octubre 19, 2026

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#4 Tiempos

Huesera; o el arte de no saber qué significan tus propias metáforas | Columna de Guille Garregha

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Criticaciones

 

Huesera es una película que cree que tiene algo interesante que decir, pero que al final no dice nada. Es una película que se limita a poner la pregunta de “¿a poco no está bien denso eso del embarazo y todo lo que representa?” frente al público sin molestarse en profundizar en la idea y dejando que la audiencia haga todo el trabajo por ella, como si fuera un maestro de secundaria terminando su clase del viernes por la tarde con una pregunta capciosa que cree, ilusamente, hará pensar a sus alumnos durante todo el fin de semana, convirtiéndose en el germen de una acalorada discusión intelectual el lunes por la mañana que tiene cero probabilidades de suceder. O sea, no puedo negar que la película se toma la decencia de presentar la cuestión central de una manera visualmente atractiva, pero no deja de ser un “ahí se los pongo, ¿eh?, jóvenes, para que lo mediten, ¿eh? Ahí se los pongo”, mientras sonríe picaronamente para esconder el hecho de que todos sus pensamientos al respecto son tan profundos como una cortada de papel.

Es decir, la idea en sí funciona. El problema es cómo – o más bien, cómo no – la llevaron a cabo. Parece el ejercicio narrativo de alguien que todavía no termina de envolver su cabeza alrededor de la idea de la narrativa. De alguien que sabe que sabe que la mayoría de las películas cuentan una historia, pero rara vez le pone atención a este aspecto del cine porque su TAD solo le deja enfocarse en lo bonito que es ver a la gente moviéndose en una pantalla. A la creadora de esta cosa se le ocurrió una premisa un día, pero nadie le dijo que el punto no es “describir cada detalle de la premisa hasta que se te acabe el vocabulario”, sino llevar a ésta a una conclusión satisfactoria que, o hable acerca de algún aspecto de la condición humana, o sea, por lo menos, entretenida de escuchar. Es el clásico “voy a hacer un corto de 30 minutos donde seguimos el viaje de una nube pasando encima de mi azotea en tiempo real mientras alguien lee los cuentos de Poe en tagalo de fondo” que muchos hemos encontrado en nuestro andar por la vida.

Aún así, me imagino que la premisa de Huesera, descrita en una mesa redonda atestada de personas cuya vida inicia y termina en la felación (y autofelación) cinematográfica del día a día, obsesionadas con “el poder inherente que tiene la imagen en movimiento para revolucionar el mundo” en un mundo que ha visto ya cuatro películas de HuevoCartoon, convertiría a los asistentes de la plática en chimpancés extasiados que brincan sobre sus asientos, aplaudiendo hacia el cielo y ululando como vuvuzelas a las que se les está acabando el aire.

“Imagínate que hagamos una película de terror, ¿sí?, donde la personaje principal está embarazada, ¿va?”

“Ajá.”

“Y, pues, ya ves que, cuando te embarazas, pues, de entrada, físicamente cambias, ¿no? Se te reacomodan los órganos, se te mueven los huesos, ya sabes. Así, bien escabroso todo. Y, deja tú, aparte de todo, aparte de ser físicamente algo que no eras antes, adentro de ti está creciendo una criatura. O sea, un ser vivo, que se te metió en el cuerpo, y ahí está, más o menos nueve meses, creciendo y viviendo de ti. Y estás consciente de que todo eso está pasando en tu interior. O sea, no, no. Terrible si te pones a pensar.”

“Uff, me encanta hacía dónde vas. ¿Y luego?”

“Pues, ¿qué tal, que hacemos un paralelismo de un embarazo, con cuando se te mete un fantasma, una entidad, a tu casa y empieza a hacerte daño? Y entonces, estas dos cosas pasan en paralelo. Piensa, estaría de miedo.”

“No mames, ¡sí! ¿Y qué pasa después?”

“¿Cómo que qué pasa después? Pues eso es todo, ya te conté la idea completa. La morra se embaraza, y una entidad que refleja cómo se siente el embarazo, la espanta al mismo tiempo. Y pues, ya. Qué miedo, ¿no?”

“Pero, ¿y luego?”

“¿Cuál luego? Es una embarazada, y la espantan. Fin. ¿Qué más hay que decir?”

“Pero, ¿en qué acaba o qué?”

“Pues, en que nace el bebé.”

“¿Y el bebé está horrible? ¿Es un ente infernal? ¿Un reflejo de sus miedos?”

“No, ¿Cómo crees? Es un bebé, así, bonito, como todos los bebés.”

“Ah, entonces, cuando nace, ¿se terminan las apariciones?”

“Nombre. Se ponen peor.”

