septiembre 24, 2026

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#4 Tiempos

“Jusílalos y luego ‘viriguas”… o no | Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

“Fusílalos y luego averiguas” es una de las muchas frases célebres que se le atribuyen a José Doroteo Arango, mejor conocido como Pancho Villa. Al Centauro del Norte poco le importaba meterse en la complicada tarea de asegurarse si el acusado era realmente culpable; le era más práctico dar la instrucción de ajusticiarlos en el momento y librarse de cualquier duda. ¿Quién iba a tener tiempo de averiguar, si estaban en plena revolución?

Esta misma metodología parece haber encontrado en el presidente de la República a su nuevo representante. López Obrador ha decidido aplicar la misma lógica de fusilar sin averiguar a todo aquello que, a su parecer y discreción, huela a corrupción o que simplemente no vaya de acuerdo con sus (des)propósitos. Ya han tenido esta suerte las estancias infantiles, el NAICM, dependencias de gobierno como ProMéxico e incluso el propio Seguro Popular. La lista es bastante extensa; el día de mañana le toca el turno a los fideicomisos que se salvaron del primer machetazo, dado el 2 de abril mediante un decreto.

Son 109 fideicomisos en cuestión: se trata de los fondos de ciencia y tecnología, de todos los centros públicos de investigación del país, de fondos para los deportistas de alto rendimiento, de inversión y estímulos al cine, cambio climático, protección para periodistas, migrantes y defensores de los derechos humanos, minería, financiamiento a emprendedores, incluso los fondos de la financiera rural y hasta de los desastres naturales. Las razones —oficiales, al menos— que motivan esta decisión son las clásicas: son corruptos, hay opacidad y se necesita el dinero para seguir combatiendo la pandemia.

Primeramente, es preciso señalar de qué estamos hablando. Un fideicomiso es un contrato en el que una persona le transmite a título de confianza uno o más bienes a una institución fiduciaria para que los administre bajo lineamientos específicos y para cumplir con actividades determinadas. Este contrato es muy útil para una entidad paraestatal, por ejemplo, ya que estas no pueden simplemente abrir una cuenta de banco y ahí administrar una parte de sus recursos. Los fideicomisos tienen candados; el fiduciario se encarga de reconocer para qué está entrando el dinero, y que eventualmente esos mismos fondos salgan directamente a cumplir el objetivo predeterminado.

¿Son opacos y están plagados de corrupción? La realidad es que no. Estos fideicomisos cuentan con comités técnicos que supervisan la entrada y salida del dinero; son auditados por la Función Pública y por la Auditoría Superior de la Federación; rinden informes al Congreso de su utilización; la información es transparente y pública. Lo que sí es realmente opaco es el destino que tendrían los fondos: la iniciativa de ley únicamente dice que el dinero será integrado a las arcas públicas para su uso discrecional.

¿Se necesita el dinero para seguir combatiendo la pandemia? Sí, claro que sí, pero en los fideicomisos no van a encontrar la solución. Los recursos ahí guardados no provienen únicamente del gobierno; ahí se guardan recursos autogenerados y financiamiento de terceros para llevar a cabo proyectos a largo plazo. La mayoría de ese dinero ya está comprometido con obligaciones contractuales y no todo ese dinero es líquido. También, argumentar que se necesita el dinero para la pandemia pone sobre la mesa el falso dilema de estar en favor de comprar más respiradores o en favor de producir una nueva película, por ejemplo. La discusión no va por ahí. Para hacerle frente a una pandemia se necesita de mucha ciencia, que en gran medida sustenta su operación en estos fideicomisos. Recordemos que las grandes obras de infraestructura del presidente no han reducido su presupuesto en estos tiempos de crisis, ni tampoco el dinero que se quema todos los días con Pemex.

A mediados de junio se llevó a cabo un parlamento abierto en la Comisión de Presupuesto con los representantes de los posibles afectados. Este ejercicio resultó ser pura simulación, pues los argumentos no fueron escuchados. En cambio, las bancadas de Morena, el Verde, PT y PES sostienen con arrogancia que están legitimados por la voluntad de más de 30 millones de mexicanos. Lo que no les ha caído en cuenta es que el presente los está rebasando: esos 30 ya no son 30, ni la voluntad popular es un cheque que se firma en blanco

, ni tampoco se puede ser así de demagogo a estas alturas del partido.

