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Karma, bitch! | Columna de Daniel Tristán

LaguNotas mentales

 

Tan añeja es la lucha entre el bien y el mal como la humanidad misma. Desde la aparición del hombre en la tierra este se ha visto inmerso en el eterno forcejeo entre la bondad y el dark side. Representaciones de esto sobran: Caín y Abel, el cielo e infierno de Dante en su Divina Comedia, el día y la noche, etc.

Tal lucha entre polos opuestos incluso se ha llegado a caricaturizar a tal grado que es común verla representada en un montón de sketches de la Warner Brothers (la imagen de Bugs Bunny con un diablito y un angelito sobre sus hombros es sin duda parte de la cultura pop mundial), en películas de antaño como Santa Claus v.s. El Diablo (dirigida por René Cardona en 1959) y en prácticamente todo lo que Hollywood produce.

Con la guerra entre luz y oscuridad surge el dilema eterno: ¿Se puede ser totalmente bueno o malo? Resulta complicado pensar que se puede ser todo el tiempo policía o ladrón, angel o demonio, lobo o cordero. Parte de nuestra configuración como seres humanos es la dualidad, la lucha entre bien y mal no solamente se da de manera externa, sino que en nuestro interior también hay una lucha constante que definirá la tendencia negativa o positiva de nuestras acciones.

En resumen, podemos afirmar simplemente que a veces somos buenos y a veces somos malos. Es aquí donde entra en escena el viejo asunto del Karma y el Dharma. Sin pretender entrar en honduras filosóficas ni religiosas, el asunto se concentra en la siguiente premisa: Si obras bien te va a ir bien, si obras mal se te pudre el tamal. Así de simple.

Hasta el momento pareciera muy sencillo entender las reglas del juego sin mayor complicación. Sé bueno y te vas al cielo, si eres malo arderás en el infierno. Siembra bondad y cosecharás bondad. Desgraciadamente no es así fácil. La situación se pone densa y enmarañada cuando ni el karma ni el dharma parecieran funcionar adecuadamente. Seguramente tal error en la matrix sucede una y otra vez en todos y cada uno de los rincones del planeta, pero pareciera que nuestro país fuera el caldo de cultivo para que esta anomalía se diera de manera incontenible. Seguramente la vida resultaría mucho más sencilla en nuestra sociedad si a los buenos el dharma les duplicara sus acciones y a los malos los hundiera el karma.

Prueba irrefutable de que en México este sistema, al igual que muchos otros, no funciona es la impunidad. Estadísticas aseguran que en nuestro país, de los delitos cometidos, solamente el 1 por ciento es castigado. Esto les da licencia a los chicos malos de delinquir y actuar de la peor manera posible y salir bien librado del karma (y de la ley, claro está). Esto sucede a todos los niveles, desde los ladrones “de a pie” hasta los ratones de saco y corbata que han saqueado al país y jamás ven vulnerado su final feliz. Inmunidad al karma.

Por el lado contrario hay un sector de la población lleno de bondades que nada más no ve llegar la suya. El pueblo de valores, trabajador, noble, honesto y dispuesto a aportar su granito de arena para que que este país marche mejor. Esos infortunados guerreros que pelean todas las batallas sabiendo que las perderán invariablemente. 

¿Por qué el dharma no funciona con el pueblo mexicano? ¿Qué explicación le podemos encontrar a la maldición opresora que tiene en la desgracia a nuestro pueblo?

Todos los días los medios de comunicación están llenos de víctimas dobles. Ejemplos sobran: balas perdidas que deciden aterrizar en la cabeza de un niño de 10 años que ni la debía ni la temía. Víctima de la imprudencia de un desgraciado que decidió disparar al aire y víctima también de un karma chafa que decidió caerle a él sin tener por qué. Los indígenas condenados a purgar condenas eternas en los penales de nuestro país sin tener capacidad de defenderse por el simple hecho de hablar una lengua distinta. Los campesinos que trabajan la tierra pero jamás ven las ganancias pues se las llevan los peces gordos. Los ciudadanos responsables que pagan sus impuestos pero tienen que circular en las mismas calles infestadas de baches que los que jamás han cumplido con sus obligaciones ciudadanas.

Infinidad de karmas que deciden caer sobre los buenos sin explicación alguna y no hacen más que dejar menos claro el por qué en México siempre le va bien a  los malos. La única seguridad que tenemos es que nunca va a caerle la karma police a Salinas, Duarte, los cárteles de la droga, los que secuestran, violan, matan y secuestran. Si, aquí puede usted decidir unirse a las filas del dark side teniendo la total certeza de que nada va a sucederle, pues aquí las leyes del karma no funcionan. 

 

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