“¿Pero no era su miedo al embarazo? Ahora que ya no está embarazada, ¿por qué siguen espantándola?”

“Ay, no sé, al final ponemos una mamada, así como de que se cura con brujería o una de esas cosas en las que cree la gente rara, o no sé. El chiste es que se vea todo aterrador y raro y así. El por qué es lo de menos. Total, a la gente ni le importan esas cosas. Nadie va al cine a que le cuenten historias, ¿cómo crees? Lo importante es lo del embarazo. O sea, ya, nomás con mostrar el embarazo, un montón de metáforas visuales y, ¡pum!, terror garantizado, vas a ver.”

Cualquier potencial inherente en la idea principal de Huesera se perdió en el momento en que alguien decidió empanizarla en las migajas de un machote de guion usado por cualquier película gringa de principio de los 2010 – de las particularmente olvidables – que pretendían vender sustos baratos debajo de un disfraz de filosofía de primer año de secundaria que, una vez que reflexionabas sobre ella por más de un minuto (o dejabas de tener quince años), te dabas cuenta que eran un montón calorías cinematográficas vacías. El ver Huesera se siente como sentarse a ver unas de esas películas que lanzaban a mitad de enero, cuando nadie está emocionado por salir al cine y a duras penas hay otras tres almas compartiendo función contigo, de esas películas que se ponen en las salas de cines para cumplir con un contrato o una cuota mínima de películas estrenadas en determinado mes, pero que no deja de ser nada más que un bonito ejercicio de venta de humo capaz de convencerte de que tiene un significado oculto mientras la observabas porque, pues, era “bien edgy” y “contracultura” porque “se rehusaba a tener un final feliz estilo Hollywood porque ‘la vida no es como las películas’”.

Aunque, pensándolo bien, Huesera tiene más en común con las sex comedies estadounidenses de principio de los 2000, aquellas que no eran más que una colección de sketches ligeramente unidas por un tema principal. Huesera es lo mismo, pero en vez de sketches, presenta una serie metáforas visuales extremadamente obvias, pero igual de extremadamente vacías, unidas entre sí por el hilo conductor de un espectador pensando que todo va a tener sentido al final. SPOILER: no lo tiene.

Por un lado, sí, es válido que una película sea imágenes mamalonas con significado tras imágenes mama lonas con significado, un torrente de ellas sin un guion narrativo por debajo que les dé coherencia interna. Ellas mismas se dan su propio sentido. Seguro hay cientos de ejemplos maravillosos de este tipo de cine, pero en este momento no se me ocurre absolutamente ninguno – al menos no una que pudiera recomendar sin tener que empezar con un “bueno, pero, tomando en cuenta el contexto de la época y sus autores, además de los movimientos artísticos que se fraguaban…”. La clave es, precisamente, que estas imágenes tengan un significado (o estén expresamente faltas de) en vez de contradecirse a sí mismas al momento de ser puestas en cierto orden porque al realizador se le olvidó que las imágenes de una película generan su discurso precisamente al ser presentadas una después de la otra. Es uno de los ladrillos de LEGO más básicos del cine – y Huesera

ni siquiera puede lograr eso.

De entrada, se supone que es la historia de una mujer que es obligada a quedar embarazada. Aunque, bueno, de eso solo te enteras si lees análisis de la película en internet, porque hay un total de cero indicios de ello a lo largo del filme. Todos los seres humanos alrededor de la vida de la personaje principal expresan directamente en su cara que no esperaban que ella quisiera ser madre y que creían que jamás tendría niños, subtextuando en que no hay problema si decide rendirse antes de que sea muy tarde porque, pues, la maternidad ni lo es todo ni es para todas. Pero ella reniega. Reafirma que sí es lo que quiere. Es más, ella comienza la película emocionada por la idea, haciendo todo lo posible por quedar embarazada. Quizás en la mente de las realizadoras estaba el agregar algún diálogo o escena que ejemplificara el que lo hace porque “es lo que toca” y, por lo tanto, “la sociedad la obligó”, pero definitivamente no supieron traspasarlo de sus neuronas al fotograma.

 La idea de la película es que, entonces, asumas esta supuesta falta de interés de ser madre en las acciones que realiza a lo largo del filme. Como, por ejemplo, todo eso de verse obligada a cambiar detalles de su vida, como el hecho de perder espacios personales en un departamento de tres habitaciones en donde hay que empotrar una cuna, o en su pérdida tiempo, sueño, salud y energía a raíz de tener cuidar del ente que se forma en su vientre. Es como si, no sé, el hecho de acoger a otro ser vivo en tu hogar sea una de esas decisiones que mueven cientos de engranajes pequeños que cambian la rutina de cualquiera.

