septiembre 29, 2026

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#4 Tiempos

Huesera; o el arte de no saber qué significan tus propias metáforas | Columna de Guille Garregha

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Criticaciones

 

Huesera es una película que cree que tiene algo interesante que decir, pero que al final no dice nada. Es una película que se limita a poner la pregunta de “¿a poco no está bien denso eso del embarazo y todo lo que representa?” frente al público sin molestarse en profundizar en la idea y dejando que la audiencia haga todo el trabajo por ella, como si fuera un maestro de secundaria terminando su clase del viernes por la tarde con una pregunta capciosa que cree, ilusamente, hará pensar a sus alumnos durante todo el fin de semana, convirtiéndose en el germen de una acalorada discusión intelectual el lunes por la mañana que tiene cero probabilidades de suceder. O sea, no puedo negar que la película se toma la decencia de presentar la cuestión central de una manera visualmente atractiva, pero no deja de ser un “ahí se los pongo, ¿eh?, jóvenes, para que lo mediten, ¿eh? Ahí se los pongo”, mientras sonríe picaronamente para esconder el hecho de que todos sus pensamientos al respecto son tan profundos como una cortada de papel.

Es decir, la idea en sí funciona. El problema es cómo – o más bien, cómo no – la llevaron a cabo. Parece el ejercicio narrativo de alguien que todavía no termina de envolver su cabeza alrededor de la idea de la narrativa. De alguien que sabe que sabe que la mayoría de las películas cuentan una historia, pero rara vez le pone atención a este aspecto del cine porque su TAD solo le deja enfocarse en lo bonito que es ver a la gente moviéndose en una pantalla. A la creadora de esta cosa se le ocurrió una premisa un día, pero nadie le dijo que el punto no es “describir cada detalle de la premisa hasta que se te acabe el vocabulario”, sino llevar a ésta a una conclusión satisfactoria que, o hable acerca de algún aspecto de la condición humana, o sea, por lo menos, entretenida de escuchar. Es el clásico “voy a hacer un corto de 30 minutos donde seguimos el viaje de una nube pasando encima de mi azotea en tiempo real mientras alguien lee los cuentos de Poe en tagalo de fondo” que muchos hemos encontrado en nuestro andar por la vida.

Aún así, me imagino que la premisa de Huesera, descrita en una mesa redonda atestada de personas cuya vida inicia y termina en la felación (y autofelación) cinematográfica del día a día, obsesionadas con “el poder inherente que tiene la imagen en movimiento para revolucionar el mundo” en un mundo que ha visto ya cuatro películas de HuevoCartoon, convertiría a los asistentes de la plática en chimpancés extasiados que brincan sobre sus asientos, aplaudiendo hacia el cielo y ululando como vuvuzelas a las que se les está acabando el aire.

“Imagínate que hagamos una película de terror, ¿sí?, donde la personaje principal está embarazada, ¿va?”

“Ajá.”

“Y, pues, ya ves que, cuando te embarazas, pues, de entrada, físicamente cambias, ¿no? Se te reacomodan los órganos, se te mueven los huesos, ya sabes. Así, bien escabroso todo. Y, deja tú, aparte de todo, aparte de ser físicamente algo que no eras antes, adentro de ti está creciendo una criatura. O sea, un ser vivo, que se te metió en el cuerpo, y ahí está, más o menos nueve meses, creciendo y viviendo de ti. Y estás consciente de que todo eso está pasando en tu interior. O sea, no, no. Terrible si te pones a pensar.”

“Uff, me encanta hacía dónde vas. ¿Y luego?”

“Pues, ¿qué tal, que hacemos un paralelismo de un embarazo, con cuando se te mete un fantasma, una entidad, a tu casa y empieza a hacerte daño? Y entonces, estas dos cosas pasan en paralelo. Piensa, estaría de miedo.”

“No mames, ¡sí! ¿Y qué pasa después?”

“¿Cómo que qué pasa después? Pues eso es todo, ya te conté la idea completa. La morra se embaraza, y una entidad que refleja cómo se siente el embarazo, la espanta al mismo tiempo. Y pues, ya. Qué miedo, ¿no?”

“Pero, ¿y luego?”

“¿Cuál luego? Es una embarazada, y la espantan. Fin. ¿Qué más hay que decir?”

“Pero, ¿en qué acaba o qué?”

“Pues, en que nace el bebé.”

“¿Y el bebé está horrible? ¿Es un ente infernal? ¿Un reflejo de sus miedos?”

