#4 Tiempos
Las lenguas de los pueblos originarios y la media noche | Artículo de Alberto I. Gutiérrez
Por: Alberto I. Gutiérrez
Las reflexiones que me han surgido recientemente no pueden ser pensadas, ni concebidas, sin el componente de la virtualidad. No porque yo lo haya decidido así o sea una criatura de tipo asocial que ve con desagrado cualquier clase de interacción, en lo absoluto, sino que esto se debe a las constricciones de la tan sonada pandemia, cuyos efectos parecen fomentar dicha tendencia o condición en los individuos.
Lo anterior ha convertido a la pantalla de mi celular en una suerte de ventana al mundo, la cual se abre o se cierra en función del tiempo que paso en línea. Fue precisamente durante uno de esos lapsos que me enteré de una noticia que causó gran agitación entre mis allegados que se encuentran inmersos en lo que algunos denominan poéticamente como el “medio antropológico”: la intención del gobierno federal mexicano de que el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) sea “asimilado” o “incorporado” al Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), tentativa que tuvo lugar a finales del 2021, y que resurgió con fuerza en el 2022 en la víspera del Día Internacional de la Lengua Materna que se conmemora el 21 de febrero de cada año.
Recuerdo que cuando volvió a resurgir la noticia, una ola de críticas apareció de la nada en varias de mis redes sociales, consignas que fueron en escalada contra dicha iniciativa del gobierno federal. Llegó a tal punto el grado de saturación al que fui expuesto que, decidí escribir algunas líneas para dar un poco de claridad sobre lo que están pasando las lenguas de los pueblos originarios, así como las posibles soluciones. Todo esto a partir del principio personal que me rige desde tiempos antiguos: dejos de sentido común con trazas de oscuridad.
No es secreto para nadie que las lenguas de los pueblos originarios están experimentando reducciones considerables en el número de hablantes, una situación más que evidente, palpable tanto estadística como vivencialmente. Basta con ir a las localidades de México para atestiguar en “carne propia” los distanciamientos lingüísticos que existen entre generaciones, muchos de ellos ocasionados por el miedo que existía a la discriminación, a las vejaciones, al rechazo —que por cierto se trata de una aversión que existe por defecto o default en la especie humana para garantizar la supervivencia del ego—, o por los esfuerzos integracionistas llevados a cabo por algunos gobiernos durante el siglo XX.
Los factores antedichos cuyos impactos han ido disminuyendo con el paso del tiempo, siguen repitiéndose en cada foro, conversatorio o evento que versa sobre la temática, siendo también la globalización la cereza que decora la punta del pastel, y que tras su colocación contamina a la tarta entera. Sin embargo, no concuerdo en que suela omitirse u ocultarse una figura clave bajo la égida de la conectividad global, un ingrediente de vital importancia dentro del entramado: el papel de la institución del Mercado capitalista, instancia de carácter económico con efectos socioculturales que han llevado a las lenguas de varios pueblos a estar en riesgo o en crisis.
Cualquier productor, comerciante o habitante del mundo contemporáneo, sabe o al menos intuye, que el Mercado así como da, también está en condiciones de quitar. Extrapolando esta última sentencia a la realidad social, podemos decir que el Mercado nos ofrece la oportunidad de sostenernos a través del empleo, pero a cambio exige para muchos un sacrificio: pagar el precio de cercenar la lengua para imponer una glosa única con miras al pragmatismo y la interacción. En adición a esto último, la institución en cuestión demanda pleitesía, exigiendo consumidores devotos, activos y dispuestos a compartir un hilo comunicativo, justificando el predominio del español en la arena nacional.
En vista de esto, la desaparición de las lenguas de los pueblos originarios no parece una situación irracional e infundada ante la evidencia empírica, algo que contraría las ideas de muchos actores que participan en foros. Siendo honesto con ustedes, la verdad es que yo no me sentiría muy cómodo ir a eventos para culpar o reprochar a las personas por la negativa a emplear o transmitir su lengua, tras haberles dicho durante décadas que dejaran de hacerlo, y me sentiría el doble de contrariado si insistiera, aunque las condiciones sean “adversas”, no sean propicias en lo absoluto.
