Candia.
El relato que la cultura pop ha aceptado sobre su suicidio es que en 1944 quedó embarazada de un actor de nombre Harald Ramond, quien fue demando por promesa de matrimonio incumplida por parte de otra mujer, lo que no pudo casarse con la mexicana. Ante ello, Lupe Vélez, siendo una católica devota, no pudo soportar la idea de ser madre soltera.
La actriz convocó a un grupo de amigas en su casa de Beverly Hills y después de la cena se retiró a su habitación, la cual llenó de velas, se maquilló, se peinó y tomó una dosis mortal de soconal.
Lupe y Andy Warhol
La vida e historia de Lupe Vélez fue tan relevante que inspiró a muchas celebridades, tal es así que en 1966 José Rodrígez-Soltero, junto a Andy Warhol, dirigió la película Lupe que contaba un poco de la vida de la potosina y la versión alternativa de la noche de su suicidio.
También lee: El porqué de las películas. Mi punto de vista del cine | Columna de José Miguel Fernández Rendón
Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte
Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina
«No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto.»
Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)
Por: Jorge Saldaña.
Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.
Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.
El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior- al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.
El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.
De los apodos a los apellidos
En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.
Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.
Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.
Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».
La cuadra como unidad onomástica
Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.
La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.
«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»
Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)
Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.
Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.
Las cuatro fechas bisagra
La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:
- 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
- 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
- 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
- 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.
Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.
La memoria popular como capa subterránea
Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.
Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.
Ciudad
Galindo ve “mano negra” en conflicto por predio de Puerta de Piedra
El Ayuntamiento propuso habilitar un terreno contiguo como parque urbano, con obras incluidas, pero no hubo respuesta del grupo inconforme
Por: Redacción
Enrique Galindo Ceballos, alcalde de San Luis Potosí, aseguró que existen “manos negras” detrás del conflicto por el predio municipal en el fraccionamiento Puerta de Piedra, luego de que un grupo de vecinos promoviera un amparo para frenar su subasta.
El edil sostuvo que la oposición al proyecto dejó de tener lógica tras haber ofrecido alternativas formales a los inconformes, incluyendo la habilitación de otro terreno contiguo como parque urbano.
“No sé de quién, pero hay dos manos negras. Yo no me la creo. Si te ofrecen otro terreno, con iluminación, cercado y árboles, y no hay respuesta, entonces esto ya salió de la razón lógica”, declaró.
Galindo afirmó que el Ayuntamiento mantuvo diálogo con el grupo y respondió por escrito a sus peticiones, pero acusó que, en lugar de continuar con las negociaciones, optaron por judicializar el caso.
Además, rechazó que el proceso de subasta haya sido suspendido en su totalida d, como han señalado integrantes del colectivo, al insistir en que el tema se encuentra en litigio y que el Cabildo aprobó la desincorporación de los predios conforme a la ley.
“No se hubiera subastado si no tuviera las condiciones legales. Fue aprobado por unanimidad”, sostuvo.
En contraste, el Colectivo Bosque Urbano Puerta de Piedra ha defendido el amparo interpuesto el pasado 13 de marzo, el cual fue admitido el 10 de abril por un juez, quien ordenó la suspensión del proceso de subasta de al menos 18 predios mientras se analiza el caso.
La audiencia constitucional del caso está programada para el próximo 8 de mayo, fecha en la que se definirá si el proceso de subasta puede continuar o si se confirma la protección legal de los predios.
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Afirma SSPC que la violencia se incrementa con el calor
El secretario Juan Antonio Villa reveló que con la temperatura la gente se vuelve más irritable, además de que aumenta el consumo de alcohol
Por: Redacción
Juan Antonio Villa Gutiérrez, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), señaló que han encontrado una correlación entre el incremento de actos de violencia y el aumento en las temperaturas.
Explicó que el calor genera que mucha gente se vuelva más irritable, por lo que en lugares muy cerrados o en casas pequeñas donde se exponencía la sensación térmica, crecen los incidentes de violencia, como puede ser la familiar.
Asimismo, en esta temporada se incrementa el consumo de bebidas alcohólicas, por lo que las personas tienden a embriagarse más, y “se ponen violentos” contra las personas a su alrededor.
Añadió que ante esta situación, han reforzado la seguridad para prevenir estos delitos, instruyendo al Agrupamiento Especial para Atención de Violencia de Género a tratar de manera inmediata los reportes.
Comentó que en la última semana atendieron 14 denuncias de este tema, de las cuales, cuatro resultaron procedentes, con los involucrados siendo puestos a disposición de la Fiscalía General del Estado.
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