“No, ¿Cómo crees? Es un bebé, así, bonito, como todos los bebés.”

“Ah, entonces, cuando nace, ¿se terminan las apariciones?”

“Nombre. Se ponen peor.”

“¿Pero no era su miedo al embarazo? Ahora que ya no está embarazada, ¿por qué siguen espantándola?”

“Ay, no sé, al final ponemos una mamada, así como de que se cura con brujería o una de esas cosas en las que cree la gente rara, o no sé. El chiste es que se vea todo aterrador y raro y así. El por qué es lo de menos. Total, a la gente ni le importan esas cosas. Nadie va al cine a que le cuenten historias, ¿cómo crees? Lo importante es lo del embarazo. O sea, ya, nomás con mostrar el embarazo, un montón de metáforas visuales y, ¡pum!, terror garantizado, vas a ver.”

Cualquier potencial inherente en la idea principal de Huesera se perdió en el momento en que alguien decidió empanizarla en las migajas de un machote de guion usado por cualquier película gringa de principio de los 2010 – de las particularmente olvidables – que pretendían vender sustos baratos debajo de un disfraz de filosofía de primer año de secundaria que, una vez que reflexionabas sobre ella por más de un minuto (o dejabas de tener quince años), te dabas cuenta que eran un montón calorías cinematográficas vacías. El ver Huesera se siente como sentarse a ver unas de esas películas que lanzaban a mitad de enero, cuando nadie está emocionado por salir al cine y a duras penas hay otras tres almas compartiendo función contigo, de esas películas que se ponen en las salas de cines para cumplir con un contrato o una cuota mínima de películas estrenadas en determinado mes, pero que no deja de ser nada más que un bonito ejercicio de venta de humo capaz de convencerte de que tiene un significado oculto mientras la observabas porque, pues, era “bien edgy” y “contracultura” porque “se rehusaba a tener un final feliz estilo Hollywood porque ‘la vida no es como las películas’”.

Aunque, pensándolo bien, Huesera tiene más en común con las sex comedies estadounidenses de principio de los 2000, aquellas que no eran más que una colección de sketches ligeramente unidas por un tema principal. Huesera es lo mismo, pero en vez de sketches, presenta una serie metáforas visuales extremadamente obvias, pero igual de extremadamente vacías, unidas entre sí por el hilo conductor de un espectador pensando que todo va a tener sentido al final. SPOILER: no lo tiene.

Por un lado, sí, es válido que una película sea imágenes mamalonas con significado tras imágenes mama lonas con significado, un torrente de ellas sin un guion narrativo por debajo que les dé coherencia interna. Ellas mismas se dan su propio sentido. Seguro hay cientos de ejemplos maravillosos de este tipo de cine, pero en este momento no se me ocurre absolutamente ninguno – al menos no una que pudiera recomendar sin tener que empezar con un “bueno, pero, tomando en cuenta el contexto de la época y sus autores, además de los movimientos artísticos que se fraguaban…”. La clave es, precisamente, que estas imágenes tengan un significado (o estén expresamente faltas de) en vez de contradecirse a sí mismas al momento de ser puestas en cierto orden porque al realizador se le olvidó que las imágenes de una película generan su discurso precisamente al ser presentadas una después de la otra. Es uno de los ladrillos de LEGO más básicos del cine – y Huesera

ni siquiera puede lograr eso.

De entrada, se supone que es la historia de una mujer que es obligada a quedar embarazada. Aunque, bueno, de eso solo te enteras si lees análisis de la película en internet, porque hay un total de cero indicios de ello a lo largo del filme. Todos los seres humanos alrededor de la vida de la personaje principal expresan directamente en su cara que no esperaban que ella quisiera ser madre y que creían que jamás tendría niños, subtextuando en que no hay problema si decide rendirse antes de que sea muy tarde porque, pues, la maternidad ni lo es todo ni es para todas. Pero ella reniega. Reafirma que sí es lo que quiere. Es más, ella comienza la película emocionada por la idea, haciendo todo lo posible por quedar embarazada. Quizás en la mente de las realizadoras estaba el agregar algún diálogo o escena que ejemplificara el que lo hace porque “es lo que toca” y, por lo tanto, “la sociedad la obligó”, pero definitivamente no supieron traspasarlo de sus neuronas al fotograma.

