#4 Tiempos
Las lenguas de los pueblos originarios y la media noche | Artículo de Alberto I. Gutiérrez
Por: Alberto I. Gutiérrez
Las reflexiones que me han surgido recientemente no pueden ser pensadas, ni concebidas, sin el componente de la virtualidad. No porque yo lo haya decidido así o sea una criatura de tipo asocial que ve con desagrado cualquier clase de interacción, en lo absoluto, sino que esto se debe a las constricciones de la tan sonada pandemia, cuyos efectos parecen fomentar dicha tendencia o condición en los individuos.
Lo anterior ha convertido a la pantalla de mi celular en una suerte de ventana al mundo, la cual se abre o se cierra en función del tiempo que paso en línea. Fue precisamente durante uno de esos lapsos que me enteré de una noticia que causó gran agitación entre mis allegados que se encuentran inmersos en lo que algunos denominan poéticamente como el “medio antropológico”: la intención del gobierno federal mexicano de que el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) sea “asimilado” o “incorporado” al Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), tentativa que tuvo lugar a finales del 2021, y que resurgió con fuerza en el 2022 en la víspera del Día Internacional de la Lengua Materna que se conmemora el 21 de febrero de cada año.
Recuerdo que cuando volvió a resurgir la noticia, una ola de críticas apareció de la nada en varias de mis redes sociales, consignas que fueron en escalada contra dicha iniciativa del gobierno federal. Llegó a tal punto el grado de saturación al que fui expuesto que, decidí escribir algunas líneas para dar un poco de claridad sobre lo que están pasando las lenguas de los pueblos originarios, así como las posibles soluciones. Todo esto a partir del principio personal que me rige desde tiempos antiguos: dejos de sentido común con trazas de oscuridad.
No es secreto para nadie que las lenguas de los pueblos originarios están experimentando reducciones considerables en el número de hablantes, una situación más que evidente, palpable tanto estadística como vivencialmente. Basta con ir a las localidades de México para atestiguar en “carne propia” los distanciamientos lingüísticos que existen entre generaciones, muchos de ellos ocasionados por el miedo que existía a la discriminación, a las vejaciones, al rechazo —que por cierto se trata de una aversión que existe por defecto o default en la especie humana para garantizar la supervivencia del ego—, o por los esfuerzos integracionistas llevados a cabo por algunos gobiernos durante el siglo XX.
Los factores antedichos cuyos impactos han ido disminuyendo con el paso del tiempo, siguen repitiéndose en cada foro, conversatorio o evento que versa sobre la temática, siendo también la globalización la cereza que decora la punta del pastel, y que tras su colocación contamina a la tarta entera. Sin embargo, no concuerdo en que suela omitirse u ocultarse una figura clave bajo la égida de la conectividad global, un ingrediente de vital importancia dentro del entramado: el papel de la institución del Mercado capitalista, instancia de carácter económico con efectos socioculturales que han llevado a las lenguas de varios pueblos a estar en riesgo o en crisis.
Cualquier productor, comerciante o habitante del mundo contemporáneo, sabe o al menos intuye, que el Mercado así como da, también está en condiciones de quitar. Extrapolando esta última sentencia a la realidad social, podemos decir que el Mercado nos ofrece la oportunidad de sostenernos a través del empleo, pero a cambio exige para muchos un sacrificio: pagar el precio de cercenar la lengua para imponer una glosa única con miras al pragmatismo y la interacción. En adición a esto último, la institución en cuestión demanda pleitesía, exigiendo consumidores devotos, activos y dispuestos a compartir un hilo comunicativo, justificando el predominio del español en la arena nacional.
En vista de esto, la desaparición de las lenguas de los pueblos originarios no parece una situación irracional e infundada ante la evidencia empírica, algo que contraría las ideas de muchos actores que participan en foros. Siendo honesto con ustedes, la verdad es que yo no me sentiría muy cómodo ir a eventos para culpar o reprochar a las personas por la negativa a emplear o transmitir su lengua, tras haberles dicho durante décadas que dejaran de hacerlo, y me sentiría el doble de contrariado si insistiera, aunque las condiciones sean “adversas”, no sean propicias en lo absoluto.
A estas alturas de la existencia, su servidor es incapaz de confundir sueños con realidad, la gente es lógica y punto.
