noviembre 5, 2026

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#4 Tiempos

La historia detrás de El Mijis | Columna de Jorge Saldaña

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Tercera Llamada

Para desnudar más allá de la capa de sus tatuajes a Pedro César Carrizales Becerra, ahora conocido como “El Mijis”, y antes de 2011 como “Pedro Piedras”, me parece indispensable, Culto Público, citar la espléndida columna de Carlos López Medrano publicada en octubre del año pasado, en este mismo medio, sobre el personaje en cuestión.

 

Un hombre ya ni tan “chavo banda” que a sus 40 años, con hijos y hasta un par de nietas, sigue desempeñando su papel de niño víctima, primero de las circunstancias de su vida, pasando por adicciones, cárcel y “falsas acusaciones”,  hasta las que le ha puesto enfrente la vida pública, en el que ahora es víctima –dice- de la discriminación, el clasismo y hasta la inseguridad que atentó contra su vida el lunes pasado.

 

Son al menos media docena de ocasiones, en los 5 meses que lleva de diputado y 3 de candidato, en que El Mijis ha denunciado violencia, levantones, ataques, secuestros, amenazas, extorsiones y por último, el más reciente y deleznable ataque armado que sufrió en un camino al oriente de la capital potosina.

 

Inicio pues con la cita a la columna Luces de Variedad, para conocer más sobre Pedro.

 

“El diputado potosino Pedro Carrizales —alias “El Mijis”— ha sido entrevistado por los periodistas más famosos del país. Cadenas internacionales han realizado reportajes laudatorios sobre su figura. Tiene el respaldo del presidente electo (a quien se refiere como “el mero machín”). Gana más de 80 mil pesos mensuales, lo cual lo ubica en el décil más afortunado de la población. La editorial Dharma Books está preparando un libro sobre su vida. Recibió un doctorado honoris causa. Grabó un videoclip rap. Da giras por todo México. Ha sido contactado por la ONU. Sus proyectos obtuvieron financiamiento de la empresa trasnacional Cummins. E incluso ha sido llamado “líder espiritual”.

Pero el Mijis dice ser víctima de discriminación.

Tal es la carta que El Mijis ha sacado cada que necesita defender su postura o cuando una crítica llega a sus pies. Ante la adversidad o la oposición, el diputado local de San Luis Potosí no argumenta ni acepta deslices, sino que es el primero en recurrir a su carácter de foráneo para repartir culpas e instalar la idea de que hay algo personal en su contra.

Pedro Carrizales es protagonista del documental “Dicen de mí”, otro trabajo que lo ensalza como personaje. El armado del documental contribuye a la configuración del mito. En el metraje no se ahonda en el pasado obscuro del ser humano, y se pasa casi de inmediato a lo mucho que ha sufrido. Sus días como cabecilla pandilleril son mostrados como algo lejano, abstracto, inocuo.El propio diputado se nota evasivo con aquellos días. No entra en detalles y simplifica. Se limita a decir que son “errores que cometí como chavo banda”.

El Mijis llora ante la cámara. La mayor parte de los testimonios que aparecen en el documental añaden elementos para erigir la leyenda. Son amigos, académicos e intelectuales que justifican cualquier vacío y que dan acrobacias retóricas para sostener la posición que Carrizales tiene en la arena política pese a su falta de preparación.

Aquello no es novedad. El patrón se repite en cada uno de los espacios mediáticos en los que El Mijis aparece. Minimiza los asuntos que resultan cuestionables sobre su persona y a continuación lanza acusaciones y señalamientos contra quienes considera los opresores, todos esos que han conspirado en su contra. Una marabunta, hay que decirlo, tan torpe que no ha logrado detener su ascenso meteórico en la escena.

La entrevista que le realizó Buzzfeed hace unos meses deja en claro, de nuevo, su estrategia discursiva. A El Mijis le cuesta asumir culpas, así que, entredientes, admite algunas minucias para luego desviar la atención hacia a) lo mucho que ha sufrido o b) los males arraigados a la sociedad, a los que atribuye todo lo infame que pudo haber hecho. Son los demás, no él, los que se comportan de forma nociva…”

Y continúa más adelante el autor de la pieza que tituló “El chantaje emocional de El Mijis”

.

