junio 30, 2026

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Lágrimas de Conejo | Columna de El Mojado

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Rudeza necesaria 

 

Este texto, publicado originalmente el 2 de agosto de 2019, resultó ganador del primer lugar en el Premio Estatal de Periodismo 2020, en la categoría Crónica deportiva. La Orquesta fue, por segundo año consecutivo, el medio más laureado en el estado, con seis premios. ¡Felicidades a Roberto Rocha y todos nuestros compañeros ganadores!

 

¿Cuántas personas habrán llorado, al mismo tiempo que el Conejo Pérez, el sábado pasado? El número no lo sé, pero puedo decir que yo sí.

Ver al Conejo enfundado otra vez con el uniforme de Cruz Azul, once años después y que tuviera nuevamente el gafete de capitán, fue una escena que anhelé tantas veces, tanto que fue increíble ver que se realizara. Lo que no estaba en mi plan es que cuando ocurriera, no se pudiera repetir jamás.

El Conejo es uno de mis ídolos desde muy pequeño, a los ocho años de edad, cuando fui por primera vez a un estadio de futbol. Era momento de primeras veces para el portero también, pues aunque su carrera en primera división había comenzado algunos años antes, el torneo Invierno 1997 era su primer campeonato como titular.

No era poca cosa que el Conejo tuviera la titularidad en ese Cruz Azul, porque en la banca de La Máquina había otros dos enormes guardametas: el experimentado Nicolás Navarro y “el inmortal” Jorge Campos.

La fecha de mi primer partido en un estadio fue muy importante en la historia de Cruz Azul: el 7 de diciembre de 1997. Ese día, en León, me tocó estar en la misma cabecera en la que el Conejo hizo los calentamientos previos al partido, lo que provocó que su agilidad llamara mi atención todo el tiempo. 

Óscar Pérez tenía apenas 24 años, lo que provocó que, en un arranque de ira durante el calentamiento levantara el dedo medio a la afición leonesa que le gritaba de todo. Ahora suena increíble que no haya pruebas de eso, pero entonces, hace 22 años, no había cámaras en todos lados como actualmente.

Ese 7 de diciembre de 1997 el Conejo fue clave, como todo el torneo, para que Cruz Azul terminara levantando el título de campeón que desde entonces no se ha vuelto a presentar.

Mi idolatría fue creciendo, aunque no volví a verlo en un estadio hasta febrero de 2003, pero en ese lapso Óscar Pérez ya había viajado a una Copa del Mundo como arquero suplente y a otra como titular, además de que había formado parte del histórico Cruz Azul de la Copa Libertadores de 2001.

El Conejo creció con buenas actuaciones y se mantuvo en Cruz Azul  tanto en buenos y malos momentos. Soportó incluso una ocasión en la que fue despedido, injustamente, por la directiva que echó a todo el equipo por los malos resultados y luego volvió a negociar sus contratos.

Pero en 2008, Óscar El Conejo Pérez dejó Cruz Azul para no volver jamás. Algunas fallas en el arco hicieron que dejara la titularidad ante Yosgart Gutiérrez y después fuera prestado a otros clubes por muchísimos años más: Tigres, Chiapas, Necaxa, San Luis y Pachuca.

Ya no era más el arquero de Cruz Azul, pero era ya un guardameta experimentado y respetado en todas las canchas del futbol mexicano. En 2008, a su salida de La Máquina, con 35 años de edad, muchos creerían que su carrera estaba por terminar y nadie adivinaría que duraría once años más.

En Sudáfrica 2010 fue convocado a la Copa del Mundo por Javier Aguirre, en un gesto que muchos consideraron como un homenaje a su brillante trayectoria, pero que terminó dándole al Conejo su segundo mundial en la cancha.

Ser titular le ganó a Óscar Pérez algunos odios momentáneos, pues no era el mejor portero mexicano del momento. Ese mundial, Guillermo Ochoa, tuvo que ver desde la banca los cuatro partidos en esa Copa del Mundo.

En 2011, el Conejo llegó a San Luis. Con 38 años de edad, parecía que podría ser el último club de su carrera. Nunca aproveché la oportunidad de irlo a buscar y en mayo de 2013, cuando la franquicia potosina fue vendida a Tuxtla Gutiérrez, el Conejo también se fue, pero a Pachuca.

Entonces publiqué en mis redes un lamento por mi desidia que evitó siquiera que tuviera una fotografía con Óscar Pérez, mi ídolo. Unos días después, por obra de la casualidad, en medio de un evento laboral me encontré al Conejo afuera del bar de un hotel. Se preparaba para ver la final de ida de la final del Clausura 2013 entre América y Cruz Azul, aquella fatídica en la que perdimos el noveno campeonato en los últimos minutos.