 La idea de la película es que, entonces, asumas esta supuesta falta de interés de ser madre en las acciones que realiza a lo largo del filme. Como, por ejemplo, todo eso de verse obligada a cambiar detalles de su vida, como el hecho de perder espacios personales en un departamento de tres habitaciones en donde hay que empotrar una cuna, o en su pérdida tiempo, sueño, salud y energía a raíz de tener cuidar del ente que se forma en su vientre. Es como si, no sé, el hecho de acoger a otro ser vivo en tu hogar sea una de esas decisiones que mueven cientos de engranajes pequeños que cambian la rutina de cualquiera.

Y ese es el nivel de reflexión al que llega Huesera, y ya no da para más. Se siente como si la película fuera una niña de tres años acercándose a la maestra de kínder con la revelación de “¡Miss! ¡El agua está mojada! ¡EL AGUA MOJA!” esperando que toda persona que escuche la aseveración se desmaye de la sorpresa y cambie por completo el rumbo de su vida al enterarse. “¿Me estás diciendo que el acto de traer una nueva vida que dependerá emocional, física y monetariamente de ti por, por lo menos 18 años, ¡te cambia la vida!?” ¡JODER! ¡ESTO ES A LO QUE LLAMO INESPERADO!

De esa calaña son todas las “revelaciones” y “giros de tuerca” de la trama. Una vez más, son preguntas hechas al aire con la intención de explotarte la mente sin tener la mínima decencia de profundizar, aunque sea un poquito, en la idea. No es un “te cambia la vida” y, por lo tanto, esto puede desembocar en estas aterradoras situaciones hipotéticas. Es un “te cambia la vida – eso es lo aterrador.”

“Pero, entonces, ¿de dónde viene el miedo?”

“De que toda la gente a su alrededor es súper culera con ella.”

“Ah, porque son como de una secta o algo, ¿no? La maltratan para que sufra y su creatura nazca, tipo, ya habiendo pasado por el calvario del pecado original o algo, y sea como un reflejo de la santidad que ella nunca pudo poseer, ¿no?”

“No, ¿cómo crees?”

“Ah, va, va. Es porque se lo imagina, ¿no? Porque está tan traumada por el embarazo que cree que todos están en su contra, ¿no?”

“No, para nada. Son culeros con ella porque, pues, así es la gente. Culera.”

Ejemplos de que la lógica y el sentido común intentaba alcanzar a las guionistas, pero ellas fueron más rápidas hay varios. Y en todos, la historia se rompe a sí misma, restándose importancia desde el ya, antes de que se la reste quien tenga a mal observarla.

Por ejemplo, la primera imagen que aparece en pantalla es una aterradora estatua de treinta y tres metros de la Virgen de Guadalupe, misma a la cual la protagonista le reza para quedar embarazada, grabado desde la perspectiva de que confiar en entes divinos es invitar al caos a tu vida. Sólo para que, 90 minutos después, las apariciones se resuelvan a través de una limpia y unos sahumerios que *claramente* no tienen ningún fundamento espiritual y son *enteramente* una cosa terrenal – escenas, por cierto, grabadas con un aire de superioridad moral por parte de los realizadores, como si todo esto fueran “creencias de gente pendeja. La mera neta, mano” y, por lo tanto, exageradamente spooky.

En otra instancia, se hace especial énfasis en cómo el único escape que tiene la protagonista ante las apariciones genéricas de película de terror genérica es recaer en una (relativamente tóxica) relación lésbica con una ex. Todo “bien”, hasta que se vuelve en extremo obvio que, cada vez que tiene relaciones con esta mujer, misteriosamente, suben de nivel los sucesos sobrenaturales en su vida. Más adelante, nos enteramos que una de sus tías, un personaje que existe nada más para ser una caja de exposición en el más clásico estilo de película noventera que necesita a alguien que explique los conceptos importantes pero que no tiene dinero para crear un personaje real, también fue asediada por apariciones similares en su juventud. *Casualmente* resulta que también es lesbiana y, *casualmente* resulta que solo ella podía ver a esas cosas. Es casi como si la trama de la película girase en torno a que la única manera de contraer enfermedades de transmisión espiritual es siendo cualquier cosa que no sea heterosexual. Casi como si, no sé, la película que empieza con imágenes religiosas pareciera querer decirnos que la gente se merece un castigo divino de esta calaña por el simple hecho de atreverte a ser homosexual.

O sea, quiero pensar que todo esto sin querer queriendo, pero da la impresión de que Huesera es más moralina que las canciones de Martín Valverde. Esas por lo menos tienen la decencia de decirte que Dios te ama así como eres. Acá hay notas al pie de página para que nadie se sienta seguro de ser quien es.