La votación estaba programada para llevarse a cabo el viernes pasado, pero en una jugada estratégica, las bancadas de la oposición se retiraron y ahora la votación será el día de mañana en el pleno de la Cámara de Diputados. De aprobarse, pasará al Senado, en donde el escenario tampoco pinta bien. Hay que saber que una decisión como estas no resuelve ningún problema; por el contrario, lo hace más grande. El dinero se va a esfumar rápidamente en manos del gobierno, mientras que todos los sectores afectados por esta medida verán décadas de progreso tiradas por la ventana. Dice el gobierno federal que ahora van a entregar los recursos sin intermediarios, pero también dicen que lo van a usar para el sector salud. ¿Van a multiplicar el dinero como si fueran peces y panes? ¿De dónde va a salir para las dos cosas?     

De concretarse esta iniciativa, los fondos para los desastres naturales, para la ciencia y la investigación, para la cultura, el deporte, la defensa y protección de periodistas y activistas, el campo, los emprendedores y el resto de los sectores afectados van a quedar completamente sujetos a los tiempos políticos y económicos. La figura del fideicomiso sirve, entre otras cosas, para que en tiempos de crisis económica no esté en riesgo ese dinero ni la capacidad operativa de nadie. De concretarse esta iniciativa, también, quedará demostrado nuevamente que esta “transformación” no tiene (ni está a) la altura para tomar decisiones que sean realmente benéficas en el mediano y largo plazo. Las decisiones son reaccionarias y tajantes; fusilan, como hacía Villa, y no se meten en la inútil tarea de investigar o presentar prueba alguna. ¿Quién va a tener tiempo para eso, si estamos en plena transformación?

No es para nada deseable en un contexto como éste politizar ni a la ciencia, ni a la cultura ni a ningún otro sector. No hay motivo para tenerlos de manos dobladas. Uno podría pensar: << bueno, ¿pero aquí en México qué se investiga?; ¿cine mexicano? ni me gusta; ¿mineros? no conozco ninguno; ¿financiera rural? yo vivo en la ciudad; ¿desastres naturales? ahí vemos como le hacemos.>> La actual coyuntura representa el momento ideal para sobrepasar esta barrera de apatía y desinformación. Conozcamos la importancia de salvaguardar la autonomía y permanencia de estas actividades. No permitamos la desaparición de los fideicomisos.

 

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El Cronopio

Matilde Soto Landeta, pionera directora cinematográfica de México | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

A la larga lista de personajes potosinos que participaron brillantemente en el cine mexicano, en especial en la época de oro, siendo pioneros en el género, algunos de los cuales los hemos tratado en esta columna, se encuentra Matilde Soto Landeta, que si bien nació en la Ciudad de México, vivió su infancia y cursó sus primeros estudios en la ciudad de San Luis Potosí donde tiene sus raíces.

En 1913 México pasaba por importantes cambios políticos que agitaban al país, Madero había asumido la presidencia de la República, pero enfrentaba serios problemas de dirección que le llevaría a ser derrocado en los eventos de la decena trágica. Por esas fechas las enfermedades asolaban a la población, en especial la tifoidea, enfermedad que le causaría la muerte a Matilde Landeta Dávalos madre de Matilde Soto cuando esta tenía tres años de edad. Su madre originaria de Matehuala, San Luis Potosí, se casó en 1903 con Gregorio Soto Conde en San Luis Potosí, donde nacieron sus primeros hijos y fueron a radicar a la Ciudad de México, donde nació Matilde Soto Landeta el 20 de septiembre de 1910, aunque en varias crónicas sitúan su nacimiento en 1913.

Al morir su madre, Matilde Soto es traída a San Luis Potosí con su abuela y vive su infancia y adolescencia en la capital potosina. Estudió sus primeras letras en el colegio del Sagrado Corazón y la secundaria con las madres dominicas. En sus estudios mostró una fuerte inclinación por el arte pues comenzó a montar obras de teatro para su familia y amigos.

Al igual que el resto de los personajes potosinos que incursionaron en el cine. Nace su inclinación a este arte en una de sus visitas a Estados Unidos que realizó cuando tenía diecisiete años, con su hermano el actor Eduardo Landeta, lugar donde nacería su inquietud por incursionar en la realización de películas.