“Él es, encima, el primero en alimentar y sostener su segregación respecto al resto. Viste de forma diferente para no ser vinculado con los demás. Usa la falacia de asociación: como los políticos que han saqueado al país usaban traje, vestir formal es un mal síntoma. Se empuja la idea de que ir en mezclilla y en tenis al Congreso es una especie de muestra de honradez.

Preocupa además el extravío intelectual de la que El Mijis es presa. Lo mismo cita al Che Guevara que a Winston Churchill. Por un lado pugna por la legalización del aborto y los matrimonios igualitarios al tiempo que recurre a la iglesia, máxima opositora de tales medidas, para que bendigan su lugar de trabajo…

Fin de la cita.               

 

Así va por la vida nuestro querido Mijis, faltando a las sesiones, pero acudiendo a Harvard. En público acusando de extorsión, pero en privado apurándose a pagar las deudas contraídas por la fallida gestión de escrituras de la Colonia Juvenil, tal como quedó evidenciado en una llamada telefónica entre uno de sus antiguos representados de apodo “El Azul” y el propio diputado.

Celebra y agradece El Mijis el apoyo que le ha dado de forma sostenida la federación, sobre todo la que proviene del escritorio de Yeidckol Polevnsky, poderosa secretaria nacional de Morena, pero olvida agradecer el apoyo que obtuvo al mismo tiempo de Tekmol, y del PRD, a quienes sirvió como contratista en el pintado de bardas durante las campañas, amarillas o blancas según el cliente.

Por separado, tanto el desaparecido José Luis Romero Calzada, como el PRD, aseguran  que durante la campaña El Mijis cobró a uno y a otro cantidades entre los 40 y 80 mil pesos para que sus cuadrillas pintaran casas y edificios en Soledad de Graciano Sánchez. Luego se fue con el recurso y a ambos les quedó a deber.  Los tiempos coinciden con la denuncia de su secuestro y pago de 400 mil pesos que, dice el Mijis, su familia tuvo que pagar por recuperararlo, la misma razón dio a sus dos contratistas para no reintegrar el dinero que no fue utilizado.

En aquel entonces a Tekmol le aseguró que los Gallardo lo perseguían y a los Gallardo les dijo lo contrario, incluso se recuerda aquella fotografía en la que estuvo dispuesto a cambiar su candidatura alineándose a las filas amarillas. Lo mismo que existen videos del Mijis en casa de Tekmol.

Eso no está denunciado ni anunciado. Esas historias no las cuenta en los noticieros nacionales o internacionales, tampoco en Cambridge. Es tatuaje de los que no se ven, pero se sabe que se llevan.

Total que mucho trabajo tiene la Fiscalía General del Estado en investigar y castigar las amenazas, el levantón, el secuestro y ahora el terrible atentado a balazos que ha sufrido El Mijis en los últimos meses y días.

Ya de pasada, y si no es mucha molestia, también se agradecería que la Fiscalía presentara avances en la investigación del misterioso robo de las firmas (y la botella de whisky) del que fueron víctimas unos días antes de registrarse como candidatos independientes los hoy asesores justamente de Pedro Carrizales.

-Yo ya las tenía todas, todas…pero me las robaron, dijeron en aquella ocasión.

Ojalá que Pedro no espante al lobo, que todo se esclarezca y no sea, como algunos infieren, asuntos derivados de otra mala decisión tomada bajo el influjo de una nueva adicción…a los reflectores.