Y, bueno, todo eso sin contar que absolutamente todos los personajes actúan como si estuvieran conscientes de que están en una película de terror y se les pago para ser personas detestables que no hacen más que reflejar la inherente falta de carisma de la protagonista.  Ni siquiera se preguntan sobre qué es lo está sucediendo realmente cuando ella les dice que hay apariciones. Mínimo el típico “debe ser tu imaginación” de los escépticos del día a día. Nada. Siempre es un escueto “no es posible, la realidad no funciona así” porque absolutamente nadie en este universo conoce los términos “fantasía” o “historias de fantasmas”, ni nació con siquiera un ápice de curiosidad. Son bots de Twitter comentándole a cualquier político en turno, repitiendo “hechos”, incapaces de hacerse la pregunta de “bueno, ¿y si sí?” porque su IA no da para tanto.

Pero lo peor es la resolución. O la falta de una, más bien. Si alguna vez llego a conocer a la directora de este bodrio me gustaría preguntarle si, durante el proceso de pre-producción o producción de Huesera, algún inversionista o productor le obligó a cambiar la historia de su película en aras de que se viera “más comercial” y “tuviera más oportunidad de ganar público”, o si de verdad aquel desenlace tan trucho formó parte de su visión narrativa desde el comienzo. De haber sido cosa de una intervención por un tercero, sería completamente entendible que su ópera prima terminara emulando

Si, por el contrario, resulta que, efectivamente, ese era el tercer acto que Michelle siempre soñó con grabar para concluir su película de terror, no estaría mal recordarle que hay miles de guionistas competentes viviendo en México, capaces de contar historias decentes, y que no están activamente trabajando en algún proyecto en este momento porque están dándole una clase de análisis cinematográfico a cinco pelados en una casa de cultura. Es más, las posibilidades de ser parte de la (in)existente industria cinematográfica de México como escritor profesional son tan bajas, que cientos de estos guionistas renegarían haber compartido memes burlándose de Eugenio Dérbez pagando con experiencia para acomodar sus presupuestos mensuales y vivir de la exposición que les daría ver su nombre aparecer en una película de la cual, más de la mitad de su audiencia, está compuesta por gente que la vio porque venía incluida en la subscripción de Prime que paga su suegra. Recordarle que no es de a huevo eso de escribir todas las películas que diriges, también es válido filmar la idea de alguien más y ponerle tu propio sello, o contratar gente para estructurar tu idea sin que te tengas que preocupar por esas cosas tan molestas como “estructura” o “lógica”, porque jijo mano, desde Haute Tension que no veía una película que destrozaba por completo todo el trabajo audiovisual que llevaba construyendo por más de una hora con un final pinchurriento hecho nada más para cumplir con la necesidad de tener una conclusión y que rompe absolutamente todo lo que se había estado planteando con anterioridad.

¿La razón? Todo se resuelve con la ya mencionada limpia. Ni siquiera un ritual de esos que te obligan a hacer una procesión a inserte tal lugar, o que te obliga a regresar durante varios días con la curandera para eliminar cualquier indicio de maldad. Nada más le pasan unas palmas por el cuerpo durante diez minutos y ¡puf! sanseacabó. Y ya. La acarician con unas palmas mientras susurran palabras que el mezclador de sonido decidió esconder debajo de sonidos de película de terror y no se hable más de la maldición.

¿Era en verdad una maldición? ¿La perseguía un demonio? ¿Quién la embrujó? ¿Me estás insinuando que estamos en un universo en donde te puedes embrujar a ti misma because reasons? Quién sabe y qué importa. Lo importante es que la magia salvó el día una vez más. Más o menos así acaban las películas de The Conjuring y a esas les fue bien en taquilla, así que, ¿por qué esta no puede copiarles?

Ah, ¿que en las de The Conjuring si explican estas cosas? Pues en esta no. Eso es precisamente lo que la hace más “madura” – que te hace pensar. Bueno, eso y que hay escenas de desnudos. Con eso distraemos a la gente y le vendemos falsa profundidad.

En resumen, todo se resuelve de la misma manera que comenzó: porque así decía el guión que tenía que pasar y cada quien para su casa.

