octubre 30, 2026

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#4 Tiempos

Ética de la confidencia | Columna de Juan Jesús Priego

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Decía Sören Kierkegaard (1813-1855), el filósofo danés, que así como debía existir una ética del escritor y una ética del periodista, así debía haber igualmente una ética para la recepción de confidencias.

El que ha sido partícipe de un secreto, lo quiera o no, dice nuestro filósofo, está obligado por lo menos a estas dos cosas: primero, a no divulgarlo; y, segundo, a no olvidarlo.

El primero de estos dos deberes es por demás evidente. ¿A quién no le ha sucedido que, tan pronto como ha abierto la boca, todos se han enterado ya de aquello que tan celosamente guardaba en su interior? ¡No han pasado ni siquiera veinticuatro horas y ya todos lo saben todo! ¿Pues a quién ha tenido la imprudencia de revelarlo? A un indiscreto, es decir, a una persona que no es capaz de guardarse nada. «¡Qué me parta un rayo si vuelvo a hablar con esa persona!», se queja la víctima de estos accesos comunicativos que tanto mal hacen a las relaciones humanas. El indiscreto ignora que por el sólo hecho de haber sido elegido entre muchos otros como custodio de lo que no todos deben saber, contrae serias obligaciones y, por ignorar esto, ha ocasionado un daño irreparable.

Una vez, según cuenta Diógenes Laercio, un filósofo caminaba por las calles de Atenas con una canasta bajo el brazo; andaba de prisa como si necesitara llegar lo antes posible a algún lugar. En eso lo detuvo alguien (un curioso de esos que nunca faltan) y le preguntó:

-¿Qué llevas en esa canasta?

Le respondió el filósofo:

-Para que no lo sepas va tapada.

¡Excelente respuesta! Sí, hay quienes querrían saberlo todo de los demás, pero a éstos hay que tener el valor de responderles como lo hizo el ingenioso filósofo griego. ¿Para qué quieren saber lo que llevamos en la canasta? ¿Para que luego se pongan a elucubrar y a sacar conclusiones? ¿Para luego divulgarlo a amigos y enemigos? ¡Pues bien, para que no sepan lo que llevamos en ella va tapada nuestra canasta!

Cuánta razón tenía Anselm Grün, el famoso monje benedictino,

cuando escribió en uno de sus libros (Su amor sobre nosotros): «Quien no puede guardar nada para sí sino que tiene que decirlo todo, tanto lo bueno como lo malo, da la impresión de que no tiene profundidad. Estas personas no pueden tener ningún secreto. No pueden vivir con secretos, ni pueden soportarlos, pero tampoco pueden penetrar profundamente en un secreto. Lo destruyen desde el momento en que inmediatamente quieren hablar de él».

El segundo de los deberes del hombre que fue escogido como confidente consiste en no olvidar lo que le fue revelado. Porque, cuando lo olvida, es como si hubiese dado poca importancia a las palabras que se le confiaron. «¿Te acuerdas de lo que te dije la otra vez?», pregunta el amigo al amigo, pero éste, francamente, no se acuerda de nada. Lo reconozca o no, el olvidadizo ha traicionado algo, y con su olvido, como el divulgador irresponsable, lo ha echado también él todo a perder.

En Nudo de víboras, esa espléndida novela que sería imperdonable no leer por lo menos una vez en la vida, François Mauriac (1885-1970) narra las vicisitudes de Louis, un viejo que ha sido poco amado por los suyos y que en venganza se ha puesto a cultivar un irrefrenable amor al dinero. Louis es el clásico avaro que no se entera de nada, ocupado como está en contar sus monedas de oro y en apilar, uno tras otro, sus títulos de propiedad. Pues bien, un día, cuando su mujer acababa de morir y él se sentía más solo que nunca, Louis bajó a la cocina… Y esto fue lo que sucedió o, por lo menos, lo que consignó en su diario:

«Nunca he hablado a los criados. No porque fuese un amo difícil o exigente, sino porque no existían a mis ojos, porque no los veía. Pero aquella noche me tranquilizaba su presencia. Y porque mis hijos no llegaban, hubiese querido cenar aquella noche en un rincón de la mesa donde la cocinera trinchaba la carne.

»Me oprimía su silencio. Busqué en vano una palabra. Pero nada conocía de aquellos seres que nos servían devotamente desde hacía veinte años. Por fin recordé que antaño una hija suya, casada, iba a verlos, y que mi esposa no le pagaba el conejo que nos llevaba porque comía varias veces en la casa. Sin volver la cabeza, le pregunté un poco rápidamente:

»-Bien, Amelia, ¿y su hija? ¿Siempre en Sauveterre?

»Volvió hacia mí su cara avinagrada y, mirándome de hito en hito, dijo:

»-El señor ya sabe que murió… Hará diez años el 29, el día de San Miguel. ¿El señor no se acuerda?

»Su marido guardaba silencio, pero me miró duramente. Balbucí:

»-Perdónenme… Esta vieja cabeza mía»…

¡La muchacha había muerto hacía diez años y él apenas se estaba enterando, pese a que ya se lo habían dicho una y otra vez! ¿En qué pensaba este hombre? Ya lo sabemos: en su dinero.

Cuando el otro habla es preciso estar atento con una atención devota. Lo que dice –lo que nos dice-, como en un examen, como si fuera un profesor exigente, nos lo volverá a preguntar un día para comprobar si le prestamos atención o no. Si contestamos bien, estaremos salvados; y, si no, habremos perdido definitivamente un amigo, una confianza. ¿Qué quiere? Las cosas son siempre así.

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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Opinión

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