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La ciudad chatarrizada | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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Sin duda la capital potosina, hasta 1950, fue una de las más bellas y armoniosas urbes de Latinoamérica; gracias a su riqueza arquitectónica barroca y neoclásica en diálogo con numerosas zonas ajardinadas en el ahora denominado Centro Histórico.

Varios aspectos destacados distinguieron hasta hace medio siglo a la ciudad de San Luis Potosí:

  • Cuando la Colonia eligió este territorio para explotarlo por su riqueza minera, tuvo como proyecto también, no asentar la ciudad cerca de los beneficios mineros iniciales, ubicados en Charcas y Matehuala; Real de Catorce inicia con posterioridad e intensidad efímeras (1793), pero variedad y cuantía ( explotación de oro, plata, cobre, plomo, zinc, manganeso, estaño, hierro, mercurio y antimonio; además, minerales no metálicos, como flourita, fosforita, yeso, azufre, arcilla alumínica, ónix, mármol, sal, caliza, cantera); Cerro de San Pedro, cuya montaña, registrada en el escudo estatal y hoy desaparecida por explotación irracional reciente e hipercontaminante a cielo abierto (Minera San Xavier), fue descubierta desde los inicios de la colonia y tiene una primera explotación intensiva durante la primer mitad del siglo XX y concluida entre 1947 a 1949, que le aportó el patrimonio arquitectónico hoy trastocado.
  • La capital potosina de vocación inicial minera y asentada al extremo sur de la región conocida como Aridoamérica, sin embargo, elegida por su enorme planicie desértica junto a una sierra próxima (que la minería taló hasta su desaparición), fue ajardinada a imitación de ciudades españolas asentadas en geografías distintas, por ello, los potosinos que la habitaron por siglos (hasta el 1950 en referencia, cuando tiene un crecimiento desbordado y mal planificado), se olvidaban de la cercanía con el desierto por dos motivos.
    • Sus zonas ajardinadas, no tiene cactáceas ni plantas del desierto, sino árboles y flores ornamentales no características de zonas áridas, y cuyo desarrollo y sostenimiento requería de mucho más agua que una planta de zona árida.
    • Como ciudad para 50 mil habitantes durante siglos, sabía aprovechar sus escurrimientos de agua de lluvia: con ello y su manto acuífero era autosuficiente en agua y tenía un drenaje (de barro, por cierto) adecuado a esas dimensiones y necesidades.
  • Aquella ciudad con armonía y diálogo entre arquitectura y vegetales, cuando la miró en sus correrías, a fines del siglo XVII el científico/explorador Alexander Humboldt, la denominó La ciudad de los Jardines.

El tiempo, la falta de planificación urbana y sustentabilidad, sumado a la corrupción y sobreprotección a mineras (a fines del siglo XIX llegaría al poniente de la ciudad American Smelting, hoy Industrial Minera México) destruyeron la armonía urbana.

IMMSA con métodos de explotación devastadores y contaminantes excesivos, logró determinar/co-gobernar acerca del uso del suelo, provocar enfermedades irreversibles a los pobladores poblado conurbado de Morales y, ahora, con el gobierno municipal, xavierismo de origen gallardista, y un exgobernador (por cierto, tío del actual munícipe capitalino) empleado como abogado de la minera, a punto de imponer la urbanización del territorio infectado durante más de un siglo.

Espacio de edificio abandonado, a unos pasos de la Antigua estación ferroviaria, hoy ocupada por Kansas City como sus oficinas principales en la capital potosina

El agravio más reciente y reto a la memoria

Luego de la minería, uno de los referentes laborales más importantes para la capital potosina fue la llegada del ferrocarril en el año de 1888. Ello modificó el paisaje urbano y aportó nuevos elementos arquitectónicos singulares.

Por ello, para el gremio ferrocarrilero y algún sector importante de la población, es un hecho lamentable y doloroso el incendio acontecido el jueves de la semana pasada en una bodega del conjunto arquitectónico ferroviario de la ciudad, ubicada al sur-oriente de la Alameda.