Huesera es película para poner en silencio y hacer el ejercicio de inventarte la trama tan solo basándote en las imágenes que ves en pantalla. Es una película para poner en el camión, pretendiendo que le pones atención entre ronquidos de señores y los 12 kbps que te permiten oír los audífonos incluidos en el viaje. Contiene varias ideas visuales interesantes y, a decir verdad, la fotografía está muy bien lograda. Es atractiva para el ojo. El problema es que cree que está contando algo, deja tu “interesante” – “algo”. Es de esas que ponen en las pantallas de un restaurante en mute mientras prefieren poner a todo volumen el playlist del top 40 de México en su cuenta de Spotify gratuita. De esas películas que volteas a ver mientras pretendes que estudias un martes en la madrugada, sin verdaderamente prestarle mucha atención, pero tratando de encontrarle sentido para distraerte del texto frente a ti que habla sobre las monocotiledóneas y sus hojas no pecioladas. Cualquier cosa que se invente el espectador que está pasando en cualquiera de estas instancias va a estar, por lo menos, siete veces mejor que la historia oficial.

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El Cronopio

Los espejos Olmecas, El Señor del Espejo Humeante | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

La cultura Olmeca se considera la madre de las culturas mesoamericanas, con presencia desde el Preclásico o periodo formativo, alrededor de 1200 años antes de nuestra Era. Su influencia se percibe desde Jalisco hasta Costa Rica; se destacan como una sociedad compleja, con diversos estamentos, donde los gobernantes eran identificados con los dioses. Su estilo artístico, arquitectónico y simbólico influyó en otras sociedades de la región, destacando, entre otros aspectos, en el descubrimiento del hule o látex natural y su control como artefacto de uso en su vida simbólica.

Un buen número de estudios se han realizado en torno de esta cultura, con el fin de entender nuestro pasado y el desarrollo cultural de nuestros pueblos mesoamericanos que sucedieron en el tiempo a esta cultura madre y la influencia que sobre ellos tuvo en todos los ámbitos culturales. Sin embargo, quedan muchas preguntas por resolver que puedan aumentar el grado de conocimiento sobre estas culturas prehispánicas. El acceder a un conocimiento más completo requiere el auxilio del grueso de las disciplinas científicas que complementen los estudios antropológicos, arqueológicos etnohistóricos, entre otros.

Un ejemplo es el análisis y estudios de artefactos encontrados en las zonas de influencia de esta cultura, artefactos que fueron construidos con diversos fines a lo largo de los periodos culturales, desde el esplendor Olmeca hasta las culturas surgidas en nuestra Era, desde el occidente hasta el sureste del país, y más allá de las actuales fronteras, como la cultura maya, la cultura tolteca, cultura mixteca, cultura teotihuacana, entre otras.

Por lo regular, varios de estos artefactos son asociados a cuestiones ornamentales, principalmente por la belleza de su construcción y materiales utilizados como el jade y la obsidiana, tanto para uso personal, como religioso en torno a sus gobernantes.

Uno de los artefactos que habían llamado la atención eran un conjunto de espejos fabricados de materiales como la turquesa, la pirita y óxidos ferrosos. Una de las colecciones más conocidas es la de los investigadores Carlson and Gullberg, que incluye espejos olmecas y mayas, como la preciosa pieza de la placa de mosaico turquesa del Templo de los Guerreros en Chichén Itzá.

Uno de los aspectos extraordinarios que presentan los espejos encontrados, es que no son simples espejos planos, sino que son espejos cóncavos, los cuales concentran la luz solar reflejada en un punto, y cuya elaboración requiere el conocimiento adecuado del material y las técnicas de pulido necesarias para darle la forma parabólica, difícil de lograr, y que se realiza con pulimentos adecuados y el uso de materiales para el pulido que al parecer se usaba guano de murciélago.

Yuri Nahamad Molinari, investigador del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y un grupo de trabajo interdisciplinario, realizaron un estudio termodinámico de transferencia de calor, cuyos resultados apuntan a que estos objetos eran utilizados con el fin de producir fuego, y elaborados para los gobernantes que en su calidad de dioses realizaban ceremonias donde la producción del fuego tenía un interés central. Estos resultados aportan al conocimiento del desarrollo técnico de estas culturas y en la necesidad de realizar los estudios con el apoyo de otras disciplinas científicas, como en este caso la física, para ampliar el conocimiento y el entendimiento organizacional de culturas como la Olmeca.