Otra vez, el cambio a Pachuca parecería que le entregaría sólo un retiro tranquilo al Conejo, pero aún así, con más de 40 años de edad, Óscar Pérez siguió siendo factor en la cancha hasta los últimos momentos de su carrera.

En 2016, ya con 43 años, el Conejo tuvo una actuación soberbia en la final del torneo que le dio a él el segundo campeonato de su carrera, contra Rayados. Las atajadas que tuvo durante todo el partido fueron clave para el título de los Tuzos.

Un año después, en febrero de 2017, vi por última vez al Conejo en un estadio de futbol. En aquella ocasión, Atlético de San Luis venció con gol de último minuto a los Tuzos, con una falla en el arco del Conejo. Como fue tradición cuando jugó para San Luis y enfrentaba a Cruz Azul, la parcialidad de sus rivales se le rendía en aplausos.

Par de meses después, anotó un gol doloroso para la parcialidad cruzazulina, pues dejó fuera a La Máquina de la liguilla, con una anotación de cabeza, la tercera de su carrera, pese a ser un portero. Antes había anotado con selecciones menores contra Corea del Sur y contra Tecos, jugando con Cruz Azul.

Parecía que el Conejo solo necesitaba volver a Cruz Azul, para su retiro y lo logró el sábado pasado. Por desgracia, no lo hizo como jugador, sino solo como un homenaje otorgado por el equipo de sus amores.

Por eso, ver al Conejo enfundado otra vez con el uniforme de Cruz Azul, once años después y que tuviera nuevamente el gafete de capitán, fue una escena que anhelé tantas veces, que fue increíble ver que se realizara. Lo que no estaba en mi plan es que cuando ocurriera, no se pudiera repetir jamás.

¿Cuántas personas habrán llorado, al mismo tiempo que el Conejo Pérez, el sábado pasado? El número no lo sé, pero puedo decir que yo sí.

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El otro partido | Crónica de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Hay partidos que se compran con meses de anticipación. Otros se planean durante años. Y existen algunos que aparecen de pronto, casi por accidente, pero terminan convirtiéndose en recuerdos imborrables. El encuentro entre Corea del Sur y Sudáfrica durante la tercera jornada del Mundial de 2026 fue exactamente eso: el otro partido, el partido espejo, el que ocurre mientras el anfitrión se juega la vida en otro estadio.

Desde hace muchos mundiales existía una pregunta recurrente en mi cabeza: ¿cómo sería asistir precisamente a ese encuentro? Al partido que comparte horario con la selección local, al estadio que no tiene los reflectores principales, al escenario donde miles de aficionados llevan un ojo en la cancha y el otro en los teléfonos, las pantallas o los altavoces. ¿Cómo se vive un Mundial desde el lugar donde las noticias llegan desde otro estadio? Y peor aún, no solo al partido donde no está jugando el anfitrión, sino donde mi país es el anfitrión y yo estaría sentado en el estadio de la otra ciudad, en el otro partido.

La respuesta llegó en una tarde que terminó siendo mucho más especial de lo imaginado.

Mientras México disputaba su compromiso frente a República Checa en el Estadio Ciudad de México, en Monterrey el duelo entre Corea del Sur y Sudáfrica se convirtió en una especie de reflejo emocional de lo que ocurría a cientos de kilómetros de distancia. Los dos partidos estaban unidos por el reglamento, por la simultaneidad y por la incertidumbre.

Lo que sucedía en uno podía modificar el ambiente del otro.

Por momentos, el balón dejaba de ser protagonista. Las miradas se dirigían a las pantallas, a las aplicaciones de resultados o a cualquier señal que indicara qué estaba ocurriendo en el encuentro de México. Cada anotación en el Estadio Ciudad de México recorría las tribunas como una ola invisible. Primero llegaba el rumor, después la confirmación y finalmente la reacción colectiva.

El gol de México no se gritó en ese estadio como se hace en el inmueble del anfitrión. Se celebró de otra manera: con sorpresa, con abrazos entre desconocidos, con teléfonos levantados y con la sensación de estar viviendo dos partidos al mismo tiempo.

Y quizá ahí radique la grandeza de un Mundial.

Porque el Corea del Sur contra Sudáfrica dejó de ser únicamente un partido entre dos selecciones. Se convirtió en el espejo del México contra República Checa. Cada jugada propia convivía con las noticias del otro estadio. Cada pausa era una oportunidad para buscar una actualización. Cada gol del anfitrión modificaba el estado de ánimo de miles de personas que, técnicamente, estaban viendo otro encuentro.