Cámara Mijis… Hasta la próxima

@jfsh007

 

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El Cronopio

Juan José Ortega, director cinematográfico matehualense | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En las primeras décadas del siglo XX un buen número de potosinos van a la Ciudad de México a continuar su formación y su desarrollo profesional. La mayoría sobresalen en las actividades que se realizan, como lo muestra la nutrida membresía de la Academia Potosina de Ciencias y Artes formada por potosinos que radican en la Ciudad de México, donde la mayoría ocupan puestos de importancia en la vida cultural mexicana. Entre estos personajes se encuentra el camelense Juan José Ortega García que destacaría en la industria cinematográfica en la época de oro del cine nacional a la que se incorpora en la década de los treinta siendo otro de los potosinos pioneros en el cine mexicano.

Juan José Ortega García nació en Matehuala, San Luis Potosí, el 27 de octubre de 1904, donde inicia su educación primaria la que tuvo que suspender, para proseguirla de manera autodidacta, para contribuir al sostenimiento de su familia. La familia se traslada a San Luis Potosí y continúa su formación autodidacta, entre ellos el oficio de mecanografía, lo que le conduciría a iniciarse en el periodismo en 1925 colaborando en el periódico Acción de San Luis Potosí, del que sería su subdirector en 1928 y, director en 1932 del periódico potosino Vanguardia. Fundó en el Bajío un par de periódicos: el Diario del Centro en Aguascalientes y El Globo en León, Guanajuato. Colaboró como corresponsal en los periódicos Excélsior y El Universal.

Juan José Ortega García, director cinematográfico matehualense

Al llegar a la Ciudad de México para integrarse a la Comisión de Irrigación en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas inicia su carrera en el cine dirigiendo documentales oficiales, Irrigación en México y Gigantes de Piedra. Al dirigir estos largometrajes comprendió que su carrera sería el cine y se adentra dirigiendo su primera película en 1939, Sendas del Destino, donde actúa, entre otros, Eduardo Arozamena, en una trama que se desarrolla en la presa La Angostura en Sonora, reminiscencia de sus primeros largometrajes, la cual fue financiada de su propio peculio y con aportación de la Comisión Nacional de Irrigación, donde laboraba Ortega García.

Sendas del Destino sería su ópera prima de, al menos 42 películas que dirigió

, realizando también coproducciones internacionales, con Cuba, Venezuela, Colombia y Perú. Entre las películas que dirigió se encuentran: La mujer legítima en 1945, con Isabela Corona; La insaciable de 1947, con María Antonieta Pons, con un guion escrito por el propio Juan José Ortega incursionando así en el guionismo; Cuando el alba llegue, en 1950, con Meche Barba; Lodo y armiño, de 1951, con Armando Calvo; Cuentan de una mujer, en 1958, con Marga López; En carne propia, de 1961, con Joaquín Cordero; Pacto de sangre, en 1966, con Manuel López Ochoa, entre otras.

Entre los melodramas, género preferido de Juan José Ortega, filmados en Cuba se encuentran: la comedia musical filmada en 1953 en La Habana, intitulada Me gustan Todas con Adalberto Martínez Resortes; en 1954 las cintas, Frente al pecado de ayer y Yo no creo en los hombres, protagonizadas por Sarita Montiel; en 1956 dirige No me olvides nunca, con actuaciones de Luis Aguilar, Rosita Fornés y Olga Guillot.

En la década de los sesenta dirige la serie de películas tipo westerns de Leonardo Moncada, serie de cinco películas estelarizadas por Joaquín Cordero, basadas en una serie radiofónica cubana. En esa década Ortega comienza a dedicarse a la distribución de películas creando la distribuidora Compañía Cinematográfica Mexicana y Productora Mexicana de Películas. Es propietario también de Producción Fílmica de México y Películas y Videos Internacionales, todo ello en los ochenta.

Recibió varios reconocimientos a su carrera cinematográfica, como productor, director, guionista y distribuidor actividades que siguió después del periodismo, donde sería también pionero en el periodismo potosino del siglo XX. Juan José Ortega García murió en la Ciudad de México el 27 de diciembre de 1996.

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Acento Ajeno

La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.

Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.

En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.

Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?

Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.

Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.

Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.

La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades

ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.

Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.

El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.

Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.

Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.

La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.

Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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