Así que, para aversión de unos, para alegría de otros, considero que todos podemos concordar en que los billetes están en castellano, el dinero habla español, y a nivel internacional, se vale de idiomas como el inglés, y en tiempos venideros tal vez del mandarín. Ante la aseveración anterior, que podría generar incomodidad a más de uno —una sensación molesta que de acuerdo con lo que me han explicado se siente en el abdomen, entre la región del epigastrio y la zona umbilical, y también en el plano emocional—, cabría preguntarse sí es posible modificar esta tendencia para dar cabida a una mayor pluralidad lingüística en varios ámbitos de la vida colectiva del país.
Afirmar que no pueden hacerse ajustes sería algo irrisorio e irresponsable de mi parte, es evidente que siempre es posible realizar adecuaciones. Sin embargo, no podría dejar de observar la cartera, ya que es un tema que de llevarse a cabo costaría cantidades ingentes de dinero. Recuerdo que cuando recién comenzó a circular la noticia que detonó esta instantánea de lo social, un contacto que labora en una instancia afín al INALI salió en defensa de dicha institución, y la verdad es que no pude evitar preguntarle sí tenía el dato exacto de cuánto costaba conservar o perpetuar la lengua de un pueblo originario. También aproveché para indagar sí sabía cuál era el monto que se requiere destinar por individuo para el logro de tal cometido, pensando en variables como el desarrollo de etiquetas de productos, libros didácticos, vídeos, novelas, literatura, profesores, cine, todo.
Luego de esta primera ronda de preguntas, mi interlocutor se quedó en silencio para después escribir unas palabras emotivas que no surtieron efecto en mí, pues si algo me ha enseñado la vida, es que, al tratar ciertos asuntos relacionados con el pensamiento, el corazón se debe quedar en casa para que la mente pueda operar con libertad.
Fue entonces que le pregunté abiertamente si él estaría dispuesto a pagar más impuestos para lograr la conservación de las 68 lenguas y las 364 variantes que hay en México. Lo anterior fue secundado por una pausa aún mayor, mucho más prologada que la primera, que dio paso a un no rotundo, para yo cerrar con tres términos que siempre me han parecido mágicos, bastante enigmáticos: trágico, decepcionante, el horror. Yo, en cambio, le dije que en mi caso particular no tenía inconveniente alguno en la aplicación de un “impuesto por y para la cultura”, claro, siempre y cuando se destinara eficazmente en función de criterios de calidad y prioridad.
A propósito de esto que acabo de narrarles, ustedes se preguntarán lo siguiente ¿qué quiero lograr con el hecho o el suceso que les he contado? Una cuestión bastante sencilla, simple, que caigan en cuenta de que la pluralidad puede tener un alto costo , hay un desconocimiento de los montos para elaborar planes de acción, y el mesianismo de mi contacto es más cercano al “egoactivismo” que otra cosa, un concepto que espero desarrollar en próximos trabajos, cuando concluya un curso de Auxilios Psicológicos al cuál me inscribí recientemente.
Bien, hasta el momento les he hablado de algunas de las dificultades que experimentan las lenguas de los pueblos originarios. Por lo que la cuestión que hay que preguntarse a estas alturas de la entrega, es qué podemos hacer ante este escenario que muestra mayor predisposición a la media noche que al día, a esta versión renovada, si se quiere, actualizada de la Torre de Babel. La realidad es que no tengo una respuesta definitiva, aunque desde mi perspectiva y siguiendo los principios de la lógica básica, yo solo sugeriría intensificar el desarrollo de registros lingüísticos de alto nivel, el inventariado de todas las lenguas y sus variantes, esto mediante la colaboración de expertos en materia lingüística y etnológica con hablantes de la sociedad civil.
Puede que para ustedes no sea una medida novedosa, pues en el pasado se han realizado ejercicios de este tipo, aunque con base en mi experiencia y la de varios científicos sociales, suelen ser productos que no están estandarizados en términos lingüísticos, muchos trabajos son inaccesibles o se encuentran dispersos; circunstancias que, querámoslo o no, nos llevan invariablemente al mismo punto de partida. El resultado de adherirse a esta recomendación, permitiría garantizar la “materia prima” para su respectivo procesamiento, a la par de que facilitaría la acción de planificar, proponer montos y posteriormente implementar proyectos de conservación.