A estas alturas de la existencia, su servidor es incapaz de confundir sueños con realidad, la gente es lógica y punto.
Así que, para aversión de unos, para alegría de otros, considero que todos podemos concordar en que los billetes están en castellano, el dinero habla español, y a nivel internacional, se vale de idiomas como el inglés, y en tiempos venideros tal vez del mandarín. Ante la aseveración anterior, que podría generar incomodidad a más de uno —una sensación molesta que de acuerdo con lo que me han explicado se siente en el abdomen, entre la región del epigastrio y la zona umbilical, y también en el plano emocional—, cabría preguntarse sí es posible modificar esta tendencia para dar cabida a una mayor pluralidad lingüística en varios ámbitos de la vida colectiva del país.
Afirmar que no pueden hacerse ajustes sería algo irrisorio e irresponsable de mi parte, es evidente que siempre es posible realizar adecuaciones. Sin embargo, no podría dejar de observar la cartera, ya que es un tema que de llevarse a cabo costaría cantidades ingentes de dinero. Recuerdo que cuando recién comenzó a circular la noticia que detonó esta instantánea de lo social, un contacto que labora en una instancia afín al INALI salió en defensa de dicha institución, y la verdad es que no pude evitar preguntarle sí tenía el dato exacto de cuánto costaba conservar o perpetuar la lengua de un pueblo originario. También aproveché para indagar sí sabía cuál era el monto que se requiere destinar por individuo para el logro de tal cometido, pensando en variables como el desarrollo de etiquetas de productos, libros didácticos, vídeos, novelas, literatura, profesores, cine, todo.
Luego de esta primera ronda de preguntas, mi interlocutor se quedó en silencio para después escribir unas palabras emotivas que no surtieron efecto en mí, pues si algo me ha enseñado la vida, es que, al tratar ciertos asuntos relacionados con el pensamiento, el corazón se debe quedar en casa para que la mente pueda operar con libertad.
Fue entonces que le pregunté abiertamente si él estaría dispuesto a pagar más impuestos para lograr la conservación de las 68 lenguas y las 364 variantes que hay en México. Lo anterior fue secundado por una pausa aún mayor, mucho más prologada que la primera, que dio paso a un no rotundo, para yo cerrar con tres términos que siempre me han parecido mágicos, bastante enigmáticos: trágico, decepcionante, el horror. Yo, en cambio, le dije que en mi caso particular no tenía inconveniente alguno en la aplicación de un “impuesto por y para la cultura”, claro, siempre y cuando se destinara eficazmente en función de criterios de calidad y prioridad.
A propósito de esto que acabo de narrarles, ustedes se preguntarán lo siguiente ¿qué quiero lograr con el hecho o el suceso que les he contado? Una cuestión bastante sencilla, simple, que caigan en cuenta de que la pluralidad puede tener un alto costo , hay un desconocimiento de los montos para elaborar planes de acción, y el mesianismo de mi contacto es más cercano al “egoactivismo” que otra cosa, un concepto que espero desarrollar en próximos trabajos, cuando concluya un curso de Auxilios Psicológicos al cuál me inscribí recientemente.
Bien, hasta el momento les he hablado de algunas de las dificultades que experimentan las lenguas de los pueblos originarios. Por lo que la cuestión que hay que preguntarse a estas alturas de la entrega, es qué podemos hacer ante este escenario que muestra mayor predisposición a la media noche que al día, a esta versión renovada, si se quiere, actualizada de la Torre de Babel. La realidad es que no tengo una respuesta definitiva, aunque desde mi perspectiva y siguiendo los principios de la lógica básica, yo solo sugeriría intensificar el desarrollo de registros lingüísticos de alto nivel, el inventariado de todas las lenguas y sus variantes, esto mediante la colaboración de expertos en materia lingüística y etnológica con hablantes de la sociedad civil.
Puede que para ustedes no sea una medida novedosa, pues en el pasado se han realizado ejercicios de este tipo, aunque con base en mi experiencia y la de varios científicos sociales, suelen ser productos que no están estandarizados en términos lingüísticos, muchos trabajos son inaccesibles o se encuentran dispersos; circunstancias que, querámoslo o no, nos llevan invariablemente al mismo punto de partida. El resultado de adherirse a esta recomendación, permitiría garantizar la “materia prima” para su respectivo procesamiento, a la par de que facilitaría la acción de planificar, proponer montos y posteriormente implementar proyectos de conservación.