A inicios de la década de los treinta regresa al país y se familiariza con el ambiente cinematográfico al visitar los estudios de la Nacional Productora donde fue contratado su hermano como actor en la película de Miguel Zacarías, “Sobre las olas”, protagonizada por los potosinos Adolfo Girón y Emma Roldán, ya tratados en esta columna. Desde entonces estaría ligada a ese ambiente por alrededor de sesenta años. Contra viento y marea emprendió el aprendizaje del quehacer cinematográfico adentrándose, además, en aspectos de edición y fotografía de la mano de los grandes creadores de la época.

Inmediatamente participa como ayudante de guionista en la película de transición del cine mudo al sonoro, “El prisionero trece” de Fernando de Fuentes y en el lapso de diez años da sus primeros pasos como asistente de dirección. Los problemas de desigualdad de género se manifestaron pues su trabajo no era del todo reconocido, y su inquietud por dirigir sus propias películas se dificultaron entre estas desigualdades y la facilidad para conseguir los recursos económicos. Terminó financiando sus propios proyectos y logró dirigir sus primeras películas a fines de los cuarentas, con el estreno de Lola Casanova en 1948, primera película dirigida por una mujer

, en 1949 estrenaba su película La negra Angustias y en 1951 Trotacalles, donde se presentaron conflictos sindicales que la retiraron por un buen tiempo del cine.

Uno de sus grandes proyectos que no dejaron de estar entre la lista de obstáculos a su carrera, fue el proyecto que trabajó junto a su hermano Eduardo Landeta, la dirección de la película Tribunal de Menores, proyecto sobre el cual la convencieron de vender el guion y los financiadores se lo otorgaron a otro cineasta que realizó la película “El camino de la vida”, película que se hizo merecedora al Premio Ariel de 1957 y fue merecedora al premio del mejor Argumento en los premios Ariel, así como la Mención de Honor en el Festival de Berlín. Matilde Landeta, como se le conoce en el medio, al asumir el apellido de su madre al igual que su hermano, demandó a la financiadora, pues además decidieron eliminar su nombre de los créditos del guion, demanda que prosperó y logró se conservaran su nombre y el de su hermano como los realizadores del guion de la premiada película que fue dirigida por Alfonso Corona Blake, una película donde Matilde Landeta retrata la vida de los niños marginados en Ciudad de México a través de tres delincuentes de un centro tutelar de menores. Uno de ellos mató a su padrastro para proteger a su madre, otro dejó ciego a su tutor para defenderse de sus abusos, y un tercero se ve obligado a robar para poder comer.

Temas que serían comunes en los guiones y películas de Matilde Landeta, donde coloca como protagonistas a las mujeres y grupos desfavorecidos sosteniendo la mirada femenina en el relato. Lo que definía como el cine de la mujer, aspirando a crear ese otro cine, creando un estilo narrativo donde las mujeres dejaban de ser figuras inmóviles.

Tras los conflictos en que se vio envuelta, fue excluida del cine mexicano, incursiona en la realización de alrededor de 110 cortometrajes en Estados Unidos. Impartió clases en la primera escuela de cine en México en el Instituto Cinematográfico y llegó a presidir la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. Regresó al set de filmación, después de cuarenta años de haber sido excluida, dirigiendo en 1992 Nocturno a Rosario.

Su obra fílmica es marcada por la defensa de la libertad y la capacidad de las mujeres a decidir sus acciones y sus vidas. Murió el 26 de enero de 1999 en la Ciudad de México.

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La formación científica de Mariano Jiménez | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

José Mariano Jiménez ha pasado a la historia por ser uno de los caudillos del movimiento revolucionario. Por lo común ha quedado ausente en las arengas que en las ceremonias del grito de independencia los quince de septiembre se invocan a los héroes que nos dieron patria y libertad. Lo lamentable, es que en su propia tierra se le ignore en esas festividades.

Mariano Jiménez luchó con las armas al lado del Padre Hidalgo y Allende y superó en estrategias a los mismos generales en la Batalla de las Cruces, donde pedía Jiménez dar el golpe definitivo. La historia fue otra. Pero también combatió con las armas del conocimiento, como forma de emancipación del pueblo mexicano que exigía libertad y justicia. Mariano Jiménez se preparó en el Real Seminario de Minería con los mejores profesores de la época a nivel mundial y cultivó, junto a sus compañeros que dieron la vida por forjar una patria independiente, un pensamiento crítico donde se cuestionaba el estado social de la época.