Quiero que tengan presente algo que me dijo un lingüista alguna vez, informante que me comentó que registrar una lengua toma alrededor de 5 a 10 años. Siendo optimistas, con sonrisa en rostro, aunque partiendo desde cero, emprender el registro en territorio nacional tomaría alrededor de 2,160 años en llevarse a cabo, ya es cuestión decidir si lo hacemos secuencialmente o simultáneamente —sugiero optar por la segunda, pues en una de esas, para esa fecha la especie humana llegó a su desenlace—. Teniendo en mente esta estimación, sugeriría dirigir toda la energía, todos los recursos, todas esas emociones a áreas prioritarias que lleven al desarrollo de diccionarios definitivos, materiales didácticos, manuales gramaticales y de escritura, entre otros.
Ahora, intuyo que la idea de que se escriban las lenguas de los pueblos originarios parece contrariar su propia esencia o naturaleza, esa espontaneidad producto del talante y el genio colectivo, no obstante, es innegable que la mayoría de los sistemas de comunicación de este planeta comenzaron siendo orales, para después dar el salto al momento escrito. Por lo que sugeriría hacer a un lado el terror o prejuicio que esto puede suscitar, viendo en esta medida como una gran oportunidad, ya que leer y escribir pueden ser un excelente ejercicio de empoderamiento, de respeto y aceptación. No quiero ponerme sentimental, ni mucho menos, pero aún recuerdo con agrado cuando empecé a leer, lo que marcó un parteaguas en mi itinerario de vida, cosa que probablemente todos experimentamos.
Considero que disponer de estos materiales, permitirá diseñar estrategias de conservación puntuales y efectivas. ¿Se imaginan la preparación de personal docente calificado para atender solicitudes de localidades que pidan instrucción o bien fortalecer a los hablantes con el elemento escritural? No sé qué piensen ustedes, pero tiene su poética pensar en una institución de nombre “Academia Mexicana de las Lenguas de los Pueblos Originarios” o que el INALI pueda dirigir sus esfuerzos exclusivamente a tan noble tarea. La verdad es que hay mucho por hacer y poco tiempo, ser disciplinados es más necesario que nunca, pues nadie baja de peso haciendo dieta un día.
Bien, para ir cerrando, me gustaría apuntar que las medidas de concientización —la mayoría basadas en la técnica de la repetición sistemática para reorientar la conducta de los individuos, suele ser bastante efectiva, excepto cuando parece contrariar al espíritu de la practicidad—, a estas alturas han logrado cumplir su cometido a la perfección, pues tenemos una sociedad que ya es consciente del valor cultural de las lenguas y de las manifestaciones de los pueblos originarios. Sin embargo, no podemos dejar de lado que los discursos de conservación pierden sentido si desaparece el objeto o el elemento que buscan mantener, por lo que, si estamos ante la reducción de hablantes, la necesidad del inventariado lingüístico adquiere relevancia. Dirían con sabiduría los matemáticos que la lengua es la variable independiente, el resto son las variables dependientes, como resultado hay que jerarquizar, priorizar.
Llegados a este punto de la exposición que pareció no dar tregua en ningún momento —me disculpo por ello—, éstas serían mis observaciones y recomendaciones sobre el tema. Me gustaría finalizar el texto de una vez, pues no tengo intención alguna de alargar más este trabajo, ya que no hay tiempo que perder. Pero antes de cortar el hilo comunicativo que nos ata, que nos sujeta, lo único que sí quiero recordarles es que, para emprender una misión de tal envergadura, hay que ser plenamente conscientes de que las posibilidades de éxito son relativamente bajas, que estamos yendo contra fuerzas que nos superan, que nos trascienden, que nos rompen el corazón, ¿pero qué cosa en esta vida no es así? La existencia misma es un claro ejemplo de necedad, una insistencia constante de no querer volver a las simples cosas, a lo inerte, lo inanimado, lo aburrido.
Teniendo en mente lo anterior, si vamos a chocar inevitablemente contra la pared, de lleno contra un muro llamado destino que, parece estar íntimamente ligado al espíritu de la practicidad y el del Mercado, al menos sugiero que lo hagamos con conocimiento, disciplina y técnica, eligiendo fracasar con elegancia, en lugar de un adiós sin gracia, sin conciencia, lo que, sin duda, es de los peores desenlaces que puede haber.
El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
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Acento Ajeno
Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.
Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.
“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.
Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.
La pregunta para México
Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.
Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.
Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.
Lo que corresponde
A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.
Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.
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El Cronopio
El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.
Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.
En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.
Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.
Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay . Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).
Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.
Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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