Los resultados del grupo de trabajo donde participa Yuri Nahmad serán publicados en dos artículos que aparecerán próximamente en la revista Ancient Mesoamerica de la editorial Cambridge University Press. En uno de ellos muestran de los resultados del cálculo del poder quemador de algunos espejos cóncavos olmecas, evaluando teóricamente su capacidad para encender fuego en receptores de celulosa ennegrecida con un enfoque de equilibrio termodinámico de transferencia de calor y con base en los diagramas de restauración del espejo de Chichen Itza, muestran que esta pieza corresponde a un espejo cóncavo de pirita

(Clásico tardío) y calculan su poder quemador. Los resultados muestran la continuidad en la tradición lapidaria de manufacturar espejos cóncavos desde el Preclásico hasta el periodo de Contacto en Mesoamérica. A su vez, las dimensiones de este espejo muestran su claro potencial como instrumento para el encendido ritual de fuego como uno de sus principales usos.

En el otro artículo, estudian los espejos cóncavos y su relación con los puros de tabaco en la antigua Mesoamérica, donde los autores resaltan: “Con base en resultados previos (teóricos y experimentales) enfocados a demostrar el poder quemador de los espejos cóncavos Mesoamericanos el presente estudio se enfoca en analizar los posibles objetos que fueron utilizados como blanco receptor de la radiación concentrada del Sol para encender fuego. Nuestro análisis iconográfico, pictórico y etnohistórico, coincide en señalar al cigarro de tabaco como el mejor candidato, mostrando una significativa correlación entre cigarros y espejos. Experimentos realizados con modelos análogos de los espejos arqueológicos confirman físicamente la plausibilidad de nuestra propuesta, reafirmando la consistencia entre la información iconográfica, etnohistórica y termodinámica. De este modo, se propone al par cigarro-espejo como un instrumento inseparable para encender fuego en un contexto ritual de control de los dignatarios sobre el poder del Sol y las sustancias psicoactivas al interior del culto al Señor del Espejo Humeante.”

Detalles sobre estos resultados los pueden apreciar de viva voz por uno de sus autores, el Dr. Yuri Nahmad Molinari, investigador del Instituto de Física de la UASLP, en la charla ¿Un análogo Olmeca del Rayo de la Muerte o estoy muy fumado?, que será impartida en la próxima sesión de La Ciencia en el Bar, que se efectuará el miércoles 7 de octubre a las 8 de la noche en La Cervecería San Luis, en Calzada de Guadalupe 326. Entrada libre.

En la charla, el Dr. Yuri Nahmad abordará el tema cuyo resumen es: una de las deidades más antiguas de Mesoamérica —cuyas advocaciones más conocidas son Tezcatlipoca entre los mexicas y K’awiil entre los mayas— porta como signo distintivo un espejo humeante. En esta charla se explorarán los mitos de creación de los pueblos mesoamericanos y el conocimiento tecnológico que estos mitos contienen. Se abordará, asimismo, el desarrollo de dispositivos ópticos de concentración en sociedades de tecnología neolítica, así como la invención de uno de los receptores fototérmicos más eficaces para la producción de fuego.

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El Cronopio

Matilde Soto Landeta, pionera directora cinematográfica de México | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

A la larga lista de personajes potosinos que participaron brillantemente en el cine mexicano, en especial en la época de oro, siendo pioneros en el género, algunos de los cuales los hemos tratado en esta columna, se encuentra Matilde Soto Landeta, que si bien nació en la Ciudad de México, vivió su infancia y cursó sus primeros estudios en la ciudad de San Luis Potosí donde tiene sus raíces.

En 1913 México pasaba por importantes cambios políticos que agitaban al país, Madero había asumido la presidencia de la República, pero enfrentaba serios problemas de dirección que le llevaría a ser derrocado en los eventos de la decena trágica. Por esas fechas las enfermedades asolaban a la población, en especial la tifoidea, enfermedad que le causaría la muerte a Matilde Landeta Dávalos madre de Matilde Soto cuando esta tenía tres años de edad. Su madre originaria de Matehuala, San Luis Potosí, se casó en 1903 con Gregorio Soto Conde en San Luis Potosí, donde nacieron sus primeros hijos y fueron a radicar a la Ciudad de México, donde nació Matilde Soto Landeta el 20 de septiembre de 1910, aunque en varias crónicas sitúan su nacimiento en 1913.

Al morir su madre, Matilde Soto es traída a San Luis Potosí con su abuela y vive su infancia y adolescencia en la capital potosina. Estudió sus primeras letras en el colegio del Sagrado Corazón y la secundaria con las madres dominicas. En sus estudios mostró una fuerte inclinación por el arte pues comenzó a montar obras de teatro para su familia y amigos.

Al igual que el resto de los personajes potosinos que incursionaron en el cine. Nace su inclinación a este arte en una de sus visitas a Estados Unidos que realizó cuando tenía diecisiete años, con su hermano el actor Eduardo Landeta, lugar donde nacería su inquietud por incursionar en la realización de películas.