Sus compañeros egresados del Real Seminario de Minería que fueron ejecutados tras la toma de la Alhóndiga de Granaditas por el ejército realista, fueron Rafael Dávalos, Casimiro Chowell, Ramón Fabié, Vicente Valencia y Mariano Jiménez que fue capturado y fusilado junto a Allende y Aldama, entre otros cabecillas de la insurgencia.

Mariano Jiménez también pasa a la historia de la ciencia mexicana y de la potosina al ser uno de los primeros potosinos que cursó cátedras formales de matemáticas, química, física y mineralogía, orictognosia, geognosia y laboreo de minas, con los profesores y científicos Andrés José Rodríguez, Francisco Antonio Bataller, Andrés Manuel del Río, Luis Linder y Fausto de Elhuyar. Destacó en su carácter de estudiante del Real Seminario de Minería ocupando los primeros puestos en aprovechamiento y por lo mismo, siendo elegido para presentar exámenes públicos, llamados Actos Públicos, ante el Tribunal de Minería y público interesado. Fue de los pocos alumnos que participó en todos los años que estuvo como estudiante, desde 1796 hasta 1800. Siendo examinado en los exámenes generales para proceder a su periodo de practicante el 8 de enero de 1801.

Sus prácticas las realizó en el Mineral de Sombrerete y posteriormente en la mina del Márquez de Raya en Guanajuato a petición de este. Las prácticas las terminó en 1804 y presentó su examen de titulación para graduarse como perito facultativo minero el 19 de abril de 1804.

Los Actos Públicos que presentó Mariano Jiménez dan cuenta de su formación científica, que fueron presentados en cinco ocasiones, correspondientes a sus años de preparación, desde 1796 donde presentó el Acto Público de Matemáticas donde sustentó sobre aritmética, álgebra y geometría elemental. En 1797 presentaba el Acto Público de Matemáticas sustentando los temas de trigonometría rectilínea, secciones cónicas y cálculo infinitesimal, diferencial e integral. En 1798 sustentaba el Acto Público de física contestando sobre física experimental, dando razón de las propiedades generales de los cuerpos, de la estática, dinámica, hidrostática, hidráulica y aerometría.

En dichos exámenes públicos los estudiantes no sólo defendían los conocimientos adquiridos sino presentaban resultados novedosos en los diversos temas científicos, donde la contribución con nuevo conocimiento fue muy común en los alumnos del Real Seminario de Minería. Una de sus famosas presentaciones públicas fue en la materia de orictognosia, o el estudio de los fósiles, que en aquella época iniciaba como disciplina y en la cual, geognosia y labores mineras junto a su compañero Miguel Álvarez Ruiz. Con respecto a la orictognosia, manifestaron que de las notas o caracteres exteriores, químicos, físicos y empíricos que pueden servir para distinguir los fósiles y clasificarlos es necesario recurrir al análisis químico, pues su distribución en clases, familias, géneros, especies y variedades se funda en sus principios constitutivos. Esta conclusión guió los trabajos de investigación en el tema muchos años después.

Otra de sus contribuciones importantes fue en el área de la química y con ello inauguraba la introducción del estudio de la química moderna en México. Los químicos del siglo XVIII sostenían la presencia del flogisto como responsable de la combustión de los objetos, se decía que al arder los objetos perdían flogisto, por lo que, el flogisto era una sustancia que formaba parte de los cuerpos combustibles. Tal era el estado del arte en la química, cuando el joven potosino y su compañero Álvarez Ruiz demostraron que el aire y el agua eran sustancias compuestas, que la teoría del flogisto era falsa.

El estudio presentado por Mariano Jiménez y Álvarez Ruiz, contribuía a esclarecer los principios de la combustión y la composición de los cuerpos, pues aún en esos años algunos químicos seguían apoyando la teoría del flogisto y la aseveración que el agua no era una sustancia compuesta.

En estos días de festejos patrios, es necesario recordar que los procesos de emancipación incorporan también al conocimiento y en este sentido los potosinos debemos sentirnos orgullosos de personajes como José Mariano Jiménez que brilló más allá de la lucha armada por construir un país.