Quiero que tengan presente algo que me dijo un lingüista alguna vez, informante que me comentó que registrar una lengua toma alrededor de 5 a 10 años. Siendo optimistas, con sonrisa en rostro, aunque partiendo desde cero, emprender el registro en territorio nacional tomaría alrededor de 2,160 años en llevarse a cabo, ya es cuestión decidir si lo hacemos secuencialmente o simultáneamente —sugiero optar por la segunda, pues en una de esas, para esa fecha la especie humana llegó a su desenlace—. Teniendo en mente esta estimación, sugeriría dirigir toda la energía, todos los recursos, todas esas emociones a áreas prioritarias que lleven al desarrollo de diccionarios definitivos, materiales didácticos, manuales gramaticales y de escritura, entre otros.
Ahora, intuyo que la idea de que se escriban las lenguas de los pueblos originarios parece contrariar su propia esencia o naturaleza, esa espontaneidad producto del talante y el genio colectivo, no obstante, es innegable que la mayoría de los sistemas de comunicación de este planeta comenzaron siendo orales, para después dar el salto al momento escrito. Por lo que sugeriría hacer a un lado el terror o prejuicio que esto puede suscitar, viendo en esta medida como una gran oportunidad, ya que leer y escribir pueden ser un excelente ejercicio de empoderamiento, de respeto y aceptación. No quiero ponerme sentimental, ni mucho menos, pero aún recuerdo con agrado cuando empecé a leer, lo que marcó un parteaguas en mi itinerario de vida, cosa que probablemente todos experimentamos.
Considero que disponer de estos materiales, permitirá diseñar estrategias de conservación puntuales y efectivas. ¿Se imaginan la preparación de personal docente calificado para atender solicitudes de localidades que pidan instrucción o bien fortalecer a los hablantes con el elemento escritural? No sé qué piensen ustedes, pero tiene su poética pensar en una institución de nombre “Academia Mexicana de las Lenguas de los Pueblos Originarios” o que el INALI pueda dirigir sus esfuerzos exclusivamente a tan noble tarea. La verdad es que hay mucho por hacer y poco tiempo, ser disciplinados es más necesario que nunca, pues nadie baja de peso haciendo dieta un día.
Bien, para ir cerrando, me gustaría apuntar que las medidas de concientización —la mayoría basadas en la técnica de la repetición sistemática para reorientar la conducta de los individuos, suele ser bastante efectiva, excepto cuando parece contrariar al espíritu de la practicidad—, a estas alturas han logrado cumplir su cometido a la perfección, pues tenemos una sociedad que ya es consciente del valor cultural de las lenguas y de las manifestaciones de los pueblos originarios. Sin embargo, no podemos dejar de lado que los discursos de conservación pierden sentido si desaparece el objeto o el elemento que buscan mantener, por lo que, si estamos ante la reducción de hablantes, la necesidad del inventariado lingüístico adquiere relevancia. Dirían con sabiduría los matemáticos que la lengua es la variable independiente, el resto son las variables dependientes, como resultado hay que jerarquizar, priorizar.
Llegados a este punto de la exposición que pareció no dar tregua en ningún momento —me disculpo por ello—, éstas serían mis observaciones y recomendaciones sobre el tema. Me gustaría finalizar el texto de una vez, pues no tengo intención alguna de alargar más este trabajo, ya que no hay tiempo que perder. Pero antes de cortar el hilo comunicativo que nos ata, que nos sujeta, lo único que sí quiero recordarles es que, para emprender una misión de tal envergadura, hay que ser plenamente conscientes de que las posibilidades de éxito son relativamente bajas, que estamos yendo contra fuerzas que nos superan, que nos trascienden, que nos rompen el corazón, ¿pero qué cosa en esta vida no es así? La existencia misma es un claro ejemplo de necedad, una insistencia constante de no querer volver a las simples cosas, a lo inerte, lo inanimado, lo aburrido.