A inicios de la década de los treinta regresa al país y se familiariza con el ambiente cinematográfico al visitar los estudios de la Nacional Productora donde fue contratado su hermano como actor en la película de Miguel Zacarías, “Sobre las olas”, protagonizada por los potosinos Adolfo Girón y Emma Roldán, ya tratados en esta columna. Desde entonces estaría ligada a ese ambiente por alrededor de sesenta años. Contra viento y marea emprendió el aprendizaje del quehacer cinematográfico adentrándose, además, en aspectos de edición y fotografía de la mano de los grandes creadores de la época.

Inmediatamente participa como ayudante de guionista en la película de transición del cine mudo al sonoro, “El prisionero trece” de Fernando de Fuentes y en el lapso de diez años da sus primeros pasos como asistente de dirección. Los problemas de desigualdad de género se manifestaron pues su trabajo no era del todo reconocido, y su inquietud por dirigir sus propias películas se dificultaron entre estas desigualdades y la facilidad para conseguir los recursos económicos. Terminó financiando sus propios proyectos y logró dirigir sus primeras películas a fines de los cuarentas, con el estreno de Lola Casanova en 1948, primera película dirigida por una mujer

, en 1949 estrenaba su película La negra Angustias y en 1951 Trotacalles, donde se presentaron conflictos sindicales que la retiraron por un buen tiempo del cine.

Uno de sus grandes proyectos que no dejaron de estar entre la lista de obstáculos a su carrera, fue el proyecto que trabajó junto a su hermano Eduardo Landeta, la dirección de la película Tribunal de Menores, proyecto sobre el cual la convencieron de vender el guion y los financiadores se lo otorgaron a otro cineasta que realizó la película “El camino de la vida”, película que se hizo merecedora al Premio Ariel de 1957 y fue merecedora al premio del mejor Argumento en los premios Ariel, así como la Mención de Honor en el Festival de Berlín. Matilde Landeta, como se le conoce en el medio, al asumir el apellido de su madre al igual que su hermano, demandó a la financiadora, pues además decidieron eliminar su nombre de los créditos del guion, demanda que prosperó y logró se conservaran su nombre y el de su hermano como los realizadores del guion de la premiada película que fue dirigida por Alfonso Corona Blake, una película donde Matilde Landeta retrata la vida de los niños marginados en Ciudad de México a través de tres delincuentes de un centro tutelar de menores. Uno de ellos mató a su padrastro para proteger a su madre, otro dejó ciego a su tutor para defenderse de sus abusos, y un tercero se ve obligado a robar para poder comer.

Temas que serían comunes en los guiones y películas de Matilde Landeta, donde coloca como protagonistas a las mujeres y grupos desfavorecidos sosteniendo la mirada femenina en el relato. Lo que definía como el cine de la mujer, aspirando a crear ese otro cine, creando un estilo narrativo donde las mujeres dejaban de ser figuras inmóviles.

Tras los conflictos en que se vio envuelta, fue excluida del cine mexicano, incursiona en la realización de alrededor de 110 cortometrajes en Estados Unidos. Impartió clases en la primera escuela de cine en México en el Instituto Cinematográfico y llegó a presidir la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas. Regresó al set de filmación, después de cuarenta años de haber sido excluida, dirigiendo en 1992 Nocturno a Rosario.

Su obra fílmica es marcada por la defensa de la libertad y la capacidad de las mujeres a decidir sus acciones y sus vidas. Murió el 26 de enero de 1999 en la Ciudad de México.

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El Cronopio

La formación científica de Mariano Jiménez | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

José Mariano Jiménez ha pasado a la historia por ser uno de los caudillos del movimiento revolucionario. Por lo común ha quedado ausente en las arengas que en las ceremonias del grito de independencia los quince de septiembre se invocan a los héroes que nos dieron patria y libertad. Lo lamentable, es que en su propia tierra se le ignore en esas festividades.

Mariano Jiménez luchó con las armas al lado del Padre Hidalgo y Allende y superó en estrategias a los mismos generales en la Batalla de las Cruces, donde pedía Jiménez dar el golpe definitivo. La historia fue otra. Pero también combatió con las armas del conocimiento, como forma de emancipación del pueblo mexicano que exigía libertad y justicia. Mariano Jiménez se preparó en el Real Seminario de Minería con los mejores profesores de la época a nivel mundial y cultivó, junto a sus compañeros que dieron la vida por forjar una patria independiente, un pensamiento crítico donde se cuestionaba el estado social de la época.