Los detalles sobre su formación científica y su papel en los Actos Públicos en la llamada primera casa de las ciencias de América pueden leerse en mi reciente artículo disponible en la dirección: https://www.researchgate.net/publication/414299527_Los_Actos_Publicos_de_Jose_Mariano_Jimenez_en_el_Real_Seminario_de_Mineria

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La joven promesa potosina del canto lírico, Jaqueline del Rocío | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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Una de las herederas de la tradición potosina del canto lírico, representadas por María Luisa Escobar, Ernestina Perea y Oralia Domínguez, tratadas con anterioridad en esta columna, es la joven soprano Jaqueline del Rocío Medina Pérez.

Jaqueline del Rocío Medina creció en un ambiente musical, su padre es el chelista Raymundo Medina, mismo que comenzó a formalizar desde los cuatro años con lecciones de música combinando el juego y lo que sería su vocación, la música, iniciándose en la práctica del violín para después destacar en el ámbito del canto.

Egresada de la Licenciatura en Canto de la Unidad Académica de Artes de la Universidad Autónoma de Zacatecas “Francisco García Salinas”, se ha convertido en una de las voces más destacadas de la lírica mexicana contemporánea. Inició sus estudios en la Escuela Estatal de Iniciación Musical Julián Carrillo, en donde también imparte clase. En otro recinto con ese nombre del músico potosino, obtuvo en el mes de agosto de 2026, un doble premio: el Primer Lugar Femenino, así como el prestigioso Premio Concurso María Callas en la décima edición del Concurso Internacional de Canto Linus Lerner.

El certamen es reconocido como una de las plataformas de mayor exigencia y proyección para jóvenes intérpretes de la música clásica y la ópera en México, cuya final se realizó en la sala Julián Carrillo de la UNAM. Donde se evalúa principalmente aspectos técnicos esenciales del canto lírico como la solidez vocal, el dominio del repertorio operístico, la interpretación interpretativa y el desenvolvimiento escénico en disciplinas que incluyen zarzuela, oratorio, lied y canción de concierto.

Este prestigioso premio se suma a los galardones en otros certámenes que ha obtenido Jaqueline del Rocío, como el premio obtenido en 2024, Primer Lugar del XLI Concurso Nacional de Canto Carlos Morelli con la interpretación del aria de Il corsaro: Non so le tetre immagini, así como el Premio del Público Pro Ópera en el mismo evento, premio concedido por voto directo del público, donde participaron, como cifra récord, 180 aspirantes; además obtuvo el Premio de Ópera de Bellas Artes, un recital con la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Inbal, un recital con la Dirección de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México, la participación en un título de la temporada de la empresa Escena 77 Producciones y el Premio Ópera de San Miguel, la Orquesta Sinfónica del Estado de México le ofrece una actuación en su temporada de conciertos.

Los premios obtenidos en 2024 en Bellas Artes llevan el nombre del barítono italiano que realizó su carrera en México al llegar en 1938, a interpretar el papel titular en Rigoletto, de Verdi. A partir de entonces permaneció en nuestro país, hasta su deceso en 1970.

Jaqueline del Rocío ha formado parte de la Orquesta de Cámara de Zacatecas, y como solista en la Academia de Música Antigua de Zacatecas y la Camerata de San Luis Potosí. Otro premio digno de mención es el obtenido en el 2022, donde ganó el Premio del Público y Mención Honorífica en el Concurso de Canto Lírico de América Orfeo. Obtuvo el rol principal en las óperas Don Giovanni de Amadeus Mozart y La Boheme de Giacomo Puccini.

Lo anterior habla de una gran promesa en el canto lírico y que esperamos se puedan realizar conciertos locales donde el público potosino pueda apreciar su gran talento, como sucedió en el Festival de Ópera de San Luis Potosí, Linus Lerner, donde participó en La flauta mágica, de Mozart; y Hansel y Gretel, de E. Humperdinck. Tiene una importante carrera por delante, para la cual continúa en su preparación y perfeccionamiento redondeando su preparación en canto, expresión y actuación escénica.

Puede decirse que la vida de Jaqueline del Rocío ha transcurrido en la música y, que su futuro en el canto lírico dará mucho que hablar en los escenarios nacionales e internacionales, sumándose a pléyade de divas potosinas que han puesto en alto el nombre de San Luis Potosí en los grandes escenarios mundiales.

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