#4 Tiempos
La pregunta de Camus | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
«Mire usted, me hablaron de un hombre cuyo amigo estaba preso, y él se acostaba todas las noches en el suelo para no gozar de una comodidad de que habían privado a aquel a quien él quería. ¿Quién, estimado señor, se acostará en el suelo por nosotros?». La pregunta es hecha por Jean Baptiste Clemence, un hombre que no deja de hablar y hablar en La caída, el admirable monólogo de Albert Camus (1913-1960).
«¿Quién, querido señor, se acostará en el suelo por nosotros?». En esta sencilla interrogación se halla contenida toda la sed de ternura del hombre de nuestros días. ¿Quién dejará de ir a bailar por lo menos una noche sólo porque nosotros, sus amigos, nos hallamos en cama enfermos y solos? ¿Quién sacrificará un día de sus vacaciones, una noche de descanso para curar nuestro desamparo? ¿Quién?
En otra de sus obras, el mismo Camus escribirá: «Ser extranjero es vivir en una gran ciudad en la que ningún corazón late por ti». Extranjero, según esto, no es sólo el que viene de lejos; extranjero es aquel que, aun viviendo en la misma ciudad en la que nació y en la misma casa en la que creció, aún no ha llegado a ser nada para nadie: los suyos no lo toman en cuenta, todos lo evitan y sus sueños no interesan.
Extranjero en el mundo, extranjero en la ciudad, en el pequeño grupo, y, en ocasiones, hasta en su propio hogar. «¿Quién, querido señor, se acostará en el suelo por nosotros?».
Cuando Orestes, según cuenta la leyenda griega, fue condenado a muerte por haber robado una estatua de la diosa Atenea, Pílades, su amigo, ante el juez, declaró ser Orestes para sufrir la condena en lugar suyo. Pero éste no aceptó el intercambio y así los dos amigos fueron ajusticiados juntos. ¿Quién, querido señor, siendo Pílades, el inocente, aceptará ser Orestes, el ladrón? En el fondo se trata de la misma pregunta: ¿Quién, quién en este mundo haría todo esto por nosotros?
«Una pregunta que los jóvenes suelen hacer a sus amigos es: “¿Soy tu mejor amigo, tu mejor amiga?”. Con ello quieren saber si, entre tantos amigos como se reúnen, hay alguno o alguna para quienes sean lo más importante. En la pregunta se expresa el anhelo de ser para el otro alguien especialmente singular e incomparable», escribió Anselm Grün en uno de sus libros más bellos: Te deseo un amigo. Pero, ¿dónde está aquel para quienes seamos importantes, singulares e incomparables? ¿Dónde?
«Aquello que hace indisolubles las amistades y acrecienta su encanto –escribió Honoré de Balzac (1799-1850) en Las ilusiones perdidas- es un sentimiento que falta al amor: la seguridad». Sí, sí, la seguridad; pero, ¿cómo estar seguros? ¿Cómo se adquiere este sentimiento de que nuestros amigos no desaparecerán justo cuando más los necesitemos?
Sin alardes de superioridad, más bien humildemente y con voz temblorosa, el cristiano tiene una respuesta a tal pregunta. Su fe, es decir, aquello que cree, le permite afirmar que
Alguien (y este alguien es Dios mismo) se acostó una vez en una cruz para no gozar de una comodidad en el cielo de que se había privado en la tierra aquel a quien él quería. Y que antes de acostarse en esa cruz había aceptado acostarse en el suelo de una cueva «porque no hubo para él sitio en el albergue» (Lucas 2,7). Todas las noches, durante los treinta y tres años que estuvo en la tierra, él durmió en el suelo por nosotros, por mí. Es decir, no sólo una noche o una temporada, sino todas las noches, desde la cuna hasta la cruz.
Cuando, en el desierto, él se ponía de almohada una piedra y se cobijaba con la sola mirada del Padre, pensaba en mí, que me hallaba en una prisión que si bien tenía las dimensiones del cosmos seguía siendo una prisión, puesto que no podía escapar de ella. La muerte era mi destino, y el olvido mi casa y mi patria. De no haber sido por Él, por su amistad, en ella me quedaría convertido en polvo por los siglos de los siglos. ¡En polvo, sí!
Antoine Roquentin, el protagonista de La náusea (la novela de Jean Paul Sartre), piensa una vez en el suicidio, pero pronto llega a la conclusión de que también matarse es absurdo, puesto que, aun cuando muera, seguirá existiendo en la conciencia de los otros y, sobre todo, en las plantas y en los gusanos que se nutrirán de él. ¡No había manera de escapar de este mundo, no había ninguna manera! El mundo, una cárcel; el cosmos, una prisión.
¿Cómo escapar de él?
Los zorros tienen madrigueras, y las aves del cielo nidos, pero Jesús nunca tuvo dónde reclinar la cabeza (Cfr. Mateo 8,20). Poseyendo toda gloria en la casa de su Padre, quiso tomar el puesto de Pílades, el ladrón, para sufrir la condena en lugar suyo. «Mire usted, me hablaron de un hombre»… Ese hombre es, para el cristiano, Jesús: Dios que tomó carne para parecerse a aquel a quien amaba. ¿No dijo Cicerón y muchos otros después de él que la amistad sólo es posible entre iguales, es decir, entre mortales? Así pues, si Dios quería hacerse amigo del hombre no quedaban más que dos caminos: o que él mismo se encarnara, o que el hombre por sus propias fuerzas se divinizara; mas como lo segundo era prácticamente imposible, Dios optó generosamente por lo primero.
«Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos» (Juan 15, 13-14). En el fondo, la fe cristiana no es otra cosa que creer en Aquel que quiso acostarse en el suelo por nosotros. Por nosotros, que vivíamos en todas partes como extranjeros y cuyos deseos eran indiferentes para el universo ciego y mudo en el que nos movemos.
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El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
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