Y ese es el nivel de reflexión al que llega Huesera, y ya no da para más. Se siente como si la película fuera una niña de tres años acercándose a la maestra de kínder con la revelación de “¡Miss! ¡El agua está mojada! ¡EL AGUA MOJA!” esperando que toda persona que escuche la aseveración se desmaye de la sorpresa y cambie por completo el rumbo de su vida al enterarse. “¿Me estás diciendo que el acto de traer una nueva vida que dependerá emocional, física y monetariamente de ti por, por lo menos 18 años, ¡te cambia la vida!?” ¡JODER! ¡ESTO ES A LO QUE LLAMO INESPERADO!

De esa calaña son todas las “revelaciones” y “giros de tuerca” de la trama. Una vez más, son preguntas hechas al aire con la intención de explotarte la mente sin tener la mínima decencia de profundizar, aunque sea un poquito, en la idea. No es un “te cambia la vida” y, por lo tanto, esto puede desembocar en estas aterradoras situaciones hipotéticas. Es un “te cambia la vida – eso es lo aterrador.”

“Pero, entonces, ¿de dónde viene el miedo?”

“De que toda la gente a su alrededor es súper culera con ella.”

“Ah, porque son como de una secta o algo, ¿no? La maltratan para que sufra y su creatura nazca, tipo, ya habiendo pasado por el calvario del pecado original o algo, y sea como un reflejo de la santidad que ella nunca pudo poseer, ¿no?”

“No, ¿cómo crees?”

“Ah, va, va. Es porque se lo imagina, ¿no? Porque está tan traumada por el embarazo que cree que todos están en su contra, ¿no?”

“No, para nada. Son culeros con ella porque, pues, así es la gente. Culera.”

Ejemplos de que la lógica y el sentido común intentaba alcanzar a las guionistas, pero ellas fueron más rápidas hay varios. Y en todos, la historia se rompe a sí misma, restándose importancia desde el ya, antes de que se la reste quien tenga a mal observarla.

Por ejemplo, la primera imagen que aparece en pantalla es una aterradora estatua de treinta y tres metros de la Virgen de Guadalupe, misma a la cual la protagonista le reza para quedar embarazada, grabado desde la perspectiva de que confiar en entes divinos es invitar al caos a tu vida. Sólo para que, 90 minutos después, las apariciones se resuelvan a través de una limpia y unos sahumerios que *claramente* no tienen ningún fundamento espiritual y son *enteramente* una cosa terrenal – escenas, por cierto, grabadas con un aire de superioridad moral por parte de los realizadores, como si todo esto fueran “creencias de gente pendeja. La mera neta, mano” y, por lo tanto, exageradamente spooky.

En otra instancia, se hace especial énfasis en cómo el único escape que tiene la protagonista ante las apariciones genéricas de película de terror genérica es recaer en una (relativamente tóxica) relación lésbica con una ex. Todo “bien”, hasta que se vuelve en extremo obvio que, cada vez que tiene relaciones con esta mujer, misteriosamente, suben de nivel los sucesos sobrenaturales en su vida. Más adelante, nos enteramos que una de sus tías, un personaje que existe nada más para ser una caja de exposición en el más clásico estilo de película noventera que necesita a alguien que explique los conceptos importantes pero que no tiene dinero para crear un personaje real, también fue asediada por apariciones similares en su juventud. *Casualmente* resulta que también es lesbiana y, *casualmente* resulta que solo ella podía ver a esas cosas. Es casi como si la trama de la película girase en torno a que la única manera de contraer enfermedades de transmisión espiritual es siendo cualquier cosa que no sea heterosexual. Casi como si, no sé, la película que empieza con imágenes religiosas pareciera querer decirnos que la gente se merece un castigo divino de esta calaña por el simple hecho de atreverte a ser homosexual.

O sea, quiero pensar que todo esto sin querer queriendo, pero da la impresión de que Huesera es más moralina que las canciones de Martín Valverde. Esas por lo menos tienen la decencia de decirte que Dios te ama así como eres. Acá hay notas al pie de página para que nadie se sienta seguro de ser quien es.

Y, bueno, todo eso sin contar que absolutamente todos los personajes actúan como si estuvieran conscientes de que están en una película de terror y se les pago para ser personas detestables que no hacen más que reflejar la inherente falta de carisma de la protagonista.  Ni siquiera se preguntan sobre qué es lo está sucediendo realmente cuando ella les dice que hay apariciones. Mínimo el típico “debe ser tu imaginación” de los escépticos del día a día. Nada. Siempre es un escueto “no es posible, la realidad no funciona así” porque absolutamente nadie en este universo conoce los términos “fantasía” o “historias de fantasmas”, ni nació con siquiera un ápice de curiosidad. Son bots de Twitter comentándole a cualquier político en turno, repitiendo “hechos”, incapaces de hacerse la pregunta de “bueno, ¿y si sí?” porque su IA no da para tanto.