Durante años existió la curiosidad de saber cómo se sentía asistir precisamente a ese partido: el de la tercera jornada, el del mismo horario, el que acompaña el destino del anfitrión. Y la respuesta terminó siendo mucho más emotiva de lo esperado.

No existe la indiferencia en un Mundial. Incluso el encuentro aparentemente secundario termina formando parte de una historia mayor. Corea del Sur y Sudáfrica disputaron sus propios puntos, sus propias aspiraciones y sus propios noventa minutos. Pero alrededor de ellos se desarrolló también otra experiencia: la de miles de aficionados viviendo simultáneamente el drama de México.

Quizá el verdadero protagonista de aquella tarde no fue el marcador ni el resultado final. Fue esa sensación única de compartir dos estadios a la vez. De escuchar un gol que ocurrió lejos y sentirlo tan cerca como si hubiera sucedido frente a los propios ojos.

Porque en las Copas del Mundo existen partidos importantes. Y luego están esos otros encuentros que, sin proponérselo, terminan contando una historia mucho más grande que el propio fútbol.

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Ayuntamiento de SLP

Gobierno capitalino entrega becas a 143 deportistas potosinos

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Los beneficiarios del programa Voy por San Luis recibirán apoyo económico y acompañamiento en nutrición, psicología deportiva y fisioterapia

Por: Redacción

El Ayuntamiento de San Luis Potosí entregó certificados a 143 atletas que fueron incorporados al programa de becas Voy por San Luis, una estrategia que busca respaldar a deportistas locales mediante apoyos económicos y servicios especializados para su desarrollo competitivo.

La entrega se realizó en Palacio Municipal y fue encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado por el director de Deporte Municipal, Luis Fernando Alonso.

De acuerdo con la administración municipal, el programa contempla no solo apoyo financiero, sino también acompañamiento profesional en áreas como nutrición, psicología deportiva y fisioterapia, con el objetivo de fortalecer el desempeño integral d e los beneficiarios.

Durante el evento, Galindo Ceballos destacó que los apoyos están dirigidos a atletas qu e representan a San Luis Potosí en competencias estatales, nacionales e internacionales.

El Ayuntamiento informó que para 2026 el programa amplió su cobertura hasta alcanzar 143 deportistas, quienes fueron seleccionados mediante un comité integrado por entrenadores, especialistas y representantes de asociaciones deportivas, con base en sus resultados y trayectoria.

En representación de los beneficiarios, la nadadora Paloma Palacios Rosas agradeció el respaldo otorgado a deportistas convencionales y con discapacidad, al considerar que este tipo de apoyos contribuyen a que más atletas puedan continuar su preparación y participación en competencias.

La administración municipal señaló que el programa forma parte de las acciones orientadas a impulsar el deporte y respaldar el desarrollo de talentos locales.

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Deportes

Miles de mexicanos en todo el pais celebran el triunfo de la Selección

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En la CDMX mas de 800 mil personas celebraron, en SLP cerca de 10 mil

Por: Roberto Mendoza

Más de 10 mil aficionados se congregaron en la Plaza del Carmen, la avenida Carranza y la glorieta de Morales en San Luis Potosí tras la victoria de la Selección Nacional por tres goles a cero frente a República Checa, como parte de las celebraciones a lo largo de todo el país.

Las concentraciones se replicaron en las vialidades céntricas del municipio de Zapopan, Jalisco, así como en el Fan Fest instalado en el Parque Fundidora de Monterrey, Nuevo León, eventos en los que los reportes de las autoridades locales concluyeron con saldo blanco.

En la capital del país, el Paseo de la Reforma, el Monumento a la Revolución y el Ángel de la Independencia fueron ocupados por los asistentes a lo largo de la tarde y la madrugada, a pesar de la lluvia, lo que motivó la confirmación de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada: “Esta Noche más de 800 mil personas celebran en las calles el triunfo histórico de nuestra selección”.

En este perímetro, fuentes señalaron que existió consumo de bebidas alcohólicas entre la multitud sin que se registraran operativos de contención o detenciones por parte de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, a pesar de la entrada en vigor de la Ley Seca desde las 15:00 horas del día previo.

El encuentro deportivo fue seguido desde el interior de Palacio Nacional por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, acompañada por su esposo Jesús María Tarriba, en coincidencia con su cumpleaños número sesenta y cuatro.

A través de sus plataformas oficiales, la titular del Ejecutivo emitió un mensaje sobre el resultado del partido: “¡Felicidades a nuestra Selección Nacional! Su entrega, esfuerzo y pasión nos llenan de orgullo“.

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Opinión

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