Teniendo en mente lo anterior, si vamos a chocar inevitablemente contra la pared, de lleno contra un muro llamado destino que, parece estar íntimamente ligado al espíritu de la practicidad y el del Mercado, al menos sugiero que lo hagamos con conocimiento, disciplina y técnica, eligiendo fracasar con elegancia, en lugar de un adiós sin gracia, sin conciencia, lo que, sin duda, es de los peores desenlaces que puede haber.
#4 Tiempos
Son Ruth y Galindo ¿Apuestan? | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Culto Público, “hijos los juegos malabares… para no amarte en exclusiva”.
¿Recuerdan la dinámica del patio de la primaria cuando se jugaba una “carrerita”? Nadie espera el “ya” y pocas veces se espera el “a la una, a las dos y a las tres”.
Todos arrancan al amago, al ruido, a la sospecha de que alguien más ya movió el pie primero, nadie se quiere quedar atrás, y menos ser el último convirtiéndose en “huevo podrido” -término muy usado en México-.
En eso, exactamente en eso está la política electoral mexicana en este momento: Ya sienten la carrera encima y todos quieren salir antes, madrugar para ver si les amanece más temprano o por lo menos no dormirse para que no se los lleve la corriente. ¿Y la Ley y los tiempos oficiales?… -Ja- no vivan en el pasado.
Lamentablemente lo de hoy en México lindo y querido, Culto Público, es torcer la Ley con un simple parafraseo creativo, la construcción de un sustantivo y una causa por encima de la legalidad.
Morena lo descubrió primero con las “corcholatas” ¿Se acuerdan? ponerle un nombre colectivo simpático —uno que lo diga todo sin decir nada— permite presentar candidatos… sin presentar a tus candidatos (Qué listos, ¿no?).
Así pues, con esas combinaciones gramaticales violatiempos, en esta semana, o un poco antes, supimos que Morena presentará pronto en todo lo larguiancho del país a los “Coordinadores de la Transformación”, ah, pero antes de que les ganen un paso en la carrerita, el PRI salió con sus “Defensores de México” ya con nombres y apellidos.
Para mañana el PAN aprovechará la escenografía porque no quieren ser los últimos en salir y le aseguro que para esta hora del sábado presentará su propia construcción gramatical con nombre inspirador.
Me imagino que saldrán con algo así como “Guardianes del bien común”, “Centinelas en Acción” o cualquier cosa que suene a título de caricatura de héroes contra villanos. (No son muy creativos con los nombres, hay que decirlo, pero el intento siempre se agradece.)
Por parte del Verde no se complicaron tanto y ayer Manuel Velasco soltó los nombres en entrevista “espontánea” (en la que de puritita casualidad ya traía su lista en la mano de los hombres y mujeres que podrían ir a “la encuesta”) -les podríamos decir los verdeencuestables- para las 17 gubernaturas en juego para el 27.
Por supuesto el tema potosino se cuece aparte como se cuece la pasta por separado de la salsa.
Y ahí está el nudo: el Verde en SLP no tiene plan B. Es Ruth o es nada. Manuel Velasco ya lo dijo con su diplomacia aterciopelada: podría ser la abanderada si ella lo decide, y si eso no cuadra con los estatutos de Morena, pues van solos. Traducción: van solos…
A partir de ahí, vamos a los malabares: de esos que canta Emmanuel “para no amarte en exclusiva” (en política la exclusividad es cosa rara, valiosa y cotizada en estos días).
Primero dejemos de lado el ruido de las declaraciones, los “tenemos muchos perfiles hombres y mujeres”, los “mi responsabilidad es la ciudad y no son tiempos de definiciones electorales”, los buscapiés al estilo “podría ser Guadalupe Torres o Ignacio Segura”, dejemos también detrás las filtraciones calculadas para despistar al enemigo, y entonces sí llamemos a las cosas por su nombre:
Por más cortinas de humo que se pongan, el escenario hoy más nítido de la elección potosina del 27 se dibuja so lo:
Serán Ruth González Silva por el Verde contra Enrique Galindo Ceballos. Punto.
Ambos, con circunstancias particulares pero con un elemento en común que aún no se ha decidido: lo mismo puede uno o el otro recibir el apoyo presidencial (abusados que no dije de Morena) por debajo de la mesa.