Pero lo peor es la resolución. O la falta de una, más bien. Si alguna vez llego a conocer a la directora de este bodrio me gustaría preguntarle si, durante el proceso de pre-producción o producción de Huesera, algún inversionista o productor le obligó a cambiar la historia de su película en aras de que se viera “más comercial” y “tuviera más oportunidad de ganar público”, o si de verdad aquel desenlace tan trucho formó parte de su visión narrativa desde el comienzo. De haber sido cosa de una intervención por un tercero, sería completamente entendible que su ópera prima terminara emulando

Si, por el contrario, resulta que, efectivamente, ese era el tercer acto que Michelle siempre soñó con grabar para concluir su película de terror, no estaría mal recordarle que hay miles de guionistas competentes viviendo en México, capaces de contar historias decentes, y que no están activamente trabajando en algún proyecto en este momento porque están dándole una clase de análisis cinematográfico a cinco pelados en una casa de cultura. Es más, las posibilidades de ser parte de la (in)existente industria cinematográfica de México como escritor profesional son tan bajas, que cientos de estos guionistas renegarían haber compartido memes burlándose de Eugenio Dérbez pagando con experiencia para acomodar sus presupuestos mensuales y vivir de la exposición que les daría ver su nombre aparecer en una película de la cual, más de la mitad de su audiencia, está compuesta por gente que la vio porque venía incluida en la subscripción de Prime que paga su suegra. Recordarle que no es de a huevo eso de escribir todas las películas que diriges, también es válido filmar la idea de alguien más y ponerle tu propio sello, o contratar gente para estructurar tu idea sin que te tengas que preocupar por esas cosas tan molestas como “estructura” o “lógica”, porque jijo mano, desde Haute Tension que no veía una película que destrozaba por completo todo el trabajo audiovisual que llevaba construyendo por más de una hora con un final pinchurriento hecho nada más para cumplir con la necesidad de tener una conclusión y que rompe absolutamente todo lo que se había estado planteando con anterioridad.

¿La razón? Todo se resuelve con la ya mencionada limpia. Ni siquiera un ritual de esos que te obligan a hacer una procesión a inserte tal lugar, o que te obliga a regresar durante varios días con la curandera para eliminar cualquier indicio de maldad. Nada más le pasan unas palmas por el cuerpo durante diez minutos y ¡puf! sanseacabó. Y ya. La acarician con unas palmas mientras susurran palabras que el mezclador de sonido decidió esconder debajo de sonidos de película de terror y no se hable más de la maldición.

¿Era en verdad una maldición? ¿La perseguía un demonio? ¿Quién la embrujó? ¿Me estás insinuando que estamos en un universo en donde te puedes embrujar a ti misma because reasons? Quién sabe y qué importa. Lo importante es que la magia salvó el día una vez más. Más o menos así acaban las películas de The Conjuring y a esas les fue bien en taquilla, así que, ¿por qué esta no puede copiarles?

Ah, ¿que en las de The Conjuring si explican estas cosas? Pues en esta no. Eso es precisamente lo que la hace más “madura” – que te hace pensar. Bueno, eso y que hay escenas de desnudos. Con eso distraemos a la gente y le vendemos falsa profundidad.

En resumen, todo se resuelve de la misma manera que comenzó: porque así decía el guión que tenía que pasar y cada quien para su casa.

Huesera es película para poner en silencio y hacer el ejercicio de inventarte la trama tan solo basándote en las imágenes que ves en pantalla. Es una película para poner en el camión, pretendiendo que le pones atención entre ronquidos de señores y los 12 kbps que te permiten oír los audífonos incluidos en el viaje. Contiene varias ideas visuales interesantes y, a decir verdad, la fotografía está muy bien lograda. Es atractiva para el ojo. El problema es que cree que está contando algo, deja tu “interesante” – “algo”. Es de esas que ponen en las pantallas de un restaurante en mute mientras prefieren poner a todo volumen el playlist del top 40 de México en su cuenta de Spotify gratuita. De esas películas que volteas a ver mientras pretendes que estudias un martes en la madrugada, sin verdaderamente prestarle mucha atención, pero tratando de encontrarle sentido para distraerte del texto frente a ti que habla sobre las monocotiledóneas y sus hojas no pecioladas. Cualquier cosa que se invente el espectador que está pasando en cualquiera de estas instancias va a estar, por lo menos, siete veces mejor que la historia oficial.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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Opinión

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