Sus compañeros egresados del Real Seminario de Minería que fueron ejecutados tras la toma de la Alhóndiga de Granaditas por el ejército realista, fueron Rafael Dávalos, Casimiro Chowell, Ramón Fabié, Vicente Valencia y Mariano Jiménez que fue capturado y fusilado junto a Allende y Aldama, entre otros cabecillas de la insurgencia.

Mariano Jiménez también pasa a la historia de la ciencia mexicana y de la potosina al ser uno de los primeros potosinos que cursó cátedras formales de matemáticas, química, física y mineralogía, orictognosia, geognosia y laboreo de minas, con los profesores y científicos Andrés José Rodríguez, Francisco Antonio Bataller, Andrés Manuel del Río, Luis Linder y Fausto de Elhuyar. Destacó en su carácter de estudiante del Real Seminario de Minería ocupando los primeros puestos en aprovechamiento y por lo mismo, siendo elegido para presentar exámenes públicos, llamados Actos Públicos, ante el Tribunal de Minería y público interesado. Fue de los pocos alumnos que participó en todos los años que estuvo como estudiante, desde 1796 hasta 1800. Siendo examinado en los exámenes generales para proceder a su periodo de practicante el 8 de enero de 1801.

Sus prácticas las realizó en el Mineral de Sombrerete y posteriormente en la mina del Márquez de Raya en Guanajuato a petición de este. Las prácticas las terminó en 1804 y presentó su examen de titulación para graduarse como perito facultativo minero el 19 de abril de 1804.

Los Actos Públicos que presentó Mariano Jiménez dan cuenta de su formación científica, que fueron presentados en cinco ocasiones, correspondientes a sus años de preparación, desde 1796 donde presentó el Acto Público de Matemáticas donde sustentó sobre aritmética, álgebra y geometría elemental. En 1797 presentaba el Acto Público de Matemáticas sustentando los temas de trigonometría rectilínea, secciones cónicas y cálculo infinitesimal, diferencial e integral. En 1798 sustentaba el Acto Público de física contestando sobre física experimental, dando razón de las propiedades generales de los cuerpos, de la estática, dinámica, hidrostática, hidráulica y aerometría.

En dichos exámenes públicos los estudiantes no sólo defendían los conocimientos adquiridos sino presentaban resultados novedosos en los diversos temas científicos, donde la contribución con nuevo conocimiento fue muy común en los alumnos del Real Seminario de Minería. Una de sus famosas presentaciones públicas fue en la materia de orictognosia, o el estudio de los fósiles, que en aquella época iniciaba como disciplina y en la cual, geognosia y labores mineras junto a su compañero Miguel Álvarez Ruiz. Con respecto a la orictognosia, manifestaron que de las notas o caracteres exteriores, químicos, físicos y empíricos que pueden servir para distinguir los fósiles y clasificarlos es necesario recurrir al análisis químico, pues su distribución en clases, familias, géneros, especies y variedades se funda en sus principios constitutivos. Esta conclusión guió los trabajos de investigación en el tema muchos años después.

Otra de sus contribuciones importantes fue en el área de la química y con ello inauguraba la introducción del estudio de la química moderna en México. Los químicos del siglo XVIII sostenían la presencia del flogisto como responsable de la combustión de los objetos, se decía que al arder los objetos perdían flogisto, por lo que, el flogisto era una sustancia que formaba parte de los cuerpos combustibles. Tal era el estado del arte en la química, cuando el joven potosino y su compañero Álvarez Ruiz demostraron que el aire y el agua eran sustancias compuestas, que la teoría del flogisto era falsa.

El estudio presentado por Mariano Jiménez y Álvarez Ruiz, contribuía a esclarecer los principios de la combustión y la composición de los cuerpos, pues aún en esos años algunos químicos seguían apoyando la teoría del flogisto y la aseveración que el agua no era una sustancia compuesta.

En estos días de festejos patrios, es necesario recordar que los procesos de emancipación incorporan también al conocimiento y en este sentido los potosinos debemos sentirnos orgullosos de personajes como José Mariano Jiménez que brilló más allá de la lucha armada por construir un país.

Los detalles sobre su formación científica y su papel en los Actos Públicos en la llamada primera casa de las ciencias de América pueden leerse en mi reciente artículo disponible en la dirección: https://www.researchgate.net/publication/414299527_Los_Actos_Publicos_de_Jose_Mariano_Jimenez_en_el_Real_Seminario_de_Mineria

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