En pocas palabras, Ruth siendo candidata solo con el Verde (más adelante hablaré sobre la anunciada “gran alianza” que adelantó su esposo, el gobernador del estado) puede tener la bendición presidencial, lo que, junto a su reconocimiento y aprobación estatal, prácticamente le daría la gubernatura.
Por otro lado, ya sea con el PRI, el PAN o el PRIAN, Enrique Galindo es sin duda el único perfil competitivo de esos dos partidos y sí, también podría tener el apoyo presidencial por debajo de la mesa, una decisión que aún no se toma.
Todo depende y depende de algo muy simple:
No es secreto, a pesar de los tecleos e impresiones mal intencionadas, la relación entre Sheinbaum y Gallardo es sólida, se entienden y acuerdan. Ya lo han hecho antes.
Por lo tanto, la presidenta tiene una disyuntiva: si acuerda con el PVEM (con la cúpula y por supuesto con Gallardo) que SLP siga en el mismo rumbo, entonces Morena postulará a un candidato o candidata débil (en realidad no tienen ninguno fuerte) y como escribí líneas arriba, oficialmente no apoyarían a la senadora González Silva en público.. pero tampoco le pondrían obstáculos.
En el otro camino, si en la lectura racional de la presidenta, no se logran balancear los triunfos de su partido en el toma y daca de las 17 gubernaturas y lo más importante: los distritos federales, y toma como una afrenta que el Verde desprecie a Morena en SLP para jugar con la también esposa del mandatario, entonces tampoco pondría a un candidato o candidata fuerte en Morena (-insisto- por que no lo tienen, aunque si figuras de relevancia, pero esa es otra conversación) pero podría apoyar a la oposición, en este caso a Galindo, que no sería la primera vez que recibe el apoyo de Morena para ganar aunque esté postulado por la oposición. Todo lo demás es ruido.
Al mismo tiempo, la posibilidad que se ha barajado en las mesas más influyentes de la política potosina, de que Enrique Galindo pueda ser el candidato oficial por encima de la mesa y a todas luces de Morena- se aleja de manera directamente proporcional a su cercanía con el PRI, que ya lo nombró Defensor de México, y a su cercanía con el PAN, que lo ha nombrado como “potencial candidato”.
¿Grandes coaliciones? Vamos oyendo dijo el sordo… (¿por qué siempre el ciego?)
Al respecto hay una ironía que me quema los dedos: el PRI es, en la narrativa gallardista de estos cuatro años, la “herencia maldita” en su esplendor. Es el sistema que había que sepultar con la llegada del cambio, en este caso con la llegada de Ricardo Gallardo a la gubernatura.
Por eso, el que el Partido Verde —responsable de la fortaleza de la 4T en San Luis— termine abrazando a la herencia maldita para armar su “gran alianza”, es un absurdo que ni el mejor escritor de telenovelas la hubiera imaginado: Verde con el PRI de Sara Rocha, y dejan fuera a Galindo.
Y es que esa “gran alianza” que anuncia Gallardo resulta, haciendo zoom al análisis, bastante pequeña. ¿Con quién exactamente se aliarían? Con el PRI sería contradictorio: el Verde defiende a la presidenta, el tricolor la combate.
Con el PAN, lo mismo. Con MC hay una distancia ideológica enorme, aunque la cercanía personal de Gallardo con Samuel García podría forzar a los naranjas a sumarse contra toda su lógica política.
El PT es opción que poco pesa. Y con Morena… solo si Ruth no es la candidata o la apoyan en secreto. Punto.
Galindo, mientras tanto, deshoja una margarita con espinas. ¿Va con el PRI y se queda con la estructura estatal alejándose de ser la carta tapada de Morena? ¿O espera al PAN y se arriesga a que la cúpula nacional “venda” o le venda su candidatura a cambio de lingotes de oro? (Que el PAN prefiera ganar perdiendo no es novedad… es casi tradición, y mi amiga Verónica Rodríguez poco puede hacer ante una instrucción, aunque sea producto de la ambición, de Jorge Romero y su master of puppets, Marko Cortés)
Entre todo este caos y escenarios posibles, aparece Gerardo Sánchez Zumaya: el huasteco de supuesto dinero abundante y granjas de bots contratadas a una empresa de la CDMX que generan una percepción de popularidad que no resiste un minuto de análisis real.
