octubre 20, 2026

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#4 Tiempos

La botánica que estudió la vegetación potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Recibimos este año con una lamentable noticia: la muerte de la científica Graciela Calderón Diaz-Barriga. Aunque el acontecimiento pasó desapercibido para la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, con su muerte la institución está de luto. Graciela Calderón participó de manera activa en el programa académico de investigación que inauguraba la UASLP en el rectorado del Dr. Manuel Nava Martínez en la década de los cincuenta.

Graciela Calderón fue uno de los personajes que participaron en la institucionalización de los trabajos de investigación en la UASLP que iniciara el Dr. Gustavo del Castillo apoyando el programa académico del Dr. Manuel Nava, con el apoyo de varias instituciones educativas del país que se encargaban de pagar los sueldos de los investigadores. Esta pléyade de pioneros, fundarían la revista Acta Científica Potosina. Entre estos investigadores se encontraba Graciela Calderón que apoyaba el trabajo de investigación de Jerzy Rzedowski Rotter a la postre su esposo, importante científico que sigue dando brillo a la biología mexicana. De todos ellos Graciela Calderón no percibía ningún sueldo por su trabajo el que realizaba de manera desinteresada por el amor a la ciencia y a su esposo, ejemplo del trabajo romántico que suele presentarse en ciertas áreas del conocimiento.

Junto a su esposo Rzedowski fundaron el Instituto de Investigación en Zonas Desérticas, cuyo espacio de trabajo se encontraba en el edifico que estaba situado en la esquina de las calles Álvaro Obregón y Damián Carmona, a un costado del edifico central de la UASLP; dicho edificio ahora es una tienda de telas.

Graciela Calderón nació el 14 de julio de 1931 en Salvatierra, Guanajuato, ingresó a estudiar biología en 1949 en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB) del Instituto Politécnico Nacional. En 1954 recibieron la invitación para trabajar en la UASLP, inmediatamente estaba recorriendo los desérticos alrededores de San Luis Potosí enamorándose Graciela de la vegetación potosina y comenzó a elaborar su tesis, bajo la dirección del Dr. Federico Bonet sobre “La vegetación del valle de San Luis Potosí”, realizando las exploraciones tanto en camión público o en su propio automóvil viejo, ante la falta de recursos económicos para su trabajo, situación que imperaba en la universidad y que sus escasos investigadores recién llegados a la UASLP conseguían en otras instituciones como la UNAM en el caso de Rzedowski, que incluso les prestó un jeep para su trabajo, o de Petróleos Mexicanos y del Instituto Nacional de la Investigación Científica en el caso de los físicos.

Graciela Calderón compartía el trabajo en el laboratorio con las exploraciones botánicas en el valle desértico de San Luis Potosí. En 1957 se tituló al presentar su trabajo en la ENCB que fue galardonado por el Gobierno de San Luis Potosí con el Premio Francisco Estrada de Investigación Científica. Su trabajo de tesis incluyó un catálogo de la flora del Valle de San Luis Potosí, con un total de 759 especies, incluyendo plantas domesticadas y arvenses (plantas que crecen en los sembradíos), algunas se encuentran en el herbario de la UASLP. Su tesis fue el inicio del trabajo que realizarían Rzedowski y Graciela Calderón a lo largo y ancho de todo el estado de San Luis Potosí de donde surgiría la tesis de doctorado de Rzedowki que defendería en 1961 en la UNAM.

En el número inaugural de la revista Acta Científica Potosina publicado en septiembre de 1957, Graciela Calderón publicó junto a su esposo Rzedowski el largo artículo: Notas sobre la flora y la vegetación del Estado de San Luis Potosí, la vegetación a lo largo de la carretera San Luis Potosí-Rioverde.

En 1958 el grupo de investigadores que nucleaba el trabajo académico de la UASLP, dejó la universidad a la muerte del Dr. Manuel Nava ante las presiones a sus respectivos trabajos. Graciela y Jerzy partieron a Francia para aprender métodos de investigación fitosociológica y a su regreso a México se instalaron en la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo. Desde 1985 se instalaron en Pátzcuaro al frente del proyecto Flora del Bajío y de Regiones Adyacentes.

Graciela Calderón recibió el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma Metropolitana en el año 2010, y lo que Graciela Calderón consideraba el gran honor botánico, la denominación de dos géneros y 11 especies de plantas en su nombre, los géneros son: Graciela y Gracielanthus.

En el año 2011 platiqué con ella y su esposo Jerzy; de su experiencia en San Luis nos contaba: “Las jornadas de trabajo de campo, eran a veces verdaderamente muy cansadas, por lo menos yo me sentía muy cansada. una ocasión veníamos tremendamente cansados y deshidratados y nos encontramos en un ranchito a unas gentes que vendían tunas, una muchacha nos estuvo pelando las tunas, se cortó el dedo, nunca dijo nada. En general, pues, nos trataban muy bien las personas, sentía uno confianza con ellos, amables y platicadores pues a veces nos daban aventón, a veces estamos a medio campo todos asoleados y nos llevaban; había una persona que hacía algunas colectas para los trabajos, resultó que era un vecino de nosotros. Eran caminatas muy pesadas, pero si en general si nos guiamos bien, lo principal era trabajar allá, nos tocó dar clases de zoología en la preparatoria”.

Graciela Calderón Diaz-Barriga, murió en la Ciudad de México el 2 de enero del 2022, con su muerte el país pierde a una extraordinaria botánica que contribuyó al progreso científico mexicano y en su momento ayudó a apuntalar el camino de la investigación científica en la UASLP que en estos tiempos da brillo a la institución.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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