#4 Tiempos
La razón nostálgica | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
«Así como hay una historia técnica (por llamarla de este modo) tanto de las ciencias como de las artes –seguí diciendo a mi amigo- así debería haber una historia sentimental de ellas, ¿no lo crees?». Mi amigo no lo creía y me lanzó una mirada de desaprobación.
Seguí diciéndole: «¿Qué es lo que sabemos del teléfono, por ejemplo? De hecho, que lo inventó un señor llamado Graham Bell, pero nada más. Ahora bien, ¿qué es lo que pretendía este señor sino acercar las voces lejanas y, por decir así, volver a escuchar las palabras que el viento había dispersado y la muerte apagado?».
Mi amigo se me quedó mirando, y tras un prolongado silencio dijo que no era seguro que fuera esto precisamente lo que había querido el señor Bell. «Después de todo –dijo- casi todo lo que se inventa acaba usándose más tarde para cosas muy distintas a las que imaginó su inventor». Me citó el caso del walkman y de otros muchos aparatos tecnológicos posmodernos. Sí, tenía razón en eso: el walkman, que fue diseñado para hacer menos tediosos los viajes trasatlánticos de los altos mandos de la Sony, acabó convirtiéndose luego en el símbolo del hombre nómada de nuestros días. Todo esto era verdad, pero no creí que esto lo explicara todo, de modo que proseguí de la siguiente manera:
«Quieras que no, ha sido la nostalgia lo que nos ha llevado a inventar todo tipo de artilugios y aparatos. La nostalgia del otro y, sobre todo, la nostalgia del otro en su calidad de ausente. ¡La civilización nació gracias a la tristeza y avanzó gracias a una razón que no nos equivocaríamos en llamar nostálgica!».
Proseguí: «¿Sabrías decirme cómo nació la pintura? Nos lo dice Plinio en su famosa Historia natural: gracias a una doncella corintia que, para consolarse de lo lejos que se encontraba aquel a quien ella amaba, se puso a pintar en una pared el perfil de su rostro. Uno quisiera pensar en un origen menos modesto y, sin embargo, así fue. Una muchacha pensaba en su amado, tomó de algún lugar un carbón apagado o algo así, y con estos trazos humildes, nostálgicos y caprichosos dio nacimiento a la primera de las bellas artes».
Como mi amigo, por lo que pude ver, quedó fascinado con esta historia, continué: «Si Plinio tiene razón –como creo yo que la tiene-, entonces el arte nació de la nostalgia. Pero sigamos adelante. Muchos siglos después, gracias a una nostalgia igual a la anterior, nació la fotografía, arte que si bien, como sabemos, empezó ocupándose de paisajes y monumentos, pronto se dio a la tarea de conservar, ante todo, la memoria de los rostros. Consta por los historiadores de la tecnología que la fotografía no hizo a la población maldita la gracia hasta que no vio que, valiéndose de ella, podía conservar por años y años la imagen de sus seres amados. En este punto habría que recordar que la fotografía no se popularizó sino hasta el estallido de una guerra: la civil norteamericana, que hizo que los familiares de los combatientes, antes de dejarlos partir, los obligaran a posar ante un fotógrafo. ¡Ya que se iban, que por lo menos dejaran su imagen! Imagen que, por las noches o en las horas tristes, las madres o las esposas acariciarían con honda nostalgia: la misma de aquella muchachita de Corinto».
»Ahora bien –seguí diciendo-, si la conservación de la imagen tiene un origen tan descaradamente nostálgico, como he tratado de probar, la conservación del sonido tiene un origen semejante. Si hoy tenemos lectores de discos y estéreos de gran fidelidad ha sido porque hace mucho tiempo, en el tercer cuarto del siglo XIX, un hombre inventó el gramófono, que es como el abuelo de nuestros modernos aparatos estereofónicos de alta fidelidad. ¿Y qué pretendía el inventor del gramófono si no conservar las voces de los seres amados, voces que pronto o tarde se apagarían? A este respecto es muy ilustrativo lo que dejó escrito Charles Cros, inventor de un artilugio llamado paleófono o máquina de la memoria:
Como los rostros en los retratos,
he querido que las voces amadas
fueran un bien que se disfrutara para siempre
y pudieran repetir el sueño
musical de este ahora demasiado breve.
El tiempo quiere huir, pero yo lo detengo.
»Hacer hablar a los muertos, o a los que alguna vez lo serán: he aquí el objetivo que Charles Cros se fijó al inventar el paleófono, un aparato que vino a abrir camino, para decirlo ya, al primer gramófono de la historia. ¿Lo ves? –dije a mi amigo con una sonrisa de victoria estampado en mi rostro-. Lo que mueve al hombre es el amor, y para vivirlo o revivirlo inventará cuantos aparatos sean necesarios».
-Porque sin amor, como dice Erich Fromm –dijo mi amigo en voz muy queda, cual si recitara un poema- el hombre no podría vivir un solo día más».
-Claro, claro, eso es», dije frotándome las manos de satisfacción.
»Y así como puede leerse la historia de las comunicaciones en clave amorosa o sentimental, en la misma clave podría leerse igualmente la historia del universo. ¿No dijo Dante en su comedia divina que era el amor el que movía il cielo e le altre stelle? Sí, pese a las apariencias, la historia es movida por el amor. Pero, si te parece, dejaremos este asunto para otro día».
-Me parece –dijo mi amigo.
-A mí también –dije yo.
Y nos despedimos con un fuerte apretón de manos, que, por lo demás, también es un rito inventado por el afecto.
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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
También lee: El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
Acento Ajeno
Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.
Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.
“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.
Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.
La pregunta para México
Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.
Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.
Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.
Lo que corresponde
A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.
Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.
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El Cronopio
El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.
Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.
En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.
Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.
Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay . Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).
Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.
Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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