(Que paguen tuits, likes y comentarios de robots no es base social, es decorado, y el decorado se cae con el primer viento.)
Más importante: a sus vínculos con el huachicol, su cercanía y enriquecimiento de microondas con el cobijo de Adán Augusto López —el lastre de Sheinbaum— y a la posibilidad, que varias fuentes ya susurran con nombre y apellido, de que Sánchez Zumaya será detenido muy pronto por la justicia federal, lo van a desfondar antes de que cargue a los peregrinos.
Es cierto, aún desde la cárcel su dinero podría impulsar a alguien de su confianza a la alcaldía, como David Azuara del PAN (traicionando a Morena a la que se afilió) que hasta hoy no ha brillado ni ha dejado huella en San Lázaro.
Se habla también de otras figuras, frontales enemigos del gallardismo, con supuesto acceso ilimitado al dinero de su mecenas, sin embargo, para gobernar la capital potosina se necesitan más que en vivos plagados de adjetivos.
Se requiere sentarse en mesas serias, tener la confianza de las oligarquías locales y, sobre todo, no ser un monigote que a la gente seria le da risa. Al respecto hay que recordar que “Cuando un payaso entra a un castillo, el payaso no se convierte en rey. El castillo se convierte en circo”.
A todo lo anterior, debo decirlo, hay un antídoto: Si el gallardismo convence al PRI de abanderar a Sara Rocha, y al PAN de abanderar a Verónica Rodríguez, (el fin justifica los medios), pues entonces, será Ruth la próxima gobernadora. No hay más.
Para despedirme en este viernes pre primaveral, cierro con algunos apuntes sobre la reforma electoral desde mi muy humilde lectura:
El “Plan A” —el que votaron en contra todos menos Morena y algunas honrosas excepciones (eso sí fue una traición a la presidenta, lo digo y lo sostengo)— era una reforma estructural de fondo del sistema electoral mexicano. Sí cambiaba las reglas del juego.
En contraparte, el “Plan B” no tiene nada que ver con el A. Son tan distintos como un molusco y un camello, como un trasplante de corazón y un parche en el codo, o como construir un edificio y cambiar el foco de un pasillo.
Si el Plan A renovaba el estadio completo, el Plan B recorta el precio de los boletos y le baja el sueldo a los árbitros, no más.
Lo verdaderamente irónico —casi poético— es esto: La oposición bloqueó el Plan A celebrando… sin darse cuenta que con eso le dejó a Morena exactamente con lo que tiene hoy: más recursos, más pluris, más exposición y más poder. “Nombre unos genios” dirían los clásicos.
El plan “B” para SLP ni siquiera aplica. No mueve ni una hojita de diente de león.
Que pasen un buen viernes, sábado y domingo.
Hasta la próxima.
Jorge Saldaña.
También lee: La reforma que no quería pasar | Apuntes de Jorge Saldaña
El Cronopio
Primera institución de investigación en México | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
Marco Moreno Corral investigador del Instituto de Astronomía, campus Ensenada de la UNAM me envío un libro que recoge la historia del Observatorio Astronómico Nacional, que escribió en coautoría con Marí Estela de Lara Andrade y Felipe de Jesús Montalvo Rocha, intitulado primeros años del Observatorio Astronómico Nacional de México a 140 años de iniciar su actividad científica, una historia gráfica.
El libro en sí es interesante en el sentido que rescata esas historias que luego son desconocidas y que en su momento vistieron de gloria a la ciencia y tecnología mexicana, además de que contiene fotografías de la época y registro gráfico de los instrumentos con los cuales los astrónomos mexicanos escudriñaron el cielo.
El libro fue escrito para conmemorar los 140 años de actividades que se cumplían en el 2018; sin embargo, el libro fue impreso en el 2023 por la editorial Porrúa y fue presentado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en diciembre del 2025.