El fuego consumió los interiores, pero también daño elementos estructurales, puesto que expulsó fragmentos de piedra y bloques completos.

La información vertida fuera del suceso deja las siguientes evidencias:

  • El inmueble y todo el conjunto ferroviario de la ciudad, está concesionado desde 1996 a Kansas City Southern (¿de México?).
  • El sitio, en notable abandono, como otros también concesionados a la empresa, le fue requerido para su empleo con fines culturales. La empresa no accedió.
  • El inmueble hoy incinerado en sus interiores y con riesgo de desplome, padeció antes dos incendios, el último hace mes y medio.
  • El responsable del INAH, Juan Carlos Machinena, tuvo una intervención a destiempo que le desmerece. Encargará al Museo Nacional de Ferrocarriles de Puebla, el expediente, para ver qué responsabilidades corresponden a la ferroviaria transportista Kansas City, puesto que ese y demás inmuebles en concesión están tipificados como patrimonio nacional. Esto es, el señor INAH en la localidad ni siquiera tiene ese expediente en mano.
  • Historiadores y expertos, entre quienes destaca Luz Carrega, y el sentido común ciudadano, demandan enérgicos se haga un peritaje y se finquen responsabilidades a la empresa Kansas City.
  • Es importante que haya una vigilancia ciudadana meticulosa porque en ocasiones se da carpetazo luego del impacto inicial por un siniestro con afectaciones patrimoniales.
  • El gobernador, su secretario de Cultura, el munícipe y sus respectivos protectores del patrimonio, hasta el momento, ni sus destellos. No vieron, no leyeron ni tienen opinión sobre el tema.
  • El edificio incendiado y notablemente averiado, tiene una larga nave contigua de bodegas con arquitectura y estructura pétrea similares al edificio dañado. Deseable, y así lo han mencionado conocedores del tema, es que además de hacer reparaciones a fondo, todo el conjunto sea expropiado para beneficio público.
  • El incidente abre, además, una antigua demanda urbanística, esta es, que el conjunto de vías que dividen la ciudad en el eje oriente-poniente desde hace casi 150 años, sea removido a un punto periférico, puesto que su uso es exclusivamente para carga y no para pasajeros.

Cereza en el mollete

El reportero autor de estas líneas, intentó visitar el sábado por la mañana el Museo (local) del Ferrocarril, no se le permitió ingresar como “prensa” y tomar fotos, y se le advirtió que tampoco se le permitirían fotos con boleto pagado, porque debió “mandar oficio firmado dirigido en días que trabaja la directora, blablá, dirigido blablablá…”. Se solicitó el teléfono de la directora, obvio, no se otorgó y no pudo haber llamada de sus empleados con ella en el transcurrir de media hora. 

Aclaraciones pertinentes

  • Iba con un fotógrafo, testigo de las solicitudes cordiales y el saludo educado de despedida
  • Hubo tres filtros humanos con indicaciones prohibitivas, sin ser ya testigo de si el cuarto de llamar a la directora fue real o simulado

Hace 5 semanas, en tarde de martes, hubo un sucedido similar en el Museo de Esculturas: “mandar oficio firmado, blablá, dirigido blablablá…”. Ahí la obstaculizante fue una uniformada de seguridad –con llamada a su superior, segundo y determinante filtro- porque la burocracia numerosa sólo trabaja hasta las 3 de la tarde.

A todas márgaras. El secretario de Cultura Armando Herrera no ve, no oye ni tienen opinión sobre el tema, pero, sin su anuencia tales despropósitos no existirían.

Luego entré, esta misma mañana de sábado, entré sin obstáculos, gratis como todo público, haciendo uso profuso de cámara fotográfica, a las galerías de la Caja Real (esquina de Madero y Aldama); ahí hay trato amable y hospitalario, acceso a cédulas impresas (disponibles gratis para todo público). La exposición principal, con buena museografía, es de óleos en gran formato, de pintores colombianos. Espléndida, por cierto.

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