Sobre Marco Moreno ya escribiremos en posteriores colaboraciones en La Orquesta, por lo pronto nos enfocamos en el libro que está relacionado con San Luis Potosí, pues varios potosinos han laborado en el mencionado Observatorio Astronómico, entre ellos Valentín Gama y Cruz que fue su director de 1910 a 1915, en plena lucha revolucionaria; además de Rodolfo Jurado Calvillo, ambos tíos de Gustavo del Castillo y Gama fundador de la Escuela e Instituto de Física de la UASLP y de quien ya hemos tratado en esta columna.
El Observatorio Astronómico Nacional fue fundado el 5 de mayo de 1878, año en que varias instituciones de ciencia y culturales fueron creadas en el país, después del arribo al poder de Porfirio Diaz con su revolución de Tuxtepec; por ejemplo en Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, institución donde estudiara la preparatoria Valentín Gama, se fundó el Observatorio Meteorológico en comunicación con el Central Mexicano y que estuviera relacionado con el Observatorio Astronómico Nacional.
El libro presenta alrededor de 120 fotografías que registran la historia y los instrumentos del Observatorio en sus primeros años de funcionamiento. Este Observatorio fue incorporado a la UNAM en 1929 siendo el heredero de esta institución el actual Instituto de Astronomía de la UNAM que es un referente mundial en temas de astronomía y astrofísica.
El Observatorio Astronómico Nacional se considera la primera institución en el país creada para realizar labores de investigación en el campo de las ciencias exactas y en especial de la astronomía. En sus inicios el Observatorio estuvo ubicado en lo alto del Castillo de Chapultepec para posteriormente pasar a Tacubaya, y luego en la época de su incorporación a la UNAM en la sierra de San Pedro Mártir en Baja California.
La obra que encabeza Marco Moreno está dedicada a presentar información sobre aquellos primeros años de vida institucional para lo que los autores recurrieron al rico acervo fotográfico que guarda el Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México, heredero directo del Observatorio. La colección de placas fotográficas, contiene imágenes que ilustran sus primeros años, no solo muestra al público la génesis de la institución, también está pensado para darlo a conocer a quienes investigan el pasado científico del país y al público en general que podrá conocer a los principales personajes que le dieron vida al Observatorio y lustre a la ciencia y tecnología mexicana, al tiempo de contribuyeron al desarrollo cultural de la nación.
El acervo al que se refieren los autores, hemos tenido el privilegio de compartirlo en un par de obras relacionadas con el Observatorio Astronómico Nacional y con la historia de la ciencia potosina al tratar la vida y obra de Valentín Gama y Cruz, y la cobertura del campamento científico montado en Laguna Seca en Charcas para la observación del Eclipse Total de Sol de 1923. Fotografías que aparecen en este libro conmemorativo.
Los invitamos a acercarse a este brillante pedazo de la historia mexicana relacionado con el devenir de la ciencia y en especial la astronomía en México.
Lee también: Una pionera en el discurso feminista | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
El Cronopio
Una pionera en el discurso feminista | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
La literatura latinoamericana tuvo sus inicios en la segunda década del convulso siglo XIX, coincidiendo con los movimientos emancipativos de la América española. En México, Fernández de Lizardi inaugura la narrativa mexicana con El Periquillo Sarniento y el cubano Félix Varela la novela histórica con su obra Jicotencatl, así escrito, que sigo sin conseguirla. En esos tiempos, cuando la aventura colonial de España en América se reducía a Cuba y Puerto Rico, se agudizaba el debate patriótico de los criollos cubanos por su emancipación y entre tintes anexionistas e independentistas se configuraba su futuro como nación.
Félix Varela, que emigró a los Estados Unidos al condenársele a muerte por el reino español, por su postura como diputado en las cortes de Cádiz, daría inicio a ese largo periodo que llevaría a Cuba lograr su total independencia en la década de los cincuenta del siglo XX con su movimiento revolucionario, pasando por su vida independiente del yugo español, bajo la mira y nuevo yugo de los gringos que se agenciaban el movimiento iniciado por otra de las grandes plumas cubanas José Martí.
Su relación con México ha sido intensa y en el caso de las letras tienen estas coincidencias en la implementación de esa narrativa latinoamericana, pionera en la ilustración y critica a la vida social por la construcción de una nación justa y con iguales libertades para sus ciudadanos, incluyendo los esclavos y la posición de las mujeres. Si bien, el clima social era adverso a estas aspiraciones los hombres y mujeres de letras no cejaron en pintar en sus páginas la posibilidad de esas sociedades justas.
En 1838 salía a la luz una novela de una mujer cubana, que habiendo viajado a España a vivir una temporada, daba espacio a la ilustración de la vida en el campo cubano y los problemas que enfrentaba la negritud, con su vida de esclavitud, y de la vida de las mujeres que debían responder a condiciones sociales que la propia sociedad colonial les exigían y, que en la actualidad sigue siendo un asunto pendiente que es recordado cada 8 de marzo al hablarse de la situación de la mujer en nuestra sociedad, en el llamado día internacional de la mujer, que en muchas latitudes ha tomado tintas de violencia como medio para lograr su visibilidad. Más allá de los apropiado o no de tales medidas, el día luego queda en segundo plano, al centrarse en estos momentos álgidos de violencia durante las marchas que se han hecho comunes y poco se promueve la contribución que las mujeres han dado a nuestra civilización.
Gertrudis la magna, como bautizara la escritora española Fernán Caballero a nuestra recordada escritora cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda nacida en Camagüey en 1814. La Avellaneda brilló en los salones literarios, contemporizó con lo mejor de la intelectualidad europea, obtuvo reconocimientos importantes, dialogó implícita y explícitamente con sus contemporáneos, fue víctima de tensiones y fracasos personales y hasta provocó escándalo en su entorno social.
Entre sus viajes entre Cuba y España, publicaba sus novelas que alcanzaron un importante reconocimiento, participando en el mundo de las letras junto a sus colegas varones. Su actividad y, principalmente su temática tratada en sus novelas la convierte en una de las primeras feministas latinoamericanas que siguió el camino de la cultura como forma de emancipación social , tanto intelectual como física para, las colonias americanas que seguían bajo el influjo español y la condición inhumana de esclavos negros y las pocas posibilidades de progreso para aquellas mujeres que se aventuraban seguir caminos no aceptados socialmente para ellas.
La Avellaneda, posiblemente marchara de vivir en esta época, pero más que ello, abría caminos a través de la cultura exponiendo situaciones sociales y enfatizando la condición desprotegida de la mujer empeñosa en fincar su desarrollo.
Su primera novela dada a conocer en 1838 es Sab, donde presenciamos un acto de denuncia contra la discriminación hacia la mujer y el esclavo, contra el destino de la sumisión y servidumbre que a ambos aplica la sociedad en que vive Avellaneda. Una de sus primeras novelas también es Dos Mujeres, donde hace una crítica de la institución del matrimonio enmascarando ese contenido subversivo bajo el formato tradicional del folletín romántico.
De esta manera contribuía a la literatura y al movimiento de emancipación de la mujer. Sus obras representan uno de los primeros discursos feministas en lengua castellana que ataca los convencionalismos sociales que discriminan y oprimen a la mujer, como podemos ver en el prólogo que escribe Cira Romero en el libro que por fortuna ha editado la serie letras cubanas y que conseguí prácticamente regalado, me costó catorce pesos cubanos que son la friolera de un peso cuarenta centavos mexicanos, así son los precios, en mi reciente visita a La Habana. El libro recopila tres de sus novelas entre las que se encuentran las mencionadas y que fue editado en el 2014 para festejar los doscientos años de su nacimiento.
Todo un ejemplo de cómo se puede participar en un movimiento feminista a través de la cultura y cómo contribuir a educar a la sociedad en un ámbito civilizatorio donde la igualdad en oportunidades para sus ciudadanos se manifieste de forma natural. Requisito indispensable en esta tercera ola de civilización por la que transitamos y en la que nos rezagamos en México, despreciando la cultura, la educación con acciones dictadas por los gobiernos en turno, de manera más crítica en este gobierno de nueva corrupción que padecemos, y la comunicación superficial que configura estos tiempos modernos y que apuntalan la violencia.
Posiblemente sea difícil conseguir alguna de sus novelas, como las referidas, pero si se encuentran con ellas no duden en darle lectura principalmente quienes se interesan en hacer visibles a las mujeres, con actos civilizatorios.
Lee también: Ciencia y Humanismo, en recuerdo a Manuel Martínez y Francisco Mejía | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
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